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martes, 6 de marzo de 2018

LA CRÍTICA. El ritual

La caída de los dioses
Si algo destacaba en la filmografía de David Bruckner hasta ahora era su condición de segundo –incluso tercero- al mando, de ser el responsable de los segmentos más potentes de todas las antologías de género en las que ha participado. Y poco a poco, se ha ido haciendo gracias a ello un hueco en la industria como un nombre a seguir.

Curiosamente, este film podría ser la consecuencia de uno de sus trabajos más famosos, el “Amateur Night” de “V/H/S”. Es como si se centrase en la figura de ese grupo de amigos en lugar del de su depredadora, como si les diera una segunda oportunidad aquella fatídica noche, para luego volver a impartir su particular justicia divina.

Sendos trabajos vienen a tratar el mismo tema. La deconstrucción de la idealizada figura del macho de turno, del gallito que todos creemos llevar dentro, de ese palomo que saca pecho ante sus amigos pero que a la hora de la verdad se descubre como un auténtico cobarde. Pero más atractivo incluso que ese mensaje de trasfondo, “El Ritual” lleva más allá esta imagen que teníamos de Bruckner como cineasta, acabando por confirmarle como uno de los más estimulantes realizadores que ha dado el terror en los últimos años. Ya en solitario, cambia el cruce de caminos argumental por una única historia planteada de manera coral, por ese grupo de amigos que recorren a pie un bosque como forma de catarsis para esa generación en plena crisis de los 30.


Y lo hace con temple, impregnando de una atmósfera sólida un relato que, en esencia, ya hemos visto antes. Una especie de “Blair Witch” pero bien hecha, con un reparto sobresaliente –formidable la camaradería que desprende el cuarteto protagonista-, historia simple y bien encarrilada y una amenaza inteligentemente oculta que deja momentos tan escalofriantes como esa enorme mano confundiéndose entre los árboles.


Se la puede acusar de cierta previsibilidad, de no partir de un concepto excesivamente original. Lo que no se puede negar es que Bruckner ha conseguido con creces su doble objetivo. Por un lado, demostrar que tiene algo que contar como director y que sabe cómo hacerlo, que merece un hueco en el terror y fantástico por derecho propio. Y por el otro, que los mitos están para romperlos. Que nuestros propios dioses sangran, sufren, y que al fin y al cabo, son tan humanos como nosotros. Y que como tales, también ellos pueden caer.

A favor: la sencillez pero efectividad de su atmosférica propuesta
En contra: algunos la acusarán de cierta previsibilidad y escasa originalidad

Calificación ****
No se la pierda

miércoles, 10 de enero de 2018

LA CRÍTICA. La forma del agua

La mujer y el monstruo
El narrador de esta historia no sabe cómo empezar y terminar su relato. Todo lo que le viene a la cabeza es un poema, uno sobre una princesa sin voz y sobre un monstruo que trató de destruirlo todo. Pero al final, los hechos en sí no importan, como tampoco son relevantes el momento y el lugar en los que transcurre, porque lo que queda es una historia de amor, de ese amor sin forma definida, que como el agua lo envuelve todo.

A Guillermo del Toro tampoco le importa las formas al narrar la historia de amistad entre una humana y un dios explotado e incomprendido por la avaricia humana, en una época –intuimos que la Guerra Fría- en la que Estados Unidos y Rusia competía por ver quién los tenía más grandes. Con todas sus capas, sin cortarse un pelo en ninguna de ellas.

Porque si algo ha demostrado el mexicano en su casi cuarto de siglo tras las cámaras es que para él, diferenciar entre monstruos y humanos es irrelevante. Lo que importa en “La forma del agua” es el corazón, no la edad, ni el sexo, ni la raza, temas estos dos últimos que hoy en día siguen siendo tabú. Así, su último trabajo habla sobre la intolerancia, el machismo, el miedo por aquello que no está hecho a imagen y semejanza de nuestros particulares dioses.


Pero sobre todo, del amor. Un amor que del Toro demuestra profesar por el fantástico en particular, y por el cine en general, y que aquí alcanza cotas de expresión pocas veces vistas antes en su filmografía. Un delicioso cuento que lleva a “La mujer y el monstruo” a otro nivel, como si Jack Arnold hubiera preferido explotar la relación entre su criatura y aquella inolvidable bañista interpretada por Julie Adams en lugar de la serie B propia de los años 50. Y lo hace con una capacidad poética inconmensurable, ayudado por la excepcional banda sonora, la envolvente y etérea banda sonora de Alexandre Desplat, el trabajo de dirección artística y maquillaje, y un reparto perfecto en el que destaca Sally Hawkins, que consigue robar el corazón sin pronunciar ni una sola palabra.


“La forma del agua” es otra maravilla que nos regala del Toro. Pero no una más, sino una de lo más especial, hecha no por divertimento sino con alma, a la altura de obras maestras como “El laberinto del fauno”. La reafirmación de que es un absoluto maestro del fantástico, un excelente contador de cuentos a medio camino entre la poesía y el horror. Pero no la confirmación. Eso no lo necesita. Para eso ya están los premios. Los demás llevamos mucho tiempo rindiéndonos a sus pies, como si de un dios se tratase.

A favor: Sally Hawkins, su halo poético, y que reafirma a del Toro como un maestro del fantástico
En contra: nada

Calificación *****
Imprescindible

viernes, 22 de diciembre de 2017

LA CRÍTICA. Bright

Cuentos del gueto
Quizá lo más destacable de esta última etapa en la filmografía de David Ayer, la más comercial de toda su carrera, sea lo bien que ha adaptado el estadounidense sus relatos urbanos al cine mainstream. Ya fuera en formato bélico, llevando un cómic a la gran pantalla con más o menos fortuna, o en el caso que nos ocupa, un cuento del gueto donde coexisten humanos, hadas, elfos, orcos y demás criaturas fantásticas.

“Bright”, si de algo puede presumir, es de ser cien por cien de su director. Para bien o para mal. Ayer no se deja seducir por la parte fantástica y mágica de su cuento, y de nuevo hace imperar las balas, la sangre y la violencia sobre los hechizos. Y en ese sentido, no sabría decir si es el cineasta el que se adapta al cine comercial, o es que logra adaptar los cánones del blockbuster a su urbana manera de entender esto del séptimo arte.

Sea como fuere, podríamos estar ante la cinta más libre de ataduras del responsable de “Sabotaje”. Y en eso se nota que, pese a tener alma de blockbuster, tras “Bright” está Netflix. No evidenciamos aquí los tijeretazos ni imposiciones a las que se vio sometido con “Suicide Squad”, lo cual la haría de entrada posicionarse por encima de la fallida película de DC. Pero eso no significa que la libre de defectos. Porque lo que no consigue conciliar de manera consistente este trabajo es el tipo de thriller de acción típico del cine de Ayer con los chascarrillos de su estrella, un Will Smith que interpreta por enésima vez el personaje de agente al margen de todo embrollo social, que acaba implicado sin quererlo en una causa mayor que pondrá a prueba su tolerancia.


Pero más allá de eso, su gran problema es que esto ya lo hemos visto antes. Concretamente, en algún film anterior de Ayer como “Sin tregua”. Es como coger la cinta protagonizada por Jake Gyllenhaal y Michael Peña y añadirle un poco de “Alien Nation”, pero en clave Tolkien. Y su desarrollo no es que mejore el conjunto. En qué deriva la historia es de lo más convencional y tópico, de lo más predecible, y ni el buen hacer de un monstruo de la interpretación como Joel Edgerton –da igual que lleve una formidable capa de maquillaje, lo sigue bordando- puede tapar esto.


Pero así y todo, “Bright” no deja de ser un entretenimiento. Uno que cumple precisamente con ese cometido, ser un divertimento pasajero que no pasará por ser lo mejor de su director. Dudo que lo pretenda. Ni que pretenda contener ningún tipo de crítica social en forma de distopía racial. A Ayer le vale con hacer un producto que cumpla con los mandamientos del cine comercial, sin ir más allá. Pasándolo por su filtro, eso sí. Lo demás, lo que pueda desprenderse de ella, está de más. Las varitas mágicas no existen. Lo que quedan son los tiros y las explosiones. A la mierda la magia.

A favor: Joel Edgerton, y David Ayer llevando a su terreno la historia
En contra: esto ya lo hemos visto antes

Calificación ***
Merece la pena

viernes, 2 de diciembre de 2016

LA CRÍTICA. Un monstruo viene a verme

Criaturas salvajes
¿Cómo empieza esta historia? Con un chico. Demasiado mayor para ser un niño. Demasiado joven para ser un hombre. Un niño que llamó a un monstruo para superar el miedo a la pérdida, para seguir adelante. Un monstruo que es la historia en sí mismo. Una criatura salvaje que, como cualquier historia, no sabes los desastres que es capaz de causar una vez lo sueltas.

Con su nueva criatura cinematográfica, J.A. Bayona esgrime la que es su cinta más madura, que no la mejor de su filmografía, pero sí la que reboza una mayor sabiduría cinematográfica en cada fotograma. Y ya eso es mucho decir teniendo en cuenta su currículum. Pero también se perfila como un excelente narrador de historias, algo que lleva haciendo desde sus comienzos en esto del séptimo arte, pero que en esta ocasión alcanza unas cotas de excelencia que no son propias de un cineasta que presenta su tercer trabajo tras las cámaras.

Con “Un monstruo viene a verme”, Bayona vuelve a hablar como antaño de la familia y el legado, del dolor que provoca la pérdida de un ser querido y cómo afrontarlo, poniendo nuevamente a un menor de edad en el epicentro de la trama. Pero además modula su discurso cinematográfico para hablar del arte de contar relatos, no sólo a nivel visual –maravillosa la forma de contar los tres cuentos que componen cada visita del monstruo-, sino como tradición oral que sirva para canalizar esa ira y esa frustración que provocan algo tan difícil como decir adiós a un ser querido.


Un cuento formado por otros cuentos que no sólo hace gala de una excelente factura técnica y artística, sino de un formidable trabajo actoral, destacando el pequeño Lewis MacDougall y la siempre eficaz Sigourney Weaver –excluyamos a Toby Kebbell, por favor-, de una emotiva partitura a cargo de Fernando Velázquez, de un libreto repleto de sublecturas y aristas escrito por el propio autor de la novela, y de un deslumbrante trabajo de fotografía de un habitual patrio, Óscar Faura.


Estamos, muy probablemente, ante la obra para toda la familia más adulta y madura del año. Un torrente de emociones de lo más comedido, dados los antecedentes de su autor, que pese a las raíces lacrimógenas y sensibleras sobre las que se levanta este monstruoso árbol fílmico, no cae en los excesos manipuladores y efectistas de su anterior película. En su lugar, Bayona deja respirar a su fábula, con el convencimiento de que no necesita más que eso para relatar el cuento que tiene en mente. Porque con contarlo basta y sobra. Porque una historia puede transformar al ser humano, las que nos cuentan nuestros antepasados. Porque todos nosotros somos criaturas salvajes, y estamos hechos de historias.

A favor: su madurez, que no caiga en la sensiblería gratuita, y su excelente factura técnica y artística
En contra: habrá quien siga tachando a Bayona de manipulador y sensiblero

Calificación ****
No se la pierda

martes, 22 de noviembre de 2016

LA CRÍTICA. Animales fantásticos y dónde encontrarlos

Una pizca de magia
El séptimo arte necesita de la magia para sobrevivir. Ambos conceptos siempre han estado estrechamente relacionados. De hecho, el cine es pura magia. Y como dijera Coppola, las primeras personas que hicieron el cine fueron auténticos magos. Otra cosa muy distinta es que toda obra cinematográfica te haga sentir la magia en una sala.

Estamos en una época a la que sin duda le falta esta sensación. La de entrar en una sala de cine y que te embauquen, te maravillen y te extasíen. Una época de hypes supra vitaminados por campañas promocionales más colosales que el producto que tratan de vender. De trucos de manos perpetrados por trileros a los que se les ve el cartón demasiado rápido.

“Animales fantásticos y dónde encontrarlos” es una ilusión más, pero una muy bien orquestada. No es que vaya a conseguir recuperar la fe en el celuloide como fábrica de sueños, pero bien que se acerca. Una más que encomiable manera de dar la bienvenida a la cartelera navideña, a la que ayuda un envoltorio de ensueño. La correcta dirección y los juegos de cámara de un ya habitual prestidigitador de la franquicia del mago de la cicatriz, David Yates, la fotografía, la elfmaniana composición de James Newton Howard, y un reparto de lo más acertado en el que Dan Fogler se convierte en el alma de un dúo de lo más clásico, compensando esa sempiterna cara de ser retraído a la que Eddie Redmayne nos tiene acostumbrados. Y por supuesto su ambientación, que une con soltura el universo Potter con los locos años 20. Con el charlestón y la mafia. Con el contrabando y los cabarets.


Una presentación de lo más atractiva que, no obstante, no acaba por ocultar del todo bien su condición de producto forzado hecho para rellenar las arcas de Warner. Y es en el guión donde más se nota. A este cruce entre “Jumanji” y la fiebre Pokemon le cuesta arrancar durante prácticamente todo su metraje. Uno tiene la sensación de que la trama no termina por definirse del todo, y que va dando tumbos entre el bestiario que suponía el libro original y su intento por comenzar una aventura que dé lugar a una nueva serie de filmes. No tiene ningún as bajo la manga, salvo uno en forma de cameo que más que sorpresa acaba generando risas. Un sentimiento que no se abandona ni con un delicioso desenlace que se preocupa por el devenir de unos personajes a los que acabas cogiendo cariño por el halo de clasicismo que desprenden, como salidos de una comedia de Laurel y Hardy.


Pero no deja de ser lo que es, esa pizca de magia que la cartelera necesitaba urgentemente, dadas las fechas que se aproximan. Sus fans acérrimos la adorarán. A aquellos a los que les importe un comino, puede que incluso les aburra. Y por ello es importante lanzar un aviso antes de su visionado: abstenerse muggles, por favor.

A favor: Dan Fogler y un envoltorio que la hace de lo más deliciosa
En contra: un guión que no termina por definirse y arrancar del todo

Calificación ***
Merece la pena

martes, 14 de junio de 2016

LA CRÍTICA. Warcraft

De orcos, humanos, magos y demás fantásticas criaturas
El cine tiene una importante deuda pendiente con uno de los más rentables medios de entretenimiento de las últimas décadas. Mucho antes del boom del cómic y de que la televisión cogiese el testigo en lo que a términos de calidad narrativa se refiere, Hollywood ya ansiaba con hacer de la industria del videojuego una importante fuente de ideas e ingresos. De manera normalmente frustrante, salvo raras excepciones –“Silent Hill” y poco más. Pero donde realmente han fracasado este tipo de adaptaciones en su intento de llevar a la gran pantalla la sensación que produce en el jugón de toda la vida, el que apenas sale ni duerme, ni tiene vida social, el pasarse horas frente a su juego favorito. Porque sin un joystick, no es lo mismo.

“Warcraft” supone un salto de gigante en ese terreno. Sí, sigue echándose de menos poder participar en la función, ser el protagonista, requisito indispensable que convierte a los videojuegos en lo que son para miles de millones de personas, pero por sus venas corre la savia de un fan respetuoso y mimoso con su criatura como Duncan Jones por un lado, y por el otro el hecho de que por primera vez el videojuego y el cine se funden como nunca antes lo habían hecho.


Jones entiende que para realizar una adaptación coherente y fiel de un fenómeno masivo como “Warcraft” debe convertir su film precisamente en un videojuego. Pero donde otros fracasan tratando de lograr el mismo objetivo, a base de CGI de cartón piedra y una imposible estética ciberpunk presuntamente postmoderna pero ridícula, el hijo del Duque Blanco concibe los planos, el ritmo, la fotografía y los movimientos de cámara como si de un videojuego filmado se tratase. Con toneladas de efectos digitales, por supuesto, pero de primera categoría, y metiendo al espectador de lleno en la acción.


Sin embargo, donde realmente se erige por encima de sus compañeras de batalla, a pesar de notarse que se ha quedado demasiado en la sala de montaje por capricho de los siempre temerosos y cobardes productores, es en su encomiable triunfo a la hora de aunar la espada y brujería cinematográfica contemporánea y moderna -desde “Conan el Bárbaro” hasta “Lady Halcón”, pasando, cómo no, por “El señor de los anillos”, tanto la de Jackson como la de Ralph Bakshi- con el vasto mundo que ofrece el material original. Y ya sólo por eso, merece un aplauso. Eso, y cualquier secuela que esté por venir y que siga transportándonos a este atractivo universo de orcos, humanos, magos y demás fantásticas criaturas.

A favor: lo bien que une el cine de espada y brujería con el videojuego
En contra: los recortes que ha sufrido

Calificación ****
No se la pierda

viernes, 6 de noviembre de 2015

AVANCES. Primer tráiler de "Warcraft"

Después del sugerente teaser de hace unos días, recién salido del horno nos llega el primer avance de "Warcraft", la adaptación del célebre "World of Warcraft", dispuesta a romper con esa maldición que arrastran las traslaciones de videojuegos a la gran pantalla. Dirige Duncan Jones ("Moon"), todo un fan del material original, que no ha escatimado en recursos. Un despliegue visual que llegará a las salas estadounidenses el 10 de junio con Travis Fimmel, Toby Kebell, Paula Patton, Clancy Brown y Ben Foster en l reparto, entre otros.

martes, 3 de noviembre de 2015

AVANCES. Teaser tráiler de "Warcraft". 16 segundos de hype

Ya no habrá más avances de “Star Wars: The Force Awakens” antes del estreno de la cinta en diciembre según J.J. Abrams. Ni falta que nos hace. Porque este viernes llega por fin un avance que se ha hecho de rogar. “Warcraft” llega de la mano de Duncan Jones con la clara intención de posicionarse como la mejor adaptación de un videojuego de la historia. Y aunque haya que esperar tres días, ya tenemos el primer teaser, y la sensación es inmejorable. 16 segundos que captan toda la magia del producto original, donde podemos echar un vistazo a las armas, los bandos y las míticas criaturas que pueblan este universo. Un despliegue de efectos al que esperemos que su director haya sabido arropar de un buen guión. Los medios y el talento los tiene. Además, un nuevo póster del film, tirando de un diseño demasiado manido.



martes, 31 de marzo de 2015

LA CRÍTICA. Cenicienta

Felices para siempre
El éxito de la, a pesar de lo que digan sus fans, escasamente burtoniana “Alicia en el País de las Maravillas” precipitó una ola de adaptaciones a imagen real de cuentos clásicos infantiles de inferior pero aún así suficiente recaudación en taquilla como para justificar nuevas entregas. Cinco años después seguimos sufriendo las consecuencias.

Le toca el turno ahora a “La Cenicienta”, el nuevo paso dentro de esa tendencia disneyiana de acercar a las nuevas generaciones sus viejos clásicos. Aunque, en esta ocasión, existe una sutil pero importante diferencia. El film se perfila más como una nueva adaptación bastante fiel del cuento de Charles Perrault, mezclada con toques del formidable clásico animado de 1950 –básicamente el papel de los ratones y demás animales-. No hay vueltas de tuerca como en “Oz” o “Maléfica”, no trata de ofrecer el lado oscuro ni se separa demasiado de la obra original, a excepción de algún cambio que se produce durante los últimos veinte minutos de metraje y que funciona como mero relleno, pues no aporta nada al desarrollo de la historia que ya conocemos.


Esta “Cenicienta” de Kenneth Branagh denota el gusto del director por los relatos de época y por las escenas de diálogo entre personajes. Al cineasta le interesa más la parte real que la mágica, que la hay, pero a la que no se le presta demasiada importancia. Está bien dirigida, bien ambientada, bien interpretada, musicalizada... Es simplemente eso, una adaptación muy elegante, bien empaquetada y servida.

Pero más allá de eso, poco tiene que aportar, y dejará indiferentes a quienes las anteriores adaptaciones del estudio ya dejaron indiferentes. Se deja ver con facilidad, y hará las delicias de pequeños y mayores, y en general de espectadores poco exigentes, de doncellas en busca de sus príncipes azules, de madrastras no tan malvadas –un punto negativo importante, el personaje de Cate Blanchett no consigue transmitir la misma maldad ni rechazo que la de la película de animación, por ejemplo- y de todos aquellos que aún sueñen con los cuentos de hadas. Para todos ellos, el cuento será satisfactorio. Felices para siempre.


A favor: la elegancia con que Branagh adapta el clásico, preocupándose más de la parte real que de la mágica
En contra: que no aporta nada y deja indiferente; el papel de Cate Blanchett no es tan malo como debiera ser

Calificación **
                                                                              Se deja ver

sábado, 20 de diciembre de 2014

LA CRÍTICA. El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos

El poder del oro
Unas sesenta páginas, con ilustraciones y una prosa que se lee tan ágilmente como un cuento de los hermanos Grimm o Hans Christian Andersen. Ése es el segmento que Peter Jackson reserva para el desenlace de su desmesurada adaptación de “El Hobbit”. Desmesura es la palabra perfecta para describir su hazaña. Sesenta páginas convertidas en poco menos de dos horas y media de entretenimiento palomitero. Bastante fiel al original, pero palomitero.

Ya su predecesora lo vaticinaba. Jackson abandonaba gradualmente por entonces el aura infantil y la montaña familiar ochentera que suponía la primera entrega –imbatible a día de hoy como fiel reflejo de lo que era una estupenda adaptación esta novela- para entregarse a los excesos, a la seriedad y la épica. Y este último capítulo de su trilogía viene a confirmarlo. “La batalla de los cinco ejércitos” pretende ser el epílogo épico de una trilogía que jamás debió dividirse en tres partes, intenta rubricarla como “El retorno del rey” consiguiera una década antes.


Pero esto no es “El señor de los anillos”. Ni siquiera es ya “El Hobbit”. Dejó de serlo hace más de una película. Es un blockbuster para grandes masas, para consumir con palomitas y refresco. Tolkien merece siempre algo mejor que eso. Es la visión de un hombre absorbido por su propia concepción del espectáculo, de un director que tiende a confundir la grandeza con el exceso de metraje y de relleno. Lo que queda es la ambición de un cineasta cegado por el poder del anillo tanto como Gollum o Bilbo, o por el influjo del oro tanto como el propio Thorin, de un obseso de lo digital –quizá demasiado obseso, que el conjunto tiene una pinta demasiado artificial- y de la acción de videojuego. Uno puede imaginarse a Jackson tomando las riendas del universo tolkeniano y jugando con él a su antojo. Ahora meto una cabriola de Legolas por aquí, una escena de Saruman por acá, y dejo al público contento.


Y mucho ojo, que esta tendencia a la desmesura estaba ya presente en su primera trilogía, incluso en la posterior “King Kong”, pero en todas había algo que a ésta le falta en cada fotograma, magia. No hay en “La batalla de los cinco ejércitos” nada de magia, ni siquiera el ingenio del neozelandés, que pone el piloto automático consciente de que la historia debe contarse con los recursos de siempre. No nos deja, como ocurriera entonces, con la boca abierta. Al menos, eso sí, su metraje se pasa en un abrir y cerrar de ojos, y al final, por fin, volvemos a casa, de donde nunca debimos haber salido. Porque el hogar debería tener siempre mayor poder que el oro. Aunque no para Peter Jackson.


A favor: que se pasa en un abrir y cerrar de ojos, y que al final volvemos a casa
En contra: que Jackson vuelve a confundir la grandeza con la desmesura

Calificación ***

martes, 16 de diciembre de 2014

PÓSTERS. Carteles Mondo y alternativos de "El Hobbit" y "La comunidad del anillo"

Mañana llega a las pantallas estadounidenses y españolas –en otros países como Alemania o Rusia se estrenó hace una semana, y lleva ya 122 millones de $ recaudados- “El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos”, y con motivo de este especial evento, que marca –esperemos- el fin de la saga cinematográfica de Peter Jackson, los chicos de Mondo han realizado diversos carteles de las dos primeras entregas del libro de Tolkien que más de uno querría para empapelar las paredes de su habitación. Y, además, Aaron Horkey ha hecho lo propio con “El señor de los anillos”. A continuación, una muestra del trabajo de Mondo y el póster de Horkey para “La comunidad del anillo”.

La comunidad del anillo, de Aaron Horkey




El Hobbit: Un viaje inesperado, de Ken Taylor



El Hobbit: La desolación de Smaug, de Nicolas Delort


miércoles, 26 de noviembre de 2014

AVANCES. Primer tráiler de "Pan". The Untold Story

Qué manía con las precuelas, con contar lo que ocurrió antes de las historias que todos conocemos, con eso del “The Untold Story”. El próximo clásico en ser vilipendiado será Peter Pan, que en 2015 verá una nueva versión a cargo del director de “Orgullo y prejuicio” y “Anna Karenina”, Joe Wright. Como han podido adivinar, “Pan” –no se han estrujado los sesos con el título- tratará de contar el camino recorrido por el personaje de J.M. Barrie antes de convertirse en el Pablo Iglesias de toda una generación que se resistió a crecer. Hasta es amigo del Capitán Garfio. En el reparto tenemos a Hugh Jackman, que promete petarlo como el villano Barbanegra, Garrett Hedlund como Hook, a mi adorada Rooney Mara como Tiger Lilly, a Amanda Seyfried como Mary y al pequeño debutante Levi Miller como Peter. Oye, que igual funciona y todo. El tráiler luce bien.

sábado, 8 de noviembre de 2014

AVANCES. Primeros carteles y galería de personajes de "World of Warcraft"

El 11 de marzo de 2016 podría producirse un evento histórico para el cine. Podría convertirse en el día en que un videojuego puede dar lugar a una película para el recuerdo. Así se lo propone Duncan Jones (“Moon”, “Source Code”) con su ambiciosa adaptación de “World of Warcraft”, el videojuego de rol online de mayor repercusión de los últimos tiempos. Una producción tan mastodóntica que aún le queda más de año y medio de posproducción para reproducir fielmente todo su universo de fantasía, un mundo en permanente guerra entre la Alianza (compuesta por humanos, gnomos, enanos, elfos de la noche, draenei y huargen) y la Horda (compuesta por  orcos, no-muertos renegados, trols, tauren, elfos de sangre y goblins). Y aunque aún queda mucho para poder verla, sus responsables ya han hecho públicos dos carteles y una galería de personajes, para ir abriendo boca.


Pertenecen a la Alianza: el Rey Llane Wrynn (Dominic Cooper), líder de la Alianza de la ciudad de Ventormenta y un faro de esperanza para su pueblo en tiempos de oscuridad; Medivh (Ben Foster), más conocido como El Guardián, un protector misterioso y solitario que ejerce un poder formidable; Khadgar (Ben Schnetzer), un mago joven dotado embarcado en una búsqueda audaz de la verdad; Taria (Ruth Negga), reina real de Ventormenta, el gran amor de Rey Llane y el consejo más confiable; y Garona (Paula Patton), una superviviente de carácter fuerte que debe decidir si su verdadera lealtad está entre la Alianza o la Horda.



Por su parte, forman parte de la Horda: Durotan (Toby Kebbel), líder de la Horda, un noble cacique del clan Lobo Gélido, que lucha para salvar a su pueblo y a su familia de la extinción; Orgrim (Rob Kazinsky), mano derecha de Durotan y un valiente guerrero destinado a ejercer el Doomhammer; Blackhand (el gran Clancy Brown), conocido como El Destructor, Puño Negro es uno de los más temibles y titánicos jefes de guerra del orco-amables; y Gul'dan (Daniel Wu), un gobernante supremo de los orcos, alimentado por una magia oscura que ni siquiera él puede controlar.


Y como ya avanzaba anteriormente, para seguir haciendo brotar babas de las bocas de todos, allá van dos carteles preliminares de una adaptación que prevé arrasar en taquilla. Quizá estamos ante la mejor adaptación de un videojuego al cine, y no lo sabemos.


jueves, 6 de noviembre de 2014

AVANCES. Nuevo tráiler de "The Hobbit: The Battle of the Five Armies". Puro espectáculo CGI

Poco más de un mes falta para que los Cinco Ejércitos reclamen un tesoro que ahora ya no está siendo custodiado por Smaug. Peter Jackson, MGM y Warner no quieren que nos olvidemos de que el viaje, que hace ya film y medio que dejó de pertenecer a El Hobbit para ser algo más, está a punto de concluir, y lo hará con una batalla que se prevé épica. Así intenta ser este nuevo avance de “El Hobbit: La batalla de los Cinco Ejércitos”, que sería redondo si no fuera por la aparición de cierto personaje que ya lastraba la segunda entrega y que esperemos que aquí se carguen por el bien de la Tierra Media. Por lo demás, bravo. Por cierto, el 60% del film es animado. ¿Se nota? A esperar al 17 de diciembre.

viernes, 22 de agosto de 2014

LA CRÍTICA. The Zero Theorem

Fe en el caos
A modo de barroquismo pythoniano, Terry Gilliam ya buscaba en sus orígenes como cineasta el sentido de la vida a la vez que su lugar dentro del mundo cinematográfico, y definía, trabajo tras trabajo, sus manías y rarezas como autor. Para un realizador tan personal como él cabe preguntarse si ya ha encontrado el final de su propia carretera hacia la autoría absoluta, si aún le queda algo interesante por contar o se ha convertido en un espejo de sí mismo. Y aunque la respuesta sea afirmativa, el director británico sigue levantando expectación con cada nuevo trabajo, dando buena cuenta de lo imprescindible que ha sido para el séptimo arte. Sin embargo, podría decirse que desde “Miedo y asco en Las Vegas”, la carrera de Gilliam se encuentra malherida, y sus posteriores proyectos no han sido más que llagas supurantes de lo que en su día fue, sin por ello haber estrenado en este periodo de tiempo una obra que pueda considerarse olvidable. Pero mucho menos memorable.

“The Zero Theorem” es 100% Terry Gilliam, para bien o para mal. Será bien recibida por todos sus admiradores, con lanzas y antorchas por sus detractores, y con escepticismo por quienes no se decantan ni por un bando ni por el otro. Recuperamos, eso sí, al Gilliam artesanal, no al que lleva años sucumbiendo al CGI, pero por lo demás todo suena a ya visto. Ese mundo otaku orwelliano, a caballo entre lo retro y lo futurista, burocrático y frío, ya se nos presentó en “Brazil”, aunque aquí vertiendo las tintas hacia la sociedad de la sobreinformación y la globalización informática. La historia del triste hombre encerrado en su propio mundo, y que vive aferrado a sus propias fantasías en medio de un entorno aburrido y salido de una cadena de montaje, lo hemos visto en la citada “Brazil”, en “Doce monos” o en “El rey pescador”. Y la locura a la que sucumbe su protagonista en busca de su reducto de felicidad personal puede aplicarse a cada uno de los seres que habitan su filmografía. Y a nivel estético tenemos su particular uso de la música, una galería de personajes estrafalarios –en este sentido funcionan mejor los secundarios que el correcto Christoph Waltz- y su predilección por los encuadres cerrados, los planos cenitales y el surrealismo visual.


Pero más allá de que Gilliam se repita a sí mismo en sus pulsiones cinematográficas, que soportará el espectador según su grado de tolerancia, lo que no encuentra desde hace años es un guión férreo a la altura de su particular mirada. Y es aquí donde falla “The Zero Theorem”. Pat Rushin firma un libreto que ha sido escrito sin ninguna impronta personal, destinado al parecer para que Gilliam lo ejecute, creando un futuro tan enrevesado y hermético que acaba perdiéndose en sus propias líneas argumentales.


Y es una pena, porque la historia tiene muchas sublecturas interesantes, desde la sátira sobre el materialismo, el existencialismo como moneda de cambio, y sus disertaciones sobre la Nada y el Caos, y la relación de éstas con la vida de un individuo con una profunda fe en el caos. Un ser tan aferrado al ideal de una llamada telefónica que no llega y que de sentido a su vida, que en su propia búsqueda del sentido de la vida ha llevado una vida sin sentido. Gilliam parece hablar de sí mismo y de su cine, de un universo en expansión permanente que tiende hacia la nada. Todo lo que quedará al final es lo mismo que había al principio. Un agujero negro súper denso. Pero hasta en el vacío más absoluto puede existir una playa paradisiaca bañada por un Sol con el que jugar, al ritmo del “Creep” de Karen Souza. Esperemos que así ocurra con su carrera un día, y nos deleite con la gran película que todos esperamos, y que sabemos que es capaz de hacer.


A favor: que es puro Gilliam, para bien o para mal
En contra: el guión y la sensación de que Gilliam se repite
Calificación **1/2 
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