jueves, 15 de septiembre de 2011

LA CRÍTICA: No tengas miedo

El vaso descompuesto

Hay temas sobre los que no es fácil hablar, y mucho menos abordar cinematográficamente. Cuando se tratan asuntos tales como la pedofilia, el maltrato a la mujer, los abusos infantiles o la homosexualidad y la homofobia, por citar sólo algunos ejemplos, es muy fácil caer en los tópicos y el sentimentalismo barato, en aprovechar para soltar el discurso demagógico e, incluso, quedarse en lo superficial y pecar de ingenuo. Por eso, “No tengas miedo” es una película tan incómoda y complicada de ver, por retratar el incesto y el abuso infantil, temas que sabemos que existen pero cuyo tratamiento se nos atraviesa.

Afortunadamente, no podría haber caído en mejores manos. Seis años ha tardado Montxo Armendáriz en volver al cine tras la pequeña pero espléndida “Obaba”, y lo primero que demuestra tras todo este tiempo es que su sensibilidad a la hora de contar historias, su maestría para contar mucho desde la simplicidad, sigue intacta. Y debido a ello, es una alegría ver que uno de los mejores autores del cine español sigue en plena forma.


Si ya de por sí su historia es difícil, el tono elegido para contarla es frío y objetivo, lo cual la hace aún más compleja. Armendáriz rehúye de los juicios morales. No cuestiona a sus personajes, sino que permite que la narración fluya por sí sola, tratando de igual manera al depredador y a su presa. Todo con una ausencia casi total de banda sonora, con una fotografía sublime y un tono a veces documental que se refuerza con los realistas testimonios de otras víctimas.


“No tengas miedo” es la historia de Silvia, una bella chica que parece tenerlo todo para disfrutar de una vida feliz. Una familia acomodada, un enorme talento para la música, seria, responsable. Pero Silvia esconde un terrible secreto que comenzó en su infancia y se perpetuó hasta su madurez y que marcará su vida, su salud mental, sus relaciones personales. Silvia es ahora un juguete roto, un vaso en caída libre condenado a romperse contra el suelo, una niña encerrada en el cuerpo de una mujer que sigue debatiéndose internamente acerca del ambiguo amor que siente por su padre, que le transmitió sentimientos encontrados acerca de cómo debe manifestar un padre cariño hacia su hija. Pero lo peor es que está sola, abandonada tanto por sí misma, incapaz de manifestar sus sentimientos y desprenderse de esa espina clavada, y por sus seres queridos, en especial por esa madre que, como muchos de nosotros ante problemas de esta índole que nos rodean, ha preferido hacer oídos sordos y construirse una existencia idealizada.


En este film no hay grandes dramones, no hay efectismos baratos. Armendáriz apuesta por la sobriedad narrativa, por dosificar la información y no desvelar los misterios hasta que llega el momento oportuno, y por sugerir más que mostrar explícitamente. Y lo acertado de este enfoque es que produce mucho más miedo y estremece en mayor medida, y ayuda que nos acerquemos a Silvia y a la figura del padre, magníficamente interpretados por el siempre magistral Lluís Homar y una sorprendente y reveladora Michelle Jenner. Solamente resbala en su optimista acto final, que rompe con la dinámica que llevaba hasta entonces la película. Pero hasta los vasos que se rompen en pedazos contra el suelo merecen ser recompuestos antes que desechados y olvidados.

A favor: Michelle Jenner y Lluís Homar, y el tono escogido por Armendáriz
En contra: que dicho tono puede hacer al espectador desconectar, y el esperanzador desenlace

Valoración: ***1/2

1 comentario:

Mario dijo...

Muy buena la crítica, la haces ver como una estupenda película con la delicadeza suficiente como para sugerir más que ser sensacionalista y efectista, es cierto que hacer un drama serio es todo un reto, se cree que por ser un género amplio se puede conseguir plasmar fácilmente las ideas pero si hay de por medio temas complejos como el incesto es arduo llegar a resolverse con solvencia. Voy a tenerla en cuenta. Un abrazo.

Mario.

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