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jueves, 26 de octubre de 2017

LA CRÍTICA. The Meyerowitz Stories (New and Selected)

Errores de nuestros padres
Somos consecuencia, directa o indirecta, de los errores de nuestros padres. Sí, también de sus aciertos, pero son sus errores los que nos acompañarán durante toda nuestra vida, los que recordaremos cuando echemos la vista atrás y recordemos una infancia marcada por unos progenitores que han proyectado sobre nosotros sus frustraciones, sus fracasos, sus malas maneras y desprecios. Porque es más fácil que lo malo perdure en nuestra memoria.

Noah Baumbach lo sabe de sobra. Lo ha explotado anteriormente en su filmografía. Es un analista de las relaciones paterno filiales inconexas, del conflicto intergeneracional que se produce cuando un hijo comienza a recordar cómo le criaban sus padres. “The Meyerowitz Stories (New and selected)” es, ante todo, su nuevo recital cinematográfico sobre esta temática. Como dice su subtítulo original entre paréntesis, una colección de historias seleccionadas en base a lo que los padres quieren que sus hijos vean en ellos, y de las que los hijos se cuentan a sí mismos y entre sus hermanos para no enfrentarse a esa tan temida figura patriarcal.


Es quizá la que nos ocupa una de las mejores propuestas de su realizador en los poco más de veinte años que lleva deleitándonos con sus relatos. Y lo es porque se aleja de la ampulosidad de algunos laureados trabajos recientes para volver a ese encanto que destilaban sus primeros trabajos, con “Kicking and Screaming” y, especialmente, la maravillosa “Una historia de Brooklyn (The Squid and the Whale)” a la cabeza, pero con la madurez que ya lleva acumulada a sus espaldas.

Encanto en su formidable y afilado guión, en su sencilla pero efectiva puesta en escena, que desprende puro calor otoñal, y, por supuesto, en un reparto en estado de gracia, donde lo más llamativo quizá sea ver a Adam Sandler sin caer en ese ridículo al que nos tiene acostumbrados. No es que esté mejor que Ben Stiller, por ejemplo, ambos están muy notables, pero lleva tantos años protagonizando películas de calidad más bien discutible, que este acercamiento al drama con tintes de comedia es más que agradecido.


Pero si alguien destaca en el elenco es el maestro. Dustin Hoffman ofrece la presencia y el saber estar ante la cámara que solamente uno de los grandes es capaz de conseguir. Suyos son los mejores y más resaltables momentos de esta recomendable y amena cinta, que solo parece flaquear hacia el desenlace, cuando da la sensación de que Baumbach no sabe cómo rematar su relato. Él es esa figura paterna que todo lo impone, que está por encima del bien y del mal, y cuyos errores han marcado para siempre las vidas de sus hijos. Tomad nota, padres.

A favor: el reparto, especialmente Dustin Hoffman, y la alegría de recuperar al Baumbach de sus comienzos.
En contra: Baumbach parece no saber cómo rematar la historia

Calificación ****
No se la pierda

viernes, 19 de junio de 2015

LA CRÍTICA. Mientras seamos jóvenes

Crisis de la mediana edad
En el que sigue siendo su mejor trabajo hasta la fecha, “Una historia de Brooklyn (The Squid and the Whale)”, Noah Baumbach planteaba con mordacidad, de una manera triste pero cómica a la vez, el conflicto generacional que surgía cuando dos hermanos trataban de encajar el tumultuoso divorcio de sus padres y la posterior desestructuración de la unidad familiar.

Con su nuevo trabajo, que no el último, el cineasta neoyorquino no realiza una deconstrucción generacional, sino que habla justamente de lo contrario, de la importancia de afrontar la cuarentena y con ello la relevancia de asumir tu propia edad, aunque ello conlleve la necesidad de formar una familia. Lo hace enfrentando a la pareja protagonista, interpretados por unos destacables Ben Stiller y Naomi Watts, al reflejo de lo que eran veinte años atrás, a la pareja formada por el convincente Adam Driver y la solvente Amanda Seyfried. Aunque lo hagan intercambiando los papeles. Los cuarentones viven en la sociedad de la conexión global tecnológica, mientras los veinteañeros leen libros, escuchan discos en vinilo, escriben utilizando máquinas de escribir y frecuentan esa enorme red social que es la calle.

Baumbach vuelve a utilizar los recursos habituales de su filmografía. Es decir, la espontaneidad de un guión repleto de diálogos cotidianos intercalados con pinceladas culturales, interpretados por un buen plantel de actores y una selección musical que va desde la música clásica hasta las composiciones de James Murphy. Todo ello aderezado con una puesta en escena independiente que algunos se empeñan en comparar con el cine de Woody Allen.


Sin embargo, en esta ocasión, tanto en guión como en ritmo, su propuesta no acaba de encontrar el tono adecuado entre comedia y drama, no logra una comedia agria que mantenga el interés durante los escasos noventa minutos de duración. A ratos funciona y está inspirada y a ratos aburre, especialmente en un tramo central en el que el director apuesta por mostrar el ridículo en el que acaban cayendo sus dos protagonistas por intentar seguir pareciendo jóvenes, sin llegar a arrancar nunca una sonrisa. Llega un punto en el que parece que su planteamiento ha sido ya explotado en su media hora inicial y que no sabe encarrilar la historia, estancándose tanto como el personaje de Stiller con ese documental que lleva casi una década tratando de sacar adelante sin éxito.


Sólo vuelve a remontar el vuelo en sus minutos finales, cuando se preocupa por asentar la moraleja de esta errática e irregular comedia que quizá hubiera dado mejor resultado con mucho menos metraje, incluso en formato corto. Una moraleja que constituye, eso sí, un sonoro bofetón en toda la cara. Hagas lo que hagas por ponerte al día y resultar moderno, la sociedad siempre avanzará mucho más rápido que tú. Les toca a las nuevas generaciones conquistar el nuevo mundo. Así que asume la edad que tienes y deja de hacer el ridículo.

A favor: sus actores, especialmente su pareja protagonista, y la moraleja que encierra
En contra: acaba estancándose en su propia historia

Calificación **
                                                                             Se deja ver
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