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sábado, 21 de noviembre de 2009

"The Hole 3D", la vuelta de Joe Dante al fantástico

Fue elegida mejor película en 3D en el pasado Festival de Venecia por encima de títulos como "San Valentín sangriento en 3D" -cosa fácil- y "Los mundos de Coraline" -algo ya más difícil-. Pero por encima de esta noticia, que ya posee importancia de por sí, lo que resalta de "The Hole 3D" es que supone la vuelta al fantástico de todo un clásico, Joe Dante, desde su participación en la serie "Masters of Horror", aportación de la que ya hemos hablado en este blog.

"The Hole 3D" cuenta la historia de una familia que encuentra en una casa apartada un agujero que conduce a sus peores pesadillas. Supone una feliz noticia el reencuentro con uno de los genios del fantástico de los 80, con filmes como "Gremlins" y "No matarás... al vecino" -Bruce Dern vuelve a trabajar con el realizador tras esta película- a sus espaldas . Desgraciadamente, durante los 90 su carrera siguió un marcado declive y solo es remarcable la simpática "Pequeños guerreros".


Pese al gran revuelo que causó en el último Comic-Con, "The Hole 3D" no ha disfrutado de una gran campaña publicitaria ni se sabe mucho de ella. De hecho, ni se ha estrenado en Estados Unidos, por lo que la fecha de llegada a nuestro país puede demorarse un tiempo, o incluso puede no llegar a producirse. ¿La razón? Que es un producto indie sin distribuidora. Esperemos que a partir de su éxito en Venecia y el Comic-Con corra mejor suerte. Por ahora solo disponemos de capturas y del cartel promocional, además de clips en movieset.com con entrevistas y pequeños making off.

Clips en movieset.com

miércoles, 6 de mayo de 2009

Maestros del Horror: John Carpenter (II)

Pro-Life *1/2

John Carpenter es, posiblemente, el que mayor alegría y mayor decepción ha aportado a la serie “Masters of Horror”. La buena acogida que tuvo en diversos festivales el fabuloso episodio de la primera temporada, “Cigarette Burns”, se vio ensombrecida por culpa de su fallido trabajo para la segunda, titulado “Pro-Life”.

“Pro-Life” falla en tantos niveles que en el momento de su visionado me fue imposible realizar un compendio de todos ellos. En realidad, no me fue posible entender por qué no me gustó, a pesar del peso que tiene Carpenter en mi memoria cinéfaga. Y tardé en comprender que más allá de las limitaciones del formato televisivo –esto no fue un problema en “Cigarette Burns”, así que no se explica por qué Carpenter se dejó ir tanto con el capítulo que nos ocupa-, “Pro-Life” es ante todo un mediometraje aburrido, soso y que no aporta nada una vez lo has visto. Es más, ni siquiera entretiene.

Carpenter es un maestro a la hora de abordar el Apocalipsis desde varios puntos de vista. “En la boca del miedo” y Cigarette Burns” abordaban el fin de la humanidad a través del arte, en especial en el primer caso, donde Carpenter se mojaba al plasmar en imágenes el Apocalipsis en su desenlace. En otros trabajos, como “1997: Rescate en Nueva York” y su secuela o “¡Están vivos!”, el fin del ser humano como tal era inminente, o como mucho era reciente. No obstante, parece ser que el tema del derecho a la vida, el aborto y sus implicaciones morales le viene grande al director. ¿Tenemos derecho a negar una futura vida? En definitiva, ¿obramos como dioses decidiendo sobre la vida de los demás, o es un acto demoníaco que debemos paliar? Temas tan trascendentales como este –ojo, el declive de la moralidad humana que describe Carpenter en cada película está tan vigente como el aborto- parecen que pillan fuera de juego al director.

Lo que emana “Pro-Life” por todos sus poros es una dejadez impropia de su realizador. Carpenter no ha sabido mantener el interés durante los escasos 60 minutos que dura su propuesta. El espectador no acaba de interesarse por la trama; parece dirigida a las carreras, con candentes errores de continuidad –el cristal de la puerta que se rompe para poder entrar a la clínica abortista aparece íntegro al siguiente plano-; la banda sonora ya no transmite nada; Ron Perlman parece que no está al 100% en su papel… Incluso el maquillaje del bebé es una mala copia de la cabeza-araña de “La cosa”. Solo se salva, quizás, el trabajo de Nicotero&Berger para crear al demonio, y aún así no se le ve a la luz.

Para cuando llega la explicación final, que se hace previsible, “Pro-Life” no consigue transmitir su mensaje, sea cual sea este. Lo que queda es un insulso capítulo nada propio de Carpenter, quien incluso se permite la libertad para alargar la entrada de la familia a la clínica –esto ralentiza todavía más la película- haciendo un homenaje a “Asalto a la comisaría del distrito 13”, un director que creíamos recuperado tras su genial aportación a la serie en la primera temporada, pero que en esta ocasión parece desgastado por el tiempo. Sólo esperemos que no sea así. Siempre nos quedarán los créditos iniciales, precedidos por el habitual JOHN CARPENTER’S.

Descarga

Como en el caso de “Cigarette Burns”, les facilito enlaces para la descarga de “Pro-Life”

http://www.megaupload.com/?d=KNYTX1JH
Los archivos, como en el caso de "Cigarette Burns" están comprimidos con WinRar. Si alguien tiene dudas acerca de cómo descargar o extraer los episodios una vez descargado que lo consulte.

lunes, 4 de mayo de 2009

Maestros del Horror: John Carpenter (I)

Retomo mi análisis de la serie “Masters of Horror (MOH)” y esos maestros que la integran. El que nos ocupa ahora es el considerado por muchos, entre los cuales me incluyo, como uno de los mejores cineastas de cine fantástico y de terror –me cuesta clasificar su obra como terrorífica, a pesar de contar con títulos tan relevantes como “La noche de Halloween” en su filmografía- vivos. John Carpenter se ha labrado una fama de artesano y artista con mayúsculas, en especial en Europa, donde es considerado un autor. Puede que su mejor época ya haya pasado, pero en su carrera ha deambulado por todos los géneros dentro del cine de terror, siempre con un estilo rabiosamente personal. Suyo es el que es para mí el mejor episodio de toda la primera temporada de la serie, muy por encima de las sobrevaloradas propuestas de John McNaughton o Joe Dante, en especial del primero. Dado que su aportación a la serie se podría calificar de pequeña obra maestra, he decidido escindir la crítica en dos partes: una dedicada a la primera temporada y otra a la segunda.

La fin absolue du monde

Antes de diseccionar la compleja obra de Carpenter sentemos cátedra. No podremos entender plenamente su intención si no les hablo primero de “La fin absolue du monde”, la película que activa los mecanismos del miedo en la cinta de Carpenter.

Se trata posiblemente de la película más misteriosa de la historia del cine. Un extraño aura de secretismo y superchería rodea a este film desde hace décadas, hasta tal punto de poner en duda su propia existencia. No existen imágenes del mismo, ni carteles –la imagen que pueden ver acompañando a este texto está sacada del episodio Carpenter-. Su equipoestá extinto, falleció hace tiempo, y no existen copias conocidas. Y su director, Hans Backovic, se dice que se voló la tapa de los sesos obsesionado por el material que había creado. Otros, en cambio, hablan de él como desaparecido. Sea como fuere, no existen reseñas suyas por ningún lado, ni una triste biografía básica.

La leyenda comenzó en el aún primerizo Festival de Sitges -dónde si no, con lo aficionados que son sus organizadores a generar leyendas urbanas- en el año 1971, durante el cual se proyectó la única copia conocida del film de Backovic. Durante la misma los espectadores comenzaron a manifestar una conducta extremadamente violencia. Algunos hablaron incluso de canibalismo en la sala, y de un fuerte olor a sangre proveniente de la sala de proyección. Varios heridos y muertos durante el visionado del film, que culminó con el incendio de la sala, en lo que parece ser el único hecho confirmado de la velada. La historia oficial indica que el incendio provocó la histeria colectiva y la consecuente cadena de acontecimientos. No se puede afirmar si la película fue la causante del incendio –se acusó a Backovic de utilizar material inflamable a propósito- o del brote desenfrenado de violencia.

Tal era el caos organizado en la sala que los que sobrevivieron hablan de actos horrendos tales como el canibalismo. El humo y la confusión hicieron presa del pánico al público. No obstante, todos los que pudieron vislumbrar entre tanta supuesta carnicería retazos de la obra de Backovic coincidían en que se trataba de una película absolutamente bizarra, en la cual entre otras calamidades, se podía ver una sucesión de actos violentos e injustificados de niños contra ángeles, a los cuales mutilaban hasta arrancarles las alas. Una snuff movie con todas las de la ley, de la cual se llegó a especular que usaron ángeles de verdad. En definitiva, una oda a la maldad como medio de lograr el arte cinematográfico y que deja patente el poder subversivo del séptimo arte, de su potencial uso como arma de doble filo.

De la película ya no se sabe nada, y de su director, para el cual fue su último trabajo, menos. Su esposa, Katia Backovic, sólo afirmó que esa película había causado dolor y destrucción. Algunos hablaron incluso de un pacto de Backovic con el diablo. La leyenda se ha visto alimentada con el paso de los años, pero los intentos de encontrar “La fin absolue du monde” han resultado, que sepamos, frustrados. Se rumorea que Backovic intentó sacar la única copia existente, la que se exhibió en Sitges, pero el gobierno la destruyó. No obstante, dicen que circulan copias por el mundo, pero no se ha confirmado su existencia. Algunas sectas satánicas reconocen haber buscado una copia sin éxito y varios coleccionistas de cine pagarían lo que fuera a quien les consiguiera un trozo visionable del film.

¿Existe realmente esta película? Y de ser así, ¿estarían ustedes dispuestos a verla? Dicen que verla es desear el suicidio. Yo, presa del morbo, tras haber visto el film de Carpenter y leer sobre la peli, me muero de ganas por verla…


Cigarette Burns *****

“Una película es magia, y en las manos oportunas, un arma”. Con estas palabras introduce la historia Kirby Sweetman (Norman Reedus), un cinéfago que regenta un cine de serie B en el que, entre otros, podemos ver que proyectan “Profondo Rosso” del maestro Dario Argento, la cual momentos después cortará a conveniencia el ayudante de Sweetman. Éste, a su vez, alterna su trabajo en el cine como investigador privado, buscando esas rarezas del celuloide que los cinéfagos coleccionistas le encargan encontrar. Con un truculento pasado y una importante deuda pendiente, Sweetman acepta desesperado el encargo más difícil de su vida: encontrar la película maldita de Backovic, “La fin absolue du monde”. El ricachón Bellinger (el enigmático Udo Kier) le encarga una difícil tarea, no sin antes dar pruebas concretas de la existencia de la película. Bellinger tiene encadenado a uno de los ángeles que formaban parte del reparto original, mutilado hasta las alas y encadenado como una pieza más de coleccionista. Convencido, Sweetman comenzará a buscar la cinta, y por su camino se topará con un fanático aficionado a las snuff movies y con esas inconfundibles marcas de cigarrillo que dan título original al episodio –sí, no entiendo en qué pensaban los traductores españoles para darle el título de “El fin del mundo en 35mm.- y que señalan el cambio de bobina. Poco a poco, y a medida que ve las marcas, el protagonista irá sintiendo el terrible magnetismo del film de Backovic y sufrirá sus fatales consecuencias.


Esta trama de obsesión y de los efectos fatales del cine como arma de destrucción moral acerca el episodio de Carpenter a uno de sus mejores trabajos, “En la boca del miedo”. Al igual que Sam Neill, el personaje de Norman Reedus buscará al autor de la obra original y se irá adentrando en las fauces del horror, para al final comprender la importancia del arte en el ser humano –en aquel caso era una novela, ahora se trata de una película-, su poder de trascendencia, si bien en la cinta de 1995 los efectos eran mucho más apocalípticos. Carpenter habla así del cine dentro del cine, de su influencia positiva o negativa en nosotros, de su capacidad para hacer el mal en un discurso metalingüístico que trasciende incluso las imágenes. Porque “Cigarette Burns” no es solo la crónica de una obsesión y sus consecuencias, sino que el mismo trabajo de Carpenter se vuelve adictivo según avanza la trama. Es curioso que a pesar de tratarse de un producto limitado al ser televisivo, el director es capaz de aprovechar al máximo el tiempo del que dispone y realiza una obra intensa, adictiva, de esas que impiden despegar los ojos de la pantalla. Un ejemplo de esto es el uso de la elipsis. Con la excusa de las marcas de cigarrillo, el realizador omite un pasaje que sabemos que ha sido sangriento, aquel en el que Sweetman acaba con sus captores. Tras la mencionada marca, Norman Reedus ya está suelto y solo vemos la carnicería que se ha formado a su alrededor en el almacén. Una prueba de la inteligencia de Carpenter para economizar metraje, algo de lo que posiblemente adolezcan otros trabajos anteriores, de un exceso de metraje que convierte en lento su avance.

A este poder de adicción contribuye su desenlace, 10 minutos finales en los que Carpenter tontea con Cronenberg y “la nueva carne”, como cuando Bellinger realiza su particular y visceral película. Un torrente de imágenes y sensaciones inunda la pantalla y al espectador en uno de los mejores tramos finales que un servidor recuerda desde hace tiempo. El cineasta no comete el error de mostrarnos una proyección de “La fin absolue du monde”, sino que hace algo mejor: ofrece fragmentos proyectados en pantalla grande de la misma, tal y como lo habrían visto los espectadores originales en Sitges por culpa del pánico, una decisión que sin duda deja con más ganas si cabe de ver la obra de Backovic.

Solo una cosa puede reprochársele a este episodio, y son los flashbacks con la mujer del protagonista, un tanto cursis. Por lo demás, asistimos al renacimiento de un maestro del horror –no estrenaba desde “Fantasmas de Marte”-, con unos créditos iniciales precedidos por su característico JOHN CARPENTER’S, una banda sonora solvente compuesta por su propio hijo y un trabajo encomiable de Gregory Picotero y Howard Berger en el apartado de maquillaje. En especial cabe destacar el ángel, un prodigio del maquillaje imposible borrar de las retinas tras ver el capítulo. Toda una joya de la pequeña pantalla imprescindible para cualquier amante del género, del cine en general y de su director en particular, muy superior incluso a muchas películas de terror que se estrenan estos días.

Descarga

No voy a proporcionar enlaces para “La fin absolue du monde”. Como han podido ver, está descatalogada, parece incluso una invención. Les animo a buscarla, y si descubren algo, les ruego me avisen. Pero lo que sí les proporciono es el enlace desde megaupload para descargar el episodio de Carpenter. Espero que lo disfruten y les obsesione tanto como a mí.

Varios enlaces:
http://www.megaupload.com/es/?d=LN95ADY1

viernes, 28 de noviembre de 2008

Maestros del Horror: Joe Dante

Posiblemente, y descontando las películas slapstick de la carrera de Stuart Gordon, Joe Dante sea de los directores que integran Masters of Horror el que mejor ha sabido unir mala leche y terror. Así lo demuestran las dos entregas de Gremlins o “No matarás… al vecino”, por ejemplo. Muchos dicen que si su nombre figura en esta serie es debido a una sola película, “Piraña”, del mismo modo que la carrera de John Landis incluye únicamente un gran título del género. Sin embargo, para mí su carrera, al contrario que la de Landis, nunca ha estado muy alejada del humor y del horror. En sus inicios trabajó para el mítico Roger Corman, y eso marca, hasta que Spielberg le atrajo al lado oscuro, como ya intentara anteriormente con Tobe Hopper con resultados nefastos, para dirigir el tercer segmento de “Twilight: The Movie”. Junto al Rey Midas o por separado, la afición de Dante por el fantástico se ha dejado ver hasta en obras más comerciales como “Pequeños Guerreros”.

Lo cierto es que Dante ha estado perdido estos últimos años, y ha sido gracias a la serie creada por Mick Garris que ha vuelto a ocupar el sitio que merece en la industria, aunque fuera solamente por un par de años. Su aportación a MOH ha sido muy positiva, para muchos deslumbrante, y con una de las constantes de su filmografía: el humor negro.

“Homecoming” (aquí, como el “Vértigo/De entre los muertos” de Hitchcock, titulada de manera doble y alternativa, “El regreso/El ejército de los muertos”) fue muy bien acogida en el Festival de Sitges de 2006, alzándose con la Mención Especial del Jurado y el premio al Mejor Guión. No ha sido el único episodio de la serie que ha conseguido una buena acogida por parte de la crítica y el festival, pero sí el único en hacerse con galardones. La historia, ridículamente ingeniosa, hace una crítica abierta a la guerra de Irak. Los soldados fallecidos vuelven a la vida para reclamar su derecho al voto y para hablar en contra de una guerra injusta a la que fueron enviados con argumentos fallidos.

Dante, quien trata el tema de una manera cómica, pero sin restarle credibilidad y seriedad al asunto, realiza un gran trabajo que se reserva su ataque más mordaz en el desenlace, mostrando cómo las esferas más altas del poder y que rigen el destino del mundo están formadas por zombies. En medio, se reserva algunos homenajes a Romero y Tourneur y una secuencia pro derechos raciales, aquella en la que un soldado “muerto” entra en una cafetería tras haber deambulado bajo la lluvia y el dueño le ofrece apoyo, cobijo y algo para tomar. Todo salpicado con algunas sobrantes frases que explican demasiado las ideas que la cinta intenta exponer, pero que son bastante obvias ya en la misma historia. Ese afán de grandilocuencia le resta puntos, además del hecho de ser un film de vida efímera, tanto que, pasados ya tres años de su estreno, su mensaje suena a caduco. Es lo que tiene una sociedad que, al contrario de lo que ocurre con los soldados-zombie, olvida tan fácilmente lo que ocurre en la actualidad.

Con mucha mayor seriedad trató su trabajo en la segunda temporada, “The Screwfly Solution”. Si en “Homecoming” puso sus zarpas sobre una guerra injusta, ahora su particular mirada se cierne sobre la violencia de género. ¿Qué ocurriría si de repente los hombres se volvieran locos y comenzaran a asesinar a las mujeres? Éste prometedor punto de partida es sabiamente aprovechado por el director, quien elude en esta ocasión las concesiones a la comedia y da un capítulo muy propio de un clásico de la televisión, “Más allá del límite”.

Ya sea por motivos biológicos o movidos por una fervorosa fe cristiana, el exterminio del sexo femenino de la película conduce inevitablemente al del masculino, debido a la incapacidad posterior de perpetuar la especie. Algo parecido a lo que ocurre en algunas plagas de insectos, a las cuales se les inhibe el deseo sexual para aniquilar a la especie. Y así acaba este particular Apocalipsis, con la población femenina prácticamente diezmada por capricho de una especie invasora alienígena de apariencia sospechosamente femenina, en un final que puede echar abajo lo conseguido durante una hora de metraje, pero que arroja una moraleja igualmente válida: las mujeres, y no los hombres, son potencialmente más importantes y por tanto más peligrosas para cualquier especie invasora. El machismo se torna en feminismo llevado al límite de una manera inteligente, a pesar de la opción de la componente de ciencia-ficción del final. El título español, “El eslabón más débil”, adquiere una inteligente importancia entonces, no quedando claro a cuál de los dos se refiere realmente.

Ambos episodios son muy poco televisivos, siendo de los más cinematográficos de toda la serie. Entre los rostros que lo componen tenemos al ex chico Sensación de Vivir, Jason Prestley, y al gran Elliot Gould en el episodio de la segunda temporada, y un cameo de la protagonista de “La noche de los muertos vivientes” en el de la primera como madre del protagonista. De hecho, la secuencia en la que aparece rememora la inicial del cementerio de la primera película de la saga de los muertos, cementerio en el que posteriormente, si nos fijamos, figuran las tumbas de G. A. Romero, J. Tourneur y otros nombres relevantes del género.

"Homecoming (El regreso/El ejército de los muertos)" ***1/2 -- Primera Temporada
"The Screwfly Solution (El eslabón más débil)" ***1/2 --Segunda Temporada

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Maestros del Horror: John landis

Cuando uno analiza la filmografía de John Landis se pregunta por qué se vio inmerso en la serie Masters of Horror. La respuesta parece obvia: por una sola película. “Un hombre lobo americano en Londres” ha conseguido convertirse en un clásico, pero la carrera de Landis no deja de estar salpicada por la comedia más que por el terror. De hecho, ya antes había realizado una comedia de culto, “The Blues Brothers”, y la misma "Un hombre lobo..." ya poseía potentes dosis de humor, sin olvidar el inolvidable vídeo musical "Thriller", de Michael Jackson. Teniendo en cuenta esto, ¿cuál es su papel en MOH? Pues ha realizado precisamente aquello a lo que ha dedicado la mayor parte de su carrera, el humor, pero en esta ocasión el humor negro.

De las dos películas que ha realizado para la serie, desde mi punto de vista la más reseñable es “Family”, comedia muy negra en la que recupera a un sensacional George Wendt, el personaje más orondo de la mítica telecomedia “Cheers”. El buen resultado de “Family” reside en la interpretación del propio Wendt y en el ingenioso guión, un cruce entre “Familia” de León de Aranoa y “No matarás... al vecino”, de Joe Dante. El protagonista, Harold Thompson, es el típico vecino amable, bonachón y simpático vecino tras el que se esconde un asesino solitario que disfruta matando personas para hacer pasar sus cadáveres por su propia familia. Sus miras están puestas en los nuevos residentes de la casa de al lado, un matrimonio bien en cuya esposa se interesa al instante Harold con la esperanza de convertirla en la suya propia.

En “Family”, Landis demuestra que, a pesar de que el calificativo de Maestro del Horror le viene quizás un poco grande, en lo que sí no le ganan los otros directores unidos al proyecto es en la capacidad de hacer comedia, con la salvedad del mencionado Dante. El final, que puede pillar por sorpresa a más de uno, confirma el mensaje del episodio: teme a tu vecino, y a las personas en general, pues nunca sabes qué se puede esconder tras cada uno. Especialmente memorables son la secuencia de apertura, cuando la cámara avanza a ritmo de travelling y música hacia el sótano de Harold, y las múltiples conversaciones ficticias que mantiene con su familia cadáver, alternando cómo imagina a sus parientes cuando habla con ellos y lo que en realidad tiene delante. El resultado está muy cercano a un capítulo de otra hilarante y reivindicable serie, "Hostorias de la Cripta".

El otro episodio de Landis, bastante menos original que el anterior pero no por ello deplorable, es “Deer Woman”, la historia de una mujer-ciervo asesina de hombres. Lo más destacable de este episodio es la graciosa secuencia en la que el protagonista imagina las múltiples versiones de un mismo asesinato, a cual más descabellada y a la vez más cercana a la realidad, y la recuperación de otra figura televisiva mítica, Brian Benben. Benben fue el protagonista de una de las series que mejor recuerdo de mi niñez, “Sigue soñando”, en la que el personaje de Martin alternaba su vida personal con el recuerdo de viejas teleseries de los años 50 y 60. Como anécdota, señalar que el productor de “Sigue soñando” no era otro que el mismo Landis, y que en la versión doblada al castellano han respetado la voz que Weber tenía por entonces, lo cual es un alivio. Benben realiza un trabajo fabuloso, y viéndole los que seguimos en su momento aquella serie de culto reivindicamos su vuelta al ruedo lo antes posible.

La gran diferencia entre “Family” y “Deer Woman” son las mismas historias, además de la temporada en las que se encuentran inmersas. En el primer caso, se trata de uno de los episodios menos sangrientos de la ya de por sí gore segunda temporada, y en el caso de la segunda la lastra ese formato televisivo que tenía la primera temporada. Ahora bien, si en algo supera ésta a la primera es en su simplicidad, lo que hace que el hecho de conseguir que el resultado final funcione es más loable. “Deer Woman” parte de una trama con mucho menos potencial que “Family", por lo que haber logrado una cinta entretenida a partir de semejante material es absolutamente encomiable. Pero no es de extrañar en un realizador que ha dedicado buena parte de su carrera al humor, en la mayoría de las ocasiones corrosivo. En eso el señor Landis sí que es un maestro, y por eso se ha ganado un hueco en esta serie, como director de comedias en muchos intantes macabras.

Family (Familia) ***1/2 -- Segunda Temporada
Deer Woman (Salvaje Instinto Animal) *** -- Primera temporada

viernes, 31 de octubre de 2008

Especial Halloween: Maestros del Horror

Es Halloween, noche de brujas, la noche perfecta para tirarse en el sofá con un grupo de amigos (o solo, que así nadie te ve saltar del susto) a ver un par de pelis de miedo. Lo propio sería ver terror visceral, llámese Carpenter, Raimi, Romero o Fulci para los estómagos más fuertes, incluso un Miike para los valientes. En una noche como esta, cada vez más afianzada en nuestro país (ya se ven a niños pidiendo caramelos por las casas), en lugar de comentar pelis de miedo voy a comentar una serie de miedo.

Pocas veces tiene uno la oportunidad de ver en una misma serie ilustres nombres como John Carpenter, Brad Anderson, Tobe Hooper o Joe Dante tras las cámaras. Eso fue lo que consiguió el escritor y director Mick Garris en “Masters of Horror”. Creada en 2005, el realizador de películas como “Sonámbulos” tuvo la ocurrente y genial idea de reunir a los grandes maestros del género en una serie que constara de capítulos independientes los unos de los otros, de una hora de duración y que constituyeran por separado una especie de mediometraje de terror. A pesar de que el resultado fuera un tanto desequilibrado, pues por ella pasaron tanto mitos del horror como directores que solo se habían zambullido en el género una vez, debo decir que el balance final de esta serie resultó satisfactorio. Es cierto que hay episodios irrisorios y aburridos, carentes de tensión e incapaces de infundir el miedo en el espectador, pero es igual de cierto que la propuesta no deja de ser llamativa, y los episodios que están mínimamente bien orquestados resultan cuanto menos escalofriantes.

La cadena de televisión por cable Showtime acogió el proyecto durante sus dos únicas temporadas de emisión, dando un total de 26 capítulos, de los cuales poco menos de la mitad son olvidables, y los restantes cuanto menos son interesantes, habiendo algunos realmente espectaculares. ¿Qué implica que sea una serie para el cable? Pues que el contenido de violencia y sexo que puede requerir una producción de este calibre está asegurado. Prueba de ello son otros productos recientes del mismo canal televisivo, como las alabadas “Dexter” o “Californication”. Desgraciadamente Garris, quien escribe y dirige algunos capítulos, no consiguió que nadie respaldara una tercera temporada, lo que dejó fuera del proyecto a grandes clásicos como Romero o Roger Corman.

Quizás de las dos temporadas, la primera sea la más irregular y la más apegada al formato televisivo al que va destinada. En ella encontramos trabajos entretenidos e interesantes, alternados con auténticas joyas y verdaderos bodrios. Del primer grupo destacan “Deer Woman (Salvaje instinto animal)” (John Landis, ***), “Incident On and Off Mountain High (Esculturas humanas)” (Don Coscarelli, ***) o “Homecoming (El regreso-El ejército de los muertos)” (Joe Dante, ***), el cual por su temática antibelicista tuvo una buena acogida en varios festivales. En el último grupo, y aunque me duela decirlo, se sitúa la primera aportación de un clásico del terror a la serie, Tobe Hooper, “Dance of the Dead (El baile de los muertos)” (T. Hooper, *1/2), además de la también primera aportación de Garris a la serie, “Chocolate (Sensaciones extremas)” (M. Garris, *1/2). En el segundo grupo destacarían las dos mejores piezas de este primer tramo, “Jenifer” (Dario Argento, ****) e “Imprint (Huella)” (Takashi Miike, ****). En el primer caso, el maestro italiano da buena cuenta de su status como referente del género dando una joya previsible en su desarrollo pero a la vez original en el mismo, siendo a su vez su previsibilidad obligatoria y su mensaje tan punzante como certero, el de la importancia de la apariencia física y el uso de la sexualidad como armas de dominación del sexo débil, el hombre. El caso de Miike es totalmente distinto. Su trabajo es pura provocación, pero una provocación totalmente justificada. “Imprint” posee violaciones, mutilaciones y demás aberraciones en el episodio más gore de esta primera temporada, lo que obligó a la cadena a censurarlo y destinarlo exclusivamente al mercado del DVD. Advierto que su visionado es sumamente complicado.

En cuanto a la segunda temporada, todo se podría resumir en una sola palabra: GORE. Mucho más sangrienta que su predecesora, cada episodio guarda bajo la manga un as de pura hemoglobina, sesos y vísceras que sirve como excusa al gran Greg Nicotero para dejar aflorar toda su sabiduría en la materia. Tobe Hooper mejora su desastrosa aportación a la primera entrega abriendo esta segunda con un episodio mejor que aquel, pero no con mucha diferencia. “The Damned Thing (La cosa maldita)” (T. Hooper, **1/2) huele a producto desaprovechado, en el que Hooper hace uso y abuso de un montaje de telefilm que como en “Dance of the Dead” resta interés a una historia de la que podría haberse sacado más pero que finalmente sabe a poco. Le siguen una divertidísima comedia negra de John Landis, “Family (Familia)” (J. Landis, ***1/2) y otro interesante trabajo de Dante, esta vez hablando del machismo, “The Screwfly Solution (El eslabón más débil)” (J. Dante, ***1/2). Esta temporada incorpora nombres como Ernest Dickerson, de cuya filmografía solo destaco “Caballero del diablo”, el recuperado Peter Medak, director de “Al final de la escalera”, y la acertada elección de Brad Anderson, cuyo episodio “Sounds Like (El estrépito del silencio)” (B. Anderson, ****) es de lo mejorcito de esta temporada. Carpenter no sorprende en esta ocasión pero sí lo hace Garris, que se aleja de su tedioso “Chocolate” para ofrecer otra historia de obsesión enfocada de una manera más acertada. Sin embargo, si un nombre merece especial mención es el de Dario Argento, quien tras “Jenifer” sirve en “Pelts (Pieles)” (D. Argento, ****) una obra de arte con todas las letras, violenta pero bella a la vez.

“Masters of Horror”, que llegó a emitirse parcialmente en la televisión pública de la mano de Cuatro, es una buena razón para pasar una noche de miedo acompañado por los grandes maestros del terror de todos los tiempos. Con el tiempo iré comentando detalladamente los episodios más representativos de un proyecto que podría haber derivado en más temporadas, pero cuyos 26 episodios totales ya otorgan una satisfacción más que absoluta a los verdaderos amantes del género.

martes, 21 de octubre de 2008

LA CRÍTICA

Transsiberian **1/2

Hasta ahora la filmografía de Brad Anderson trataba acerca de los mecanismos que cotidianamente pueden activar la locura. Tanto el Trevor de “El maquinista”, el Gordon de “Session 9” como el Larry de su genial episodio en la segunda temporada de la serie “Masters of Horror”, titulado “Sounds Like”, son personajes metódicos con su trabajo, obsesivos hasta la médula y cuyos entornos familiares y laborales, unidos a anomalías sobrenaturales físicas o mentales que más que dones constituyen potenciales detonantes de actos irracionales, activan la psicosis que posteriormente derivará en el horror.

Anderson presenta sus historias desde la más absoluta cotidianidad de unas secuencias en las que parece no ocurrir nada, pero que conforman un desarrollo que en conjunto produce escalofríos. Lo importante no es el desenlace, el cual en algunos casos no está a la altura, sino el devenir de los acontecimientos que explican la locura.

En “Transsiberian” vuelve a hacer gala de una atmósfera opresiva, ayudada por los gélidos parajes del recorrido del Transiberiano, y de una trama que juega al despiste con el espectador y en la que parece no ocurrir gran cosa. Y así es. Lo que hasta ahora era un aliciente en sus películas, en esta ocasión se ha convertido en una fuente de hastío cuando compruebas adónde quiere ir a parar el film. Durante la primera mitad no ocurre nada más allá que una serie de hechos puntuales que desvían la atención del espectador a crear falsas teorías y suposiciones.

Pasado el primer tramo, “Transsiberian” se descubre ante el público y muestra su verdadera cara. El gran problema es que tras un comienzo en ocasiones aburrido y que parece no llevar a nada, es precisamente a lo que lleva lo que carece de interés. No hay personajes que acaben afectados por la psicosis de un ambiente adverso, tan sólo un puñado de personas que no paran de mentirse unos a otros, sin darse cuenta de que la mentira es un buen refugio para salir adelante pero del que es imposible salir una vez te descubren. No hay siquiera una trama que invite a la reflexión ni que sorprenda, a pesar del cambio de roles con respecto a las presentaciones iniciales, lo cual puede llegar a desconcertar debido a que la construcción de personajes es tópica y por ello no está siempre del todo justificada la transformación.

El tren que transporta a la última película de Anderson es absolutamente correcto en lo formal, incluidas las interpretaciones de unos actores entregados a la causa, pero también correcto y habitual, sin sorpresas, en el desarrollo de su historia. El final, excesivamente alargado, vuelve a no estar a la altura del resto, y eso que lo demás no es mucho más destacable. El paso del terror y el thriller psicológicos al simple thriller no parecen sentar bien a un director que se maneja con más soltura por otras vías, como aquellas las que transitaban sus películas anteriores. Esperemos que vuelva pronto sobre sus pasos.
A favor: la atmósfera que Anderson imprime a todas sus películas
En contra: el desarrollo, que no conduce a nada
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España/Alemania/Reino Unido/Lituania, Thriller, 2008, 111 minutos
Dirección y guión: Brad Anderson
Intérpretes: Emily Mortimer, Woody Harrelson, Ben Kingsley, Eduardo Noriega, Kate Mara, Thomas Kretschmann
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