
Hacía trece años que Danny Boyle no sorprendía tan gratamente. “Trainspotting” fue una película pequeña que acabó convirtiéndose, con el paso de los años, en un fenómeno de culto, en algo grande. Pero que a nadie pille por sorpresa en su nueva película, pues ha venido a confirmar lo que los que hemos seguido fervientemente sus trabajos posteriores sabemos desde los tiempos de “Tumba abierta” o incluso la incomprendida “La playa”. Boyle es un enérgico, inquieto y habilidoso malabarista de la imagen y el sonido, un realizador capaz de insuflar sus obras de vitalidad pese a lo duro de algunos de sus temas.
“Slumdog Millionaire” sigue la estela de su segundo trabajo, y lo mezcla c

La opción A es en la que se sustenta buena parte del film. Los responsables del concurso creen que Jamal es un fraude, y por eso le arrestan y le torturan, dentro de los límites de los derechos humanos, para descubrirlo. Es en la comisaría, frente al comprensivo comisario, donde se repasan una a una las preguntas del concurso y se le pide a Jamal que explique cómo conocía las respuestas. Es entonces cuando el interrogatorio se transforma en flashbacks, uno por respuesta. Cada respuesta de Jamal va acompañada de una razón, y ésta está contenida en su propia experiencia. Sabiendo esto, las opciones A y C quedan descartadas.
A través de las preguntas del concurso veremos la inocencia de Jamal, poco consciente de su propia miseria; la relación con su oscuro hermano, de personalidad opuesta a la suya; su obsesión por Latika, aquella niña a la que ofreció cobijo cuando era pequeña y a la que busca desesperadamente... Todo conduce a pensar que Jamal ha tenido suerte.
Esta película tan pequeña en apariencia como aquel trabajo con el que despuntara hace más de una década

Así, “Slumdog Millionaire” no abandona un solo momento su premisa inicial de c

A favor: El enérgico montaje, la dirección, la forma de enfocar la historia...
En contra: Puede hacerse algo larga