sábado, 11 de octubre de 2008

LA CRÍTICA

Quemar después de leer ***1/2
(Burn After Reading)


Un mundo de idiotas

¿Qué ocurriría si el maletín repleto de dinero que Llewelyn encontraba en “No es país para viejos” fuera hallado por el fracasado trío protagonista de “El Gran Lebowski”? Pues que seguramente el personaje de Anton Chigurh les habría encontrado y dado caza en menos tiempo del que tardó en encontrar al escurridizo personaje interpretado por Josh Brolin. O, posiblemente, su estupidez les habría ayudado a librarse una y otra vez del implacable y hermético asesino a sueldo, convirtiendo todo a su paso en un gigantesco efecto mariposa capaz de arrastrar a todos, incluido al sheriff Bell.

La estupidez es la que gobierna en nuestra sociedad, o eso parecen querer decir los Coen en este nuevo divertimento a medio camino entre la avaricia que arrastraba al desastre al William H. Macy de “Fargo” y a los ilusos amiguetes de El Nota. Para los que somos ya asiduos clientes del cine de los dos hermanos, “Quemar después de leer” resulta más de lo mismo: infidelidades, engaños, personajes condenados al fracaso y que pese a su seriedad ocultan una cara ridícula, muertes y mucho cine negro, con o sin humor. Los Coen, conscientes del género que abordan, vuelven a contarnos la misma historia pero logrando que parezca totalmente distinta. En eso salta a relucir su maestría en este tipo de películas.

La trama que ahora nos sirven puede parecer liosa, pero finalmente las piezas del puzzle encajan de manera prodigiosa, algo en lo que los realizadores son unos genios. En esta ocasión seguimos tres historias paralelas que acaban cruzándose por puro azar: Harry (sensacional George Clooney, como era de esperar) es un agente del tesoro paranoico que engaña a todo el mundo, incluida a su esposa y a su amante; Osborne Cox (recuperado y magistral John Malkovich), un analista de la CIA recientemente despedido y al que las cosas comienzan a irle de mal en peor por culpa de su despido y su esposa, amante de Harry; y Linda (Frances McDormand volviendo al cine de los Coen después de tantos años), empleada en un gimnasio y con sueños que pasan por realizarse cuatro operaciones de cirugía estética y encontrar el amor por Internet. Y en medio de todos ellos un adicto al iPod, los chicles y la vida sana, Chad (pasado de rosca aunque magnífico Brad Pitt), que será el que comience todo el lío cuando decida chantajear al ex-analista de la CIA con hacer público un disco con información confidencial que ha encontrado fortuitamente. Nada de lo que ocurre en “Quemar después de leer” es previsible, y junto a las desbordantes interpretaciones de sus actores, a los que complementan Richard Jenkins y Tilda Swinton, su ingenioso guión y su puesta en escena, constituyen los pilares básicos que sostienen toda la película.

Habrá quienes terminen de ver el film y se pregunten “Vale, ¿y qué?, se trata de una película divertida con una historia asequible y bien entretejida”. Sin embargo, y tan deprimente como la visión de un mundo cruel, seco y violento sin razones que se nos mostraba en su anterior y galardonada película, es la que ahora nos ofrecen, la de un planeta que bien pueden gobernar idiotas. La pregunta ahora se torna de un “¿Es tan descorazonador y sin sentido el mundo?” a un “¿Es tan ridículo el mundo?”. Pues en parte, y siguiente la lógica de sus directores, sí que lo es. Tan capaces de crear un aura de cinismo alrededor de secuencias como un asesinato o un chantaje, la visión de los Coen se vuelve de nuevo ácida no sólo hacia los pobres Linda y Chad, sino hacia las mismas fuerzas que gobiernan el planeta. Al final, ¿quiénes han sido más estúpidos, los supuestamente inteligentes personajes vinculados a la central de inteligencia americana o los dos pobres desdichados que no sabían dónde se metían? Pues ambos bandos, evidentemente, y los directores lo han plasmado de la mejor manera que saben, con una comedia en apariencia idiota.











Lejos de ser una de sus obras más representativas y logradas, lo cierto es que se agradece que en su siguiente trabajo hayan optado por lo de siempre y contado de una manera mucho más amena y accesible que esa película tan difícil y cerrada que les valió sendos Oscar. Sin embargo, y no es la primera vez que lo hacen, ambas guardan una visión equivalente de lo que es el mundo hoy en día, aunque con un envoltorio completamente diferente.




Lo mejor: que se hayan alejado de la desolación de su anterior película; Brad Pitt
Lo peor: pese a todo no es una de sus películas más redondas





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Comedia, 2008, EEUU, 96 minutos
Dirección y guión: Joel y Ethan Coen
Intérpretes: George Clooney, Frances McDormand, John Malkovich, Tilda Swinton, Brad Pitt, Richard Jenkins, J.K. Simmons

lunes, 6 de octubre de 2008

Clásicos en digital (I)

Asesinato en el Orient Express ****
(Murder on the Orient Express)


Si algo tiene la inmensa variedad de canales ofertados por las plataformas digitales es que puedes encontrar cualquier cosa, llámese película, serie o vídeo musical, de cualquier época y nacionalidad. Es la mejor alternativa a los canales en abierto, cuya programación cada vez es menos atractiva (ni la 2 de TVE se salva). En una noche de calor de un verano que parece no acabar nunca un servidor se encontraba incapaz de pegar ojo y comenzó a hacer zapping por la televisión digital. Llegado a Calle13 paré mi vista en un clásico que estaba comenzando y que no veía desde hace años, y al que no recordaba tan estimulante. Se trataba de “Asesinato en el Orient Express”, enésima adaptación de una novela de Agatha Christie acerca de su personaje más reconocido, el investigador belga (no francés, como creen muchos, incluso en la misma película) Hércules Poirot.

Para los que somos seguidores en parte de este tipo de narrativa, en la que incluyo los intrigantes y recomendables relatos del maestro Poe, puede parecer que “Asesinato en el Orient Express” es una de Poirot más, y especialmente por la trama. El título lo dice todo, y se lo debe al Expreso de Oriente, ese tren que tantas veces cambió de nombre y rutas a lo largo de la historia, y que incluso hoy en día sigue en activo, aunque ya no con tanto auge como en su misma concepción. A bordo de este lujoso tren ocurre un asesinato, y Hércules Poirot, quien está en él casi de pasada, pone todo su ingenio a trabajar mientras el expreso queda atrapado en medio de la nieve. Poco a poco irá descubriendo una compleja trama en la que todos los pasajeros pueden estar implicados y que guarda relación con un asesinato ocurrido años antes y el cual sirve de efectivo prólogo a la historia.

¿Por qué es tan especial esta película? Para empezar por su director, Sidney Lumet, bastante alejado de sus trabajos policíacos y políticos más característicos y metido de lleno en un film que bebe bastante del teatro y de los diálogos y el suspense para mantener el interés del espectador. Han pasado 17 años desde su afortunado debut, “12 hombres sin piedad”, y el director se encuentra en una etapa muy prolífica, durante la cual es capaz de estrena hasta dos películas por año y prácticamente tener una cita anual con el cine hasta su llegada a la década de los 90 y la posterior, durante las cuales su ritmo de trabajo fue marcadamente menor. El trabajo de Lumet es más artesanal que sinónimo de maestría en esta cinta, pero no hablamos tampoco de una historia que requiera mayores efectismos para resultar grandiosa en pantalla.

La segunda razón, y de peso, por la que “Asesinato en el Orient Express” quedará en el recuerdo es por su protagonista, Albert Finney, el cual realiza una magistral y casi mimética y metódica, casi obsesiva diría, caracterización del famoso investigador, que se encuentra recién salido de la resolución de otro caso al comienzo del film. La interpretación del actor, con el cual Lumet volvió a contar en su última y soberbia película, “Antes que el diablo sepa que has muerto” es tan redonda que resulta practicamente irreconocible y hace sombra parcial al otro gran Poirot cinematográfico, Peter Ustinov. Tal fue el resultado que resultó nominado al Oscar y al BAFTA al mejor actor, premios que nunca ha recibido a pesar de su solvencia como intérprete.

Y la tercera, y la que más puede llamar la atención de los espectadores asiduos al cine de todas las etapas, es su plantel de secundarios. En él encontramos desde actores y actrices del Hollywood clásico reciclados para la ocasión hasta otros surgidos durante los 60 y 70, de nacionalidades tan diversas como británicos, americanos y franceses, entre otras. Al citado Finney se suman John Gielgud, Vanessa Redgrave, Sean Connery, Anthony Perkins, Richard Widmark -fallecido este mismo año-, Lauren Bacall, Ingrid Bergman, Michael York, Jacqueline Bisset, Wendy Hiller, Jean-Pierre Cassel y Martin Balsam, suponiendo que no me haya dejado a ninguno. La más destacable, aunque es difícil destacar a uno en concreto, es Ingrid Bergman, en un papel que le valió el Oscar a la mejor actriz secundaria y distintos reconocimientos en multitud de nominaciones, como la de los BAFTA en la misma categoría.

El número 12 se repite en esta genial adaptación -no del todo fiel a la original, pero con cambios que no liquidan el espíritu de la novela- en la que, como bien apunta Connery en un momento del interrogatorio al que Finney somete a los pasajeros, “Un jurado de 12 hombres justos es un sistema justo”, algo que recuerda a la ópera prima de Lumet. No faltan los fallos de raccord y el desajuste entre distintas secuencias fruto de intentar mostrar la trama desde distintos ángulos y puntos de vista, además de un esquema narrativo un tanto esquemático y repetitivo. No obstante, la película consiguió 6 nominaciones a los Oscar, sin incluir mejor película y director, y 9 a los BAFTA, incluyendo esta vez director y película, y logrando John Gielgud el premio al mejor secundario, y es una muestra más de lo que puede dar de sí el género detectivesco para el cine. Para el espectador resulta una experiencia gratificante, mientras que para Poirot no sino otro caso más, el cual resuelve en una magnífica secuencia final en grupo de esas que asombran y sobrecogen por la capacidad de análisis del personaje, el cual acaba el caso como mismo comenzaba la película, desde la más absoluta rutina del profesional que conoce al dedillo los entresijos de su trabajo y de la conducta humana.

sábado, 27 de septiembre de 2008

Paul Newman (1925-2008)

No tenía esta misma sensación desde que nos dejara otro clásico rebelde, Marlon Brando. A diferencia de éste, Paul Newman demostró incluso en sus últimos trabajos que aún era un nombre imprescindible para el celuloide. Supo siempre mantener su condición de indomable, hasta con unos años de más. Lo que sí comparte con Brando es el haber pasado a mejor vida como dueño de un recuerdo imborrable, el de un actor guapo, seductor, con carácter y presencia en pantalla y con un aire indescriptible con palabras, pero que se sitúa a medio camino entre lo casual y la rebeldía.

Paseó su penetrante mirada por infinidad de películas en blanco y negro y color. “El zurdo”, “El buscavidas” o “La leyenda del indomable”, entre otras, fueron testigo de su perseverancia y de dicha mirada. Pero sus potentes ojos verdes brillaron más que nunca en una de mis películas favoritas, “La gata sobre el tejado de zinc”, cinta que potenció mi amor platónico hacia el intérprete de la misma manera que “Un tranvía llamado deseo” hiciera con Brando o “Al Este del Edén” con James Dean.

El Hollywood clásico, y por extensión el actual, pierde a una de sus más fuertes presencias, a un actor que hasta en su últimos meses de vida, en lo que sería la crónica de una muerte anunciada, prefirió morir en casa con los suyos antes que entre las frías paredes de un hospital y confirmó con ello su eterna imagen de rebelde, pero esta vez con causa.

Para finalizar, recomiendo la entrada dedicada a la película de Richard Brooks en un blog imprescindible, Fuego En El Cuerpo.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Stone y la sátira política de Bush

Oliver Stone ha sido siempre un autoproclamado portavoz de la política y la sociedad americana. Prueba de ello son sus sensacionales retratos del asesinato de Kennedy en "J.F.K." o el del presidente Nixon en la película del mismo nombre. Sin embargo, si algo pierde al director es su vena patriótica, y su discurso no ha sido tan lúcido en otras ocasiones, como en la fallida "World Trade Center". Ahora se atreve con George Bush en la que es una de las películas más esperadas del año. Era obvio que la cinta desprendería aroma a película partidista y protesta en cada fotograma, estando dirigida por Stone y tan próximas las eleccionas americanas. Intentando huir de la burda y simple crítica, parece que el realizador ha tomado el camino más lógico: la comedia. A la vista del trailer, que les dejo a continuación, la película promete una sátira mordaz de la figura del aún presidente de los EEUU, recordando bastante a "Primary Colors". Por cierto, Josh Brolin, tan solo viendo estos avances, promete una encarnación del personaje de las que hacen época.





Para acabar, se prepara la precuela de "Soy leyenda", satisfactoria película apocalíptica en cuya nueva entrega participará de nuevo Will Smith y dirigirá nuevamente Francis Lawrence.

sábado, 20 de septiembre de 2008

LA CRÍTICA

Los extraños **

Típica y tópica

Ha sido la gran sensación del terror made in USA de este año. Esto puede deberse o bien a la escasez de cintas del género que se realizan hoy en día al otro lado del océano, o bien a que realmente el producto merece la pena. Esto último dejaría de manifiesto el buen gusto del público americano, mientras que lo primero serviría para constatar una vez más que una gran parte del cine que Hollywood realiza es por amor al dinero, sin un ojo puesto de cara a la calidad. Vista la película, el espectador europeo, que suele tener mejor juicio, no verá más que otra película de terror estadounidense, de esas con las que hace tiempo que no nos hace sufrir.

Analizando el resultado final, no es de extrañar el éxito que ha cosechado. Tanto en sus tramos inicial y final, “Los extraños” tiene ese aroma a película basada en hechos reales y que ayudan a dar credibilidad a la historia. En esos puntos, la forma de contar la historia recuerda mucho a “La matanza de Texas (2004)” -no a la original, que se preocupaba más de lo visceral- y a “Los renegados del diablo” de Rob Zombie, que con un tono casi documental dotaban a la historia de un convincente halo de veracidad. Éste es el detalle que más aprecian los críticos, cuando el cine de terror sirve para algo más que para asustar y se vuelve un género necesario para diseccionar la crueldad del ser humano.

El mayor mérito de su debutante, Bryan Bertino, es el haber detectado ese recurso a tiempo. En ningún momento muestra la verdadera cara del mal, porque sencillamente no es imprescindible. Lo que hay en “Los extraños” es violencia injustificada, la misma que, como rezan los créditos iniciales, acaba con las vidas de miles de personas cada año. Los últimos minutos, cuando los asesinos exponen la estremecedora razón de sus actos y la visualización de la escena del crimen, pertenece a esa corriente del terror movie con mensaje, apoyado en escalofriantes hechos reales -no los que sirven de base a la historia, sino cualquier hecho en realidad-.

El gran problema está en el desarrollo, tan arquetípico como las películas de terror adolescentes. Consciente de que lo que mueve al público a las salas es algo más que contar la misma historia de serial killers que otros ya hicieran antaño, Bertino rellena los minutos intermedios con todos los tópicos del género: escollos de guión en los que los protagonistas se las arreglan para quedarse a solas; sustos de mirilla en los que la protagonista acecha a través de cortinas, por donde sabemos asomará el asesino... incluso el plano final obedece al efecto susto previsible que sabemos de sobra que vendrá.

Se podría haber contado la misma historia de una manera más inteligente, sin recurrir a esos recursos que la hagan tan previsible y esquemática. Ya lo hicieron otros antes, aunque con mayor fortuna y sin caer en efecticismos recurrentes. Una lástima, porque los pocos momentos en los que subyace la lectura socio-psicótica de la sociedad el film logra convencer. Lo demás no resulta mejor que “Un San Valentín de muerte”.

Lo mejor: los escasos momentos en los que se asoma el cine de serial killers con mensaje social

Lo peor: El resto, demasiado previsible y esquemático
The Strangers
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Terror, EEUU, 2008, 85 minutos Dirección y guión: Bryan Bertino Intérpretes: Liv Tyler, Scott Speedman

miércoles, 17 de septiembre de 2008

LA CRÍTICA

El rey de la montaña ***

No debería avergonzarnos el hecho de que los realizadores patrios encuentren referentes en la cultura yanqui. Ya lo han hecho directores como Juan Carlos Fresnadillo en sus dos películas o Juan Antonio Bayona en la exitosa “El orfanato”. El truco está en tomar las corrientes estéticas del cine americano y hacerlas nuestras, pero sin españolizarlas, error que hemos cometido en cada incursión en el terror adolescente.

Las referencias argumentales de Gonzalo López-Gallego en esta su tercera película son bastante obvias. La cacería humana a la que se ven sometido Quim (convincente, como de costumbre, Leonardo Sbaraglia) y Bea (inexpresiva María Valverde) por estar en el sitio menos indicado en el momento menos oportuno podría recordarnos a “El diablo sobre ruedas” , cambiando el desierto por el desorientador paisaje del campo. En común con la película de Spielberg mantiene el concepto de una persecución sin sentido, que arranca cuando menos te lo esperas y que se desarrolla sin cuartel, y todo sin mostrar el rostro de los perseguidores. E incluso podrían verse referencias a ese cruel entretenimiento televisivo en “Perseguido”, película deudora del espíritu de los 80 y que muchos ven como un clásico, a pesar de su dudosa calidad cinematográfica.


Sin duda, lo que sí bebe de las aportaciones americanas es su atmósfera opresiva y el ágil uso de la cámara y la claustrofóbica fotografía. “El rey de la montaña” sabe mantener en ciertos momentos una tensión que invade al espectador, que unido a su magnífica puesta en escena y su corta duración consiguen que el film se pase volando, a pesar del hermetismo del propio guión con sus personajes y que evitan que el espectador llegue a confabular con ellos.

El aliciente de no conocer la identidad de los cazadores se difumina cuando tan solo restan veinte minutos para el autocomplaciente, aunque necesario, desenlace. Es cuando “El rey de la montaña” demuestra lo que es verdaderamente: un juego infantil fruto de la cultura de los videojuegos. En ese sentido, la película de López-Gallego guarda semejanza con su propia segunda obra, “Nómadas”, como manifiesto acerca de la desorientada juventud actual que disfruta con la violencia injustificada, lo que la hace guardar no pocas relaciones con “Elephant” de Gus Van Sant o “Funny Games” de Michael Haneke.

Ese giro final puede hacer restar verosimilitud a la propuesta, en especial por la filmación subjetiva de la secuencia en el poblado, claramente influenciada por los videojuegos en primera persona. Algunos pueden no estar de acuerdo con su discurso, tachándolo de grandilocuente y manipulador, pero nadie resultará indiferente. No estamos ante una película redonda, ya que posee altibajos y partes poco creíbles, pero sí ante una cinta y un director realmente interesantes, capaz de coger extractos de distintas fuentes sin que huela a copia.

Lo mejor: la puesta en escena
Lo peor: la poca credibilidad de algunos momentos y, por supuesto, lo mucho que ha tardado en estrenarse

El rey de la montaña
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Thriller, España, 2007, 84 minutos

Dirección: Gonzalo López-Gallego
Guión: Javier Gullón y Gonzalo López-Gallego
Intérpretes: Leonardo Sbaraglia, María Valverde

jueves, 11 de septiembre de 2008

LA CRÍTICA


El tren de las 3:10 ***1/2

Hace unos meses, el debutante David Von Ancken presentaba su ópera prima, “Seraphim Falls (Enfrentados)”, western a caballo entre el spaghetti más sucio y polvoriento y el clasicismo americano. También con retraso llega ahora “El tren de las 3:10”, que junto a la cinta de Von Ancken podría emitirse en sesión doble como uno de los mejores acercamientos del cine actual al cine del oeste.
Al igual que en “Seraphim Falls, “El tren de las 3:10” plantea el careo entre dos figuras antagónicas. Pero lo que en aquella se trataba de un ajuste de cuentas sin cuartel, en esta ocasión se torna en la necesidad de un hombre de sacar adelante a su familia llevando a uno de los criminales más buscados al tren que le conducirá a la horca.
Ambas películas comparten características. En primer lugar, ofrecen todo un enfrentamiento actoral entre dos grandes intérpretes. Lo que en “Seraphim Falls” era un duelo entre dos figuras británicas consagradas, Pierce Brosnan y Liam Neeson, en la que nos ocupa es un forcejeo magistralmente llevado por dos estrellas de nuestro tiempo que con los años pisan más fuerte, el de moda Christian Bale y el siempre fenomenal Russell Crowe. Es de estos dos monstruos de los que depende buena parte del resultado final.
Como segundo punto en común está el acierto por mostrar los grandes cambios que durante el siglo XIX se produjeron en los Estados Unidos. La modernización de un país como telón de fondo, modernización que trajo consigo expropiación de tierras, construcción del ferrocarril, contratación de mano de obra extranjera o una de las más deplorables, la del diezmado de los indios nativos, cultura que tuvo que sucumbir a las costumbres del nuevo mundo, ya fuera como criados o usando las armas de fuego para defenderse.
Pero existe un nexo de unión básico entre ambos filmes, aquel por el cual son una realidad: la recuperación de un género poco arraigado en el cine moderno, tan poco artesanal que el western ya parece no tener cabida en él. Y es en ese sentido en el que ambas obras consiguen su objetivo, tomando modelos que son inevitables y obligatorios.
“El tren de las 3:10” es un western modélico, que rescata del olvido la esencia del western, y se diferencia de “Seraphim Falls”, al igual que de la película homónima que remakea, en la misma concepción del producto. James Mangold, director regular pero interesante donde los haya, realiza una peli con muchas balas y muchas armas, en la que impera más la acción y la espectacularidad que las escenas melodramáticas y filosóficas que insuflaban al original de Delmer Daves. Donde aquella flaqueaba, que era precisamente en esa carga de escenas dramáticas sentimentaloides, esta pasa muy a su favor de puntillas.
Mangold dirige con solvencia una de sus mejores películas, junto a “Cop Land”, en la que falla precisamente lo mismo que en “Seraphim Falls” y en la original “El tren de las 3:10”, el desenlace. El gran problema es que en una historia de estas características, en el cual la lucha entre el bien y el mal está tan acentuada, es fácil caer en la autocomplaciencia, en el final que mejor se ajuste a lo estrictamente correcto. Sin embargo, suficientes son los alicientes de esta película como para no permitir que ese detalle acabe con el conjunto de lo que es una vuelta al género con mayúsculas, con un pie en el cine de antaño y otro en el actual. Como último detalle, la recuperación del gran Peter Fonda y el revólver que pasa de mano en mano, que me sirve para aconsejar otro gran clásico, “Winchester 73”, de Anthony Mann.
A favor: Crowe y Bale, gigantescos
En contra: el desenlace, demasiado autocomplaciente, y que haya tardado un año en estrenarse
3.10 to Yuma
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Western, EEUU, 2007, 117 minutos
Dirección: James Mangold
Intérpretes: Russell Crowe, Christian Bale, Logan Lerman, Ben Foster, Peter Fonda Gretchen Mol, Vinessa Shaw

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Batman 3 es todo un Acertijo

Aún nos estamos recuperando de la resaca post-caballerooscuro, pero todo son rumores de cara a la tercera entrega. Que si Nolan está de vacaciones (merecidísimas, por supuesto) y no apunta si hará o una nueva entrega, que si volverá o no el Joker, que si Cher será Catwoman... Si atendemos a cómo acaba "The Dark Knight", tal y como ocurría con el avance del desenlace de "Batman Begins", la tercera parte debería comenzar con Batman como enemigo de Gotham, una figura a la que perseguir y ajusticiar. Si incluyen o no a nuevos villanos, pues no lo sabemos.


Lo cierto es que a varios años de su estreno, la tercera película, y espero que la final de la saga, es todo un acertijo. Y es precisamente este personaje, aquel que vilipendiara Jim Carrey sobreactuando en "Batman Forever", el que se rumorea como nuevo malo malísimo. Sobre quién lo interpretará hay varios rumores. Unos dicen que Anthony Michael Hall, actor que los que vivimos los 80 recordaremos de "Eduardo Manostijeras" o "La mujer explosiva", y que dicen aparecía en "The Dark Knight". Sinceramente, me pasé toda la película buscándole y no le vi. Si alguien lo logra que lo diga. El otro rumor apunta a Johnny Depp como el próximo Edward Nygma, intérprete al que francamente no veo en el papel. Confiemos en la buena mano del director.

Hablando de "The Dark Knight". Ya es la segunda película más taquillera de la historia en los Estados Unidos, y a día de hoy lleva recaudados 504 millones al otro lado del charco, aún lejos de los 600 de la todopodesora "Titanic", pero rompe la barrera de los 500, algo que sólo había conseguido el film de James Cameron hasta ahora. Y algo más importante, lo ha hecho en la mitad de tiempo. A nivel histórico mundial se encuentra en 9º posición, con 922 millones. Todo un logro.

Y para acabar otra de superhéroes. El estreno de Watchmen peligra por culpa de Warner Bros y Twentieth Century Fox. Parece que ambas productoras pelean por los derechos de la que será sin duda la peli de superhéroes de 2009.

jueves, 21 de agosto de 2008

LA CRÍTICA

Hellboy II: El ejército dorado ***1/2

Pura traca visual

Hadas, faunos, trolls, reyes ancestrales y hasta un gigantesco ser mitológico capaz de cubrir de verde las calles de una ciudad. Guillermo del Toro ha demostrado que es el gran rey del fantástico actual, y que me perdone el señor Tim Burton. Tras la justamente laureada “El laberinto del fauno”, del Toro lleva un paso más allá su fervor por las criaturas de otros mundos y demuestra que su cerebro no ha acabado de derrochar imaginación.

Tras ver esta nueva aventura del diablo rojo adoptado por humanos, amante de los gatitos y adicto a los puros y la televisión, lo que queda claro es no sólo la desbordante capacidad creativa del amigo mejicano, sino lo bien que engarza su visión con el universo creado por Mike Mignola. “Hellboy II: El ejército dorado” nos devuelve al gamberro escondido tras la dulce fachada de su segunda película española. Posiblemente tras ver esta película haya quienes no reconozcan al director por esperar de nuevo otro cuento de hadas. Pero lo que presenta del Toro en esta ocasión, tal como hiciera con la deslumbrante primera entrega hace cuatro años y un par de años atrás con “Blade II”, reivindicable como mejor película de la saga del vampiro cazador, es una muestra más de su mala leche como narrador, aspecto que algunos echábamos de menos.

Buena parte de la acertada mano de del Toro es sin duda su capacidad para amoldarse a los distintos mercados en los que trabaja. Sus películas, ya hablemos de las más comerciales como de las más intimistas, se trate de películas americanas o españolas, están a caballo entre el cine europeo y el espectáculo yanqui, todo aderezado con el polvoriento panorama del desierto fronterizo mejicano. Es por eso que su obra resulta tan inclasificable geográficamente, y constituye un punto a su favor.

Esta secuela es puro entretenimiento y espectáculo visual destinado a satisfacer las ansias bizarras de su director, pero también las del público. Una vez arrancado el envoltorio que nos deslumbra durante todo el metraje, el film no resulta del todo mejor que su predecesora. El avance de la trama y los personajes se reducen a añadir detalles tan intrascendentes como la paternidad de Rojo o el enamoramiento de Abe Sapiens, y a pesar de ser tan entretenida como la primera entrega y aumentar las dosis de humor sarcástico, la función se reduce a una divertida continuación más pulida pero no tan congruente con el desarrollo de su propia historia. Para hacernos una idea, prefiere mezclar una base de operaciones y criaturas estilo “Men In Black” con un mercado que recuerda al del Harry Potter de la primera entrega, pero avanza tan poco como la segunda aventura del joven mago.

Pese a todo, insisto en que lo realmente importante de “Hellboy II” es la fascinación de del Toro por la fantasía y los cuentos. Prueba de ello es el sorprendente Doug Jones, que cual nuevo Lon Chaney vuelve a impactar travestido del impresionante Ángel de la Muerte, además de encarnar a dos personajes más, entre ellos el imprescindible Abe Sapiens. Ron Perlman vuelve a ajustarse el maquillaje y encarna magistralmente de nuevo al diablo rojo, y todo lo bueno que podía decirse de la primera parte podría aplicarse a esta, a excepción de la sustitución de Marco Beltrami en la banda sonora por Danny Elfman y esa impresión de que bajo tanta maquinaria de cuento no se esconde el avance de la trama que debiera. O puede ser que dicha maquinaria sea tan ruidosa que es imposible oír lo que se esconde tras este despliegue de seres ancestrales y mitológicos en el que lo que impera es la traca visual. En ese sentido, el trabajo está más que logrado.

Lo mejor: la desbordante imaginación de su director y recuperar su faceta macarra
Lo peor: que algunos no entiendan el paso de "El laberinto del fauno" a esta

FICHA TÉCNICA
Hellboy II: The Golden Army
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Fantástico, EEUU, 2008, 114 minutos
Dirección: Guillermo del Toro
Guión: Guillermo del Toro, según un argumento de Guillermo del Toro y Mike Mignola, sobre el cómic de Mike Mignola
Intérpretes: Ron Perlman, Selma Blair, Doug Jones, Luke Goss, Jeffrey Tambor, John Hurt

jueves, 14 de agosto de 2008

LA CRÍTICA

El caballero oscuro *****

El mundo necesita un héroe de verdad


No sé si el mundo necesitará un verdadero héroe como Batman o uno a cara descubierta como Harvey Dent, pero lo que sí sé es que el cine necesitaba revisitar su figura. Hasta que llegara Christopher Nolan, el caballero oscuro no era más que un ricachón traumatizado por la muerte de sus padres que luchaba contra el mal vestido de cuero negro y surtido de numerosos gadgets salidos de su cinturón. La tenebrosa visión de Tim Burton fue más que correcta, una adaptación según su estilo de los cómics de la editorial DC. La visión de Joel Schumacher, por el contrario, se convirtió en un espectáculo circense de luces de neón y estética pulp, llegando al máximo de su decadencia con "Batman y Robin", película cuyo recuerdo marcó cómo veía el público por último al hombre murciélago. En ambos casos, las películas realizadas hasta la fecha desprendían el inconfundible aroma de film de superhéroe, sin más.


Tenía que llegar un héroe curtido en otro terreno. Christopher Nolan logró reavivar la franquicia y recuperar la confianza en un personaje al que Schumacher transformó en una colorida broma. Y es gracias a él que pedimos la vuelta del héroe. Lo novedoso del enfoque del director era que parecía usar el cómic como excusa para tocar otros temas: la culpa, la redención, la venganza,... pero todo contado, a diferencia de otros filmes como “X-Men” o “Spider-Man”, como si no se tratara de una traslación del tebeo a la pantalla. En ese sentido, más que llevar a la pantalla la historieta original, su visión se acercaba más a la del Frank Miller de “Batman: Year One”, una de las obras que se reconocen como referente de “Batman Begins”. Ésta resultó, en definitiva, un acercamiento al personaje más humano, más creíble, menos caricaturesco, en una de las mejores películas que estecrítico recuerda en lo que llevamos de década.



Muchos aseguran que la nueva entrega, que ya en su título se desmarca de la estampa de secuela y da la impresión de algo totalmente nuevo, es mejor que su predecesora. Yo no apunto tan alto. “El caballero oscuro” es tan buena como la anterior. Ya no tiene sentido continuar con los orígenes del personaje, y por ello Nolan ha optado por la vía más lógica y a la vez más arriesgada: hacerle avanzar de manera coherente. El riesgo le ha salido bien. Bruce Wayne/Batman se debate entre la utilidad de su figura en un mundo que ha encontrado un nuevo héroe, el fiscal del distrito Harvey Dent, condenado a convertirse en un villano por mantenerse demasiado tiempo siendo un héroe.


En una nueva Gotham prácticamente libre de la escoria que corrompía sus calles, la ciudad se encuentra ahora bajo la amenaza de un nuevo e impredecible desalmado, el Joker, un demente sin ningún objetivo aparente salvo el de disfrutar con su propia maldad. Es este personaje, a través de sus juegos con dos posibles y nefastas elecciones, el que sirve en bandeja de plata la verdadera carga moral de la cinta, el que pondrá a prueba a los héroes y a los ciudadanos en general una vez reine el caos. Mérito de Nolan y el guionista David S. Goyer es el no centrarse en sus orígenes, sino prestar mayor atención a su manera de concebir el crimen.


Poco se puede añadir a una crítica de esta película que no se dijera ya en su momento para “Batman Begins” Supone el más serio y realista -hasta sus efectos especiales son en mayoría artesanales- acercamiento al hombre tras la máscara, tiñendo al conjunto de un revestimiento que la hace parecer mucho más que una película basada en un cómic. Incluso posee menos acción que su predecesora y aparentemente su protagonista aparece menos tiempo, pero el conjunto es tan sólido que poco importa, aun a pesar de su excesiva duración. Lo que diferenciará inevitablemente a esta película de la anterior, y a cualquier comentario que se haya hecho de la primera entrega, es el inconmensurable trabajo del malogrado Heath Ledger. Ya advertían que su caracterización del Joker era perfecta, pero no advirtieron que lo sería hasta el punto de dejar a la de Jack Nicholson como una triste payasada. Es la culminación de un actor al que no hace justicia siquiera ser llamado como el nuevo Marlon Brando. Suyos son los mejores momentos de este segundo y arrollador advenimiento de un héroe al que puede que su pueblo no necesite, pero al que nosotros recibimos con los brazos bien abiertos.


Lo mejor: Heath Ledger, sin lugar a dudas

Lo peor: no verla en versión original


FICHA TÉCNICA

The Dark Knight

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Acción, EEUU, 2008, 152 minutos

Dirección: Christopher Nolan

Guión: Christopher y Jonathan Nolan, a partir de un argumento de C. Nolan y David S. Goyer, basándose en los personajes creados por Bob Kent

Intérpretes: Christian Bale, Heath Ledger, Michael Caine, Gary Oldman, Morgan Freeman, Aaron Eckhart, Maggie Gyllenhaal, Cillian Murphy, Eric Roberts

domingo, 10 de agosto de 2008

Bernie Mac (1957-2008)

En España nos sonaba su cara como uno de los once hombres de Danny Ocean en "Ocean's Eleven" y sus secuelas, pero en Estados Unidos era uno de los reyes de la comedia. La fama le llegó tarde, a punto de entrar en la cuarentena, gracias a la televisión en un programa propio llamado "The Bernie Mac Show". Fue protagonista, además, de éxitos como "Adivina quién", "Bad Santa" y "Transformers", y gran amigo de otros grandes cómicos como Chris Rock y Eddie Murphy. Bernie Mac, uno de los reyes de la comedia afroamericana, fallecía ayer a los 50 años de edad, víctima de la neumonía que padecía.

viernes, 8 de agosto de 2008

Trailer de Watchmen

La espera ha acabado. Ya está disonible en la web oficial de la película Watchmen, http://watchmenmovie.warnerbros.com/, el trailer oficial de la misma. Debo decir que en vista de las campañas publicitarias fieles al cómic y este vídeo, el trabajo de Snyder promete. El trailer culmina con un plano del palacio del Dr. Manhattan, al que ahora sí veo con el rostro de Billy Crudup. Sencillamente increíble.



En la web oficial, que ha sufrido una considerable mejoría en su diseño, se encuentra en alta calidad, y para los que quieran seguir el rastro a la cinta paso a paso tienen el blos no oficial en español http://www.peliculawatchmen.com/. Ya queda menos de un año para la medianoche.

viernes, 1 de agosto de 2008

Jenna Jameson, del cine X al splatter


Jenna Jameson fue una de las máximas estrellas del porno americano de los 90. Contrariamente a lo que le ocurre a muchas actrices, cuya popularidad a partir de la treintena disminuye considerablemente, la leyenda de Jenna Jameson no hacía más que crecer como la espuma, y eso que en sus últimos años de carrera protagonizó pocos títulos. En Agosto del año pasado, tras casi 15 años como una diosa del cine X, Jenna anunciaba su retirada de la industria.

Su aspecto físico se ha visto desmejorado desde hace dos años, pero eso no la ha hecho descender del olimpo del cine X. Este año ha vuelto, pero no precisamente al tipo de cine que le dio la fama. Protagoniza "Zombie Strippers", película dirigida por Jay lee y condenada al mercado DVD. Como su propio nombre indica, el film trata de
strippers reconvertidas en zombies dispuestas a devorar a los clientes del club que regentan. Esto asegura mucha casquería, risas, hemoglobina, secuencias bizarras y humor sin paradas. Vamos, el splatter de toda la vida. Si a esto unimos el trabajo de Robert Englund, el eterno Freddy Krueger, la diversión está asegurada. A todos los amantes del cine más bizarro se la recomiendo. A los que vayan en busca de una gran historia y un solvente guión, les animo a alejarse de ella. Les dejo el trailer para que abran boca. La película la pueden encontrar en la red sin problemas. En versión original, por supuesto.

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