sábado, 7 de marzo de 2009

LA CRÍTICA

WATCHMEN ****

¿Quién vigila a los vigilantes?

Una gran novela no tiene por qué dar lugar a una gran película. Cada medio, ya sea literario o audiovisual, tiene su propio lenguaje. Los videojuegos poseen una manera única de contar sus historias, al igual que las novelas. Incluso el cortometraje tiene su particular universo propio. Esto se traduce en que no es posible realizar una traslación fidedigna de un medio al cine, pues las reglas del juego de éste son bien distintas. El cómic no es ajeno a este hecho. Posiblemente, si Bryan Singer hubiera optado por adaptar fielmente “La Patrulla X” habría hastiado al público con sus aires futuristas y sus tramas solo admisibles en las viñetas de un tebeo.
En ese sentido, la novela gráfica considerada como la gran “novela gráfica de todos los tiempos”, es la más difícil de adaptar de todas. No por su historia, sino por el tratamiento de la misma. Sus continuos flashbacks, sus detalles solo visibles en su relectura, las tramas paralelas… todo ello hacía de “Watchmen” la obra cumbre universal del arte gráfico, pero a su vez todo un reto para quien se atreviera a llevarla a la gran pantalla.

Tras varios intentos fallidos, podríamos decir que el trabajo de Zack Snyder, quien otrora lograra ensombrecer al gran clásico “Zombi” de Romero o llevar con máximo detalle la Batalla de las Termópilas según Frank Miller, se erige como la mejor adaptación que la obra de Alan Moore y Dave Gibbons podía tener. Más que esto, y pongo la mano en el fuego, es casi imposible. Si bien el director abusa de las secuencias a cámara lenta y de sus aportaciones sexuales y viscerales –admitámoslo, Snyder es un provocador en lo que a violencia y temas tabúes en el cine comercial se refiere, y a la vez un valiente- en un montaje un tanto exagerado, “Watchmen” ha caído finalmente en buenas manos.

La ambientación sigue a rajatabla los bocetos de Gibbons, se obvian pasajes de la historia original como “Los relatos del Navío Negro” –tranquilos, podremos disfrutarlos en una futura edición en DVD-, el monstruoso calamar gigante del final y su explicación, la isla con las mentes más brillantes –todo esperamos poder verlo en un futuro montaje del director- y un largo etcétera, pero podemos agradecer todo lo demás: un Rorschach perfectamente conseguido, tanto en su versión enmascarada como con el rostro que hay debajo, el del actor Jackie Earle Haley, que realiza un trabajo formidable; buen aroma a años 80; flashbacks muy bien insertados y lejos de romper la estructura narrativa, y en definitiva una adaptación muy lograda y bien contada.

Es llamativo ver cómo Snyder ha conseguido trasladar la historia en toda su crudeza, sin edulcorarla y sin perder el mensaje original en su desenlace, en el que debemos preguntarnos “¿Quién vigila a los vigilantes?”. Pero hay algo que en sus 163 minutos de duración, imprescindibles para tratar a esta novela gráfica como merece, hace que “Watchmen” no resulte tan redonda como el material en el que se inspira. Snyder ha realizado un tributo al cómic original bajo su sanguinario enfoque, pero más allá de las licencias que haya podido tomar en ese aspecto, de lo que languidece seriamente esta película es de ser precisamente demasiado fiel al cómic. Porque lo que es verosímil para el papel no tiene por qué serlo para la pantalla. El que sea fan acérrimo del original verá la película o bien como un insulto o bien como una gran película, pero el espectador ignoto podría sufrir la extenuación por culpa de un desarrollo con poca acción y mucha disección de personajes, mientras que para los fans todo pasará en un suspiro. Es un inconveniente que Snyder debió prever a tiempo antes de realizar un film tan fiel a su material de partida que en su versión cinematográfica puede resultar poco verosímil y a ratos ridícula, además de larga y pesada, para un sector del público que desconoce la fuente. Para nosotros los fans, en cambio, la mejor película de “Watchmen” posible, muy lejos, eso sí, de ser una obra maestra, por mucho que la novela gráfica sea de culto.

A favor: la valentía de Snyder, en todos los sentidos
En contra: que el cine es cine, y el cómic es cómic

martes, 3 de marzo de 2009

Pepe Rubianes: el justo homenaje de Buenafuente

Este fin de semana nos dejaba, a los 61 años, y víctima de un cáncer de pulmón que jamás le arrebató la sonrisa, Pepe Rubianes, uno de nuestros grandes cómicos. Si no he escrito antes sobre él ha sido porque esperaba a las palabras de Andreu Buenafuente en su programa, porque estaba seguro que le haría un merecido homenaje. Anoche, Buenafuente realizó un emotivo pero humorístico recordatorio, como el maestro habría deseado. Como bien dijo, prefiere pensar que se ha ido a otro sitio, muy lejos, porque al cielo no le habrán dejado entrar. Y esté donde esté, seguro que se está riendo de todos nosotros que seguimos viviendo en este país de serios. Les dejo el monólogo de Buenafuente y un "Hasta luego, maestro".

Buenafuente - Homenaje a Pepe Rubianes

domingo, 1 de marzo de 2009

LA CRÍTICA

Valkiria ***1/2
(Valkyrie)

Contenido antes que envoltorio

Que Bryan Singer considera a los nazis como una importante fuente histórica a partir de la cual construir historias es un hecho. Incluso antes de mostrar los poderes de un infante Magneto en los campos de Auschwitz en la primera entrega de “X-Men”, el mismo actor, Ian McKellen, se convertía por obra del director en un nazi oculto en la injustamente olvidada “Verano de corrupción”. Es ahora, con la Operación Valkiria, destinada a asesinar a Hitler e instaurar un gobierno provisional usando como elemento de coacción a su propio ejército reserva, cuando Synger ha venido a realizar un film totalmente ambientado en la misma época que ha intentado esbozar en reiteradas ocasiones.

Podría esperarse de otro director que esta “Valkiria” se mostrara en pantalla en todo su esplendor, como una odisea épica de un grupo de hombres justos trufada de sensibilidad y honor, y con unos medios y un metraje generosos. El camino de Synger transcurre paralelamente a este planteamiento. Si bien no falta honor en la historia, y si lo que se nos cuenta es igualmente el intento de esos hombres justos por acabar con un régimen en decadencia como las ratas que abandonan un barco que se hunde, el planteamiento del director transcurre en su primera hora en reuniones de despacho, lo que la hace algo lenta en ese tramo, y sobre todo, y esto es lo más importante, con un tono cerrado, más bien discreto, en sus enérgicos últimos cuarenta minutos. Lo que Synger propone pues no es la típica historia épica, sino una trama de espionaje que una vez arranca, y a pesar de que el final de la historia sea conocido por muchos, absorbe al espectador en su butaca y no lo suelta hasta ese glorioso final en el que sentimos que la operación no tuviera éxito.

Este cambio de registro en la historia y su ajustado metraje es lo que hacen de “Valkiria” una película entretenida y amena, obra de un director que, como en “Sospechosos habituales”, prefiere sorprender con la puesta en escena y un guión milimétricamente elaborado antes que con la grandiosidad del conjunto. “Valkiria” hereda no sólo así el tono intimista de aquel segundo trabajo que le llevó a la fama, que también puede verse en el primer “X-Men”, sino la unión de nuevo con el guionista de aquella, Christopher McQuarrie, en una decisión que engrandece aún más esta película, y que devuelve a un director que, tras el batacazo de la resurrección de Superman, aún parece tener mucho que contar.

Poco importa que se omitan las ansias ocultistas de Claus von Stauffenberg, pues el objetivo de Synger es el de brindar una trama de intriga, en una película a la que le lastra el fantasma de la mala fama de Tom Cruise y su Iglesia de la Cienciología. Pero es la fama del actor lo que hace huir al público, y no el actor en sí mismo. Cruise realiza un trabajo sólido a las órdenes de Synger. Ni se trata de un vehículo de lucimiento actoral ni mucho menos de su última oportunidad de redimirse. El intérprete consigue transmitir veracidad a su personaje y lo que es más difícil, no ser la estrella del conjunto ni ser eclipsado por unos secundarios de lujo como Kenneth Branagh, Terence Stamp, Tom Wilkinson, Bill Nighy o Thomas Kretschmann, entre otros. No obstante, la película no consigue resultar majestuosa a pesar de su cuidada ambientación debido precisamente a ese tratamiento tan discreto. Pero un servidor prefiere el contenido y no el envoltorio.
A favor: la recuperación de Synger en plena forma, contando la historia como un thriller
En contra: La lentitud de la primera hora

lunes, 23 de febrero de 2009

And the Oscar went to...

Aires de renovación soplan a la Academia. Desde que el año pasado venciera la cinta de los hermanos Coen, parece que la flecha apunta con fuerza al cine independiente. Y ha vuelto a ocurrir. Una película pequeña ha vencido sobre una grande. “El curioso caso de Benjamin Button” partía como favorita, pero algo hacía presagiar que se iría prácticamente de manos vacías. Ocurrió en los Globos de Oro, luego en los BAFTA, y ahora en los Oscar. “Slumdog Millionaire” avanzaba imbatible en una noche que ha brillado por la previsibilidad en los galardones principales, a excepción de uno, el de actor. Si hace unos años nos preguntábamos cuándo darían la estatuilla a Sean Penn, ahora nos debemos preguntar cuándo será la próxima vez, pues contra todo pronóstico triunfó sobre el favorito, Michey Rourke. Lo demás cumplía con las quinielas. Kate Winslet recibió su primer Oscar, Heath Ledger alargó su sombra hasta alcanzar el premio, y “Wall-E” fue considerada mejor película de animación del año.
Y previsible, aunque igualmente emocionante, fue el Oscar para Pe. La madrileña recogía emocionada la mención como secundaria alternando el inglés y el español. Recordó a todos, profesionales o no, que han pasado por su vida. Brilló con luz propia en la que, desde España, fue su gran noche. Y donde se saltó la Academia el guión, no solo en la categoría de actor, fue en la de película de habla no inglesa, donde ni “La clase” ni “Vals con Bashir” fueron elegidas. En su lugar, Japón se hacía con su Oscar para “Okuribito”.

En cuanto a la gala, Hugo Jackman demostró que aparte de ser el hombre más sexy vivo y un gran intérprete, es un gran anfitrión. Fino en sus comentarios, muy suelto en los números musicales y tan elegante y atractivo como manda su status de sex symbol, fue el artífice de una de las galas más amenas que se recuerdan. Acertada la decisión de la gala de entregar algunos galardones de mano de quintetos de lujo. Para el recuerdo destaco el momento en que Robert de Niro, Ben Kingsley, Anthony Hopkins, Adrien brody y Michael Douglas entregaban el premio a mejor actor a Sean Penn. Y un detalle: el orden de entrega, relegando para el final los premios a los actores y película por encima del de director.

Algunos emocionados (Danny Boyle, merecidísimo mejor director, dando saltitos), otros sorprendidos (Penn, cuya cara de asombro equiparaba a la de Russell Crowe en su momento) y otros tantos inexpresivos (Mickey Rourke, aunque se entiende por qué), el momento estelar fue el premio honorífico a Jerry Lewis, quien fue recibido, cómo no, entre vitoreos y aplausos de una platea puesta en pie para la ocasión. Y el suyo no fue, insisto, el galardón más previsible de una gala, cuyo reparto ha sido justo, aunque Fincher y Howard salieran perdiendo.

domingo, 22 de febrero de 2009

"El caballero oscuro" ya es multimillonaria

La idea de reestrenar "El caballero oscuro" a comienzos de este año ha dado resultado. La película de Christopher Nolan, que aspira esta noche a varios Oscar, de los cuales ya tiene uno ganado, ha llegado a los 1000 millones de dólares en todo el mundo. Desgraciadamente, no logrará superar la barrera de los 600 millones en Estados Unidos, cifra que debía batir para superar a la inquebrantable "Titanic". Es más, debe conformarse con un merecidísimo tercer puesto, tras otra grande. "El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey". Aún así, el objetivo está más que conseguido. Enhorabuena.

martes, 17 de febrero de 2009

LA CRÍTICA

Slumdog Millionaire ****

Hacía trece años que Danny Boyle no sorprendía tan gratamente. “Trainspotting” fue una película pequeña que acabó convirtiéndose, con el paso de los años, en un fenómeno de culto, en algo grande. Pero que a nadie pille por sorpresa en su nueva película, pues ha venido a confirmar lo que los que hemos seguido fervientemente sus trabajos posteriores sabemos desde los tiempos de “Tumba abierta” o incluso la incomprendida “La playa”. Boyle es un enérgico, inquieto y habilidoso malabarista de la imagen y el sonido, un realizador capaz de insuflar sus obras de vitalidad pese a lo duro de algunos de sus temas.

“Slumdog Millionaire” sigue la estela de su segundo trabajo, y lo mezcla con las dosis de optimismo e inocencia de “Millones”. En “Slumdog Millionaire” asistimos a la historia de Jamal, un joven criado en el duro ambiente suburbano del Mumbai de la década de los 70. La historia comienza planteando una cuestión y cuatro opciones, como bien hubiese ocurrido en el eje conductor de la trama, el concurso televisivo “¿Quién quiere ser millionario?”. Jamal, pese a ser un iletrado, ha conseguido entrar como concursante y llegar a la pregunta final. ¿Pero cómo lo ha hecho? A: Hizo trampa; B: Tuvo suerte; C: Es un genio; D: Está escrito.

La opción A es en la que se sustenta buena parte del film. Los responsables del concurso creen que Jamal es un fraude, y por eso le arrestan y le torturan, dentro de los límites de los derechos humanos, para descubrirlo. Es en la comisaría, frente al comprensivo comisario, donde se repasan una a una las preguntas del concurso y se le pide a Jamal que explique cómo conocía las respuestas. Es entonces cuando el interrogatorio se transforma en flashbacks, uno por respuesta. Cada respuesta de Jamal va acompañada de una razón, y ésta está contenida en su propia experiencia. Sabiendo esto, las opciones A y C quedan descartadas.

A través de las preguntas del concurso veremos la inocencia de Jamal, poco consciente de su propia miseria; la relación con su oscuro hermano, de personalidad opuesta a la suya; su obsesión por Latika, aquella niña a la que ofreció cobijo cuando era pequeña y a la que busca desesperadamente... Todo conduce a pensar que Jamal ha tenido suerte.

Esta película tan pequeña en apariencia como aquel trabajo con el que despuntara hace más de una década esconde una fuerza interior, tal como ocurrió entonces, que va más allá de su mensaje de amor y optimismo. Lo grandioso en “Slumdog Millionaire” es su montaje. Y no solo en el apartado audiovisual, sino en la misma manera de enfocar la historia. Boyle alterna sabiamente la crudeza de algunas situaciones, sin abusar de sentimentalismos baratos, con el sentido del humor desde los ojos de un niño en cuya inocencia radica buena parte del optimismo de la cinta. Gracias a él las situaciones no son tan crudas. Y una vez ha crecido y parece consciente de su lugar en ese mundo, lo paradójico es que no abandona dicho optimismo, sino que el amor que siente por Latika le impulsa a presentarse al concurso, una posible vía de escape de esa vida.

Así, “Slumdog Millionaire” no abandona un solo momento su premisa inicial de canto a la vida en un ambiente difícil. El humanizado personaje de Jamal nos enseña los múltiples caminos que puede seguir la vida, tan variopintos como vías tiene un tren. Finalmente, triunfa el amor en este sincero y emotivo relato al que pueden sobrarles algunos minutos -aunque no acierto a decir dónde- debido a que puede tornarse un poco pesada por su metraje. Boyle nos regala en los créditos finales un musical al más puro estilo Bollywood que ensalza el vivo carácter de una película en la que nada queda al azar, sino que todo está escrito.
A favor: El enérgico montaje, la dirección, la forma de enfocar la historia...
En contra: Puede hacerse algo larga

sábado, 14 de febrero de 2009

Lo mejor ( y lo peor) de 2008

He tardado más de lo habitual, pero no podía resistirme a publicar mi lista personal de las mejores películas de 2008. O de las peores en sentido inverso, según se mire. Entre lo mejorcito una película que ya es un clásico contemporáneo, “El caballero oscuro”, una sorpresa que se convertirá espero en film de culto, “La niebla”, y una española, “Los cronocrímenes”, el prometedor debut de Vigalondo, sin olvidar la última genialidad de Sidney Lumet y el regreso de Indy. Y entre lo peor, la infantiloide secuela de Mortadelo y Filemón y dos de terror, “Los extraños” y la desaprovechada visión de Rob Zombie acerca de Michael Myers y “Halloween”. Y entre las decepciones, el último Bond, además de la innecesaria "Ultimátum a La Tierra". Aún me quedan muchas por ver, pero no podía aguantar las ganas.


  1. El caballero oscuro, de Christopher Nolan
  2. Los cronocrímenes, de Nacho Vigalondo
  3. Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, de Steven Spielberg
  4. Antes que el diablo sepa que has muerto, de Sidney Lumet
  5. The Mist (La niebla) ,de Frank Darabont
  6. Monstruoso, de Matt Reeves
  7. Wall-E , de Andrew Stanton
  8. Los crímenes de Oxford, de Álex de la Iglesia
  9. No es país para viejos, de Joel y Ethan Coen
  10. Soy un cyborg, de Park Chan-wook

  11. Quemar después de leer, de Joel y Ethan Coen
  12. Camino, de Javier Fesser
  13. Pozos de ambición, de Paul Thomas Anderson
  14. Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet, de Tim Burton
  15. El tren de las 3:10, de James Mangold
  16. Seraphim Falls (Enfrentados), de Daniel Von Acken
  17. El rey de la montaña, de Gonzalo López-Gallego
  18. Viaje a Darjeeling, de Wes Anderson
  19. Tropic Thunder, de Ben Stiller
  20. Hellboy II: El ejército dorado, de Guillermo del Toro
  21. 30 días de oscuridad, de David Slade
  22. X-Files: Creer es la clave, de Chris Carter
  23. Hancock, de Peter Berg
  24. Funny Games, de Michael Haneke
  25. Kung Fu Panda, de Mark Osborne y John Stevenson
  26. Cometas en el cielo, de Marc Foster
  27. Juno, de Jason Reitman
  28. Iron Man, de Jon Favreau
  29. John Rambo, de Silvester Stallone
  30. Mongol, de Sergei Bodrov
  31. Ultimátum a La Tierra, de Scott Derrickson
  32. Quantum of Solace, de Marc Forster
  33. Breath (Aliento), de Kim Ki Duk
  34. El incidente, de M. Night Shyamalan
  35. En el punto de mira, de Pete Travis
  36. Transsiberian, de Brad Anderson
  37. Los girasoles ciegos, de José Luis Cuerda
  38. Halloween: El origen, de Rob Zombie
  39. Los extraños, de Bryan Bertino
  40. Mortadelo y Filemón. Misión: Salvar la Tierra, de Miguel Bardem

jueves, 12 de febrero de 2009

Los bastardos de Tarantino ya tienen trailer


Ha tardado, pero por fin tenemos el trailer en español de esos "Malditos Bastardos" de Tarantino. A juzgar por el trailer, la visión del cine bélico del director va a ser extremadamente peculiar. Desde el mismo montaje del trailer, con esos rótulos estilo spaghetti western, hasta un sobreactuado pero seguramente genial Brad Pitt (éste parece ser su año), lo que nos promete ahora es algo que no hemos visto antes en pantalla. Y en vista de este avance, parece que es cierto.

sábado, 7 de febrero de 2009

LA CRÍTICA

El curioso caso de Benjamin Button ****
(The curious case of Benjamin Buton)

Días contados

“El curioso caso de Benjamin Button” comienza de una manera magnífica, con la historia de un relojero ciego que, con la esperanza de recuperar a su hijo fallecido en la guerra, construye un enorme reloj que gira en sentido antihorario. Justo al final del viaje de Button -el apellido, efectivamente, tiene que ver con los botones- por su larga y contradictoria vida, el reloj es descolgado y abandonado en un desván, pero sigue inexorable en su particular manera de marcar las horas.

Totalmente desubicado en espacio y en tiempo, Benjamin Button vive su vida al revés: comienza siendo un bebé anciano y acaba siendo un niño que debería ser anciano. Eso le lleva a estar fuera no solo de tiempo, sino de espacio: no pudo jugar con niños; se crió en un geriátrico, rodeado de las muertes de los que le rodeaban; no pudo disfrutar de su paternidad por temor a no ser un buen padre mientras se hacía un niño...

David Fincher aborda un ambicioso proyecto alejado aparentemente de sus trabajos anteriores. Pero como ya le ocurriera a Paul Thomas Anderson en la genial “Pozos de ambición”, en el corazón de esta formidable historia, que se convierte en su mayor aliciente, late con fuerza el despliegue técnico y visual que ya derrochara en todos sus trabajos anteriores y en sus spots publicitarios y vídeos musicales. No es tan salvaje como “El club de la lucha” o “Seven”, eso está claro, pero sí comparte con “Zodiac” el poseer una trama reposada, sin más necesidad que una gran historia, un buen guión y una perfecta puesta en escena. Habrá quienes piensen, no obstante, que Fincher se ha ablandado, y más teniendo en cuenta que el guionista es Eric Roth, responsable de la oscarizada “Forrest Gump”. Muchas son las similitudes entre el film de Robert Zemeckis y el que nos ocupa, como el avance a lo largo de la historia americana o la historia de superación “bigger than life”, pero ahí acaba el asunto. El director consigue alejarse de cualquier cursilería, incluso en las escenas de amor, e imprime su propia mirada a un relato quizás un tanto extenso en metraje, pero ágil en desarrollo y sincero en contenido.

Prodigio técnico donde los haya, algo propio de su realizador, este curioso caso del hombre que rejuvenece recuerda a otro caso, el de “El increíble hombre menguante”, por su retrato contrarreloj de una vida que tiene los días contados y su disección de la existencia. Sin llegar al nivel de profundidad cósmica al que pretendía llegar el film de Jack Arnold en su desenlace, a lo que sí llega esta película es a plasmar cómo para todos y cada uno de nosotros, nos dediquemos a lo que nos dediquemos y envejezcamos en el sentido en el que lo hagamos, el tiempo pasa inquebrantable no en el sentido horario, sino como una fatal cuenta atrás que nos alcanzará tarde o temprano. Y lo hace con una poderosa banda sonora, con una bellísima Cate Blanchet, con un muy comedido y físicamente perfecto Brad Pitt -eso sí, el maquillaje según pasan los años de algunos personajes, Cate Blanchet incluida, no resulta tan convincente como el suyo- que en su vejez recuerda mucho a Robert Redford, con una fotografía deslumbrante y con una de las historias de amor temporal más digestivas que un servidor recuerda, intercalada con un affaire al que se le saca muy poco partido, al igual que a una de las mejores actrices del cine actual, Tilda Swinton.
Lo mejor: un contenido Brad Pitt, la misma historia y que Fincher siga fiel a su estilo
Lo peor: el poco partido que se saca a la relación con Tilda Swinton

lunes, 2 de febrero de 2009

Goya 2009: Cada uno por su camino



Desde el año en que Rosa María Sardá presentó la ceremonia no recuerdo una gala de los Goya tan amena como la de anoche, a pesar de las continuas, largas e imprevistas –tanto que hasta sonaba a diferido-, pausas publicitarias de La 1. Hubo reparto equitativo de premios, pero la mayoría esperados. No se pudo leer expresión de sorpresa en los gestos de Pe, Benicio hizo acto deslumbrante de presencia, a pesar de un discurso un tanto improvisado e ininteligible, Cuerda aceptó honrado el único galardón de su película al gran Rafael Azcona y la Academia volvió a usar una película de Díaz Yanes como relleno en las nominaciones. Sobre el escenario desfilaron con su estatuilla, descontando la que Javi Gutiérrez largó al suelo, nombres tan emblemáticos de nuestro cine como Roque Baños o Lala Huete.

“Los girasoles ciegos”, con sus 15 candidaturas, sonaba no como favorita, sino como el gran señuelo de la noche. Todo apuntaba a que Fesser encontraría su camino este año, las chicas de Tano no pudieron caminar salvo en la categoría de fotografía, y los girasoles anduvieron tan ciegos que vieron cómo se les escapaban nada más y nada menos que 14 premios. En cuanto a “Los crímenes de Oxford”, mi favorita entre las principales, se tuvo que conformar con tres galardones. Merecidísimos, por supuesto.

Gran acierto el de Carmen Machi, y sus innumerables vestidos, y los chicos de Muchachada Nui como anfitriones. Memorable el beso Machi-Coronado, Millán-Machi y ¡Millán-Coronado! Y es que Coronado pone mucho… Por primera vez me reí con la ceremonia y no tanto de la ceremonia. Y entre los errores, el de los infames efectos especiales de la secuela de Mortadelo y Filemón y el de dirección novel para Vigalondo, quien protagonizó un gran momento, que terminó de estropear con un chiste que casi nadie entendió y totalmente fuera de guión, al salir junto a Bayona ataviado cada uno de un personaje de la película del otro. Y volvió a repetirse lo mismo de todos los años: un orden en la entrega bastante ilógico (¿por qué se entregó primero el de actor de reparto y a menos de mitad de la gala el de actriz?) y la estructura tan esquemática de sketch seguido de dos galardones.

Y a pesar de estar mal situado el momento, apareció el señor Franco. Hombre de pocas palabras pero punzante donde los haya, aprovechó para hablar del exilio y de no estar de acuerdo con la mención, y agradeció el premio a todas aquellas chavalas (el maestro hizo una pausa para permitir al público reírse) y chavales (cesaron las risas, el maestro les había tomado el pelo a todos) que están comenzando.

Yo opto porque escojan a la Machi como presentadora para el año que viene. Pero por favor, que hagan a Ángeles González Sinde aprenderse su guión, que obvien a Amenábar una vez más para entregar un Goya, y que, a ser posible, hagan las paces con Almodóvar. Aunque eso, me temo, es bastante difícil.

NOTA: Se busca el Goya al Mejor Documental, que fue robado a Albert Solé tras la ceremonia.

lunes, 26 de enero de 2009

LA CRÍTICA

Gran Torino ***1/2

Más sabe el diablo por viejo...

En algunos momentos de la “última” película de Clint Eastwood un servidor no ha podido evitar recordar “Infierno en el Pacífico”, la película de John Boorman que se convirtió en el inconfeso remake “Enemigo mío”, de Wolfgang Petersen. La historia de los dos soldados de la Segunda Guerra Mundial, uno americano y el otro japonés, obligados a convivir en tierra de nadie, ha venido a mi cabeza al ver cómo un excombatiente entabla una amistad con sus vecinos inmigrantes.

Clint Eastwood ha venido a demostrarnos en sus últimas películas lo que debimos intuir hace ya mucho tiempo, que más sabe el diablo por viejo que por diablo. El realizador derrocha inteligencia en cada plano, o más bien en la carrocería completa, de este “Gran Torino” que bien puede simbolizar el hermanamiento entre lo clásico y la necesidad del cambio, entre sus dos filmes bélicos recientes o entre formas de ver la vida contrapuestas. Tiene aún la buena mano y la sabiduría suficientes para retratar, sin caer en la cursilería, temas trascendentales como la vida o la muerte y la justicia más allá de las armas, como ya hiciera en la estupenda aunque algo sobrevalorada “Million Dollar Baby” cuando transitó por la polémica línea de la eutanasia.

Walt Kowalski, el personaje que magistralmente interpreta –lástima que sea su último film como actor-, comienza como el huraño anciano solitario al que ni su familia ni sus amigos pueden soportar, que ahora tiene que lidiar con el fallecimiento de su esposa. Walt, antiguo combatiente en Corea, vive ahora completamente solo en un barrio en el que no queda prácticamente un solo americano blanco y en el que su bandera es la única que hondea en las puertas de las casas. Hasta que un día expulsa a unos criminales hmong de su propiedad a punta de escopeta sin saber que a la vez está salvando la vida de su vecino, otro joven asiático bastante retraído, el cual había intentado robarle su Gran Torino unas noches antes. Para resarcirse, el joven deberá prestar ayuda al anciano durante una semana.

La historia que presenta Eastwood no sigue el mismo sendero del film de Boorman, ni siquiera el de “El indomable Will Hunting” o “Descubriendo a Forrester” de Van Sant. Lo que propone el director es un relato sobre el cambio de vida ante la inminencia de la muerte incluso más que el acercamiento de culturas, la evolución de un hombre con demasiados prejuicios hacia una persona con un inquebrantable sentido de la justicia que busca a su vez enmendar errores del pasado.

Con su clasicismo habitual, en el que no faltan los naturales toques de humor, el director no cae en alegatos sensibleros ni en explicaciones redundantes, y expone sus cartas con la misma inteligencia y sobriedad de trabajos anteriores. Su trabajo a ambos lados de la cámara es sincero y justo, esquivando lo previsible en todo momento y consiguiendo una trama ágil y creíble que en otras manos habría caído en tópicos baratos. Además, “Gran Torino” no se excede en metraje ni parece tener más de un final, algo de lo que sí adolecen por ejemplo “Banderas de nuestros padres” o “El intercambio”.

Puede que haya quien no vea en ella la magnificencia de sus obras más célebres, pero la respuesta ha sido clara en Estados Unidos: esta película tan pequeña en apariencia como grande en contenido, con un presupuesto de apenas 25 millones de dólares, se acerca ya a los 100 en menos de un mes. Eastwood demuestra una vez más que aún hay sitio para las leyendas del celuloide, y se permite un auto homenaje en ese desenlace tan vinculado al western como Harry el Sucio a su arma. Y todo para hablarnos de un concepto como el de la justicia y la hermandad sin armas. Larga vida al maestro.
A favor: CLINT EASTWOOD
En contra: el sermón final, algo innecesario

miércoles, 21 de enero de 2009

"W." en La 2

Hace unos meses les presentaba el trailer de una de las películas que hacía furor en Estados Unidos. Oliver Stone, autoproclamado nuevo cronista de la política y la historia americana, dirigió a Josh Brolin en “W.”, su particular visión sobre la vida y obra de George W. Bush.

Pues anoche me llevé una sorpresa cuando recibí una llamada telefónica de mi hermano avisándome de que en La 2 estaban emitiendo una película sobre Bush, con motivo de su despedida definitiva de la presidencia. No podía creer lo que veía. Era precisamente el film de Stone, perfectamente doblado. Si la película se hubiera estrenado directamente en DVD lo habría entendido, pero no era así. La 2 la estrenaba en exclusiva, sin pasar por los cines españoles y mucho menos por el mercado digital doméstico. Que yo recuerde, es la primera vez que ocurre algo así, lo que demuestra la mala distribución de la película en nuestro país. ¿Significa esto que ya no podremos disfrutarla en cines, que su carrera comercial en España acabó precisamente anoche? ¿Y por qué en La 2, cuando en La 1 habría tenido mucha más audiencia? Y lo que es peor, ¿le dieron la publicidad suficiente tratándose de la película que es?

En cuanto al film, y a falta de una crítica más extensa, decir que no me ha decepcionado en absoluto, especialmente si tenemos en cuenta que el trailer anunciaba una comedia y que Stone es un director muy partidista, al cual podría habérsele notado cierta falta de objetividad en el tratamiento de la historia. Pero no, “W.” es bastante sincera en su cometido, aunque no elude los típicos excesos de montaje de su director, ya necesarios en su filmografía y que le confieren un ritmo muy ágil y accesible. Josh Brolin borda el papel, como de costumbre, y le acompañan secundarios míticos como Richard Dreyfuss, Scout Glenn, Ellen Burstyn o Stacey Keach, junto a de peso del cine actual como Thandie Newton, Toby Jones y Jeffrey Wright.

Sería muy raro que se estrenara en cines, pero a falta de una fecha definitiva de estreno en nuestro país, la película gracias a TVE estará ya disponible en Internet para descarga. Un ejemplo de mala distribución, sin duda.

sábado, 10 de enero de 2009

LA CRÍTICA

Siete almas ***

Compendio de buenas intenciones

En el clásico “Obsesión”, del gran maestro del melodrama Douglas Sirk, los destinos de Rock Hudson y Jane Wyman se veían unidos por una serie de fortuitas circunstancias. El detonante era el mismo esposo fallecido de Wyman, que se dedicaba a repartir de manera anónima buena parte del dinero que cobraba en sus consultas médicas. No es la primera vez que el altruismo inunda a la platea. Sirk se basaba en otro clásico homónimo filmado dos décadas antes, y Mimi Leder realizó su particular versión de la cadena de favores hace unos años, sin olvidar a la soñadora Amélie Poulain y a “¡Qué bello es vivir!” de Capra.

La segunda colaboración del tándem Gabriele Muccino-Will Smith constituye una mezcla de todas las películas anteriores, de buenas intenciones y un melodrama actualizado a los tiempos que corren, muy en la línea de su película anterior juntos, “En busca de la felicidad”. La historia nos presenta a Ben Thomas, un hombre a punto del abismo personal que para enmendar errores del pasado decide prestar ayuda a siete personas que realmente la necesiten. Con la película de Sirk guarda el toque romántico de la inesperada historia de amor que Thomas iniciará con Emily, una de las personas damnificadas. Todo lo que Ben hace sigue un plan meticulosamente preparado, el cual ni siquiera la aparición de Emily conseguirá echar por tierra, en un desenlace previsible pero justo con la propia historia, que elude eficazmente el happy end hollywoodiense.

A pesar de que “Siete almas” pueda atragantarse a más de uno por su exceso de sacarina concentrada en algunos fotogramas, lo cierto es que la apuesta de Muccino-Smith sale victoriosa en el apartado formal y dramático, si nos olvidamos de los excesos cinematográficos para lograr sus objetivos. Gran parte del peso recae en un acertado Will Smith, que cuando deja de demostrar que es un buen actor y transmite sinceridad, algo parecido a lo que ocurre con Angelina Jolie, resulta tan creíble dramáticamente como en sus comedias y cintas de acción. El omnipresente actor llena la pantalla en cada secuencia, y los solventes secundarios, entre ellos Rosario Dawson, consiguen no ser eclipsados por la estrella.

“Siete almas” es, además, un sentimental y provocador recorrido por el amor, la amistad, el altruismo y la condición humana que demuestra hasta qué punto puede una persona exponer su propia vida para ayudar al prójimo, al que puede que le sobre algo de metraje y buenas intenciones, pero que agradará a los seguidores de un Smith más intenso a la vez que no interesará a los que odien los telefilmes sensibleros de fin de semana, los cuales, por suerte, están muy por debajo en todos los sentidos de esta película.

Lo mejor: Will Smith, cuando no intenta demostrar que es buen actor
Lo peor: puede no convencer a los detractores de la sacarina cinematográfica
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