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sábado, 29 de agosto de 2015

AVANCES. Tráilers de "Rock The Kasbah", con Bill Murray

Barry Levinson siempre ha sido un realizador muy irregular. Comenzó su carrera con estrella, con filmes tan brillantes como “Diner”, “El mejor”, "Good Morning, Vietnam", “El secreto de la pirámide” y, sobre todo, “Rain Man”, su primer, único y prematuro Oscar como director. Pero en los 90 la cosa se torció, y empezó a alternar películas tan destacables como “Sleepers” o “La cortina de humo” con tonterías como “Toys” o “Acoso”. En estos últimos años, parece que su buena estrella se ha ido recuperando de manera modesta, y ahí están la reivindicable “The Bay” o la televisiva “No conoces a Jack”. “Rock the Kasbah” podría ser su vuelta al ruedo, aunque no por méritos propios. Su nombre no destaca en los créditos frente a su generoso reparto, compuesto por Bill Murray, Zooey Deschanel, Kate Hudson, Danny McBride, Scott Caan y Bruce Willis, ni frente a la campaña mediática que su protagonista ha realizado en los medios en todos estos meses. Porque este film parece otro vehículo para mayor gloria de Murray, que interpreta a un manager musical que se queda tirado en Afganistán cuando viaja junto a su último cliente para una serie de conciertos, y es entones cuando conoce a una joven de voz portentosa, a la que tratará de presentar en la versión local de The American Idol de Kabul. Sea o no un vehículo para lucimiento de su estrella principal, merece una pena echarle un vistazo a sus dos tráilers. Al menos, prometen una buena comedia. Se estrena en Estados Unidos el 23 de octubre.



jueves, 23 de abril de 2015

LA CRÍTICA. La sombra del actor (The Humbling)

Genio y locura
Ya en sus últimos años de vida, el polémico Oscar Levant afirmaba que existía una delgada línea divisoria entre el genio y la locura, y que él mismo la había logrado borrar. Esta frase supuso la coronación verbal de una vida repleta de excesos, depresiones y de idas y venidas del psiquiátrico, que acabó en el ostracismo personal del neurótico favorito de América de la década de los 50.

“La sombra del actor” –bravo una vez más por la traducción al español del título original, “The Humbling”- hace hincapié en esa frase de Levant a través de la figura de un actor en crisis al que le ha pasado lo peor que le puede pasar a alguien de su profesión. Como al bailarín al que le empiezan a fallar sus propias piernas, Simon Axler ha perdido su propio talento para la interpretación. Olvida frases, confunde obras entre sí, y la senilidad y las lagunas de memoria han comenzado a sus casi 70 años de edad.

La película cruza constantemente esa fina línea que separa el genio de la locura, confundiendo realidad y ficción a su paso. Y llegados a este punto, más alguna escena en común, lo peor que le ha podido pasar a este film es que llegase a las salas una propuesta muy superior en todos los sentidos como “Birdman”. Sólo en la fábrica de sueños se producen este tipo de coincidencias, y es inevitable acordarse de la reciente ganadora del Oscar al contemplar esta cinta, si bien la primera diseccionaba con mordacidad el mundo del espectáculo y en la que nos ocupa seguimos más de cerca si cabe el deterioro en la vida personal y profesional de su protagonista.


Lamentablemente, Barry Levinson no es Iñárritu, ni sus guiones y aspiraciones son comparables. Porque el humor negro del que hace gala “La sombra del actor” funciona en ocasiones, y no resultan igual de dinámicas en ritmo. Lo que resulta es una obra tan irregular como la carrera de su propio director, hábil cirujano del show business americano en algunas ocasiones –“La cortina de humo”-, y en otras no tanto –“El hombre del año”-.


Aún así, estamos ante una propuesta interesante, aunque más que por lo que cuenta, que también resulta de interés cuando no falla el ritmo de la narración, es interesante por quién nos lo cuenta. Y es que si algo sostiene a esta película es Al Pacino, soberbio en su recreación de ese anciano al borde de la demencia y convertido en un arrugado y distorsionado reflejo de lo que un día fue. A su alrededor, un carrusel de secundarios que dan el tipo, desde los recuperados Charles Grodin, Dianne Wiest, Kyra Sedgwick o Dan Hedaya hasta la destacable Greta Gerwig. Ninguno de ellos consigue hacer sombra a la gran estrella de la obra. Esta película sirve para que Pacino se luzca, y sólo espero que no acabe sus días como el Rey Lear, y que aún le queden muchas funciones para maravillarnos con su presencia.

A favor: Al Pacino, y no le hace falta nada más
En contra: el recuerdo de “Birdman”, y su irregularidad como film

Calificación **
                                                                                Se deja ver

viernes, 22 de marzo de 2013

LA CRÍTICA: The Bay

El terror ecológico
Nunca he entendido el recelo que muchos guardan hacia Barry Levinson. Más allá de galardones discutibles –que este señor no sólo tiene un Oscar, sino que ha triunfado en los Emmy y dos veces en Berlín, entre otras muchas menciones- es un artesano, que no un mercenario, de los de toda la vida, de esos a los que puedes encargar un trabajo con la casi total seguridad, salvo excepciones, de que hará un buen trabajo. Aunque a veces dé la sensación de que acepta cualquier tipo de trabajo y se vende al mejor postor. Sea como fuere, ha tocado casi todos los palos imaginables, desde el drama y la comedia hasta la ciencia-ficción, pasándose ahora al terror con “The Bay” para demostrar si su versatilidad, pese al paso de los años, sigue aún vigente.

Sin embargo,  conviene aclarar un punto importante. “The Bay” no es, realmente, un film de terror. Es más bien un falso documental con tintes terroríficos, donde el terror está en lo que se cuenta, en los estremecedores hechos ocurridos en esa localidad costera en la que se desata una extraña infección que diezma su población en apenas 24 horas. Sí, tiene un par de sobresaltos realmente conseguidos aunque previsibles, pero su intensión es generar interés y tensión en lo que se cuenta.


Y en este sentido, consigue de sobra su cometido. El enérgico montaje, compuesto por historias paralelas ocurridas a las víctimas en el fatídico Día de la Independencia norteamericana, y el contexto y la vocación de mockumentary de la propuesta justifican de sobra el uso del dichoso found footage, un recurso narrativo que en otros filmes puede resultar forzado y reiterativo. Levinson logra que la técnica acompañe a la historia y la narración se haga fluida, sin abandonar casi en ningún momento su propia premisa artística.


Sin ser sobresaliente, le sobra, eso sí, más de una explicación reiterativa en forma de molesta voz en off y resúmenes visuales, y la cinta pierde algo de fuelle en su tramo final una vez ya tiene todo el pescado vendido. Pero Levinson ha vuelto a demostrar lo bien que se adapta a cualquier género y época, y postula aquí un documental de terror ecológico muy por encima de esos filmes de found footage que normalmente llegan a nuestras pantallas, en los cuales la técnica no ayuda a la historia. Y, encima, deja un mal rollo en el cuerpo indescriptible, prueba irrefutable de que ha conseguido lo que buscaba, que pensemos que lo que en ella se cuenta podría ocurrir cualquier día.

A favor: que el found footage está totalmente justificado, y la posibilidad de que esto llegue a ocurrir algún día
En contra: es demasiado reiterativa en sus explicaciones
Calificación: ***1/2

viernes, 4 de diciembre de 2009

LA CRÍTICA

Algo pasa en Hollywood ***1/2
(What's just happened?)
Estreno: 11 de Diciembre

Cinismo e hipocresía en Hollywood

Barry Levinson va camino de convertirse en un proscrito en el cine. Aquel director que otrora ganara el Oscar por la celebérrima “Rain Man” y posteriormente se vendiera a la industria para poder comer –véanse, por ejemplo, “Acoso” y “Sleepers”- se ha visto exiliado de la maquinaria hollywoodiense en la que hoy eres famoso, mañana ya se verá, dando forma a una de las trayectorias profesionales más irregulares, aunque no por ello carente de interés, de los últimos años. Su carrera da síntomas de crisis, y así lo atestigua una década que ahora termina en la que no ha conocido más que fracasos que le han obligado a prodigarse muy poco tras la cámara. “El hombre del año” ni siquiera llegó a nuestros cines, fue directamente al mercado DVD con dos años de retraso. Su último trabajo no ha corrido tampoco muy buena suerte, aunque en esta ocasión, tras una pésima recaudación en la taquilla estadounidense que no ha superado el millón de dólares, sí ha conseguido estrenarla en España, con un año de retraso.

A Levinson no le falta talento, incluso diría que es uno de los directores más tristemente infravalorados de la historia del cine reciente. Tanto es así que no extraña que de vez en cuando cargue las tintas contra los medios y la política a través de su cine, como así demostrara la formidable “La cortina de humo”. En “Algo pasa en Hollywood” –como de costumbre las traducciones de los títulos dejan mucho que desear- se alía con el productor Art Linson, guionista del filme, para volver a realizar una sátira como entonces, pero esta vez contra la misma meca que en su día le recibió con los brazos abiertos pero que un par de años después apenas recordaba su nombre.

“Algo pasa en Hollywood”, a través de su sutil e hiriente guión, relata cinco días del auge de un productor, encarnado por un magistral Robert De Niro –es un alivio, creía que le habíamos perdido entre tanta comedia fácil-, que debe lidiar con los caprichos de una estrella –Bruce Willis riéndose de sí mismo y de sus ataques de ira-, con una ex esposa a la que no puede dejar de ver –fantástica como siempre Robin Wright Penn-, con un guionista infiel que se vende al mejor postor –otro grande, Stanley Tucci-, con un director frustrado por los cambios que una productora sin escrúpulos quiere introducir en su última película –dos actorazos poco reconocidos, Michael Wincott y Catherine Keener- y con un colega de profesión cobarde incapaz de mantener a raya al actor al que representa –el mejor John Turturro, el del cine independiente-. Todo este estrés acentuado por el suicidio de un amigo representante que no pudo superar verse con un lamentable 10% de ganancias. Todo un reparto de lujo que se completa con la muy de moda Kristen Stewart, lejos de su papel en “Crepúsculo” y demostrando que sabe actuar, y con Sean Penn, que se interpreta a sí mismo como el actor adorado por todos.

Si David Mamet consiguió un guión sublime con “La cortina de humo”, Linson hace lo propio con el punzante libreto de esta inteligente comedia llena de estrellas que puede resultar un tanto hipócrita, pues muchas de ellas viven lamiendo el culo de la misma industria a la que intentan criticar, pero a la cual no le falta ni una pizca de verdad. Noventa amenos y reflexivos minutos de un director que parece que en el epílogo habla de sí mismo cuando desplaza al protagonista a la P de PODER, justo el punto de la foto de Vanity Fair que nadie verá en la revista. Y para el recuerdo una escena, la del orador Willis en el funeral soltando una de las más lúcidas y cínicas visiones de lo que es la falsa tierra de los sueños.

A favor: el discurso de Bruce Willis en la iglesia
En contra: puede tachársela de hipócrita, y que haya tardado un año en estrenarse
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