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jueves, 4 de enero de 2018

LA CRÍTICA. The Disaster Artist

El verdadero Hollywood
Espero que sus adoradores no se me echen encima por decir esto, pero “The Room” no es una buena película. De hecho, es mala si nos atenemos a lo estrictamente cinematográfico. Mala dirección, caótico montaje, un guión con ínfulas de emular a Tennessee Williams pero con alma de telenovela, escenas eróticas que invitan al suicidio colectivo, y un nefasto actor protagonista incapaz de pronunciar sus líneas de diálogo con un mínimo de verosimilitud.

Una calamidad de film que parece estar mal hecho aposta. Pero una calamidad que ha acabado convirtiéndose en pieza de culto para toda una generación. Es difícil dar una explicación razonable al fenómeno “The Room”, y sólo es entendible si metemos de por medio la fiebre que únicamente las redes sociales son capaces de propagar. Para quien esto escribe, su éxito reside en el hecho de que es una propuesta que pretende ser seria, pero que no puede ser tomada en serio en absoluto y acaba convirtiéndose en una comedia involuntaria.


Aunque comience con la típica advertencia de “Basada en hechos reales”, lo más loable de “The Disaster Artist”, la crónica de cómo se gestó aquel engendro fílmico, es que acaba erigiéndose también como una comedia involuntaria, que en ese sentido captura el alma de su referente con asombrosa precisión. Y eso que trata el material de referencia con respeto, sin caer en la parodia o la burla facilona.

Sin embargo, es imposible tomarse la historia que cuenta en serio, por muy real que sea. James Franco sabe de sobra que basta con contarla, que el público será el encargado de reírse con ella aunque él mismo no pretenda hacer una comedia. Sin arriesgar, con una narración de lo más convencional y haciendo que se eche de menos el ahondar aún más en el rodaje de esa obra maestra del cine trash. Porque basta con la presencia de su Tommy Wiseau, con su acento y sus inciertos orígenes, con algunos pasajes de su personalidad y pasado nada claros –seguimos sin saber de dónde sacó los millones que costó hacer su obra de culto, de qué vivía ni cómo costeaba su vida-, para que nos entre la risa. Y nos reconocemos estupefactos al descubrir que estamos alabando a un actor que interpreta magistralmente a un mal intérprete.


Ésa es la dualidad que más sobresale en “The Disaster Artist”, la de un público que disfrutará enormemente de una buena película que retrata la gestación de una mala película. La de un drama que se convierte en comedia sin pretenderlo. La de un actor cuya forzada encarnación de un mal actor es para quitarse el sombrero. Y la de un relato que habla del verdadero Hollywood, de ése que sobrevive como puede en la basura de la industria, del que triunfa solo para los paladares más selectos.

A favor: James Franco, su condición de comedia involuntaria, y las incontables dualidades que esconde su relato
En contra: su narración es convencional, se apoya únicamente en su historia sin arriesgar

Calificación ***1/2
Merece mucho la pena

miércoles, 18 de enero de 2017

LA CRÍTICA. La La Land (La ciudad de las estrellas)

Otro día más de Sol en LA
Es imposible no enamorarse de “La La Land“. Desde su misma escena inicial, que nos introduce en el Cinemascope, en un mundo en Technicolor acompañado por un tema musical que llama a introducirse en la gran pantalla, seduce, enamora y embriaga. El mismo sentimiento de amor que profesan todos esos soñadores que acuden a la Meca del Cine buscando una oportunidad, a perseguir las luces que brillan en la ciudad de las estrellas, a subir hasta las alturas de la colina más famosa del séptimo arte, esa desde la que sólo puedes caer o mantenerte eterno.

Imposible no enamorarse de ella, porque lo nuevo de Damien Chazelle es una carta de amor a la música, algo que ya destilara su anterior obra, con sus subidas y bajadas sentimentales. Y también al musical en particular. Por sus fotogramas resuenan los ecos del cine de Donen y Demy, y de otros tantos maestros que han rubricado todo un género para expresar sentimientos y emociones. Todo en ella destila técnica. Música, sonido, fotografía, escenografía… Chazelle no sirve un musical al uso, prefiere jugar con el género y no pervertir su esencia, sino contarnos su particular visión sobre el mismo, una visión en la que las canciones alegres y el colorido menguan conforme se abandona el amor por alcanzar algo más importante: las metas personales.


Por supuesto, es una historia de amor entre dos soñadores, interpretados con la soltura para la comedia de un cada vez más acertado Ryan Gosling y la delicadeza y espontaneidad naturales de una Emma Stone que se erige como reina absoluta de la función. Pero también es un mensaje de amor al cine en general. De amor y por supuesto de desamor, dos conceptos antagónicos pero inevitablemente unidos. Al cine como fábrica de sueños y desilusiones.


Todo en ella es para ser amada. Y aunque le ocurra lo mismo que a su anterior film, y el ritmo pueda parecer que decaiga hacia mitad del metraje, en este caso por abandonar deliberadamente los tópicos del musical, su director vuelve a retomar el pulso en un epílogo que supone todo una moraleja sobre el cine como mecanismo para contar historias, pervertirlas y encauzarlas a su manera. Es lo bueno del séptimo arte, que siempre puede reiniciarse a sí mismo y acabar en un ensoñador final feliz. No importa lo que pase hoy. Mañana será otro día más de Sol en Los Ángeles.

A favor: el amor que profesa al cine, la fotografía, la música, el sonido, la escenografía, su pareja protagonista…
En contra: que su distanciamiento del musical tradicional pueda ser visto como un bajón de ritmo

Calificación *****
Imprescindible

lunes, 9 de enero de 2017

GLOBOS DE ORO 2017. "La La Land" enamora dentro y fuera de Hollywood

Es la gran favorita en la carrera al Oscar. Hollywood se ha rendido a los pies del musical de Damien Chazelle “La La Land”. Pero ya no sólo Hollywood, sino ahora también la prensa extranjera afincada en la ciudad. Los Globos de Oro anunciaban anoche sus ganadores a ritmo de musical, rindiendo homenaje a la que se va confirmando como la cinta del año. Siete han sido los galardones que ha logrado el film, entre ellos mejor comedia, director, actor –Ryan Gosling- y actriz –Emma Stone- de comedia, haciendo pleno. Siete nominaciones, siete estatuillas. Un hecho sin precedentes en los 74 años de historia de estos premios, mal considerados la antesala de los Oscar. Aunque este año bien merecen ser tenidos en cuenta, pues esta película va a por todas.

En drama, “Moonlight” ha sido la triunfadora pero solamente con un galardón, el de mejor película, yendo a parar el de actor a manos de Casey Affleck por “Manchester By The Sea” y el de actriz para, sorpresa, Isabelle Huppert, cuyo film, “Elle”, también ha salido victorioso en la pugna por mejor film extranjero –no olvidemos que ha quedado fuera de los Oscar. Esta señora va mereciendo una estatuilla dorada. Por lo demás, noche de récords y más sorpresas, como la de ver a Aaron Taylor-Johnson subiendo a recoger su premio a mejor actor de reparto por “Nocturnal Animals”. A continuación, la lista completa de ganadores.

MEJOR PELÍCULA (COMEDIA O MUSICAL)
La La Land

MEJOR DIRECTOR
Damien Chazelle por La La Land

MEJOR ACTOR (COMEDIA O MUSICAL)
Ryan Gosling por La La Land

MEJOR ACTRIZ (COMEDIA O MUSICAL)
Emma Stone por La La Land

MEJOR ACTOR (DRAMA)
Casey Affleck por Manchester By The Sea

MEJOR ACTRIZ (DRAMA)
Isabelle Huppert por Elle

MEJOR ACTOR DE REPARTO
Aaron Taylor-Johnson por Nocturnal Animals

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Viola Davis por Fences

MEJOR GUIÓN
La La Land

MEJOR CANCIÓN ORIGINAL
La La Land

MEJOR BANDA SONORA
La La Land

MEJOR PELÍCULA DE ANIMACIÓN
Zootopia

MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA
Elle

martes, 27 de diciembre de 2016

LA CRÍTICA. Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge)

Amor por las barras y estrellas
Existe una tendencia preocupante en el cine made in USA contemporáneo, la de centrarse en una figura heroica y ensalzar sus virtudes, no sus defectos, para sostener un panfleto en pro de la bandera norteamericana. Una especie de llamamiento a las armas y la concienciación patriótica de una nación que siempre ha disfrutado con este tipo de ejercicios propagandísticos, pero que ahora parece estar arrastrando consigo a cineastas del más alto calibre, con la idea de que así el discurso llegará más alto y más lejos.

“Hasta el último hombre” –una traducción del “Hackaw Ridge” original que potencia aún más si cabe sus intenciones- es otro ejemplo más de esta corriente moderna. No es más que otro folleto del tío Sam sobre la gloria americana, en este caso centrado en el relato de un hombre que se negó a usar armas durante la II Guerra Mundial, y que fue capaz de salvar vidas pese a no llevarse consigo ni una sola vida.

Pero hay una característica diferenciadora fundamental en la que nos ocupa que la hace distanciarse de otras propuestas recientes, como los dos fallidos intentos de Clint Eastwood de congratularse con la bandera de su país, “American Sniper” y “Sully”, y es que tras la cámara se sienta todo un animal de la realización capaz de vendernos con suma facilidad el american way of life.


Sí, aquí sigue habiendo escenas que invitan al respetable a sonrojarse, como la del manotazo a la bomba o la exaltación de la figura del héroe como único reducto de las tropas hacia la victoria antes de la batalla final. Y sigue existiendo ese empeño por humanizar al protagonista con un tramo inicial repleto de ingenuidad –tanto como la cara de un Andrew Garfield que a veces acierta en sus expresiones, y otras veces sigue siendo el mismo chaval bonachón y con cara de memo al que nos tiene acostumbrados- y un desconcertante sentido del humor. Pero Mel Gibson sabe cómo imprimir de enorme potencia sus imágenes, sabe servirnos en bandeja algunas de las escenas bélicas más salvajes y sangrientas de los últimos tiempos, y sabe perfectamente cómo no convertir la vena patriótica en un circo bochornoso, de esos que dan vergüenza ajena. No siempre lo consigue, pero cuando se distancia de ella, el conjunto remonta.


Pero no nos engañemos. Esto sigue siendo cine propagandístico. Uno bien articulado y a ratos disimulado, pero propagandístico al fin y al cabo. Y es aquí donde tiene su arma de doble filo. Porque los que no conjuguen con este amor exacerbado hacia las barras y estrellas, la odiarán. Los que prefieran quedarse con la parte cinematográfica, disfrutarán del enorme trabajo de dirección de uno de los más grandes cineastas silentes del Hollywood actual.

A favor: las escenas bélicas y la labor de dirección
En contra: que la dirección no consiga tapar en muchas ocasiones su condición de cine propagandístico

Calificación ***1/2
Merece mucho la pena

lunes, 12 de diciembre de 2016

GLOBOS DE ORO 2017. Nominados, sorpresas y ausencias

Ya conocemos los candidatos a los mal considerados como antesala de los Oscar. Unos premios que entrega la HFPA, o lo que es lo mismo, la prensa extranjera afincada en Hollywood, a lo mejor del curso cinematográfico y televisivo anual, y que tendrá lugar este año el 8 de enero de 2017. Una edición que tiene a “La La Land” en comedia y a “Manchester By The Sea" y "Moonlight" en drama como las grandes favoritas. A continuación, la lista completa de nominados, y unas cuantas sorpresas y ausencias.

MEJOR PELÍCULA (COMEDIA O MUSICAL)
La La Land
Deadpool
20th Century Women
Sing Street
Florence Foster Jenkins

MEJOR PELÍCULA (DRAMA)
Hacksaw Ridge
Hell or High Water
Lion
Manchester by the Sea
Moonlight

MEJOR DIRECTOR
Mel Gibson ('Hacksaw Ridge')
Tom Ford ('Nocturnal Animals')
Barry Jenkins ('Moonlight')
Kenneth Lonergan ('Manchester by the Sea')
Damien Chazelle ('La La Land')

MEJOR ACTOR (DRAMA)
Casey Affleck ('Manchester by the Sea')
Joel Edgerton ('Loving')
Andrew Garfield ('Hacksaw Ridge')
 Viggo Mortensen ('Captain Fantastic')
Denzel Washington ('Fences')

MEJOR ACTRIZ (DRAMA)
Amy Adams ('Arrival')
Jessica Chastain ('Miss Sloane')
Isabelle Huppert ('Elle')
Ruth Negga ('Loving')
Natalie Portman ('Jackie')

MEJOR ACTOR (COMEDIA/MUSICAL)
Colin Farrell ('The Lobster')
Ryan Gosling ('La La Land')
Hugh Grant ('Florence Foster Jenkins')
Jonah Hill ('War Dogs')
Ryan Reynolds ('Deadpool')

MEJOR ACTRIZ (COMEDIA/MUSICAL)
Annette Bening ('20th Century Women')
Lily Collins ('Rules Don't Apply')
Hailee Steinfeld ('The Edge of Seventeen')
Emma Stone ('La La Land')
Meryl Streep ('Florence Foster Jenkins')

MEJOR ACTOR DE REPARTO
Mahershala Ali ('Moonlight')
Jeff Bridges ('Hell or High Water')
Simon Helberg ('Florence Foster Jenkins')
Dev Patel ('Lion')
Aaron Taylor-Johnson ('Animales nocturnos')

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO
Viola Davis ('Fences')
Naomie Harris ('Moonlight')
Nicole Kidman ('Lion')
Octavia Spencer ('Figuras ocultas')
Michelle Williams ('Manchester frente al mar')

MEJOR GUIÓN
La La Land
Animales nocturnos
Moonlight
Manchester frente al mar
Hell or High Water

MEJOR CANCIÓN ORIGINAL
Can't Stop the Feeling ('Trolls')
City of Stars ('La La Land')
Faith ('¡Canta!')
Gold ('Gold')
How Far I'll Go ('Vaiana')

MEJOR BANDA SONORA
Moonlight
La La Land
Arrival
Lion
Figuras ocultas

MEJOR PELÍCULA DE ANIMACIÓN
Kubo y las dos cuerdas mágicas
Vaiana
La vida de Calabacín
¡Canta!
Zootopia

MEJOR PELÍCULA EN LENGUA EXTRANJERA
Divinas
Elle
Neruda
El Viajante
Toni Erdmann


LAS 5 SORPRESAS
1. “Deadpool” no pilló a nadie desprevenido en la cartelera. Dio justo lo que prometió, una sobredosis de humor grueso y fino, para todos los gustos. Un divertimento que parece haber encandilado a la prensa extranjera, pues ahí está optando a mejor película (comedia/musical). Y por si fuera poco, Ryan Reynolds opta al premio a mejor actor.

2.  Parece que a la prensa extranjera le da igual que se trate de cine de superhéroes. A ver si aprenden los académicos.

3. “War Dogs” fue vapuleada por la crítica, y se convirtió en un batacazo para sus responsables. Pero quién le iba a decir a Jonah Hill que se acordarían de él.

4. Es un gran actor, pero creo que nadie se esperaba que Viggo Mortensen optase al premio este año por “Captain Fantastic”. Qué equivocados estábamos.

5. Reconozcámoslo, Aaron Taylor-Johnson nunca ha demostrado ser un buen actor. Y ahí están “Godzilla” e incluso “Kick-Ass” para demostrarlo. Pero algo han visto los críticos en él, que alaban su interpretación en “Nocturnal Animals”, imponiéndose a actores como Michael Shannon.


LAS 5 AUSENCIAS
1. Un habitual de los premios, Scorsese, se encuentra sospechosamente ausente. ¿Habrá visto la prensa extranjera su épica “Silence”, que aún no ha podido verse en salas?

2. La misma pregunta cabe hacerse sobre “Julieta”. El film de Almodóvar aún no ha visto la luz en Estados Unidos.

3. Pero no podemos preguntarnos por qué “Finding Dory” ha sido totalmente olvidada. ¿Querrán dejarle el pasillo libre a otras?

4. “Sully” ha sido uno de los filmes más laureados de Clint Eastwood de los últimos años. Sorprendentemente, ni el film ni Tom Hanks han acabado en la lista.

5. ¿Qué le pasa a los premios con Jake Gyllenhaal? ¿Da igual que se deje la piel en cada papel, que seguirán ignorándole? ¿Estamos ante el nuevo DiCaprio?

martes, 17 de marzo de 2015

LA CRÍTICA. Big eyes

El paréntesis del artista
Mucho se ha dicho sobre la última película de Tim Burton. Entre otras cosas, que no parece una cinta de Burton. No posee esos decorados góticos ni la contraposición con una paleta más colorista del anacrónico escenario en el que se desenvolvía “Eduardo Manostijeras”, no está protagonizada por esos freaks a los que su creador trata con absoluto amor y respeto, y ni siquiera la banda sonora de Danny Elfman evoca al estilo marcadamente burtoniano.

Pero hay una escena en ella, la que protagoniza el crítico interpretado por Terence Stamp, que viene a decir todo lo contrario, cuando dice abiertamente que un artista deja de convertirse en un autor para pasar a ser una pieza más de un gigantesco engranaje, transformándose en un cliché. En ese sentido, toda “Big Eyes”, que a priori no parece de su director a nivel estético, es toda una declaración de intenciones de un cineasta que lleva cerca de quince años trabajando para la industria, transformado más en un producto que en el artista que fue antaño.


Así, su último trabajo supone el punto de inflexión en la carrera de un realizador que ha querido demostrar que es capaz de hacer algo distinto a lo que nos tiene acostumbrados. “Big Eyes” es, por así decirlo, y aunque sea también de encargo, uno de los proyectos más personales y audaces del director en mucho tiempo, y ya solo por eso bien merece su visionado. Es incluso más burtonianas que otras propuestas suyas que desprenden su aura y universo de lejos como “Alicia en el País de las Maravillas” o “Sombras tenebrosas”.


Más allá de eso, su historia se deja ver con comodidad, está bien dirigida y excelentemente interpretada por el histriónico Christoph Waltz y esa maravilla llamada Amy Adams -sobre todo ella-, y sólo pierde entereza en el estrafalario juicio final. Una historia de mentes manipuladoras y otras mentes fácilmente maleables en plena década de los 50 y 60, cuando las mujeres sólo eran consideradas como buenas amas de casa y sacrificadas esposas, y en la que el talento no se mide por los billetes que ganes con tu obra, sino por la pasión que imprimes en ellas. Burton parece haber aprendido la lección. Desgraciadamente, le durará poco y volverá a ofrecer lo de siempre. Pero se agradece este delicioso paréntesis.

A favor: Amy Adams, y el aparente cambio de registro de Tim Burton
En contra: el estrafalario juicio final, y que algunos la descarten por no parecer de su director, o por pensar que nos ofrece lo mismo de siempre

Calificación ***1/2
                                                                        Merece mucho la pena

viernes, 20 de febrero de 2015

LA CRÍTICA. Fuerza mayor (Turist)

Gran bola de nieve
Una idílica estancia de cinco días en los Alpes. Tomas, Ebba y su familia están disfrutando de la comida cuando de repente una avalancha se acerca a lo lejos hacia el restaurante. Al principio, Tomas tranquiliza a los suyos advirtiendo que el alud está controlado. Pero pronto el peligro se acerca más y más y la situación escapa a su control. En una situación así, ¿cómo actuaría cada uno de nosotros? ¿Pondríamos a salvo a nuestros seres queridos antes que a nosotros mismos, o predominaría el instinto de supervivencia?

En su nuevo trabajo tras la laureada “Play”, el sueco Ruben Östlund propone un drama familiar con tintes de comedia, o si lo prefieren una comedia tan ácida sacada de un contexto tan dramático que es imposible no esbozar una sonrisa incómoda, en torno a un acto de cobardía que irá creciendo en el seno de la familia protagonista y de los que los rodean como si de una gran bola de nieve se tratase.

El realizador consigue así una serie de sublecturas de lo más interesantes. Por un lado, estamos evidentemente ante una gigantesca avalancha emocional dispuesta a dinamitar desde dentro la estabilidad conyugal y familiar, una mastodóntica terapia de pareja servida con un malicioso guión y arropada por un excelente reparto de actores, que acercan a la cinta al cine de Thomas Vinterberg. Pero también es la historia del fracaso del hombre como macho protector de su manada, la vergüenza de quien ha sacado a relucir su verdadero rostro y debe ser juzgado por ello. Y entre otros muchos frentes abiertos, también tenemos el reflejo de ese patetismo tan buñueliano al que puede verse rebajada la clase acomodada ante una crisis.


Östlund consigue así un relato repleto de múltiples capas de nieve a punto de resquebrajarse, donde el narcicismo, el egoísmo y la independencia individual frente a la vida familiar se dan la mano. Y además logra algo que Vinterberg e incluso Michael Haneke manejan muy bien, ese efecto de distanciamiento por el cual podemos analizar de manera imparcial los actos de sus personajes sin identificarnos del todo emocionalmente con ellos, amén de compartir con ellos también los altibajos de ritmo y el no ir al grano en muchos momentos. Logra este distanciamiento, a pesar de la tensión que rodea a sus protagonistas, arrancando la risa del espectador que mira desde fuera una situación llevada hasta el extremo del absurdo. A ninguno de nosotros nos gustaría vernos sepultados por esta colosal bola de nieve. Pero qué divertido y retorcido es convertirse en juez y verdugo desde la lejanía.


A favor: el reparto, el retorcido guión y el efecto de distanciamiento bien manejado por su director
En contra: algunos bajones de ritmo que la pueden hacer demasiado lenta y larga

Calificación ****

martes, 17 de febrero de 2015

LA CRÍTICA. El francotirador (American Sniper)

El gran héroe americano
Hay tres tipos de personas en este mundo. Algunos no quieren creer que el mal existe en este mundo y, cuando llama a su puerta, no saben defenderse a sí mismos. Son las ovejas. Luego están los predadores que hacen presa del débil, los lobos. Y por último existe un tipo de personas que viven para enfrentarse al lobo y proteger a las ovejas. Son los perros pastores. De esta manera tan simplista resumía el padre de Chris Kyle, el francotirador más letal de la historia militar estadounidense, a la raza humana. Este pensamiento caló tan hondo en el personaje a quien se dedica la última película de Clint Eastwood, que el propio Kyle  –correcto Bradley Cooper, sin más- llegaba a categorizar a quienes le rodeaban de una manera aún más simplista. Lo incomprensible para él era quedarse en casa viendo cómo las Torres Gemelas caían el 11-S. Si no luchas por tu país, eres un cobarde.

En “American Sniper”, Eastwood se deja llevar por ese espíritu simplista y sirve una cinta manipuladora y extremadamente patriótica que solamente muestra una de las dos caras de la contienda. Aquí hay unos buenos perfectamente definidos, los americanos, y unos malos malísimos, los islamistas, y cada fotograma desprende un hedor a propaganda. Es un film tremendamente localista. Sólo con la moral patriotera yanqui podría valorarse y comprenderse una propuesta como ésta.


Por el camino, además de conferir un halo de romanticismo a la figura del francotirador, de un cowboy que se ve afectado por disparar a un niño en la cabeza pero que siempre rendirá cuentas ante Dios por cada vida que ha quitado con orgullo, porque lo ha hecho por su nación, asistimos a todo un manual de tópicos imprescindibles del género bélico. Desde la violencia engendrando violencia hasta la adicción que produce la guerra, algo que Kathryn Bigelow ya retratase con mucha mayor objetividad y frialdad en la muy superior “En tierra hostil”.


Sin embargo, lo peor de “American Sniper” es que tras la cámara se encuentra un clásico del celuloide como Eastwood. Un maestro que se atrevió a cuestionar el patriotismo yanqui a través de una fotografía mítica en “Banderas de nuestros padres” para luego poner la otra mejilla, la del bando japonés, en la soberbia “Cartas desde Iwo Jima”, tratando a ambos bandos como iguales. Aquí no tenemos eso, ni siquiera se reconoce al realizador de obras míticas como “Sin Perdón” o “Mystic River” salvo por un ritmo tan pausado que puede llegar a aburrir. Lo que sí tenemos es un trabajo de encargo obra de un cineasta que ha venido a glorificar la figura del gran héroe americano desde la más absoluta cobardía.

A favor: Bradley Cooper, simplemente correcto
En contra: su falta de ritmo, su tufillo a cine patriótico, la cobardía de Eastwood tras la cámara… casi todo

Calificación *1/2

viernes, 30 de enero de 2015

LA CRÍTICA. Mandarinas

En tierra de nadie
La autonomía de la República de Abjasia ha estado siempre en entredicho por los países que la reclaman para sí, en una disputa territorial que parece no tener fin y que se remonta al siglo XI, casi tan antigua como la que se mantiene por otra zona de conflicto tristemente célebre como es Kosovo. Los rusos la consideran independiente, y los georgianos una república autónoma que les pertenece. Y sin aparente voz ni voto, en medio de toda esta trifulca, está el pueblo estonio, que lleva dos siglos asentado en el lugar.

“Mandarinas” pone sobre la mesa este conflicto poco mediatizado trasladando la trama hasta comienzos de los 90, justo cuando las milicias pro-rusas eran atacadas por el ejército georgiano. Y lo hace desde la modestia más absoluta, a través de la historia de un carpintero estonio que ayuda a su vecino con su cosecha de mandarinas antes de que la guerra les alcance.

La propuesta del cineasta de origen georgiano Zaza Urushadze podría recordar a la que Danis Tanovic nos ofreciera en la imprescindible ganadora del Oscar “En tierra de nadie”, pero convirtiendo una simple cabaña en un escenario libre de cualquier tipo de hostilidad, en una especie de escenario pacifista donde conciliar las posturas de chechenos y georgianos.  


“Mandarinas” se beneficia de su intimismo y cierto halo poético que no desentona en absoluto con el crudo marco en el que se desarrolla, sin caer en ningún momento en la lágrima ni el discurso facilones. Y en ningún momento centra sus miras en ningún bando, no se posiciona. Porque su discurso va más allá de cualquier bandera, religión o ideología política. Es una cinta tremendamente humanista que aboga por tratar la guerra como una pelea entre hermanos sentados a una mesa dialogando, como una lucha fratricida en la que todos somos iguales. Es, como la denomina uno de sus personajes, La guerra de los cítricos. Da igual a qué nación defienda cada bando, sólo son hombres luchando por la tierra en la que crecen las mandarinas.


Una película tan pequeña como necesaria, contada con serenidad y sin prisas pese a su reducido metraje, que consigue una potencia y un impacto en el espectador que ya quisieran para sí otros productos más grandilocuentes. Un canto contra la guerra que también se beneficia de un guión sin fisuras y de un reparto totalmente acertado, destacando a su protagonista Lembit Ulfsak, y que merece todos y cada uno de los galardones que se le ha concedido. Y los que le quede por recibir.

A favor: su halo poético, su sinceridad, serenidad, y su canto antibelicista sin sentimentalismos
En contra: que pase desapercibida para el gran público

Calificación ****

miércoles, 28 de enero de 2015

LA CRÍTICA. Alma Salvaje (Wild)

Viaje a ninguna parte
La peregrinación como camino hacia el autodescubrimiento. El cine ya ha abordado la temática del viaje existencial, el que emprende una persona en busca de sí misma. Desde “All is Lost” hasta la incomprendida “La playa”, pasando por una recomendación española, “The Way”, que tenía el Camino de Santiago como uno de sus grandes protagonistas. Lo nuevo de Jean Marc Vallée, que hace poco más de un año daba el salto al cine que disfruta recibiendo premios hollywoodienses con la loable “Dallas Buyers Club”, va en esa línea argumental.

Para analizar “Wild”, se podría partir de dos líneas que definen al film y que constituyen sus dos vías principales. En primer lugar, el buenísimo trabajo que realiza Reese Witherspoon en la que supone, de lejos, su mejor interpretación desde que ganase el Oscar hace casi una década, si bien en todo este tiempo se ha preocupado más por hacer caja que por recordarnos lo buena actriz que es. La intérprete, como su propio personaje en la ficción, carga con buena parte del peso de la cinta a sus espaldas, y lo hace con convicción, dejándose la piel por el camino.


Y en segundo lugar, está el viaje de redención personal que su personaje emprende, una traslación a la pantalla del que emprendió Cheryl Strayed en la vida real, todo un icono de la literatura estadounidense. Una travesía por la América inhóspita que para ella supuso dejar atrás su yo salvaje, ése que venía de una tumultuosa existencia desde una pérdida familiar irreparable que la llevó a coquetear con las drogas y acostarse con cualquiera que se encontrase a su paso.

Es precisamente en esta segunda vertiente donde la propuesta de Vallée no encuentra el sendero correcto hacia su destino, que no debería ser otro que el de convertirse en una experiencia vital incluso para el espectador. De hecho, intrigan más los flashbacks que el cineasta disemina a lo largo del recorrido de su protagonista y el montaje no lineal de los mismos, que obliga al espectador a ordenarlos mentalmente y rellenar los huecos que queden por llenar, que el viaje en sí mismo. Su referente directo e inmediato sería “Into the wild”, donde Sean Penn conseguía a través de una encomiable poesía visual que la odisea de Christopher McCandless se volviese emotiva y evocadora para el público. Aquí eso no se consigue, no hay un ápice de emoción, no existe un solo plano con el que te quedes maravillado, pese a la acertada dirección del canadiense y el buen hacer de su actriz protagonista.


El libro de Strayed es todo un referente en la sociedad norteamericana. Los que lo han leído lo describen como toda una experiencia vital, como una obra aleccionadora e inspiradora. La adaptación al cine de sus memorias debía convertirse en una aventura fascinante y emocionante. “Wild” no es una aventura. Ni siquiera es fascinante ni emocionante. Es un viaje hacia ninguna parte para acabar con una vida de miseria. Y si todos los viajes de este tipo van a ser como éste, es mejor quedarse en casa.

A favor: Reese Witherspoon y los flashbacks
En contra: no llega a ser la aleccionadora e inspiradora odisea existencial que pretende


Calificación **
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