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viernes, 29 de diciembre de 2017

LA CRÍTICA. Perfectos desconocidos

La ignorancia da la felicidad
Es cuanto menos anecdótico que, dentro de la filmografía tan rica, personal y extensa de uno de nuestros mejores cineastas, aquel que a mediados de los noventa estaba llamado a revolucionar el cine español –y de hecho, lo hizo-, sea “Perfectos desconocidos” la que ha cosechado los mejores datos de recaudación en taquilla. No la más icónica, que para eso sigue estando aquel atemporal día de la bestia, pero sí la más exitosa.

Y es anecdótico porque no es que estemos ante el film más personal de Álex de la Iglesia. De hecho, huele a encargo en cada aspecto de su producción. Sí, sigue manteniendo esa tendencia del cineasta a encerrar a un grupo de personajes en un entorno reducido para dejar que se despellejen entre sí, para componer algún ácido retrato social, político o cultural –aquí, los peligrosos secretos que escondemos tras la pantalla de un Smartphone-, todo en tono de comedia negra. Pero más allá de eso poco hay del director de “La comunidad” o las recientes y reivindicables “Mi gran noche” o “El bar”.


Pero si algo demuestra esta “Perfectos desconocidos” es que de la Iglesia es un director de raza, con tablas y recorrido, capaz de amoldarse a todo tipo de propuestas, aunque por el camino pierda autoría. Y además, de lo más inteligente. El bilbaíno sabe dónde residen las bazas de este remake de la cinta homónima italiana, y deja que sean ellas las que hablen por sí solas. Sabe que solamente necesita apoyarse en el guión y los actores –excepcionales todos, y a destacar Pepón Nieto, Ernesto Alterio, Juana Acosta y Eduard Fernández-, y el resto es ofrecer una dirección lo más ágil posible para que la propuesta fluya con comodidad. Lo suyo, para hacernos una idea, es un ejercicio de adaptación al material que tiene entre manos comparable al de Danny Boyle en “Jobs”, el de un realizador al servicio de la historia que cuenta, y no al revés. Posiblemente, el motivo de su existencia sea el de obtener confianza y medios para futuros proyectos más personales. Y si así es, bienvenida sea.


Así, no es que estemos ante una obra que vaya a encabezar el ranking personal de su responsable, pero sí que estamos ante un pasatiempo de lo más agudo e inteligente, una comedia negra de lo más puntillosa que nos expone ante nuestros propios ojos como lo que realmente somos, como esa especie traicionera, mezquina y mentirosa, capaz de lo que sea por ocultar la asquerosa verdad ante nuestros semejantes. Aquí, en forma de peligroso juego de la verdad. Al final es mejor vivir en la ignorancia. La ignorancia da la felicidad.

A favor: el reparto, el guión, y de la Iglesia amoldándose al material que tiene entre manos
En contra: su falta de personalidad

Calificación ***
Merece la pena

lunes, 20 de noviembre de 2017

LA CRÍTICA. Cortar

El turista emocional
“Alumbrar” acababa con un truhán cazado por el paso del tiempo, en un experimento en el que el demiurgo rompía a llorar de desesperación en un giro tan descorazonador como inesperado e imprescindible. “Cortar” retoma esa idea contemplativa, no se anda con rodeos. Es una película más centrada, más madura, igual de juguetona que sus predecesoras pero con una idea en mente.

El film parte de esa premisa para volver sobre sus propios pasos. Para volver al fundamento que dio pie a esta trilogía viva, en la que Fernando Merinero se ha dejado la piel más que nunca. El cineasta, al igual que su “personaje” en el desenlace de la anterior entrega, comprende que esto supone el culmen de una etapa cinematográfica, y por ello vuelve al eje central del primer episodio. Así, ya esto no es un catálogo de viejas y nuevas novias, reales o ficticias, sino que todo gira en torno a la figura de una sola mujer que representa a todas las demás.


En torno a una mujer idealizada, que representa en sí misma el paso del tiempo. Volvemos a una isla, a una mujer, a una canción, para conformar un emotivo y nostálgico viaje a lo que quedó atrás en un espacio y un momento concretos. Todo en “Cortar” fluye con serenidad y a la vez con fluidez, con naturalidad pese a su condición de falso documental, divagando menos por el camino, con menos relleno a la vista y con un montaje más exquisito, mucho más cuidado que en las dos anteriores películas que conforman esta trilogía viva.


Y aunque hacia sus minutos finales pueda parecer que pierde algo de rumbo, no es más que una sensación impostada. Como todo lo demás en ella. Porque vuelve a encauzarse a sí misma en su escena final, para demostrarnos que Magaly, la mujer en sí, y toda esta trilogía, no son más que la catarsis y el compendio de toda una obra. Este turista emocional no es más que un hombre pegado a una cámara. Una cámara que registra una realidad que es mentira. Todo es falso. Aunque cortes, la vida sigue. El amor, el gozo y el sufrimiento también. Y el cine de Merinero, por supuesto. Para él, vida amor y cine son lo mismo. He ahí el truco. He ahí donde se halla lo vivo de este tríptico.

A favor: es la obra más madura, centrada y viva de toda la trilogía, con Merinero hablando de su propio cine
En contra: puede parecer que pierde el rumbo hacia el desenlace

Calificación ****
No se la pierda

sábado, 11 de noviembre de 2017

AVANCES. Tráiler de "Cortar", el final de la trilogía viva de Fernando Merinero


Tenía una cuenta pendiente. En todos los sentidos. Para con el público. Para con su trilogía. Para con su selfie cinematográfica. Vuelve Fernando Merinero, todo un truhán cinematográfico, a coquetear con su pasado, con su arte, con las mujeres de su vida. “Cortar” es la tercera parte de la trilogía “Las 1001 novias”, de la que ya hemos hablado anteriormente en el blog.

En este falso documental,  Fernando se prepara emocionalmente para rodar en Gran Canaria su película más íntima, su reencuentro con Magaly. Tras revisar sus mutuas cartas de amor de un tiempo ya lejano, Fernando decide recuperar el macguffin de “Capturar”, y hacerse acompañar hasta Canarias por una novia falsa, por una actriz, para jugar con Magaly al mismo juego que ella utilizó con él veinte años atrás, el del misterio, el de no saber nunca si lo que se dice o hace es cierto o no… Fernando parece querer filmar el dicho ese de que “la venganza es un plato que se sirve frío”, en el mismo escenario que 22 años atrás filmó el arrebato de su pasión, ahora filma el derrumbe de su deseo por Magaly.


“Cortar” supone el culmen de lo que él denomina “películas vivas”. Un trabajo sin la participación de ninguna televisión ni subvenciones públicas, producida por Vendaval Producciones, y vendida internacionalmente por Urban Films S.L., que ya ha cosechado premios en todo el mundo, como el Premio a la Mejor Película Documental en Dada Saheb Film Festival (Delhi, India), además de haber competido en diversos festivales internacionales, como en el Marbella International Film Festival, o el Mediterranean Film Festival de Siracusa, Sicilia (Italia). A mediados de este mes, además, participará en el MUCES (Muestra Cine Europeo de Segovia).

A continuación, el tráiler de este film vivo, que podremos ver en cines a partir del 24 de noviembre.




lunes, 23 de octubre de 2017

LA CRÍTICA. Fe de etarras

¿Qué han hecho por nosotros los españoles?
Viendo “Fe de etarras” es imposible no acordarse de aquella aguda escena de “La vida de Brian” en la que, en plena asamblea del Frente Judaico Popular -¿o era Frente Popular de Judea?-, sus miembros trataban de proclamar sus derechos a la vez que caían en la cuenta de todo lo que los romanos habían hecho por su pueblo. Ya entonces, los Monty Python buscaban desde el absurdo poner en entredicho la idea de la independencia, de la reivindicación de los derechos, del quejarse y pedir cosas porque sí.

Borja Cobeaga no necesita tirar del absurdo para hilar fino en su nueva película. Sabe que ya bastante absurda es la situación política en este país, que esos cuatro etarras encerrados en un piso franco a la espera de una llamada que no llega son de por sí tan absurdos como ver a Gila esperando a que se ponga el enemigo al teléfono. Porque España es un chiste en sí mismo, y no había mejor manera de retratarla que desde un humor costumbrista deudor de los mejores comediantes del país.


Cobeaga no da puntada sin hilo, no deja títere con cabeza ni hace rehenes. No es la primera vez que lo hace, todo sea dicho de paso. Ahí está la estupenda y reivindicable “Negociador” como primer intento de acercamiento humorístico a un tema tan delicado como el terrorismo. Sin embargo, “Fe de etarras” es algo más que una mofa hacia este tema. Es un fiel reflejo de esa España rota por los fundamentalismos populistas, incapaz de reírse de sí misma, lastrada aún por la alargada sombra de un pasado que pesa como una losa.

Es ahí donde su director y guionista se lanza a una piscina sin agua. Su nuevo trabajo constituye un ejercicio de humor inteligente para el que este país aún no está preparado, ni para el que lo estará si sigue mirando atrás con rencor. Una película de rabiosa actualidad, valiente y realista, que tiene en su libreto y en las interpretaciones de su cuarteto protagonista –a destacar ese torbellino llamado Miren Ibarguren, y la presencia de uno de los grandes del país, Javier Cámara- razones más que suficientes para justificar su visionado.


Habrá quien la ignore por no saber mirar más allá de su propio odio y sus ideales partidistas. Habrá quien se atreva y salga ofendido. Incluso habrá quien no sabrá si debe disfrutarla, por lo incómodo de sus chistes afilados. Pero todos demuestran así que estamos ante el film más necesario, audaz y tocapelotas que ha dado el cine patrio en los últimos años. Y sin recurrir a las armas.

A favor: el reparto, especialmente Cámara e Ibarguren, el guión y su valentía
En contra: España aún no está preparada para una comedia así

Calificación ****
No se la pierda

miércoles, 12 de julio de 2017

LA CRÍTICA. Alumbrar

La crisis del demiurgo
“Alumbrar” termina de manera desconcertantemente contemplativa, con la crisis de la mediana edad cerniéndose sobre un protagonista que, tras divagar durante hora y media sobre el poliamor, las relaciones de pareja y la paternidad, entre otros menesteres, no tenemos muy claro si ha decidido lo que quiere para su futuro o si seguirá perdido en ese empeño de revivir su pasado a través de las mujeres de su vida.

Es como si “En la ciudad” de Cesc Gay conociera a Larry David, como si un truhán y un liante nato, un demiurgo que se radiografía en cada diálogo y plano, fuera encadenando situaciones que derivan en un final descorazonador, que obliga a replantearse toda la obra. Aunque, eso sí, la progresión es más que lógica, como si Merinero nos estuviera preparando para el gran momento.

Si algo llama la atención de esta segunda parte de su trilogía “Las 1001 novias” es el cambio tonal con respecto a su predecesora. Sí, sigue haciendo pasear ante la cámara la cotidianidad y la frescura que da el mockumentary, aquí sin jugar tanto con el metacine, y cada escena sigue destilando un humor natural, no prefabricado ni ensayado. Pero en general, el humor ya se ha tornado más amargo, y esa amargura va impregnando todo el metraje a cuentagotas, a sabiendas de que esto es el segundo muestrario de una trilogía que se prevé crepuscular en cada nuevo episodio y bien consciente de su modesta grandilocuencia. En ese sentido, el final debería verse venir de lejos, pero Merinero juega hábilmente a ocultar su as bajo la manga y consigue lo inesperado, pillarnos por sorpresa.


Una película mayor, más seria y madura que la primera, y que tiene precisamente en su desenlace su talón de Aquiles. Habrá quien piense que el resto de la propuesta carece de la fuerza de sus minutos finales, que no es sino más de lo mismo. Que esto ya nos lo ha contado antes su director, y que solamente quiere experimentar con el séptimo arte. Quizá no les falte razón. Quizá nos está embaucando como a sus ex novias. Quizá sea ese su juego y su experimento, engatusar a todo el que se cruce en su camino. Pero si se ve con esas ideas en la cabeza, se perderá la esencia de lo que realmente busca Merinero, que no es otra cosa que hablar de la madurez personal y creativa, y de las crisis que ambas facetas conllevan. En la primera era un niño jugando con su creación, con el espacio y el tiempo, descubriendo lo que implica copular con la vida. Ahora, el niño se ha convertido en un adulto, y toca ver la vida con otros ojos. Los de un señor al que, como le dice en más de una ocasión a las mujeres que desfilan ante su incisiva cámara, se le está pasando el arroz. Y esa certeza duele.


A favor: su tono amargo y un desenlace de lo más inesperado
En contra: que habrá quien piense que es más de lo mismo

Calificación ***1/2
Merece mucho la pena

sábado, 8 de julio de 2017

AVANCES. Tráiler, sinopsis y póster de "Alumbrar", lo nuevo de Merinero

Hace unos meses presentábamos "Capturar" -ver crítica en el siguiente enlace- la primera parte de la particular trilogía costumbrista, a medio camino entre el mockumentary y la selfie cinematográfica, de Fernando Merinero titulada "Las 1001 novias", en la que el cineasta se psicoanaliza a través de las mujeres de su vida, de las reales y de las ficticias.


Ahora llega con "Alumbrar", una segunda entrega en la que este iconoclasta truhán se vuelve a psicoanalizar a sí mismo, en un viaje que le llevará a redescubrir sus ganas de ser padre de nuevo. Sacado adelante a través de su productora personal, Vendaval Producciones S.L., el film no cuenta con ninguna subvención ministerial ni con el apoyo de ninguna cadena nacional, y ya ha recibido menciones tales como el Premio a la Mejor Película Documental en el Noida International Film Festival (Delhi, India), o su presentación el pasado 16 de junio en París, o en el festival del reciente cine español Different 10. Además, durante el mes de julio compite en  el Drunken Film Festival (Bradford, UK) y en el Festival Internacional de cine de Pristina (Kosovo).

Una comedia documental en tono agridulce que se estrena comercialmente en salas españolas el próximo 14 de julio, y de la que presentamos su tráiler, sinopsis y el póster.

https://alumbrarpelicula.wordpress.com

SINOPSIS
Con el inicio del verano, a Fernando le apetece salir de Madrid, pero parece que no tiene con quién ir, pues tras recurrir a alguna ex novia, a varios amigos, incluso a su propia hija y a una joven actriz que le ofrece viajar y hacerse pasar por su novia, acaba claudicando y poniéndose en marcha, camino del sur, con la única ex novia que parece dejarse liar, Hadelah.

Viajan en el coche de ella hasta Cádiz y Málaga, ciudades donde Fernando procurará encuentros con alguna antigua amante que tenía por esos lares. Tras el reencuentro en Málaga con Laura, que tiene un hijo de un año, a Fernando le entran ganas de ser padre de nuevo, con los cincuenta años bien cumplidos, por lo que a su vuelta a Madrid, se pone manos a ello con proposiciones más o menos veladas a varias de sus ex novias, antes de recurrir a páginas de contactos…

Póster

Tráiler

martes, 16 de mayo de 2017

EL CORTO CINÉFAGO. "Menú", de Carlos Bigorra

Vuelve al blog un viejo conocido, Carlos Bigorra, quien ya en el pasado nos sorprendiera con las estupendas “Presagio” y “Naderías”, dos trabajos que partían de la más absoluta normalidad para poco a poco adentrarse en lo desconocido y asestar un golpe de efecto en su desenlace.

En su nuevo corto, “Menú”, Bigorra vuelve a demostrar un ejercicio de estilo que sigue la progresión lógica de sus dos anteriores trabajos. Una situación cotidiana, en este caso la cita secreta de dos amigos para degustar un menú de lo más particular, que irá retorciéndose conforme avance el metraje.


Escrita por el propio director junto a Óscar Latorre y Miguel Palmero, producida por Endolinfa, y con la colaboración de del Ajuntament de Riba-Rioja de Túria y de la Diputació de València, el cortometraje cuenta en su reparto con Andrea Dueso –“La que se avecina”, “Hospital Central”-, y Jordi Coll –“El Ministerio del Tiempo”, y la fotografía de Miguel Campos.

Un cortometraje que ya ha empezado su selección festivalera, como el Festival Internacional de Cortometrajes de Torrelavega o el Horrorant en Grecia, y del que dejamos su vídeo póster, el cual cobra sentido y fuerza una vez visionas el corto, fotos del rodaje, y una mini crítica. Y por supuesto, la mayor de las suertes a todo el equipo.

VÍDEO PÓSTER


MINICRÍTICA
La oveja y el lobo
De todos los medios de expresión cinematográfica que existen, es posiblemente el campo del cortometraje el más libre, el más abierto a la creatividad y a la originalidad de cineastas primerizos –y no tanto-, que pueden conformar sus propios universos con unas reglas personales, imposibles de aplicar a un formato de mayor duración.

Con su nuevo trabajo, Carlos Bigorra emprende justo el camino opuesto. “Menú” no es un cortometraje al uso. Es un acercamiento del largo al corto, apostando por la estética y el tempo narrativo –fantástica la fotografía y la banda sonora- de una película de mayor duración, parapetándose a sí misma en los reducidos márgenes de maniobra que el largo otorga a todo cineasta, pero sin coartar la autoría ni la libertad de sus responsables. En ese sentido, puede recordar a series de televisión como “Black Mirror” o “Cuentos asombrosos”, compuestas por episodios independientes, como si de mini películas se tratase.

Pero también, comparte con estas producciones catódicas de naturaleza episódica su acercamiento paulatino y sutil hacia lo desconocido, hacia lo insano y bizarro, y es aquí donde Bigorra se libra de las ataduras formales que conlleva el enfrentarse a la realización de un cortometraje. “Menú” es un trabajo que ya ha empezado antes incluso de que el espectador comience su visionado y que no termina en sus créditos finales, que va de la luz a la oscuridad, de la aparente dulzura con la que dos conocidos –formidable no sólo su pareja protagonista, sino el camarero que les acompaña- comparten mesa y vino en un restaurante de menú misterioso, a la acidez del plato que van a degustar. Es el cuento de Pedro y el Lobo, pero desde el punto de vista de la oveja. Una subversión del relato de toda la vida, que no es más que un reflejo de ese largometraje en corto tan milimétrico, calculador y puñetero en que ha convertido su última obra.


FOTOS DEL RODAJE



















viernes, 7 de abril de 2017

LA CRÍTICA. El bar

Esos pequeños españolitos
Los bares. Mucho más que un simple sitio donde pedir unas tapas o tomarte una caña. Un microcosmos compuesto por borrachos y sobrios, por la clase alta y la baja, y en resumen, por seres humanos, que acuden a ellos para ahogar sus anhelos, sus penas y su personalidad en alcohol. El lugar perfecto para que Álex de la Iglesia conforme de nuevo su particular ángel exterminador, como en la colosal “La comunidad” o la infravalorada y reivindicable “Mi gran noche”, para encerrar a sus odiosos ocho y dejar que el tiempo y las circunstancias provoquen que quieran sacarse los ojos entre ellos.

Pero mucho más importante que el estar compuesto por los estratos más estereotipados de la sociedad –la pija, el hipster, el vagabundo, la ludópata…-, lo que caracteriza a “El bar” del cineasta bilbaíno es que en él se encuentra recluida toda una especie en sí misma, un ser al que el director trata desde sus afilados créditos iniciales como un parásito: los españoles. Y por eso es tan fácil reconocerse a uno mismo en sus personajes, que no mostrar empatía, algo que tampoco intenta. Porque este bar es perfectamente reconocible para cualquier espectador, porque desprende olor a tabaco, a panceta y cerveza de barril. Por eso esta historia de hipocresía, egoísmo y supervivencia es tan cercana, pese a la distancia que sus despreciables personajes marcan con el público.


Y para bien y para mal, es puro de la Iglesia. Para bien, que este señor cada vez dirige mejor, cada vez maneja mejor los recursos cinematográficos –fotografía, banda sonora, composición de planos…- y a sus actores, todos en estado de gracia, con Blanca Suárez, Mario Casas y Jaime Ordóñez llevando con convicción el peso de la trama, y con la sensación, eso sí, de que podría habérselo sacado más jugo a los grandes Terele Pávez y Joaquín Climent.


Para mal, pues la tendencia de su cine a perder el rumbo llegado cierto punto de la trama, que en el caso que nos ocupa ocurre antes de lo previsto, justo cuando se abandona el atractivo escenario inicial de la propuesta, pero que al menos aquí transcurre de una manera más natural que en anteriores trabajos. Menos abrupta, y con la particularidad y ventaja para quien esto escribe de que la comedia negra va desapareciendo con el avance del metraje para ir conformando una acertada autopsia de las miserias del homo sapiens. Una especie de documental sobre españolitos que haría las delicias de Félix Rodríguez de la Fuente. Desde ese punto de vista, su tramo final es el más sólido de toda su filmografía desde la incomprendida “Balada triste de trompeta”. Y ese desenlace en el que la indiferencia y apatía de toda una ciudad se dan la mano con más patético orgullo que vergüenza, mucho más. Y mejor no nos engañemos pensando que es pura ficción. En el fondo, todos somos iguales. Pero algunos llevan un arma.

A favor: el acertado retrato de la sociedad, su reparto y lo bien dirigida que está
En contra: la sensación que puede dejar de que pierde el rumbo conforme avanza la trama

Calificación ****
No se la pierda

viernes, 3 de marzo de 2017

LA CRÍTICA. Capturar

Copulando con la vida
Fernando Merinero siempre ha jugado con la metaficción, con radiografiarse a través de sus personajes en sus obras, exponiéndose física o psíquicamente ante la cámara, mientras se divierte tras ella. Y siempre ha cumplido la misión de recordar al espectador el hecho de que se encuentra ante una obra de ficción, aunque todo parezca de lo más real.

En “Capturar”, el cineasta traspasa hasta el extremo la línea que separa el mundo real del inventado. Todo en ella es ficticio, pero parece muy real. O todo es real, pero parece de lo más ficticio. Es la carta que juega Merinero, y lo hace bien. Tan bien que cuesta saber cuándo su reparto, compuesto por actrices, novias, familiares y amigos del propio director, está interpretando, o si las reacciones que vemos ante la cámara son naturales.

Pero sobre todo, este falso documental –o no tan falso, según cómo se mire- bañado de comedia es, como bien rezan sus créditos iniciales, una selfie cinematográfica. Pero lejos de caer en el ombliguismo, que es como algunos podrían entender el concepto, lo que propone es un vital viaje a su pasado, presente y futuro, a su carrera, sus películas, su manera de ver la vida y, por supuesto, a las mujeres que han compuesto su existencia, haciendo partícipe al respetable en todo momento. Es un acto de amor hacia todo lo que retrata durante su metraje. Y más que de amor, de copulación. Merinero copula no sólo con sus personajes o con el espectador, con el que juega a la confusión constante, sino también abiertamente con su propia vida, marcada por los amores pasados y los de ahora.


Y es lo que mejor desprende el film. Vitalidad en cada fotograma. Espontaneidad y eso que llaman cinema verité. Un personal y transferible Gran Hermano, un experimento sociológico con el que su equipo parece divertirse, haciendo partícipe al público del juego. Es lo bueno de la metaficción, que nos hace participantes de la experiencia. Y de la copulación hecha cine, a la que Merinero nos invita, como diríamos los canarios, sin vergüenza maldita.


A favor: lo bien que juega a confundir realidad y ficción
En contra: que algunos puedan confundir erróneamente el concepto de selfie cinematográfica con el de ombliguismo

Calificación ***1/2
Merece mucho la pena

miércoles, 22 de febrero de 2017

AVANCES. Tráiler y póster de "Capturar (Las 1001 novias)", lo nuevo de Merinero

Provocador, iconoclasta, inquieto, subversivo… Pocos directores hay en el panorama nacional actual a los que se les puedan colgar todas estas etiquetas como Fernando Merinero. El responsable de “Los hijos del viento”, “Casting” o “Haz de tu vida una obra de arte” vuelve a la carga, con la que posiblemente sea su cinta más arriesgada. “Capturar (Las 1001 Novias)” supone su salto al vacío. Un film sacado adelante a través de su productora personal, Vendaval Producciones S.L., que no cuenta con ninguna subvención ministerial ni con el apoyo de ninguna cadena nacional.



Pero más allá de esto, lo que resulta aún más llamativo es la sinopsis de su proyecto. “Capturar (Las 1001 Novias)” es un falso documental, empapado de comedia, donde su protagonista, el propio Merinero, expone ante la cámara, sin ningún pudor y con un toque de parodia, su particular pasado y presente amoroso, reuniendo en su casa a una serie de variopintas mujeres, algunas son ex novias, otras novias, unas verdaderas, otras falsas, unas actrices, otras no… con la excusa de seleccionar a aquella que mejor haga el papel de su novia para que le acompañe a Canarias, pues allí quiere rodar un documental sobre la azarosa vida de la actriz de su primera película. Se establece así, jocosa y espontáneamente, una especie de casting-terapia grupal que desnudará y exprimirá psicológicamente a cada uno de sus personajes, pues además, y para colmo, ellas no saben que están siendo víctimas de una especie de experimento que tiene como objeto confundirlas a ellas, y por supuesto al público, respecto a la veracidad de lo que están viendo.


Una rocambolesca idea que sólo podía salir de la cabeza de Merinero, y que ya ha ido cosechando frutos. Esta primera parte de una trilogía denominada precisamente “Las 1001 novias”  ha ganado el Premio del Jurado al Mejor Documental en Dada Saheb Film Festival (Delhi, India), el Premio a la Mejor Película en el Drunken Film Festival (Bradford, UK) y el Premio a Mejor Película Documental en Marbella International Film Festival. Además de haber competido en diversos festivales internacionales, desde Moscú a Los Ángeles, París o Israel.


Un alocado selfie cinematográfico que a España llegará el próximo 3 de marzo, y del que ya tenemos póster, la web de la trilogía y su primer avance.

https://las1001novias.wordpress.com


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