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lunes, 20 de agosto de 2012

Tony Scott (1944-2012)

Lo reconozco. Nunca fui un especial fan de Tony Scott. Siempre fui muy crítico con muchos de sus filmes por su estética videoclipera y su nervioso sentido del montaje, siempre influenciado por el señor Jerry Bruckheimer. Pero lo curioso es que, una vez me he enterado de su muerte, que ha pillado a todos por sorpresa, me ha invadido un extraño sentimiento, como el de una persona a la que no conocías de nada pero que sentías familiar.

Tony Scott nos ha dejado a los 68 años de edad, y no precisamente víctima de los achaques de la edad. El realizador ha saltado desde un puente en California, según informan varios testigos, y posteriormente se ha encontrado una nota de suicidio en su coche, aparcado cerca del lugar de los hechos, según ha informado The Torrance Daily Breeze.

Scott comenzó su carrera protagonizando el cortometraje de su hermano Ridley, “Boy and Bicycle”, en 1965, para pasar a la realización a finales de los 60 en televisión y cortometrajes. Con muy pocos trabajos a sus espaldas, debutó en 1983 con “El ansia”, duramente atacada por la crítica y el público. Con una amplia trayectoria en el campo de la publicidad, su gran momento llegaría con su siguiente largometraje, “Top Gun”, todo un clásico de los 80 que catapultó a la fama a su protagonista, Tom Cruise. Un arrollador éxito de taquilla que abriría a Scott las puertas de Hollywood definitivamente, desde entonces de la mano de su compañero Jerry Burckheimer.

Juntos darían pie a una serie de títulos, algunos más exitosos que otros, donde el ritmo frenético y la violencia iban siempre de la mano. Fue autor de la oscura y violenta secuela de “Superdetective en Hollywood”, del thriller “Venganza (Revenge)”, de la malograda “Días de tueno”, de nuevo con Cruise, de la ya cinta de culto “El último boy scout” y de uno de los mejores trabajos de su carrera, “Amor a quemarropa”, con guión de Quentin Tarantino.


Siempre acompañado de su eterna gorra roja, seguiría en la dirección con algunas cintas recomendables, siempre con un marcado aroma a videoclip, como “Spy Game”, “Enemigo público” o “Domino”, y se alió durante su carrera con algunas de las estrellas más taquilleras del star system, como Denzel Washington, a quien convertiría en uno de sus actores fetiche, trabajando juntos en “Marea Roja”, “El fuego de la venganza”, “Asalto al tren Pelham 123”, “Déjà vu” o “Imparable”, su última película en 2010.


Fue también productor en cine y televisión, surgiendo así “RKO 281”, la adaptación al cine de “El equipo A”, las series “Numb3rs”, “Los pilares de la Tierra” o “The Good Wife”, y las recientes “Infierno blanco (The Grey)” y “Prometheus”, muchas de ellas influenciadas por su sello personal y producidas bajo la compañía que llevaba con su hermano, Scott Free.

Una carrera meteórica de apenas 25 trabajos de dirección y medio centenar en producción, abalada con un BAFTA honorífico, un Emmy y un premio del Festival de Cine de Sitges por su corto “One of the Missing”, así como nominaciones en el Festival de San Sebastián o los premios PGA de los productores, confirman la trayectoria de un cineasta que puede que no gustara a muchos –otros le adoran, todo lo hay que decirlo, y no son pocos-, pero que nos sirvió algunos de los momentos más trepidantes y cargados de adrenalina del séptimo arte. Descanse en paz.

De regalo, ahí va un vídeo con sus mejores películas, que en realidad son todas.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

LA CRÍTICA


Imparable **1/2
(Unstoppable)

Tony Scott sin frenos

Si algo diferencia a los hermanos Scott entre sí es que mientras Ridley va dando tumbos tratando de realizar mastodónticas películas que le hagan recuperar la esencia de los grandes clásicos de su filmografía –para entendernos, títulos como “Blade Runner” o “Alien”, a los que sólo “Gladiator” se acerca- con bastante poco sello personal, su hermano menor Tony ha ido depurando su estilo frenético y videoclipero y convirtiéndolo en marca de la casa, a pesar de no haber concebido ningún film hasta la fecha que merezca el calificativo de película de culto. 


Hace un año estrenaba en España “Asalto al tren Pelham 1, 2, 3”, remake desenfrenado sobre raíles de una cinta notablemente superior. Pues bien, la cosa va de trenes otra vez en su nueva propuesta, esta vez inspirada en hechos reales. El gran protagonista es ese tren sin control que lleva como carga material tóxico y altamente inflamable, y los frustrados intentos de las autoridades y las grandes corporaciones por frenarlo, hasta que dos empleados de la compañía ferroviaria ponen en juego su vida urdiendo un ingenioso plan para ralentizar ese tren del infierno sin descarrilarlo.


“Imparable” es lo que puede esperarse de un trabajo de Tony Scott. Acción adrenalínica, una cámara nerviosa siempre en movimiento y tensión que hace que sus ajustados noventa minutos pasen en un suspiro. Por el camino se resienten los abusos estilísticos de su director, que sus fans esperarán ansiosos pero que a mí me resultan repetitivos, y un guión tan previsible como arquetípico, dando un resultado final entretenido pero que no aporta nada nuevo. Eso sí, todo servido como un gran entretenimiento en un género en el que Scott se mueve como pez en el agua, y volviendo a afianzar su estilo personal.


La película no deja tiempo para el respiro, ni para degustar lo que podría haber funcionado como crítica hacia las decisiones interesadas de los jefes de la empresa –en su lugar, su discurso en torno a este tema es previsible y presentado de manera muy tópica- ni mucho menos para simpatizar con las vidas de sus dos personajes, arquetipos de seres contrapuestos que se odian al comienzo pero acaban trabajando codo con codo al final. Eso sí, un disfrute de corta duración para los que no quieran ejercitar demasiado las neuronas con un trío protagonista de lo más solvente, con un actor que nunca falla, Denzel Washington, una joven promesa que afianza su talento, Chris Pine, y la estupenda Rosario Dawson dando la réplica perfecta a la pareja. Ni más ni menos.

A favor: su trío protagonista y la acción imparable
En contra: tanta acción no deja espacio para nada más, y que no aporta nada nuevo

martes, 28 de julio de 2009

LA CRÍTICA

Asalto al tren Pelham 123 ***
(The taking of Pelham 123)


“Pelham uno, dos, tres” (Joseph Sargent, 1974) poseía el inconfundible aroma de thriller que abundaba en los 70, el mismo que desprendían otros filmes como “La conversación” o “Todos los hombres del presidente”. No puede decirse que la nueva versión sea deudora de nuestro tiempo exactamente, pero sí podemos afirmar con absoluta convicción que es hija de su director.

Así, del elegante thriller que nos brindaba la película original pasamos a una frenética action movie con el típico secuestro de fondo. Y todo ello con el personal sello de Tony Scott, tan videoclipero y esteta como siempre, y ofreciendo lo que se espera de él: una fastuosa producción de acción a raudales y mucha tensión en la que la cámara jamás permanece quieta, y en la que la fotografía y la banda sonora, y en definitiva el montaje audiovisual, van al unísono siguiendo el camino de un desenfrenado vagón de tren que aumenta su velocidad, y con ello los efecticismos propios del realizador, de una manera vertiginosa.

No obstante, y tal y como ocurriera con la acertada “El fuego de la venganza”, Scott impone su toque con mano de hierro, pero nos da igual que intente como de costumbre ser el centro de atención del circo que ha montado. Todo gracias a un inteligente guión, obra del gran Brian Helgeland, en el que priman los personajes y los diálogos sosegados entre tan tumultuoso envoltorio. A ello ayudan, y he aquí el gran acierto de esta cinta, unos Denzel Washington y John Travolta en absoluto estado de gracia, ofreciendo un antológico tource de force interpretativo vía radio, sin que lleguen apenas a compartir plano como ocurriera en aquella obra maestra de Michael Mann titulada “Heat”.

En medio del aluvión de remakes de pelis de terror que nos llegan estos días, Scott y Helgeland cogen un portentoso thriller de suspense setentero y lo reconvierten en una entretenidísima película de acción que mantiene el interés de principio a fin y pasa tan rápido como un vagón sin control. No se limitan sus responsables a copiar a destajo el producto original. Cambian los personajes, el cuidado de los mismos, las situaciones que se presentan, e incluso el final, en el cual un servidor prefiere aquel estornudo que ponía entre la espada y la pared a Martin Balsam en lugar de ese desenlace tan cómodo y justo con lo que el público espera que nos presenta el ya previsible porvenir del malo de la función.

Este nuevo viaje a bordo del Pelham 123 no se encuentra a la altura del original –contiene cambios que la hacen diferente, a ratos mejor, pero a la par se echan de menos algunos detalles que hacían de aquella una película mítica-, pero constituye un ejemplo de blockbuster veraniego bastante inteligente y entretenido, que es lo que importa al final en un producto de estas características. Por la travesía sobran algunas situaciones, como la comunicación vía chat entre uno de los rehenes y su novia o la explicación del pasado de Travolta, que sirve para informar al público pero que carece del mayor interés para el avance de la trama. Sin embargo, Scott no hace descarrilar el tren en ningún momento a pesar de sus reiterados intentos por sobresalir con su enérgica puesta en escena y el conjunto, y al final es lo que importa, entretiene. Y ya eso es más de lo que se esperaba.
A favor: Travolta y Washington, magníficos
En contra: falta el estornudo de Martin Balsam que ponía el broche de oro a la original
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