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miércoles, 14 de octubre de 2015

LA CRÍTICA. The Final Girls

Kumba… ¡noooooo!
El terror siempre ha sido un género consciente de su propio carácter retrospectivo, tanto que aquellas propuestas que nos llegan con el cartel de innovadora colgando del cuello a modo de reclamo son en realidad un refrito de algo que ya hemos visto. Y aquí se incluyen algunas cintas recientemente laureadas, como “It Follows”, que en realidad suponen un soplo de aire no tan fresco como ellas creen, y acaban demostrando que el género no es más que un monstruo que se retroalimenta con el tiempo.

Lo importante, a fin de cuentas, es que el mejunje funcione, que la dosificación de ingredientes nostálgicos sea la adecuada y la cocción final del producto no se pase de tiempo. “The Final Girls” llega no con ese espíritu de innovación, pero sí que trata de erigirse como la burla del año. No al nivel de las spoof movies del trío ZAZ, pero sí al de la divertidísima “Tucker & Dale Vs Evil” y la magnífica “The Cabin in the Woods”. El juego consiste aquí en romper esa cuarta pared que separa realidad y ficción, al más puro estilo “La rosa púrpura del Cairo” –o mejor, al estilo de la injustamente denostada “El último gran héroe”-, para reírse de las constantes del slasher de los 80, con no pocas referencias a la saga “Viernes 13”, e incluso para mofarse de aquella resurrección del subgénero que supuso “Scream” en forma de geek aficionado que se sabe al dedillo cómo sobrevivir a un serial killer cinematográfico.


En algunos segmentos, el cóctel funciona moderadamente bien. Cierto plano secuencia en la cabaña, la utilización de los créditos y letreros en la trama, los decorados circulares de los que no es posible escapar… Tiene ideas resultonas, bien encaminadas, pero al film le falta más mala leche y poner toda la carne en el asador. Es una parodia del slasher muy light, excesivamente ñoña, sin demasiada sangre ni los suficientes desnudos, prevista para un espectro de audiencia más amplio que el simple fan de turno. Y ahí es donde pierde, cuando no eres capaz de ver en ella más que disimuladas y tímidas referencias al tipo de películas que pretende homenajear/parodiar. Tampoco ayuda un guión con agujeros que van desde la edad de una Malin Akerman que no da el tipo como scream queen o ese incendio forzado que da pie a la trama, ni más de un error cronológico como la inclusión del "Cherry Pie" de Warrant en pleno 1986.


Así, “The Final Girls” ni siquiera debería entusiasmar a los amantes del slasher, porque se queda en un reflejo tan deforme y naif que podría verse como un insulto al espectador más conocedor de este tipo de cine. Podrá ser entretenida, pero le falta garra. Sus diálogos ni siquiera tienen la comicidad que creen poseer. Si el objetivo era que te metieras en la película, como les ocurre a sus protagonistas, no lo han conseguido. Y menos cuando la acompaña constantemente un sentimiento Kumbayá que, más que de terror, deja la sensación de haber visto una cinta de Disney Channel.

A favor: ciertos momentos de ingenio
En contra: su espíritu naif

Calificación *1/2
                                                                                       No merece mucho la pena

martes, 13 de octubre de 2015

AVANCES. Primer tráiler de "Friday the 13th: The Game". ¡Jason vive!

Quienes vean la versión en castellano con el doblaje original de “Viernes 13” comprobarán que los traductores españoles decidieron sustituir tan insigne fecha por la de Martes 13. Y justo hoy, no sabemos si por casualidad o adrede, ha salido el primer avance del videojuego ambientado en Crystal Lake, que estará disponible a finales de 2016 para Xbox One, PS4 y PC. Y además, puede contribuirse en Kickstarter a impulsar el proyecto. En poco más de un día la cifra conseguida roza los 80.000$. Por si fuera poco, en este juego online y multijugador, un participante hará las veces del mismísimo Jason Voorhees, mientras que los otros siete se pondrán en la piel de los desdichados monitores de campamento que lucharán por sobrevivir. A continuación, el tráiler, narrado por alguien a quien todo conocemos. 

lunes, 21 de septiembre de 2015

LA CRÍTICA. Aux yeux des vivants

Naíf Nouvelle Horreur Vague
El cine de Alexandre Bustillo y Julien Maury encierra una mecánica simple que funciona especialmente dentro de aquellos círculos que les encumbraron demasiado pronto con su primera y violenta película: o lo tomas o lo dejas, o te lo crees y lo aceptas o estás fuera. Ha sido así desde sus inicios, desde aquella “À l’intérieur” que ya mostraba algunas de las debilidades de lo que sería posteriormente su cine. Es decir, una premisa que debes tragarte sin rechistar si quieres seguir disfrutando de la propuesta, agujeros de guión a mansalva, y cierta desidia en el desarrollo y la confección de personajes que hace difícil que simpatices con ellos y lo que les pase.

Todas estas particularidades se encuentran potenciadas en “Aux yeux des vivants”. Interpretaciones no demasiado sobresalientes, que no horribles, poca empatía hacia sus personajes, una historia que va avanzando a trompicones, repleta de diálogos bastante endebles y pasajes incoherentes, y una premisa argumental mal desarrollada y rematada. Al menos su debut en el largometraje contenía la suficiente dosis de salvajismo visual y tensión como para que todas sus costuras quedasen mejor disimuladas. Aquí, solamente la escena inicial, donde los realizadores parecen homenajearse a sí mismos a través de la presencia de la excelente Béatrice Dalle, y la figura del villano de la función –eso sí, su historia también está desaprovechada- recogen toda la esencia de estos enfants terribles del cine galo a los que no ha tardado mucho en vérseles el cartón.


Lo demás va en picado conforme avanza el metraje, y recoge un estilo mucho más comedido que el de sus anteriores filmes. Será por ese homenaje al cine juvenil que ambos dicen haber buscado con la película, que hace que algunas escenas de asesinato estén cortadas y suavizadas y la dosis de hemoglobina sea menos letal de lo habitual. Durante sus ochenta minutos de duración puede desprenderse cierto aroma al grupo de amigos de “Cuenta conmigo”, cierto recuerdo a las bicis de “E.T.”, e incluso podría pensarse en cierto paralelismo entre el Sloth de “Los Goonies” y el asesino de la cinta. Pero la domesticación de las ansias gore de sus responsables y el extremismo de la Nouvelle Horreur Vague no acaban de encajar del todo con ese cine familiar al que pretenden reverenciar.


Lo que queda es un film irregular, donde Bustillo y Maury juegan a desmontar y distorsionar la unidad familiar. Una visión siniestra del cine con el que toda una generación creció, servido en bandeja naíf para otro espectro fan poco exigente, que sigue pensando que estos dos señores merecen todas las alabanzas posibles, pero cuya última obra es la prueba que necesitamos los demás para corroborar que están excesivamente sobrevalorados.

A favor: el inicio, y la figura del asesino
En contra: la mala unión entre cine ochentero y terror extremo francés, y que se le ven las costuras a muchos niveles, especialmente al guión

Calificación *1/2
                                                                                         No merece mucho la pena

jueves, 10 de septiembre de 2015

EL CORTO CINÉFAGO. Teaser poster de "You're Gonna Die Tonight", el nuevo corto de Sergio Morcillo

Vuelve un habitual de este blog. Sergio Morcillo, director de los sensacionales cortos “Tus gritos me dan risa” y “Metamorphose”, entre otros, tiene nuevo proyecto, apadrinado en esta ocasión por Miguel Ángel Vivas, responsable de la colosal “Secuestrados” y de la reciente “Extinction”. Su título es “You’re Gonna Die Tonight”, y parte de la historia de una mujer que mientras disfruta del placer de un baño caliente, y de su propio cuerpo, recibe una llamada de un desconocido. La peor noche de su vida acaba de empezar con tan solo unas pocas palabras: “Vas a morir esta noche”. Un trabajo que promete emociones fuertes y que supondrá una vuelta de tuerca al slasher convencional con toda la esencia del erotismo de los giallos de los 70. Escribe Álvaro Fuentes a partir de una idea original del propio cineasta e Ismael de las Heras. Por ahora sólo tenemos el primer teaser poster, pero pronto tendremos más sobre este nuevo trabajo.

lunes, 31 de agosto de 2015

EN PAZ DESCANSE... Wes Craven (1939-2015)

Un referente indiscutible dentro del género de terror. Un clásico, un nombre de enorme relevancia. El hombre tras las máscaras, podríamos llamarle. Wes Craven, si bien era filólogo, psicólogo y filósofo, se hizo un hueco en el imaginario colectivo en otro campo, el cine, y comenzó su carrera en los 70 en producciones polémicas en las que no aparecía acreditado, algunas de ellas pornográficas –una de ellas, en 1975, titulada “The Fireworks Woman”, en la que firmó bajo el pseudónimo de Abe Snake-, con imágenes demasiado explícitas para la época.

Y su primer trabajo como realizador seguiría esta senda. “La última casa a la izquierda” se convirtió en todo un éxito que sacudió a las masas por su crudeza, y con ella recorrió medio mundo y se labró una reputación, que revalidaría en 1977 con “Las colinas tienen ojos”, toda una obra de culto para los aficionados al género, y con la que triunfó en Sitges. Sin embargo, pese a este prodigioso comienzo, sus trabajos siguientes no serían apreciados más que por los grandes seguidores de su obra, y no se revalorizarían hasta décadas después. “Bendición mortal”, “La cosa del pantano” y la secuela de “Las colinas tienen ojos” se convertirían en fiascos que parecían hacer presagiar que a aquel prometedor debutante se le había apagado la estrella muy pronto.


Sin embargo, si algo caracterizó la filmografía de Craven fue que siempre supo renovarse a sí mismo. Y así ocurriría en 1984, cuando alumbraría a todo un icono cinematográfico de nuestras pesadillas. Con “Pesadilla en Elm Street” sería su regreso por la puerta grande, un film que rompería moldes y nos presentaría a un psychokiller tan imperecedero como Freddy Krueger. Y a ella le siguieron las reivindicables, si bien en su momento no levantaron demasiado polvo, “La serpientes y el arcoíris”, “Shocker, 10.000 voltios de terror” y “El sótano del miedo”.

Y volvió a hundirse en la clandestinidad. La carrera de Craven también sucumbió a la crisis del género de comienzos de los 90, y ni la errática “Un vampiro suelto en Brooklyn”, con Eddie Murphy, ni su regreso a la saga que le dio la fama con “La nueva pesadilla de Wes Craven”, con la que se alzó con el premio al mejor guión en Fantasporto, acabaron de cuajar del todo. Hasta que en su camino se cruzó un joven con grandes ideas llamado Kevin Williamson, y juntos perpetraron su segunda renovación con la trilogía “Scream”. Además, propiciarían la resurrección del slasher adolescente autoconsciente y carente de prejuicios. Sin duda, su mayor éxito comercial, una saga que arrasaría en entregas de premios como las de los festivales Gérardmer, de la Academia de Ciencia-Ficción, Terror y Fantasía, y los MTV.

Su trayectoria posterior no sería nada fructífera, a excepción de su escarceo en el drama con “Música del corazón”, que le valió una nominación al Oscar a Meryl Streep, y el thriller de suspense “Vuelo nocturno”. Participó en un segmento de la coral “Paris, je t’aime” y “Scream 4” sería en 2011 su última película como dirección. Una entrega absolutamente reivindicable que no acabó de funcionar en taquilla. Este año produjo la animada “Home” y participó como actor en “Jay y Bob el silencioso contraatacan”, “El diario de los muertos” y la serie de tv “Castle”, así como cameos en su saga “Scream”, entre otras apariciones.

Wes Craven, todo un hito del terror, una leyenda del género, nos abandonaba este domingo a los 76 años a causa de un cáncer cerebral. Todo un innovador y visionario que cambió las constantes del fantástico en múltiples ocasiones. Descanse en paz, maestro.



viernes, 7 de agosto de 2015

LA CRÍTICA. La horca (The Gallows)

Found footage para el cadalso
A veces cabría preguntarse quién es el responsable de los enormes partos de ideas en el cine de terror moderno, cómo se nos venden filmes por todo lo alto que acaban resultando auténticas decepciones para el espectador. Jason Blum podría ser una de esas mentes, un señor capaz de vendernos en muchas ocasiones basura como si fuera oro. Ahí están “La purga”, “Ouija” o “Insidious: Capítulo 3” para demostrarlo.

“La horca” es otro producto marca Blum. Es decir, comprado por el productor a sus creadores, lo que le permite abaratar costes, y exhibido en grandes salas tras bombardearnos con una campaña promocional tan atractiva que el hype puede alcanzar niveles estratosféricos. Pero además, es una de esas producciones suyas para el olvido, de esas que se quedan en lo que prometían más que en lo que finalmente dan.

Pocas veces un título se ha convertido en una acertada metáfora de lo que es una película. La cinta de Travis Cluff y Chris Lofing es una soga repleta de nudos mal atados, un trabajo que acaba ahorcándose a sí mismo por culpa de su nefasto reparto, que más que actores parecen adolescentes tratando de ser intérpretes, y de una realización que hace un mal uso del found footage como mecanismo para generar un desconcierto inconsciente en el espectador. No son pocas las veces que cuesta seguir el rastro de sus personajes y en qué lugar se encuentran, y a esto no ayuda nada el hecho de usar dos cámaras y mostrar lo que ocurre en dos localizaciones distintas.


Sin embargo, lo peor de “La horca” es su horroroso guión. No es más que un compendio de lugares comunes e ideas ya transitadas por otras propuestas de terror. No inventa nada nuevo, ni sabe aprovechar sus muchas fuentes. Están los típicos jóvenes sobreactuados y protagonistas de actos ilógicos, el asesino de turno que nace de una historia que se remonta veinte años atrás en el tiempo, momentos de silencio y otros forzados, y alguna que otra escena bien conseguida. Pero sin gracia ni chispa, y culminando en un acto final también manido y absurdo que busca dar inicio a una posible franquicia y que recuerda bastante a la saga “Paranormal Activity” en lo que a repetición de esquemas se refiere.


Lo que queda es un vano intento de teatro dentro del cine cuyos ochenta minutos de duración se hacen eternos. No es capaz ni de generar tensión, y su historia, incomprensiblemente, se alarga hasta el aburrimiento cuando no debió pasar de la media hora de metraje.  Es apta, eso sí, para espectadores con poca memoria y bagaje cinéfilo, y para todos aquellos que no se cuestionan si lo que ven es un refrito bien hilado o no. Los demás acabarán pagando su entrada y se darán cuenta demasiado tarde de que han sido engañados. Todos sus responsables deberían ser enviados al cadalso.


A favor: algún momento bien conseguido
En contra: los actores, el guión y la realización, todo un refrito de viejos esquemas mal hilados

Calificación *
                                                                                         Ni se moleste

miércoles, 29 de julio de 2015

LA CRÍTICA. Eliminado (Unfriended)

Bullying cibernético
El cine como agujero en la pared por el que mirar, como mecanismo destinado a mirones inconfesos. Ya Antonioni, de Palma y Coppola articulaban sus thrillers en torno a la figura del voyeur, a la vez que convertían al propio espectador en un fisgón ávido de información que no puede dejar de mirar para la pantalla, a pesar de que juegue de manera maliciosa con él. Tras años de agotamiento del found footage, Vigalondo abría una nueva era en este campo y se convertía con “Open Windows” en el Powell de “El fotógrafo del pánico” y en el Hitchcock de “La ventana indiscreta” del nuevo siglo. El escritorio de un ordenador como única ventana por la que cotillear en plena era de la sobreinformación y la sobreexposición en Internet.

“Eliminado (Unfriended)” supone otro paso más en esa nueva vía abierta por el realizador cántabro, con sus mismas virtudes y limitaciones, impuestas casi obligatoriamente por su propio formato y por la restricción del espacio donde transcurre la acción. Por supuesto, no deja de ser una idea atractiva que afortunadamente aún no se ha sobreexplotado, pero también el concepto multitarea que utiliza puede hacer que en cierto momento el espectador pierda de vista lo que está ocurriendo en pantalla.


Sin embargo, mientras que Vigalondo creía que más es mejor, lo que obligaba a hacer un acto de fe enorme para creerse su film, Levan Gabriadze apuesta justo por lo contrario. El director no complica excesivamente su propuesta con giros de guión y cambios de estilo constantes para evitar que el conjunto decaiga y confía en que las propias premisas argumental y formal hagan el resto, y es ahí donde acierta de lleno. El resto lo pone su creíble reparto, su buena dosificación de los sustos y la tensión –atención al momento batidora- y una duración ajustada. Y, por supuesto, su trama de venganza fantasmagórica, en la que ese mundo virtual en el que nos movemos diariamente se puede volver contra nosotros. Sólo en su anti climático desenlace, cuando ya abandonamos el que ha sido nuestro agujero al mundo exterior, se hace añicos la vertiente sobrenatural del producto, y con ello buena parte de su efectividad, y se opta por una más convencional y que de pie a una posible franquicia.


Pero en general, este efectivo thriller de terror y bullying cibernético ofrece un buen retrato no sólo del mal uso que se da a las redes sociales como herramienta de sobreexposición de nuestra vida diaria, sino también una acertadísima disección de una generación adolescente que edifica sus relaciones sociales sobre una base de mentiras, egoísmo e índices de popularidad. Una vida tejida en torno a unas amistades más virtuales que reales, y de la que “Eliminado (Unfriended)” se convierte en espíritu vengador. Porque buena falta nos hace.

A favor: lo bien utilizada que está la premisa argumental y formal, su buena dosis de tensión
En contra: su convencional final, que da pie a la franquicia

Calificación ***
                                                                               Merece la pena

sábado, 9 de mayo de 2015

LA CRÍTICA. Sweet Home

Survival inmobiliario
El fantaterror español sigue en pleno proceso de transformación, algo que no ha dejado de hacer desde su mismo nacimiento. Cineastas como Miguel Ángel Vivas o Alfredo Montero llegan con propuestas enérgicas, angustiosas y que destilan puro amor por el género. Sus monumentales “Secuestrados” o “La cueva” son buena prueba de ello. La ópera prima de Rafa Martínez en la dirección también apunta en esta línea. Pero va más allá, porque consigue devolver a la gloria a Filmax tras el desastre económico –y de calidad para muchos fans- que supuso la última entrega de “[·REC]”. Martínez devuelve a la productora a aquel año 1999, cuando un desconocido Jaume Balagueró debutaba con la soberbia “Los sin nombre”, demostrando que la modestia era un arma más ingeniosa que la grandeza a la hora de concebir y contar una historia.

“Sweet Home”, tras sus créditos retro, comienza como un thriller de asalto a un domicilio típico. De hecho, recuerda a “Panic Room”, de David Fincher, pero llevando la acción a un edificio barcelonés en pleno proceso de desalojo, y ofreciendo la cara más brutal y siniestra de ese mal tan dramático y terrorífico que es el desahucio. Sin embargo, llegado un punto de la narración, ésta pega un giro que la hermana más con la nouvelle horreur vague francesa que con el cine de género patrio. Es entonces cuando se vuelve salvaje, gore, desprejuiciada, cuando Martínez demuestra todo el oficio que emana de su cabeza creadora, cuando el film muestra un pulso que la diferencia de otras propuestas nacionales similares.


Porque si algo destaca de esta película es su dirección. El manejo del espacio, de la cámara, de los recursos cinematográficos y de la atmósfera de los que hace gala “Sweet Home” hacen olvidar que su guión no sea todo lo robusto que podría haber sido, que sus personajes no acaben de transmitir una enorme simpatía al espectador –especialmente él-, que en algún momento se vuelva alto tópica –el verdugo que camina en lugar de correr tras sus víctimas, y aún así las alcanza- y condescendiente hacia el público –al fin y al cabo hay que vender- o que su opción doblada tire un poco para atrás. Da igual, pues la película entretiene, tiene una fuerza arrolladora en cada fotograma y consigue contagiar de pura tensión al espectador.


Pero no es sólo un film para fervientes seguidores del terror entendido como un enorme edificio de tres pisos que funcionan como los niveles de un videojuego, repleto de llaves a encontrar y pasadizos secretos a utilizar para escapar, y donde el humor negro avanza a ritmo de Mocedades. Más que un slasher, este survival inmobiliario está hecho para el público en general, para que pase ochenta minutos pegado a sus butacas. Y esto vuelve a unirla de nuevo a los productos de sus compatriotas, siempre más pendientes de lo que el público quiere ver en el cine antes que de mirarse en sus propios ombligos. Eso y el nacimiento de una nueva heroína española. Aquí no están Manuela Velasco, Marta Castellote ni Manuela Vellés. Lo que tenemos es a una descomunal Ingrid García Jonsson, convertida desde ya en la nueva reina del grito, y en una okupa de armas tomar.

A favor: la dirección, la tensión que transmite, e Ingrid García Jonsson
En contra: algunos tópicos y escollos de guión, y tener que verla doblada

Calificación ****
                                                                         No se la pierda

jueves, 7 de mayo de 2015

LA CRÍTICA. It Follows

(Advertencia, esta crítica podría contener spoilers involuntarios, pero spoilers. Si no has visto la película, no sigas leyendo)



El sexo puede matar
Ya lo decía el personaje de Jamie Kennedy en la primera “Scream”, cuando enumeraba las reglas básicas para sobrevivir a toda buena película de terror: el sexo está prohibido. Todo aquel que lo practique recibirá una muerte cruel y dolorosa. El segundo trabajo tras la cámara de David Robert Mitchell lleva hasta el extremo esa premisa, y convierte el coito en un arma de múltiples filos, como la que se cobraba numerosas víctimas en Crystal Lake o el cine de Eli Roth.

“It Follows” viene a ser un slasher psicológico, una película en la que el “asesino” te persigue y no descansa hasta dar contigo, le lleve el tiempo que le lleve alcanzarte. No reinventa las fórmulas del género, y en realidad todo en ella suena a ya visto, por mucho que intenten venderla como lo más transgresor que le ha ocurrido al terror en los últimos tiempos. Es puro cine oriental trasladado a un universo atemporal –no hay ordenadores, ni televisores modernos o teléfonos móviles, sólo un ebook con forma de concha nos devuelve al presente- regido por una serie de reglas, un ritmo y una atmósfera que rememoran ese cine de género modesto en el que el golpe de efecto se lograba a base de ingenio y saber hacer. Es decir, es como llevar “Ringu” al vecindario y la época del “Halloween” de John Carpenter.


Y pese a sus muchas referencias, el cineasta consigue apropiarse de todas ellas y hacerlas propias. Porque posee grandes ideas y sabe cómo plasmarlas en pantalla con efectividad. Éste es el gran acierto de esta película, que te sirve algo ya masticado con una presentación alejada de los convencionalismos del terror contemporáneo. Tiene un sentido de la planificación de las escenas soberbio, en el que el travelling circular, el plano fijo y la estupenda banda sonora sirven como perfectos mecanismos para generar tensión, para que el espectador se remueva en su butaca y no olvide escenas como la de la silla de ruedas, o la del primer ataque en casa de esa “cosa” que persigue a la protagonista, una Maika Monroe que se convierte en otro de sus puntos positivos, y desde ya en toda una scream queen.


Por supuesto, no es un trabajo perfecto. Por el camino se deja algunos agujeros gordos de guión –el plan final en la piscina, cogido con pinzas- y ciertos momentos efectistas que logran el susto fácil –la escena en casa del vecino, el ataque en el cobertizo de la playa- y que no encajan del todo con el clima general de la historia. Pero aún así se agradece este golpe en la mesa de un director a tener en cuenta, que demuestra que en el séptimo arte, aunque todo esté inventado, siempre se puede transgredir las normas. Ahora bien, nunca la de que el sexo puede matar, y de que la monogamia y la fidelidad son la salvación de la condenación eterna. Estamos avisados.

A favor: Maika Monroe, la planificación de escenas, la banda sonora, su halo atemporal, lo bien que juega con sus referentes,…
En contra: algunos escollos gordos de guión y ciertos momentos efectistas prescindibles

Calificación ****
                                                                         No se la pierda

lunes, 16 de marzo de 2015

LA CRÍTICA. Cub (Welp)

El pequeño cachorro
Tanto en su idioma original neerlandés como en su traducción al inglés para su distribución internacional, el título de la ópera prima de Jonas Govaerts significa cachorro. Es como si su creador hablase de sí mismo como debutante, como un lobezno del cine prometedor pero con mucho que aprender, y que homenajea a la vez al Truffaut de “El pequeño salvaje” y a películas tan diferentes entre sí como “Solo en casa”, “Viernes 13” o “Cuenta conmigo”. Al fin y al cabo, todo cachorro necesita de una figura magistral de la que aprender el arte y oficio de hacer cine.

Puede decirse que Govaerts es un buen alumno. “Cub” apunta maneras de buen cineasta, que no por casualidad le valieron el premio de mejor director en el pasado Festival de Sitges. La historia de este boy scout que entabla amistad con el niño salvaje tiene intensidad, nervio y buen hacer por parte del belga, que llegado un punto ofrece un giro hacia el slasher camp no del todo inesperado, pues nos va preparando el terreno en más de una secuencia y diálogo, pero sí todo lo gore y despiadado que puede ser el slasher europeo, ese que no tiene remordimientos a la hora de sacrificar tanto a adultos como a infantes de la forma más cruel posible.


Pero todo lo bueno que se puede decir de su dirección, que asegura decentes dosis de entretenimiento –ayuda también que dure apenas 80 minutos-, no se puede aplicar a su guión. A “Cub” le cuesta bastante entrar en materia, se pasa demasiado tiempo tejiendo su propia historia, y no es hasta su media hora final que ofrece su verdadero rostro, el que se esconde tras la máscara de madera de ese pequeño salvaje utilizado como leyenda urbana para atemorizar a los niños. Sí, gracias a la mano de su director, esa media hora es vibrante y sanguinolenta, pero aún así el conjunto está desbalanceado. Además, su libreto acusa cierta previsibilidad –el final busca la sorpresa, pero se ve venir de lejos- y tiene no pocos flecos argumentales, por culpa de un hermetismo exagerado en algunas de sus tramas secundarias, como el pasado del personaje excelentemente interpretado por el pequeño Maurice Luijten, uno de los grandes aciertos de la propuesta, así como la historia que encierra su asesino, o lo desdibujados que están el resto de caracteres.


Pero aún así, no deja de ser un film interesante y servido con extrema inteligencia, un acercamiento a ese yo salvaje que todos llevamos dentro, el que vive en nuestro interior desde nuestra más tierna infancia, y una película que obliga a seguir de cerca a su director. Un cachorro que aún está aprendiendo, pero que ya con este primer largo ha hecho muy bien los deberes.

A favor: la dirección de Jonas Govaerts, y la elección de su protagonista
En contra: cierta previsibilidad y falta de desarrollo en su guión, y lo mucho que tarda en entrar en faena

Calificación ***
                                                                               Merece la pena

jueves, 11 de septiembre de 2014

AVANCES. Tráiler y cartel de la nueva "The Town that Dreaded Sundown"

El asesino fantasma ha vuelto. Han pasado cerca de 70 años desde que el pequeño pueblo de Texarkana se enfrentara a él, en una ola de crímenes que puso en jaque a toda la localidad. Así lo plasmaba Charles B. Pierce en la película de 1976 “The Town that Dreaded Sundown” –en España “Terror al anochecer”-, un slasher nacido al rebufo de “La matanza de Texas” que con los años se ha convertido en un clásico de culto. Ahora, Alfonso Gómez-Rejón, prometedor director que se ha formado en “American Horror Story” –diría que es el cineasta que mejor sabe imprimir la atmósfera a la serie- o al lado de Ben Affleck, Scorsese, Michael Mann o Iñárritu, debuta en la gran pantalla para realizar una especie de remake/secuela del título original, en el que no sólo se rememora lo ocurrido en aquélla, sino que expone al pueblo a una nueva oleada de hemoglobina por parte del asesino. El 16 de octubre llegará a los cines americanos, y en vista de este primer avance, la cosa promete.

miércoles, 19 de junio de 2013

LA CRÍTICA: Maniac

Frank, un amigo que os quiere
Lo he comentado en muchas ocasiones: la etiqueta de film de culto se otorga a veces de manera demasiado gratuita. “Maniac” es de esas películas a las que el tiempo trata de manera estupenda entre los fans que la descubrieron en su momento, y entre los acólitos a los que sedujo posteriormente. Surgida en plena fiebre del slasher reactivado desde la serie B para llenar multisalas –“Halloween” o “Viernes 13” son buenos ejemplos de ello-, la película de William Lustig ofrecía una alternativa bastante novedosa en aquellos días, relatar toda la acción siendo cómplices del psicópata, un Joe Spinell que tendría su momento de gloria como protagonista en una interpretación tan pétrea como esquizoide. Y más allá de su estética de cinta de videoclub, de su aspecto de serie Z de buhardilla y no pocos baches de guión y realización, se me hizo siempre una propuesta incómoda, malsana, y desagradable, tanto que jamás entenderé su status de culto.

Pero sin ella no existiría su estiloso remake, una nueva adaptación que se hace imprescindible, al menos en lo que a nivel técnico y artístico se refiere. Franck Khalfoun lleva al extremo la idea de Lustig, y sitúa su cámara justo en los ojos de su protagonista, una narración en primerísima persona que potencia esa relación enfermiza que se establecerá entre espectador y personaje. Somos testigos de todo lo que Frank le hace a sus víctimas, de cómo entiende la vida, de su misógina relación con el sexo opuesto y la posibilidad de una nueva amistad femenina, de los traumáticos recuerdos que guarda de su madre, de cómo encaja todo esto con su trabajo de restaurador de maniquíes. El guión de Alexandre Aja y Grégory Levasseur consigue lo que el de la original no pudo, que Frank quede mucho mejor reflejado en la pantalla. Todo esto rodeado de la pulcra y luminosa realización de su responsable, de una estética ochentera impulsada por una banda sonora cuya elección nos retrotrae a la fantástica “Drive”, un cierto aroma a cine de arte y ensayo, un tramo final muy logrado y una más que loable interpretación de Elijah Wood, que a pesar de no aparecer demasiado, deja huella con una sola mirada a cámara. Su trabajo, aunque mantenga en todo momento la misma actitud espástica que Spinell, es mucho más contenida que la de éste, y se basa fundamentalmente en sus ojos y en lo que no dice más que en lo que expresa corporalmente o con palabras.


Ahora bien, que tan pretencioso y precioso envoltorio no nos desvíe de lo que realmente representa “Maniac”. Los crímenes de Frank no son menos atroces por estar bañados de un blanco cegador, y su punto de vista y estética la hacen incluso más desagradable a la vista que su referente. Este remake supera a su modelo incluso en poder de repulsión, y es consciente de ello y lo explota. Y su objetivo está tan alcanzado que, pese a sus virtudes como nueva versión, ha conseguido que mi asquerosímetro particular llegue al máximo.


A favor: que resulta mucho mejor que la original, y Elijah Wood
En contra: que sigue produciendo el mismo rechazo que su referente

Calificación: ***

lunes, 17 de diciembre de 2012

El Corto Cinéfago. LA CRÍTICA: Tus gritos me dan risa

El nacimiento de un monstruo cinematográfico
Pocas veces se asiste al nacimiento de un nuevo monstruo cinematográfico. Y no hablo de ese demoníaco payaso que ameniza la celebración de la Nochebuena a la familia protagonista, una fiesta que se desarrolla de manera inusual, viendo un clásico del terror incontestable. El monstruo que nace en “Tus gritos me dan risa” es su propio creador, Sergio Morcillo, que nos envía su particular postal navideña en forma sanguinaria horror movie salpicada de un humor de lo más macabro.

Por las venas de este genial trabajo viaja la sangre de un genio en efervescencia, de un amante del género que homenajea el terror más descarnado, enfermizo e imposible, ese que nos brindara Sam Raimi en los 80 con su “Posesión infernal”. Mucho hay del clásico de Raimi, y de sus secuelas, en este divertimento que sabe aunar tensión, una atmósfera perfectamente conseguida, y mucha mala baba.

Descontando unos actores muy mejorables, que afortunadamente no tardan en “desaparecer” de escena, “Tus gritos me dan risa” destila amor por el terror en cada fotograma. Lo demuestra en el inteligente uso de la cámara, alternando la primera persona con la gran angulación, en sus generosas dosis de hemoglobina, en su realmente logrado maquillaje y en una aguerrida protagonista que deberá enfrentarse a una Nochebuena de pesadilla motosierra en mano incluida. Porque si hay motosierra y vísceras, hay género.


Se echa en falta, eso sí, que culmine en una orgía sanguinolenta a lo “Braindead”. A eso parece apuntar un final abierto que es mejor no desvelar, pero que abre una puerta a una secuela que no es que sea necesaria, pero que si viene, bienvenida será. Yo se lo dejo caer a su director, por si cuela y se desmelena del todo.


A favor: el maquillaje, la atmósfera, lo bien explotada que está la premisa
En contra: se echa de menos que acabe de desmelenarse del todo

Calificación: ****1/2

miércoles, 2 de mayo de 2012

El Corto Cinéfago: "Luna di miele, luna di sangue VII"

No sabía de la existencia de este cortometraje, y ha sido gracias a Israel Macías Parra a través de Facebook como lo he descubierto. Se trata de un corto de terror rodado en 2010 por Paco Plaza para el Primer Concurso de Minicortos de Terror convocado por PortAventura con motivo de Halloween. La base del concurso es realizar trabajos de un minuto de duración, razón por la cual este trabajo quedó descalificado, al durar 102 segundos. Para compensarlo, los responsables nombraron a Plaza juez del concurso.

Pero lo que llama la atención de "Luna di miele, luna di sangue VII", no es lo bien que aprovecha su escasa duración para sorprender a base de un inteligentísimo giro de guión que atenta contra los clichés del slasher, sino que su protagonista es una chica vestida de novia muy guerrera, y con las facciones de Leticia Dolera. Vamos, que ya se estaba fraguando "[·REC]3: Génesis". A este paso, Dolera se va a convertir, por derecho propio, en la novia del cine español. En la novia cañera, para ser más exactos, y en todo un icono del género.

miércoles, 4 de mayo de 2011

LA CRÍTICA: Scream 4

La sanguinaria red social

“Scream” funcionaba como un cuchillo afilado directo al corazón que recopilaba las constantes, fallos y tópicos del terror en general, y del slasher en particular, y no hacía precisamente una actualización de los mismos, sino que los parodiaba y reverenciaba al mismo nivel. Ahí radicaba su falsa originalidad, en servir un cóctel de humor y terror para las nuevas generaciones analizando el paso del tiempo en el género, actualizándolo para los adolescentes de los 90 a base de recoger los méritos que otros lograran antaño.

Teniendo esto en cuenta, su originalidad difícilmente podía ser superada por las inminentes secuelas. Y de hecho así fue. Consciente de esto, Kevin Williamson no trató de superarla, sino de servir en “Scream 2” una revisión del concepto de secuela y añadir además algunas lecturas metalingüísticas con aquella “Puñalada (Stab)” que parodiaba hasta el imposible la historia real, siendo esta misma una exageración de nuestra realidad. 



En “Scream 4”, la vuelta de Williamson a la franquicia tras abandonarla en la tercera –esto se nota para bien en el guión-, sigue intacto el espíritu de la saga, y volvemos de nuevo a Woodsboro, de donde nunca debimos haber salido. Todo lo que caracteriza a las anteriores está presente aquí. Sustos, humor a expensas de los paradigmas del género, adolescentes desmembrados y una cinefilia latente. Y, eso sí, bastante más hemoglobina y vísceras en cada nuevo acto de Ghostface.



No hay desarrollo de personajes, ni falta que hace. No aporta nada nuevo, ni falta que hace. No trata de superar a la primera, ni falta que hace. Su objetivo es entretener, y eso lo cumple con creces. Pero por encima de todo esto, lo importante es su mensaje. Porque Williamson analiza el paso del tiempo para el terror: la tendencia de la industria hacia los remakes, el exceso de gore injustificado tipo “Saw”,.. y los usa como antaño en su beneficio para parodiarlos. Marca las claves de los reboot, de las renovaciones de la franquicia, en una continuación en la que las reglas han cambiado en estos diez años, hasta el punto de que las nuevas entregas podrían prescindir de los protagonistas sin despeinarse.



“Scream 4” vuelve a incorporar la esencia del cine dentro del cine en su glorioso comienzo, y en su desarrollo peca de ser un pelín convencional y falta de intensidad en sus muertes, pero no deja de divertir en su conjunto. Y en su morboso acto final no sólo se referencia a sí misma, sino que Williamson actualiza a su Ghostface haciéndole partícipe de las nuevas tecnologías y lanza un estremecedor mensaje, quizá demasiado explicado en las motivaciones de su asesino, sobre el mal uso de Internet como macabra herramienta masiva y promocional de toda una generación cada vez más desconectada de sí misma, capaz de todo por ganar un nuevo fan.



En medio de todo, en esta intencionada renovación de la franquicia se cede el protagonismo más a los secundarios que a su trío estelar, dejando claro que cualquiera puede caer, y brilla con luz propia un director como Wes Craven, reticente a ser considerado una vieja gloria y capaz de adaptarse a sí mismo, y a su peculiar slasher, a los nuevos tiempos.

A favor: sus primeros minutos, y su mensaje sobre el cambio de la red social actual
En contra: es demasiado convencional en su desarrollo

Valoración: ***1/2
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