jueves, 30 de agosto de 2007

LA CRÍTICA

La jungla 4.0 ***

Yippy ka hey!

John McClane siempre ha estado en el lugar equivocado en el momento menos oportuno. Convertido en héroe a su pesar y en azote de la amenaza terrorista sólo combatible mediante su propia filosofía de disparar sin hacer una sola pregunta, ha estado en medio de un gran robo en un emblemático edificio, en un aeropuerto tomado por terroristas y en un juego personal al gato y el ratón con un maníaco y sus bombas esparcidas por toda una ciudad.

No es de extrañar que en una cuarta entrega, y dados los tiempos que corren, hayan elegido situar al protagonista con la sonrisa más socarrona de la historia del cine de acción en medio del terrorismo virtual, de la crisis de una sociedad cuando le suprimen su exceso de información. Porque McClane es un dinosaurio anclado en la era analógica que sigue escuchando a los Creedence Clearwater Revival. Un reloj de cuerda en un mundo digital, perdido entre tanto malo experto en artes marciales, sofisticados softwares y audaces hackers que con una sola palabra de su jerga dejan fuera de juego al indestructible John. “La Jungla 4.0” tiene de todo un poco. Es la enésima demostración de que John McClane está fuera de lugar pero sigue siendo efectivo, fiel a su espíritu devastador usando sus propios puños y un arma. No importa que sus enemigos sean sofisticados expertos en informática, pues al final lo que impera es la paliza pura y dura.

Está claro que esta cuarta entrega de la saga es un vehículo de lucimiento para Bruce Willis, ya orgulloso de su calvicie y que sigue demostrando que en materia de actores de acción es de los mejores, aunque lo mismo sirve también para comedia, drama y terror, manteniendo la sonrisa sin resultar molesto. Pero si algo desprende “La Jungla 4.0” en cuanto a su actor protagonista es lo mismo que hace perderse a su papel en la película. Willis, a pesar de ser su película, se encuentra en medio de un carrusel de secuencias de apabullante descarga de adrenalina, un festín digital que casi ensombrece al personaje entre tanto caos de coches volando sobre su cabeza, jets amenazantes a la vuelta de la esquina y trampas mortales en el interior de un ascensor. Es la norma de la industria de cuanto más mejor.

A la relativa pérdida del personaje/actor en su propio entorno, quien sin embargo logra lucirse en más de una escena paliando así la sensación de atragantamiento digital -el momento en que el personaje refunfuña por su mala suerte es ya una constante en la saga-, hay que unir la sensación de que realmente no estamos del todo ante una película de John McClane. Falta, como ya dije, el verdadero lucimiento del protagonista entre tanto despliegue de medios técnicos, pero también un malo de renombre -Alan Rickman y Jeremy Irons dejan en ridículo al desconocido Timothy Olyphant-, un compañero a la altura -Justin Long no es Samuel L. Jackson- , e incluso ese sentido del humor que a veces posee -atención al careo con Kevin Smith acerca de “Star Wars”-, pero que es insuficiente. Podría haber sido otra película de acción con Willis de protagonista y habría dado lo mismo, aunque la expectación no habría sido la misma.

Esta apoteosis fruto de la era digital en la que toda proeza de abuelo Bruce está permitida es notablemente inferior a las dirigidas por John McTiernan, y echa un digno pulso con la segunda entrega de Renny Harlin. Len Wiseman pone su toque videoclipero particular que se deja notar en la fotografía y las secuencias nocturnas como hiciera en las dos entregas de “Underworld”, y ante todo ofrece un producto entretenido y que nos devuelve a un actor a la primera línea del cine que le dio la fama cuando decidió enfrentarse él solito a toda una horda de terroristas en cada una de las plantas del Nakatomi Plaza al grito de “Yippy ka hey!”. Se echaba de menos la frase, soltada al final de la película para contentar a los fans, pero seguiremos echando de menos al verdadero McClane.

Fecha de estreno: 7 de Septiembre

Título original: "Live Free or Die Hard"; Género: Acción; Año: 2007; Nacionalidad: EEUU; Duración: 123 minutos; Dirección: Len Wiseman; Guión: Mark Bomback; basado en un argumento de Mark Bomback y David Marconi; sobre el artículo "A farewell to arms" de John Carlin; Intérpretes: Bruce Willis, Justin Long, Timothy Oliphant.

sábado, 25 de agosto de 2007

LA CRÍTICA

CAÓTICA ANA ***1/2

Las vidas de Ana

Todos los que nos hemos sabido dejar llevar por el soplo de viento que supone el cine de Julio Medem tenemos una película iniciática en su filmografía. En mi caso no podría imaginar mejor iniciadora al turbador universo del realizador vasco que “Tierra”, por ser la obra quizás más cercana al público y en la que ya quedan asentadas las constantes del mundo de uno de los directores más personales de nuestro cine. Todo lo que se pueda ver después supone planear sobre las vidas de unos personajes avocados a la tragedia y el sexo sucio, explorar sus infinitos agujeros a través de los cuales tejer tu propia historia, verte en medio de cíclicos encuentros azarosos en medio de un gélido paisaje. En definitiva, bucear aún más si cabe en su particular manera de ver el cine como un medio en el que todo es posible, incluso romper los esquemas lógicos narrativos.

“Caótica Ana” tiene ese portentoso y característico aroma a cine de Medem. Los personajes son seres libres como pájaros a punto de caer en sus propios abismos, cerrados en sus puertas mentales personales detrás de las cuales existe una nueva vida. Seres independientes en apariencia, pero necesitados los unos de los otros, ya sea por la búsqueda de simple placer o por el encuentro del amor verdadero. El director echa una vez más una mirada a la mujer, a la que siempre ha mimado en su filmografía a pesar de mostrarla en toda su carnalidad, como objeto de deseo de los hombres pero como verdadera matriarca social. Y lo hace para contarnos en esta ocasión una de las muchas vidas de Ana, una joven recién salida de la cueva del monstruo para ir a parar al centro mismo de Madrid, donde dará rienda suelta a su libertad artística y espiritual.

No estamos ante una película tan cercana como lo fue “Tierra”, sino más próxima a la complejidad de “Lucía y el sexo” e incluso a la de “Los amantes del círculo polar”. Un viaje hipnótico en el que cualquier puerta puede ser abierta y que avanza como una cuenta atrás, como los pasos a los que Ana, en un intento de descubrirse a sí misma y entender al hombre, se ve sometida en su hipnosis.

Llegados al paso número 3 de la hipnosis ocurre algo con lo que un fan de Medem como yo no está de acuerdo. En lugar de sumergir al espectador como bien lo venía haciendo en su primer tramo a un caos sin remedio pero anunciado, “Caótica Ana” opta por escoger una de las muchas puertas posibles de la vida de Ana que es mejor no desvelar, y nos ofrece alguna que otra explicación de la trama redundante. Lo bueno del cine de Medem es la interpretación que se puede hacer de sus ensoñaciones oníricas, de su juego de personajes capicúa y encuentros fortuitos. La puerta elegida final, sin embargo, se perfila como la explicación de algo que ya se intuía pero que no necesitábamos conocer. Es decir, el camino que elige su director, a pesar de ser consecuente con la historia, puede no ser del agrado de los que hemos disfrutado con una primera hora y media que reboza la magia de su cine por todos sus poros. La secuencia final en un hotel americano, pretendidamente aleccionadora acerca de la bondad y maldad del hombre, y con claras reminiscencias a la crítica política, se hace incluso algo ridícula en su desarrollo.

Con todo, su redundante desenlace no acaba con el conjunto de la que puede que no sea su mejor película, pero ni mucho menos una de las peores. Para el recuerdo queda la siempre deslumbrante fotografía, la también hipnótica banda sonora, el descubrimiento de un talento como Manuela Vellés y la confirmación de la cantante Bebe como actriz sublime. Un homenaje a todas las Ana que han pasado por la vida de Medem, tanto las que están como las que no, siempre vivas a través de esos cuentos llenos de agujeros que nos regala en cada nueva película.

Título original: "Caótica Ana"; Género: Drama; Año: 2007; Nacionalidad: España; Duración: 113 minutos; Dirección y guión: Julio Medem; Intérpretes: Manuela Vellés, Charlotte Rampling, Bebe, Asier Newman, Nicolas Calazé, Raúl Peña, Matthias Habich, Lluís Homar

Web oficial
Crítica también disponible en locoporelcine.com y Locos_Por_El_Cine

miércoles, 22 de agosto de 2007

30 años sin Groucho

"Disculpen que no me levante". Así reza el epitafio de Groucho Marx, uno de los mejores cómicos que ha dado el siglo XX. Su frase de despedida no fue más que una de las muchas citas y ocurrencias célebres de este animal mediático que cultivó las facetas de actor teatral y cinematográfico, escritor y hasta presentador de televisión en los 50 con un programa, “Apueste su vida”, que le acercó a un público que ya hacía décadas que había olvidado a los Hermanos Marx.

Junto a sus hermanos, de nombres artísticos Harpo y Chico, realizó 14 películas de las 18 de su filmografía, en su gran mayoría éxitos de taquilla. Los esquemas narrativos de sus filmes eran siempre los mismos, pero merecían la pena por ver en escena ese humor irónico que Groucho, nacido en el seno de una familia de inmigrantes judíos alemanes bajo el nombre de Julius Henry Marx, impregnaba a los improvisados guiones. Incluso repetían papeles similares en cada película actrices como Margaret Dumont o Sam Wood en la dirección.

Se cumplen tres décadas del fallecimiento de este genial cómico que desarrolló como pocos el humor inteligente. Desde este blog se le rinde homenaje al actor que incluso fuera del cine hizo reír a un servidor. No es el objetivo realizar una biografía completa del personaje, pues eso le habría parecido plomizo al mismo Groucho, y a mí también, ni tampoco trataré de ser original buscando recovecos de su vida y personalidad que ya se conocen pero están ocultos para muchos. Me limitaré a hacer lo que todos, proporcionar esas chispeantes frases que nos legó para la posteridad en otro blog que he encontrado merodeando por la red. De boca de Groucho suenan mejor, así que les animo a revisar sus películas.

Frases célebres

sábado, 18 de agosto de 2007

Mis 10 momentos cinematográficos

Hace unos días una famosa cadena de televisión pública emitía todo un clásico, la primera honorable y lujosa adaptación de uno de los comics emblemas de DC, “Superman”. Reviví un instante mágico, aquel en el que Superman/Clark Kent llevaba volando a Lois Lane de la mano sobre los edificios de Nueva York con la música de John Williams. En aquel momento vinieron a mi mente otros instantes igualmente mágicos, de esos que hicieron que me subiera desde el estómago al corazón una sensación nerviosa, indescriptible, como de enamoramiento, pelos erizados incluidos. La siguiente lista recoge 10 de esos momentos cinematográficos, o al menos aquellos que he conseguido recordar. Momentos en los que mi piel se puso literalmente de gallina, ya sea por el horror de las imágenes o por la belleza de las mismas. Si falta alguno se irá añadiendo en una segunda entrega.

1. Clark Kent y Lois Lane vuelan juntos de la mano en “Superman” (Richard Donner, 1978), ayudados por la romántica banda sonora de John Williams.

2. Darth Vader (ojo, con la voz de Constantino Romero) confiesa a Luke Skywalker que es su padre en “El imperio contraataca” (Irvin Kershner, 1980). De nuevo la música de John Williams y el grito de negación de Mark Hamill hicieron su trabajo.

3. Oskar Schindler (Liam Neeson) contemplando a la niña de rojo en medio de un holocausto monocromático en “La lista de Schindler” (Steven Spielberg, 1993). Ahora bien, es difícil quedarse con uno de tantos momentos de esta obra maestra.

4. Sam Neill y Laura Dern contemplando los dinosaurios por primera vez en “Jurassic Park” (Steven Spielberg, 1993). Me uní a su cara de estupefacción. Es la magia spielbergniana hecha realidad.

5. Hobbits, humanos, elfo, mago y enano contemplando los majestuosos Argonats en “El señor de los anillos: La comunidad del anillo” (Peter Jackson, 2001). Ver en pantalla grande semejante proeza mereció la pena, aunque fuera digital.

6. Bruce Willis salvando a la familia de manos del psicópata en “El protegido” (M. Night Shyamalan, 2000), o la familia salvando al propio Willis de la piscina. La maestría siempre presente de Shyamalan hizo que la figura del encapuchado frente a sus salvadores quedara grabada en mi retina. Aunque no es el único momento del film.

7. El exterminio inicial de los ciudadanos en “La guerra de los mundos” (S. Spielberg, 2005). Tom Cruise cubierto de cenizas humanas a medida que corría hizo que se me pusieran los pelos como escarpias.

8. El vídeo familiar, con extraterrestre intruso, de “Señales” (M. Night Shyamalan, 2002). Me uní a la cara de asombro y acongojo de Joaquin Phoenix y hasta me llevé las manos a la boca como él.

9. Las crudas y manipuladoras escenas de “La pasión de Cristo” (Mel Gibson, 2004). Gibson consiguió estremecer como quería, y aunaba como pocos una obra de arte (estéticamente es perfecta y cautivadora) con unas secuencias tan salvajes que a veces tuve que apartar la mirada.

10. El yuppie ejecutivo acribillado a balazos en “Robocop” (Paul Verhoeven, 1987). La sensación de impotencia y pánico del que sabe que morirá con tan sólo unos segundos de antelación y sin ayuda alguna de sus compañeros me invadió. Uno, que es más humano que la máquina Verhoeven.

¿Y los tuyos cuáles son?

sábado, 11 de agosto de 2007

LA CRÍTICA

Carretera al infierno (2007) **1/2

Lo que Michael Bay nunca haría

Michael Bay parece haber descubierto en su etapa de productor el filón cinematográfico perfecto para amasar fortuna. El cine de terror de los 70 y 80 se está viendo innecesariamente remakeado por un director no contento con castigarnos con sus propuestas veraniegas del estilo “La isla” o “Transformers”. Sin ser grandes películas de terror, sino más bien un eterno videoclip, “La morada del miedo” y “La matanza de Texas (2004)” eran dos dignas, en especial la última, vueltas de tuerca de dos clásicos que no requerían ser revisitados y que se veían mejorados por sus insatisfactorios remakes.

“Carretera al infierno” se ha convertido tras dos décadas de su estreno en todo un referente del slasher ochentero por méritos propios. El sufrido protagonista, un convincentemente estupefacto C. Thomas Hawell, veía su apacible travesía a San Diego ensombrecida por un sanguinario psicópata con el inmejorable rostro y provocante sonrisa de Rutger Hauer. La cinta de Robert Harmon era un delirio de principio a fin, a veces creíble y otras veces excéntrico, tan pervertido que en su propia falta de credibilidad poseía la clave de su éxito.

El objetivo en palabras del director de la versión de 2007 Dave Meyers era hacer una película mucho más realista, más cercana al público de nuestra era que a la serie B a la que nos tenían acostumbrados por aquellos años. “Carretera al infierno” versión 2007, a pesar de poseer ese look visual heredero del vídeo musical que supera al original, no soportaría un pulso con su modelo. Desde que empieza hasta que termina es un calco de la película de Harmon con escasas variaciones. Algo más sangrienta, con secuencias extendidas y alguna que otra suprimida y un cambio en los personajes protagonistas que buscará en el tramo final sorprender a los que hemos visto la película original con un cambio de roles que no hace más que empeorar la situación. Los que vieran la anterior, y no sigan leyendo este fragmento si no quieren deducir el final, posiblemente estarán de acuerdo conmigo en que la venganza final es más épica y evocadora en manos del chico protagonista, por no variar en exceso la película de Harmon.

Una copia mejorada visualmente, con golpes de efecto incluidos, pero no espiritualmente. Escrita en parte por el mismo guionista, Eric Red, lo que sí puede desprenderse de esta versión es que parece haber sido dirigida en ocasiones por el propio Michael Bay. Su característica fotografía, sus atronadoras secuencias de persecución adrenalítica, sus constantes movimientos de cámara. Todo eso está presente en una película que parece haber sido realizada por el director antes de su última “proeza” como director, pero que no contento con un género que no es el suyo, con algo que no le interesa hacer, ha atribuido a otro.

Versión adolescente y poco febril de un icono de los 80 del mismo título, “Carretera al infierno” copia a la original introduciendo algunas variantes en un ejercicio que nos recuerda al mimetismo de “Las colinas tienen ojos” de Alexandre Ajá. Sin embargo, lo que éste hacía propio de manera sobresaliente, Meyers convierte en más de lo mismo pero parcamente redimensionado, y con el tufillo a película bayniana en cada fotograma.

Título original: "The Hitcher"; Género: Thriller; Nacionalidad: EEUU; Año: 2007; Duración: 83 minutos; Dirección: Dave Meyers; Guión: Jake Wade Wall y Eric Bernt, basado en el guión de Eric Red para la película "Carretera al infierno" (1986) de Robert Harmon; Intérpretes: Sean Bean, Sophia Bush, Zachary Knighton, Neal McDonough

Estreno el 24 de Agosto

Crítica disponible en locoporelcine.com

sábado, 4 de agosto de 2007

LA CRÍTICA

PLANET TERROR *****

¡Que regresen las sesiones dobles!

La serie B comprendía en sus inicios a toda producción rápida y de muy bajo presupuesto ofrecida en sesiones dobles y usada por las grandes productoras como relleno de obras mayores y como maquinaria para justificar el sueldo de todo el equipo. A principios de los 50 esta política desapareció, y se denominó a la serie B como toda obra menor realizada por una pequeña productora y en ocasiones vendida a las “majors”. El objetivo en ambos casos era ofrecer a un público cada vez más numeroso todo aquello que no podían ver en televisión, culminando con la aparición definitiva del “gore” en el cine. A partir de ahí, todo el que quisiera ver miembros amputados, sangre a borbotones, seres mutantes e incluso algo de sexo bizarro tenía su oportunidad en las por entonces vigentes sesiones dobles de los años 70.

Grindhouse. Así han llamado Robert Rodríguez y Quentin Tarantino a esta doble sesión, mutilada en España por los malditos hermanos Weinstein, en honor a esos cines donde se proyectaban películas de presupuesto ajustadísimo, un medio de evasión para los espectadores ávidos de ver algo distinto en pantalla grande. Lamentablemente, la mala idea de los Weinstein de estrenarlas por separado ha hecho perder el concepto innovador de dos cinéfagos ajenos a la maquinaria hollywoodiense, que deben ver cómo su original propuesta queda sesgada por querer comercializar un proyecto de pura serie B a través de una gran productora. Incluso tendremos que esperar al DVD para ver los falsos trailers que acompañan a las películas, habiendo sobrevivido el imponente “Machete” de Rodríguez, en el que sólo unos minutos bastan al gran Danny Trejo para lucirse.

Más cercana a la serie Z que a la B, “Planet Terror” hace callar las voces de quienes veían a Rodríguez como un autor menor, un devorador de cine influenciado por papá Tarantino, al que siempre hemos visto más talentoso y original, y cuyo “Death Proof” está ensombreciendo temprana e injustamente a este delirio del director mexicano. A algunos nos ha costado, aunque ya nos hemos convencido, de que Rodríguez ama tanto o más al cine con el que creció que su “hermano” Tarantino, y desde estas líneas se reivindica de principio a fin su nueva película.

Estamos ante una orgía sanguinolenta y tremendamente divertida de zombies más horrendos que de costumbre, chicas con metralleta en lugar de pierna -el personaje de Rose McGowan está llamado a ser un clásico de nuestro tiempo-, personajes ridículamente dibujados, un guión que no se sostiene en algunos momentos, casquería a troche y moche y humor exagerado, sucio, tan putrefacto como los muertos vivientes que por sus quemados rollos de película pululan.

En este descomunal homenaje a Romero todo está permitido: matar perros y niños -el propio hijo del director muere en la película-, cameos típicos de la casa -desde los inolvidables Jeff Fahey y Michael Biehn a los ya habituales Bruce Willis, Michael Parks y Tom Savini, que siempre tiene la suculenta manía de morir a lo bestia-, e incluso cortar detalles relevantes de la trama y una secuencia que se apuntaba sexualmente explícita de la manera más elegante posible, cortando el rollo como en esos cines de antaño a los que el proyecto debe su buen nombre.

Olvídense de “28 semanas después” -contienen ambas la misma secuencia, mucho más acorde con el conjunto en el caso de “Planet Terror”-, “Amanecer de los muertos” y demás (dignos, eso sí) sucedáneos del cine de terror infectado actual. El cine de zombies que esta cinta exhibe y en la cual su realizador se encuentra campando a sus anchas no se había visto desde la dorada época de los 70 y 80 en títulos como “Nueva York bajo el terror de los zombies”, “Posesión infernal” o “Demons”, ejemplos que sin embargo no superan en efecticismo a este derroche de ingenio, mala uva y cine kitch que debe ser reivindicado tanto como esa otra película a la que acompaña en esta doble sesión de la que, como antaño, pedimos enfervorecidamente más entregas.

Título original: "Grindhouse: Planet Terror"; Nacionalidad: EEUU; Año: 2007; Género: Terror; Duración: 97 minutos; Dirección y guión: Robert Rodriguez; Intérpretes: Rose McGowan, Freddy Rodriguez, Marley Shelton, Josh Brolin, Jeff Fahey, Michael Biehn, Michael Parks, Naveen Andrews, Stacey Ferguson, Bruce Willis, Quentin Tarantino, Tom Savini

Crítica disponible en locoporelcine.com

jueves, 2 de agosto de 2007

Adiós a tres grandes del cine

Hace unos días nos sorprendíamos por la muerte de Ulrich Mühe, el gran protagonista de “La vida de los otros”. Ahora otros tres grandes maestros del cine europeo nos han dejado a una edad mucho más avanzada que la del actor alemán.

Las noticias se hicieron eco el lunes del fallecimiento de uno de los grandes maestros del siglo XX, Ingmar Bergman. Realizador sueco creador de joyas como “El séptimo sello”, “El silencio”, “Gritos y susurros”, “Fanny y Alexander” o “Sonata de Otoño”, entre un total de más de 50 filmes. Se despidió en 2005 con otra joya, “Saraband”. Siempre se vio a los fans de Bergman como culturetas, pero su cine si bien es denso y moralizante no es tan difícil de digerir como algunos predican. Siempre preocupado por temas como la soledad y la muerte, la limpieza en sus imágenes y su puesta en escena, ayudado por unos actores pletóricos que amenizan el metraje, hacen de su cine un referente de la segunda mitad del pasado siglo, y para nada debemos dejarnos llevar por los comentarios de que su cine es sólo apto para cultos. Otorgó una lección de cine inolvidable a todos los que disfrutamos sus películas, sin por ello resultar su obra ni pedante ni plomiza.

El siguiente gran profesional, del que poco o casi nada se hicieron eco en los medios, es el actor francés Michel Serrault, un enorme actor cómico de cine, teatro y televisión ganador de tres César, con más de 130 películas a sus espaldas y más de medio siglo de profesión. Alcanzó fama con la comedia de los 80 “La jaula de las locas”, en la que interpretaba a un homosexual, aunque para los más recientes su cara nos suena más de películas de los 90 como “Nelly y el Sr. Arnaud”, “El libertino”, “La máscara del faraón” y “Los actores”. Su extensísima carrera abarca trabajos con Jacques Demy, Claude Chabrol o Roger Vadim, entre otros muchos.

El tercer homenajeado y tristemente fallecido es el que posiblemente más ha marcado mi condición de cinéfago, gracias sobre todo a una película memorable, perfecta, precursora inconfesa de “La conversación” de Ford Coppola. “Blow-Up, deseo de una mañana de verano” era la crónica de un asesinato no esclarecido, la obsesión insana de un fotógrafo sumido en un pánico inexplicable por creer que ha descubierto un asesinato a través de sus fotos. Joya recomendable para los que crean que el cine es pura ilusión (eso no se cree, se sabe), “Blow-Up” no fue más que una pequeña muestra de un maestro como Michelangelo Antonioni, siempre pendiente de la estética neorrealista italiana de sus obras (“Blow-Up” es una muestra de ello), y que nos brindó otras buenas películas como “Más allá de las nuebes” (codirigida junto a Wim Wenders), “El desierto rojo” y “El eclipse”. Recibió un Oscar honorífico en 1995 y el Oso de Oro en Cannes por “La noche”, así como el León de Oro en Venecia por “El eclipse”. “Blow-Up” ganó asimismo la Palma de oro en Cannes. Falleció el mismo día que Bergman, el 30 de Julio, pero no se le dedicó tanto hueco en los medios.

En paz descansen.

lunes, 30 de julio de 2007

Snyder se atreve con Watchmen

Ha sido una de las grandes revelaciones de la Comic Con que se celebra estos días en San Diego. Allí los cinéfagos han dado rienda suelta a sus ansias de devorar cine con las comparecencias de J.J. Abrahams, quien presentaba el nuevo “Star Trek” y otra película que tiene en proyecto y de información aún desconocida, o Spielberg con su “Indiana Jones 4” vía conferencia interactiva. Entonces fue cuando hizo acto de presencia Zack Snyder (sí, el de “Amanecer de los muertos” y “300”) anunciando que la adaptación cinematográfica de “Watchmen” ya está en marcha y verá la luz el 6 de Marzo de 2009. Por si fuera poco ya tienen hasta el reparto, en el que me cuadra bastante poco Billy Crudup como el Dr. Manhattan -habrá que ver cómo hace milagros el maquillaje, y el gimnasio-, pero en el que sí veo como Rorschach (en la foto, en una imagen que se pudo ver durante el trailer de "300")a Jack Earle Haley, nominado este año como secundario al Oscar por Little Children.

Pero antes de seguir, ¿qué es “Watchmen”? Pues “Watchmen” es un comic book creado por Alan Moore y Dave Gibbons, un cómic con principio y fin, 12 episodios que se han convertido en todo un referente en la historia. Relatar de qué trata el cómic es tan arriesgado como adaptarlo al cine, pero en una primera aproximación podríamos decir que se trata de las historias paralelas de antiguos superhéroes, viejas glorias ya retiradas por cuyas vidas se hace un recorrido, siendo de importancia no sólo la trama, salpicada por un asesino de antiguos héroes, sino por las reflexiones que todos los enmascarados hacen de la época en la que viven. El cómic se permite la licencia de cambiar a conveniencia, y por hacer un análisis más ácido aún de la sociedad, parte de la historia americana, como por ejemplo mostrando a un Nixon que jamás dimitió y que durante los años 80, década en la que transcurre la historia actual de “Watchmen”, sigue gobernando con mano de hierro.

Después de esta nada acertada sinopsis -ya les digo, es bastante complicado de relatar- llega el análisis crítico de la obra. Poco hay que reprochar a la obra original, salvo una trama que se complica demasiado en su último tramo. El resto se reparte entre las ilustraciones simples pero efectivas de Dave Gibbons y la milimétrica composición de la historia de Alan Moore. Porque si algo caracteriza a “Watchmen” es la perfección en su presentación. Para su realización Moore no sólo decidió qué debía decir cada personaje, lo habitual, sino que planificó al detalle todo lo que se vería en cada viñeta, y cuando digo todo es todo. Absolutamente nada de lo que aparece en cada viñeta es arbitrario, está ahí por alguna razón, y contribuye igualmente a la historia. Esto hace que cuando comienzas a releer el cómic descubras detalles de los que antes no te percataste.

Es imposible expresar con palabras esa perfección a la que llega “Watchmen”, pero espero al menos que se hayan hecho una idea. Este año Snyder se tiró a la piscina con la adaptación de “300”, y salvo alguna secuencia redundante que no figuraba en el cómic, mi opinión es que dio en el clavo realizando un calco de la obra original, tanto como dio en el clavo igualando y a veces superando a ese gran clásico que fue el “Zombie” de Romero. Pero “300” no es “Watchmen”. El reto de “300” era estético, algo ya posible gracias a la magia digital. El de adaptar la obra de Moore y Gibbons es aún mayor, pues la legión de seguidores es considerablemente más numerosa y no importa tanto la estética del cómic como mantener las rupturas temporales del mismo, sus detalles milimétricos, los inteligentes y justos diálogos, etc. Podemos decir que ahora sí que se ha metido en un lío, del que veremos si sale bien parado el 6 de Marzo de 2009. Por ahora vayan echando un vistazo a la web provisional.

Web provisional de Watchmen

jueves, 26 de julio de 2007

LA CRÍTICA


LOS SIMPSON: LA PELÍCULA ****1/2

Más de lo mismo, que es mucho

Existe un momento en el salto a la pantalla grande de la familia animada más famosa de la televisión que podría ser visto por algunos como simple vehículo de desconcierto y transgresión, aquel en el cual la acción se ve interrumpida por un Continuará para dar paso a un Inmediatamente, intermedio tras el cual se reanuda la película. Este crítico prefiere ir más allá y ver ese intermedio como un momento de gran cine, como un guiño cinematográfico a esas películas interminables como “Ben-Hur” que obligaban a hacer un parón durante la proyección, parada que se mantiene intacta incluso en las ediciones en DVD de los grandes clásicos.

Ya sea como arma de transgresión o fruto de esa cinefilia de la que Matt Groening, James L. Brooks y sus camaradas han hecho alarde durante estos 20 años de existencia de la serie, lo cierto es que constituye tan sólo uno de los muchísimos aciertos de este gran capítulo alargado. Sus creadores sabían lo que se jugaban, y la presión que tienen sobre sus espaldas de mantenerse fieles a la serie de animación es inmensa. “Los Simpson” es uno de los grandes iconos de nuestra generación, ya no sólo de los Estados Unidos, sino del mundo entero.

Tras ver “Los Simpson: La película”, el veredicto es claro: es un episodio alargado, con el mismo espíritu de la serie y que hace avanzar un paso más la irreverencia, originalidad e inteligencia del producto original. La nueva aventura simpsoniana arremete como nunca contra Arnold Schwarzenegger, y de paso contra el presidente de la nación, contra los grupos de música estilo Green Day que han perecido en Springfield durante todos estos años, e incluso se permiten el lujo de mostrar un inolvidable desnudo integral de Bart Simpson y alguna que otra palabra malsonante.

El culpable de la cadena de acontecimientos que llevará al pueblo a ser aislado dentro de una gigantesca e indestructible cúpula totalmente vigilada cual Gran Hermano o Show de Truman no es otro que el cabeza de familia, Homer Simpson, quien por culpa de su Spider-Cerdo detonará uno de los mayores desastres ecológicos que se recuerdan y que pondrá en peligro a todo el país. Homer deberá huir con su familia sin ninguna intención de restaurar su honor, mientras Marge comienza a perder la confianza en su marido, Bart descubre en Flanders al padre que nunca tuvo, Lisa experimentará el amor que sigue sus mismos ideales y Maggie se perfila como la gran heroína en más de una situación.

“Los Simpson: La película” mantiene la frescura del producto original, mejora notablemente la animación y ofrece momentos de absoluta ironía e irreverencia, a los que probablemente sólo resten gracia unos trailers en los que se muestran demasiados gags de la cinta. Viéndola uno no puede evitar colocarla a la altura de otros ilustres saltos como los de “Beavis y Butt-Head”, “South Park”, “Las Supernenas” o “Los Rugrats”, por citar solo algunos ejemplos. Y no se preocupen, no es necesario haber visto las últimas temporadas para entender la película. Estamos ante un acontecimiento cinematográfico que se salda con una triunfal película en la que nada falta y nada sobra, un capítulo alargado de uno de los hitos televisivos más importantes de la historia.

Un misterio resuelto, el de la supuesta localización de Springfield y una última recomendación: no se muevan de sus asientos durante los títulos de crédito. La familia guarda un último comentario para los ayudantes de producción reconvertidos en encargados del cine y todos aquellos que nos esperamos hasta la última letra del último crédito, en contra de lo que dictan nuestras vejigas, para memorizar los nombres de todos aquellos que han hecho posible esta gloriosa película.

Título original: "The Simpsons Movie"; Nacionalidad: EEUU; Género: Animación; Año: 2007; Duración: 87 minutos; Dirección: David Silverman; Doblaje original: Dan Castellaneta (Homer Simpson), Julie Kavner (Marge Simpson), Nancy Cartwright (Bart Simpson), Yeardley Smith (Lisa Simpson), Harry Shearer (Sr. Burns), Hank Azaria (Varios)

lunes, 16 de julio de 2007

LA CRÍTICA

Los 4 Fantásticos y Silver Surfer **1/2

Estela Plateada merecía algo mejor

Debo reconocer que de todos los héroes que pueblan el universo Marvel, Los 4 Fantásticos son los que menos interés me han despertado siempre. Salvo por el dilema moral ante un nuevo aspecto que presentaba un personaje ya imprescindible de la factoría marveliana como era La Cosa, siempre vi a este equipo como un subproducto para niños y adolescentes, alimentado por cierta serie de dibujos animados que contemplé durante mi niñez.

Siendo así cabía esperar que la adaptación cinematográfica del cómic creado por Stan Lee y Jack Kirby no despertara en absoluto mi curiosidad como lo han hecho las de “Spider-Man” o “La Patrulla X”. Ante tal falta de expectativas por una película descubrí que realmente era un producto entretenido que no seguía a rajatabla la esencia de la historieta original pero que poseía un aura de no tomarse demasiado en serio a sí misma. Ofrecía, como yo esperaba, un retrato digno aunque incompleto -esto es ya habitual en todas las adaptaciones de cómics a la gran pantalla- de la tesitura en la que Ben Grimm/La Cosa se encontraba, pero continuaba dejándome ese mal sabor de boca de ser una película más preocupada por satisfacer al público infantil y juvenil que de profundizar en los personajes como lo han hecho hasta ahora Sam Raimi o en su momento Bryan Singer.

En el número 48 de la serie que revitalizó a la Marvel aparecía un personaje cumbre en la iconografía del comic art, Estela Plateada, un ser de poderes incomprensibles para la corta mentalidad humana al servicio de Galactus, a quien buscaba planetas pobres en vida pero con suficiente energía como para que el Devorador de Planetas saciara su hambre, y a fin de evitar la destrucción del suyo propio. Fue entonces, una vez llegado Estela Plateada a la Tierra, analizada ésta y sus habitantes y surgida la humanización de un personaje que se debatía entre acabar con unos seres que terminaron maravillándole o salvar su mundo, cuando Los 4 Fantásticos consiguió alcanzar esa madurez que no le intuía en entregas anteriores.

“Los 4 Fantásticos y Silver Surfer” trata precisamente de eso, del encuentro entre el grupo de superhéroes y el extraterrestre plateado dispuesto a salvar su planeta, aunque ello conlleve la aniquilación del nuestro. Y de la misma manera que la sensación ante la primera película y el cómic iban a la par, esta segunda parte ha conseguido captar mi atención como Estela Plateada lo hizo en el tebeo. Primero por tratarse de la continuación de una película menor, lo que hace que no se espere nada de ella, constituyendo el factor sorpresa. Segundo por la aceptable caracterización del personaje estrella de la película, a quien presta físico nuestro fauno particular, Doug Jones, y cierto atisbo de dilema moral en que se encuentra en algún momento del film y que hace alcanzar a éste un grado más adulto que su predecesora.

Cierto es que Tim Story ha vuelto a realizar una de las más pobres adaptaciones de cómic a la gran pantalla, que sigue teniendo en su primera hora ese aire de película palomitera sin sustancia y que traslada el cómic con cierta licencia artística. Sin embargo, juega a su favor el ser una segunda entrega que no intenta superar a la anterior, ni tecnológica -algunos efectos, como los de los estiramientos de Mr. Fantástico, resultan bastante pobres- ni argumentalmente, como cabe esperar de toda secuela. Además, en su última media hora roza un grado de madurez narrativa que le hace parecer más seria y adulta.

En definitiva, estamos ante una película que por no intentar ser mejor que la primera resulta hasta entretenida dadas las escasas expectativas que se tienen de ella, que cuenta con la aparición de un personaje crucial que le otorga por momentos un aire de madurez, aunque dentro del resultado global pase sin pena ni gloria y se quede bastante corta en el análisis de la ambigüedad moral a la que Estela Plateada está sometido. Un entretenimiento sano con la aparición estelar de Stan Lee -sigo sin entender cómo permite que se haga esto con sus criaturas, será por dinero- que dejará un mal regusto a los fans del cómic original. Porque Estela Plateada merecía algo mejor.

Título original: Fantastic Four: Rise of the Silver Surfer; Nacionalidad: EEUU; Año: 2007; Duración: 88 minutos; Dirección: Tim Story; Guión: Don Payne; basado en un argumento de Mark Frost; sobre los personajes creados por Stan Lee y Jack Kirby; Intérpretes: Ioan Gruffud, Jessica Alba, Chris Evans, Michael Chiklis, Julian McMahon, Doug Jones

viernes, 13 de julio de 2007

LA CRÍTICA

TRANSFORMERS **1/2

El perfecto blockbuster del verano

Steven Spielberg sabe a la perfección cuáles son los mecanismos que detonan un blockbuster, ese concepto del megataquillazo que él mismo inaugurara hace tres décadas con “Tiburón” y que ha venido explotando con “E.T.” o “Parque Jurásico”. En un blockbuster la historia es lo de menos, a pesar de que las que haya ofrecido el maestro en sus obras posean toda la solvencia narrativa que le asegure un podio en el olimpo de los dioses cinematográficos. Lo que prima en este tipo de producto es el espectáculo, el hacer reventar los tímpanos de los espectadores, y de paso sus carteras, con una mezcla tecnológica de pura imaginería audiovisual que más que aleccionar intenta entretener.

Ésta es la segunda película de Michael Bay apadrinada por papá Spielberg tras la olvidable y desastrosa “La isla”, un fallido híbrido cuyo mayor acierto era ese primer tramo en el que Bay se movía a sus anchas estéticas que bien concordaban con el género de la ciencia-ficción. La carrera de este director, desde sus prometedores comienzos con las adrenalíticas “Dos policías rebeldes” y “La Roca”, ha experimentado un claro declive patente en otra película desastrosa, “Pearl Harbor”, y todo por funcionar para una maquinaria de hacer dinero que exprime al máximo sus valores.

“Transformers” no es más que otro producto bayniano que llega para romper las taquillas de todo el mundo. Su sucesión de cámaras lentas pero en constante movimiento, la fotografía heredera del videoclip, la acción a raudales, la falta de guión en numerosos fragmentos,... todo está presente en una película que sin embargo funciona mucho mejor como blockbuster que la película con la que el dúo se estrenara hace dos años. Olvídense de una adaptación de la vieja serie de televisión y ya explotada cadena de juguetes, que a veces lo es, dotada de un guión bien estructurado y en definitiva digno de las películas de Spielberg. “Transformers” no es más que puro cine espectáculo, palomitero, hecho a la vez con ingenio en sus constantes cinematográficas -varias películas del productor y el director se ven homenajeadas con acierto, así como el obvio referente a “Terminator”- y con secuencias realmente absurdas en ciertos momentos fruto de un guión que se sostiene con alfileres.

La última proeza visual del esteta Bay se mantiene como blockbuster veraniego, con sus incontables bajos y mal contados aciertos. Es así como debe disfrutarse, y no esperen otra cosa, esta batalla entre Autobots y Decepticons que tiene en su última media hora del excesivo metraje una prueba de lo que es el séptimo arte para su autor: el perfecto cine espectáculo.

Título original: "Transformers"; Nacionalidad: EEUU; Año: 2007; Duración: 147 minutos; Dirección: Michael Bay; Guión: Roberto Orci y Alex Kurtzman; a partir de una historia de Roberto Orci, Alex Kurtzman y John Rogers; basada en los muñecos Transformers de Hasbro; Intérpretes: Shia LaBeouf, Megan Fox, Tyrese Gibson, John Turturro, Jon Voight

miércoles, 4 de julio de 2007

STAR WARS: 30º ANIVERSARIO

Episodio II: Todo son problemas

Parte 2: El caótico rodaje

Los problemas en el casting, los cambios en los nombres de los personajes, en el director de fotografía y en crear los departamentos de efectos especiales fueron tan solo un conato de lo que se avecinaba. El verdadero reto del equipo al completo estuvo durante el rodaje, y concretamente en Túnez, donde se rodaron las secuencias que transcurrían en el planeta Tatooine.

Imaginemos por un momento que nos encontramos en medio del desierto sahariano, donde en las mejores condiciones la temperatura a la sombra es de 40 grados centígrados, y que tenemos que ir vestidos de los pies a la cabeza de metal, y por si fuera poco simular una interpretación, que todo es normal. En esta tesitura se encontraba Anthony Daniels, el actor que se enfundaba el traje dorado de C-3P0. En unas condiciones como las expuestas y con semejante atuendo, al pobre Daniels había que ir suministrándole cada cierto tiempo refresco por un orificio mediante una pajita para prevenir la deshidratación, lo que no le evitó perder cerca de dos kilos diarios durante su estancia en el país. Por si esto fuera poco su traje metálico le impedía agacharse, por lo que o descansaba de pie o apoyado en una tabla inclinada. O imaginemos ahora que es nuestro cumpleaños, como fue el caso de sir Alec Guiness, y debemos comernos la tarta en menos de 20 segundos o se derretirá. Si a esto unimos a un Kenny Baker (R2-D2) incapaz de desplazarse por la arena del desierto y del que se olvidaban para ir a comer, de la limpieza y mantenimiento continuos que exigían las cámaras por culpa de la arena y de que justo en pleno rodaje cayó una de las mayores precipitaciones en 50 años en el Sáhara que arrasó con decorados enteros podemos imaginarnos el estado en el que se encontraba George Lucas.

Pese a todo consiguieron, aunque a duras penas, cumplir el plazo previsto, y consiguieron volver, estado de salud aparte, a Londres. Allí Lucas pensó que los problemas, dado que trabajarían en un estudio, ya se habían acabado. Todo iba como la seda. Los decorados estaban completamente terminados y eran majestuosos y todo estaba ya listo, hasta que se toparon con un inconveniente con el que jamás contaron: las leyes sindicales. Éstas obligaban por aquel entonces a parar de trabajar a las 17.30 horas, así estuvieran en medio de un plano. El ritmo del rodaje se ralentizaba y el director lo veía cada vez todo más oscuro ante unos decorados y vestuario que no eran todo lo impresionantes que él había imaginado en su cabeza, y ante unos actores que no se tomaban en serio su trabajo por creer que hacían una película para niños y una productora que por la posible censura pedía cambios como el de que Chewbacca llevara pantalones.

Todo esto trajo consigo un retraso en el rodaje de poco más de dos semanas, lo que puso de los nervios a los directivos de la Fox. La junta de los estudios pidió a Alan Ladd que exigiera a Lucas el fin del proyecto en una semana o lo darían por cancelado. Fue entonces cuando “Star Wars” pasa de ser el proyecto de un director independiente en un gran estudio a ser la historia de un esfuerzo sobrehumano, de la lucha de un hombre por realizar su sueño. Lucas se dividió en varias partes, viajando entre los distintos departamentos en bicicleta para ahorrar tiempo. Fragmentó al equipo en tres partes y mientras terminaba de rodar la película decidió hacerse cargo del montaje. Al ver la falta de ritmo del primer montaje hizo alarde de su independencia y despidió al montador asignado por los estudios, llamando a los montadores Paul Hirsch, habitual de de Palma, Richard Chef y a su mujer Marcia Lucas. La idea era partir de cero, darle a la película la energía que le faltaba utilizando hasta el último fotograma en un metraje total que tenía demasiado material inservible.

El siguiente disgusto del realizador-montador fueron los efectos especiales, de los que solamente existían 3 de los 365 previstos. Lucas acabó ingresado en el hospital por una subida de tensión y al día siguiente tomó las riendas también del departamento de ILM, creando una unidad de producción para poder participar de la creación de efectos. En esos momentos la Fox le concedió un aplazamiento del estreno, previsto para la navidad de 1976. Le dieron hasta verano de 1977, por lo que o Lucas se desdoblaba a sí mismo para aumentar esfuerzos o no podría realizar en seis meses el trabajo de todo un año. Afortunadamente, con la llegada del invierno la película comenzó a cobrar nueva forma y ya se parecía más a lo que su creador tenía en mente. El montaje ya tenía cierta agilidad y todo hacía presagiar que para el plazo impuesto por la Fox la película estaría terminada.

Así fue, Lucas había por fin acabado su película y a sus amigos Alan Ladd y Steven Spielberg les convenció el resultado. Pero faltaba algo importante. Nadie confiaba aún en el proyecto, y Lucas debía asegurar cierto margen de beneficios. Menos de 40 cines aceptaron proyectarla y por ello había que crear un concepto ya crucial para la saga y para el cine moderno que cambiaría la historia del celuloide para siempre: el marketing. El cineasta contrató a un director de marketing que tenía contacto con los fans de películas de ciencia-ficción y promovió la nueva película, que apenas estaba siendo anunciada en los medios (el trailer oficial estaba narrado por el gran Orson Welles), entre los miles de fanáticos del género, con lo que se aseguraban al menos una cierta cantidad de público. Fue con esa primera distribución de camisetas y pósters con lo que nació el gran negocio del cine que hoy en día conocemos, y el artífice no fue otro que George Lucas.

La paradoja estaba servida. George Lucas pasó de ser el cineasta independiente que no quería saber nada de las grandes productoras a ser el instigador de un nuevo modo de hacer cine, y él mismo se convirtió en uno de los grandes nombres sinónimo de dinero en la fábrica de sueños. Había escrito con grandes letras doradas una página de la historia del cine, y con su esfuerzo nunca pudo imaginar lo que vendría luego, lo importante que sería su trabajo en el futuro.

sábado, 30 de junio de 2007

LA CRÍTICA

28 semanas después ****1/2

Cine de zombies en estado puro

Un grupo de personas se dispone a comer en el interior de una casa rural alejada del mundo en la que domina la oscuridad. La apacible velada se ve interrumpida cuando alguien golpea desesperadamente la puerta. En el momento en que la luz irrumpa en la casa comenzará la pesadilla. Éste es el prometedor comienzo, y no conviene desvelar mucho más del mismo, de “28 semanas después”, la secuela de esa pesadilla en formato digital que realizara Danny Boyle en 2003. “28 días después” constaba de una apocalíptica presentación en medio de un Londres desolado y que se iba diluyendo temerariamente en las aguas del análisis social, convirtiendo a la película de zombies que debía ser en una historia bélica de hombres matando hombres. Es uno de los puntos débiles de la película de Boyle, que en su afán continuo de reinvención de las constantes cinematográficas de los distintos géneros olvidó que lo que tenía entre manos era una de zombies.

Temía este crítico que esta secuela sería una película de encargo en la que Boyle como productor exigiría al elegido, el cineasta nominado hace ya una década al Oscar por “Esposados” y ganador de un Goya por “Intacto” Juan Carlos Fresnadillo, que se atuviera férreamente al esquema de la primera parte. Nada más lejos de la realidad. El cineasta británico ha dejado libertad absoluta al realizador canario, quien ha cogido a su productor de siempre y ha reescrito buena parte del tratamiento original. El resultado es un film de zombies al cien por cien, y deja en muy mal lugar a esa película de la que hereda la pocas veces esperanzadora coletilla de segunda parte.

Fresnadillo sigue en la explicación inicial sobre la situación y en la presentación del escalofriante final el mismo trazo que “28 días después”, pero ahí acaban las similitudes. El director sabe qué producto tiene entre manos y en ningún momento deja de pertenecer al género al que pertenece, lo que la encumbra de entrada por encima de la anterior. Se reconoce a sí misma esta cinta en las películas de Romero y no tiene reparos en pillar algunas ideas de las mismas (esas calles desoladas recuerdan a “El día de los muertos”, y la supuesta ciudad segura a “La tierra de los muertos vivientes”), pero en ningún momento deja de ser un artefacto autónomo, que no depende siquiera de su predecesora para ser entendida.

“28 semanas después” nos habla con gran acierto de la instauración de un nuevo orden que tiene sus días contados en medio del caos, curiosamente implantado por el ejército norteamericano. Un orden militar en el que no existe intimidad y que promueve pasar al código rojo si la situación se va de las manos; esto es, matar a todo el mundo, esté infectado o no. Pero aparte del análisis socio-político al que nos somete existe la historia de una familia desestructurada por el abandono forzado por el miedo de uno de sus integrantes, hecho que les marcará a todos durante el resto del metraje. Es entonces cuando Fresnadillo demuestra ser un excelente contador de historias humanas acerca de personajes con un arma apuntando directamente a su cabeza y que nos recuerda a esas situaciones límites a las que se veían sometidos los protagonistas de sus trabajos anteriores. Aquí el desencadenante de la pesadilla no es la estupidez humana por creer que se puede partir de cero en una zona devastada de esta manera, ni el descuido de dos niños que añoran ver por última vez su hogar. La razón del espectáculo gore del que hace gala el director sin titubear es el amor, el gran cáncer que hará que un marido hunda con sus propias manos los ojos de su esposa, y es la falta de amor precisamente la que salvará hacia el final a alguno de los personajes.

Juan Carlos Fresnadillo consigue una película para goremaníacos de estómago fuerte y lo intercala con su mensaje social y humano, en la que suenan a previsibles algunos pasajes y que no duda en usar algunos tópicos del género para subsistir, detalles que no estropean ese montaje frenético y de cámara temblorosa que busca la inseguridad en el público. Y por si esto fuera poco nos regala tres momentos que deberían pasar a la historia de este mal denominado subgénero: el exterminio de infectados y sanos previo paso por ese matadero en el que Robert Carlyle se pone las botas, la convincente manera en que un helicóptero acaba con una horda de zombies de una manera más contundente que cualquier arma biológica, y finalmente esa claustrofóbica secuencia en los pasillos subterráneos del estadio, con la única ayuda de una mira de visión nocturna como linterna.

Título original: "28 weeks later"; Nacionalidad: Reino Unido; Año: 2007; Duración: 99 minutos; Dirección: Juan Carlos Fresnadillo; Guión: Juan Carlos Fresnadillo, Jesús López Lavigne, Rowan Jofe y Jesús Olmo; Intérpretes: Robert Carlyle, Rose Byrne, Jeremy Renner, Harold Perrineau, Catherine McCormack, Imogen Poots, Mackintosh Muggleton

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