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sábado, 13 de febrero de 2016

LA CRÍTICA. Carol

En el Olimpo del melodrama
Interesante cómo ha ido progresando la carrera de Todd Haynes. De sus comienzos como abanderado del glam rock en “Velvet Goldmine” a ese acercamiento al universo de Douglas Sirk que comenzara con la imprescindible “Lejos del cielo”. No ha dejado de realizar experimentos tan llamativos como “I’m not there”, pero se ha ido convirtiendo en uno de los cineastas más clásicos y sutiles del cine moderno.

Patricia Highsmith necesitaba ser trasladada a la gran pantalla con la elegancia de Haynes. Es lo que requería ese cruce de miradas y pasiones contenidas que es “Carol”, un acercamiento respetuoso hacia una atracción prohibida en una época de desconfianza, con la sombra del McCarthismo sobrevolando la maltrecha moralidad estadounidense.

Una historia de amor entre dos personas, sin importar su sexo, entre una insegura y recatada dependienta que no está segura de saber lo que quiere en la vida, y una señora de la alta sociedad que va a por lo que quiere cuando le apetece. Dos almas muy dispares necesitadas la una de la otra, y encarnadas por la fuerza ante la cámara de una de las mejores actrices de su generación, Cate Blanchett, y por una intérprete que es todo fragilidad, Rooney Mara, que realiza el trabajo con mayores matices de toda su carrera. Cada gesto y mirada suya expresa una emoción distinta, en un personaje en constante evolución durante el relato.


“Carol” queda, así, como una de las mejores películas del año que ya nos ha abandonado, aunque la Academia haya decidido darle menos protagonismo del que realmente merece. Un acercamiento pausado, que se toma su tiempo para exponer sus bazas, y revestido de lirismo, sensibilidad y respeto hacia el tema que trata. Pero sobre todo, servido con una elegancia en su ambientación, su banda sonora, el trabajo de sus actores, la puesta en escena y la forma de contar la historia, que acercan a su responsable al Olimpo de los clásicos del melodrama.


A favor: Cate Blanchett y sobre todo Rooney Mara; la elegancia en la dirección de Haynes
En contra: que haya quedado tan apartada de la carrera al Oscar

Calificación ****
No se la pierda

martes, 16 de diciembre de 2014

AVANCES. Primer tráiler de "Knight of Cups", lo nuevo de Terrence Malick

Los pelos de punta. Sólo Terrence Malick es capaz de erizarme los vellos de esta manera con un simple tráiler. Después de saber que debutará en febrero en la Berlinale nos llega el primer tráiler de “Knight of Cups”, que, como viene siendo habitual en los avances de los filmes del cineasta, no desvela demasiado sobre lo que veremos finalmente. Como debe ser. Eso sí, se desprende el mismo lirismo y poesía audiovisuales que en sus trabajos pasados, algo en lo que tiene buena parte de culpa –en el mejor sentido del término- la fotografía del imprescindible Emmanuel Lubezki. Aunque, al parecer, esta nueva propuesta será más caótica e hipnótica que “To the Wonder”, cosa que se agradecerá, y que estará pasada por una especie de filtro más tecno. El reparto, de auténtico lujo: Christian Bale, Cate Blanchett, Natalie Portman, Antonio Banderas, Imogen Poots, Armin Mueller-Stahl, Ben Kingsley y una vaca sagrada rescatada del olvido, el gran Brian Dennehy. Eso sí, desde ya quedan abiertas las apuestas acerca de qué intérpretes se caerán en el montaje final.

domingo, 16 de mayo de 2010

LA CRÍTICA

Robin Hood ***

La verdadera historia jamás contada

Diez años justos han pasado desde la primera y fructífera colaboración entre Ridley Scott y su actor fetiche, Russell Crowe. Sería muy injusto comparar “Gladiator” con este nuevo acercamiento a la figura de uno de los máximos exponentes del folclore inglés. Pero sí es inevitable acordarse de lo bien que otros hace ya bastante tiempo se enfundaron las características mallas verdes del personaje. Desde el porte clásico de Douglas Fairbanks hasta la melena de Kevin Costner, pasando por supuesto por la gracia del pizpireto Robin de los bosques que encarnara Erroll Flynn, todos han salido más airosos de portar la carga del mito que este Russell Crowe que luce el mismo look que en la película que le uniera a Scott hace una década, como si Máximo Décimo Meridio saltara de la arena del coliseo a los bosques de Sherwood cambiando una espada y su casco por un arco y una flecha.

Las comparaciones son odiosas, pero no sale tan mal parado Scott de la hazaña, o por lo menos no deja ese mal sabor de boca que sí dejara su anterior cinta épica, la olvidable “El Reino de los Cielos”. Y puestos a no repetir la historia ya conocida, lo que presenta es una especie de precuela que bien podría visionarse como antesala del filme de Kevin Reynolds “Robin Hood, príncipe de los ladrones”. Una visión del arquetípico personaje pasada por el filtro scottiano –a saber, bastante dosis de violencia y un empeño desmesurado por el efectismo- que nos muestra la supuesta historia que forjó la figura que todos conocemos, aunque nos la hayan vendido como la única posible, como la verdad absoluta.


Muchos se llevarán las manos a la cabeza por el arriesgado giro argumental que propone, pero yo particularmente lo aplaudo. Porque la historia de cómo el hombre llegó a ser el libertador de todo un pueblo oprimido es casi tan creíble, aunque no tan mordaz, como la de esos Robin y Marian de la tercera edad encarnados por Sean Connery y Audrey Hepburn en la película de Richard Lester. El problema no radica en su osadía de reinventar la leyenda, sino en el guión de un Brian Hedgeland, gran guionista por otra parte, que peca en esta ocasión de exceso de ambición. Tal es su afán de pretensión y su deseo de abarcar lo máximo posible que el libreto resulta a veces demasiado confuso y trillado. Cuesta diferenciar a los verdaderos malos de la trama, y cuesta aún más, especialmente durante la primera media hora, seguir los complots palaciegos; y consta además de unos personajes a veces desbidujados, como ese séquito de incorregibles que siguen a nuestro héroe. Incluso la relación entre Robin y la Lady Marian encarnada sin demasiado esfuerzo por Cate Blanchett es demasiado repentina. Pasan rápidamente de llorar la muerte de un ser querido a intercambiar miradas cómplices.


Pero por lo general, el realizador entretiene a la platea con su visión de los hechos, con un malo malísimo con el rostro cicatrizado del ya imprescindible Mark Strong y el paso fulminante, pero que deja huella como siempre, del gran Danny Huston, y con esas batallas bien insertadas en el desarrollo de la cinta, especialmente el desenlace en la playa que nos lleva a acordarnos del desembarco de Normandía trasladado a finales del siglo XXII. Sin embargo, no es la mejor película sobre el personaje y nos obliga a mirar a otro tiempo con nostalgia, cuando la verdadera historia de Robin Hood fue contada.

A favor: el pulso en la narración de Scott y que entretiene, que es lo importante
En contra: un guión quizás un poco ambicioso en sus pretensiones

sábado, 7 de febrero de 2009

LA CRÍTICA

El curioso caso de Benjamin Button ****
(The curious case of Benjamin Buton)

Días contados

“El curioso caso de Benjamin Button” comienza de una manera magnífica, con la historia de un relojero ciego que, con la esperanza de recuperar a su hijo fallecido en la guerra, construye un enorme reloj que gira en sentido antihorario. Justo al final del viaje de Button -el apellido, efectivamente, tiene que ver con los botones- por su larga y contradictoria vida, el reloj es descolgado y abandonado en un desván, pero sigue inexorable en su particular manera de marcar las horas.

Totalmente desubicado en espacio y en tiempo, Benjamin Button vive su vida al revés: comienza siendo un bebé anciano y acaba siendo un niño que debería ser anciano. Eso le lleva a estar fuera no solo de tiempo, sino de espacio: no pudo jugar con niños; se crió en un geriátrico, rodeado de las muertes de los que le rodeaban; no pudo disfrutar de su paternidad por temor a no ser un buen padre mientras se hacía un niño...

David Fincher aborda un ambicioso proyecto alejado aparentemente de sus trabajos anteriores. Pero como ya le ocurriera a Paul Thomas Anderson en la genial “Pozos de ambición”, en el corazón de esta formidable historia, que se convierte en su mayor aliciente, late con fuerza el despliegue técnico y visual que ya derrochara en todos sus trabajos anteriores y en sus spots publicitarios y vídeos musicales. No es tan salvaje como “El club de la lucha” o “Seven”, eso está claro, pero sí comparte con “Zodiac” el poseer una trama reposada, sin más necesidad que una gran historia, un buen guión y una perfecta puesta en escena. Habrá quienes piensen, no obstante, que Fincher se ha ablandado, y más teniendo en cuenta que el guionista es Eric Roth, responsable de la oscarizada “Forrest Gump”. Muchas son las similitudes entre el film de Robert Zemeckis y el que nos ocupa, como el avance a lo largo de la historia americana o la historia de superación “bigger than life”, pero ahí acaba el asunto. El director consigue alejarse de cualquier cursilería, incluso en las escenas de amor, e imprime su propia mirada a un relato quizás un tanto extenso en metraje, pero ágil en desarrollo y sincero en contenido.

Prodigio técnico donde los haya, algo propio de su realizador, este curioso caso del hombre que rejuvenece recuerda a otro caso, el de “El increíble hombre menguante”, por su retrato contrarreloj de una vida que tiene los días contados y su disección de la existencia. Sin llegar al nivel de profundidad cósmica al que pretendía llegar el film de Jack Arnold en su desenlace, a lo que sí llega esta película es a plasmar cómo para todos y cada uno de nosotros, nos dediquemos a lo que nos dediquemos y envejezcamos en el sentido en el que lo hagamos, el tiempo pasa inquebrantable no en el sentido horario, sino como una fatal cuenta atrás que nos alcanzará tarde o temprano. Y lo hace con una poderosa banda sonora, con una bellísima Cate Blanchet, con un muy comedido y físicamente perfecto Brad Pitt -eso sí, el maquillaje según pasan los años de algunos personajes, Cate Blanchet incluida, no resulta tan convincente como el suyo- que en su vejez recuerda mucho a Robert Redford, con una fotografía deslumbrante y con una de las historias de amor temporal más digestivas que un servidor recuerda, intercalada con un affaire al que se le saca muy poco partido, al igual que a una de las mejores actrices del cine actual, Tilda Swinton.
Lo mejor: un contenido Brad Pitt, la misma historia y que Fincher siga fiel a su estilo
Lo peor: el poco partido que se saca a la relación con Tilda Swinton
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