martes, 20 de septiembre de 2011

LA CRÍTICA: El árbol de la vida

Creer para ver

En la emblemática escena inicial de la no menos memorable epopeya anti-belicista “La delgada línea roja”, el soldado Witt (Jim Caviezel) le decía al escéptico sargento Welsh (Sean Penn) que había visto otro mundo mejor que este, un paraíso terrenal que a veces sospechaba que era producto de su imaginación. No andaba desencaminado el combatiente. Justo al final de la película, Witt entendió que el paraíso existía, pero solamente en su interior, y se abandonaba a su destino en una de las muertes mejor filmadas de la historia del cine. Era la batalla entre la ciencia y la fe, entre la naturaleza y la gloria, entre los que quieren buscar respuestas y los que saben que estas llegan en forma de epifanía, como pistas aparentemente inconexas que juntas componen una revelación ulterior.

Escribir en pocas palabras las sensaciones que despierta “El árbol de la vida” no es fácil. Estamos ante una obra tan compleja, y posiblemente la más completa de la filmografía de su director, que no la mejor, que requeriría páginas y páginas de profundo análisis. El film recoge, como en trabajos anteriores, el amor por la vida, la naturaleza, todo lo que nos rodea, expresado en unas imágenes de incalculable belleza y unos personajes que hacen manifiestas sus tribulaciones. Y sobre todo, un trabajo con mucho amor, el motor que todo lo mueve e impulsa la vida en el universo.


La mejor manera de definir la película es precisamente mediante sensaciones. Exige una predisposición por parte del espectador tal que la mejor manera de disfrutarla es dejarse llevar por ella, más que tratar de entenderla del todo. El cine de Terrence Malick exige creer para ver, y no ver para creer, y sólo aquellos que logren este objetivo podrán gozar de toda su magnificencia. No es una cuestión de inteligencia, y esto debe quedar bien claro, sino de sensibilidad, de creencias, de fe.


El libro de Job sirve de leit motiv para toda la cinta. Los personajes se preguntan constantemente “¿Dónde está Dios, por qué nos ha abandonado y nos deja sufrir tanto si somos tan buenos y trabajadores, mientras los malvados y ociosos llegan a lo más alto?” La respuesta a tan trascendentales cuestiones se recoge precisamente en esa parábola del hombre justo y bondadoso que no sufre más que desdichas. “¿Dónde estabas tú cuando yo ponía los cimientos de la tierra?” responde el Señor. En este sentido, puede parecer que nos ha dejado a nuestra suerte. Pero el Dios de Malick está presente en esa cámara que planea alrededor de los protagonistas como si del viento se tratara, está presente en los árboles que echan sus raíces tan profundas como para aguantar el paso del tiempo, y está presente, como descubriría el propio soldado Witt, en todos nosotros, y en definitiva en todo lo que nos rodea.


Por supuesto, el film no está exento de limitaciones. Malick tiene la osadía de plantar, a poco de comenzar el metraje, las imágenes más hipnóticas que un servidor recuerda desde “2001: Una odisea del espacio”, y que harían que el mismísimo Kubrick se levantara a aplaudir. Una sucesión de secuencias poéticas de una majestuosidad y belleza indescriptibles, donde el realizador, casi a modo documental y apoyándose en la “Lacrimosa” de Zbigniew Presiner, hace un recorrido de casi veinte minutos por la historia del mundo, desde el Big Bang hasta la extinción de los dinosaurios, abarcando aspectos tales como la compasión, el amor y el milagro de la vida, tan antiguos como el mismo universo y las sensaciones que experimentamos. Éste es el tramo menos llevadero de la propuesta, el que podría hacer que muchos abandonaran la sala, y el que deja claro que no estamos ante un film para todos los gustos.


Pero donde pone toda la carne en el asador, y sale victorioso, es en ese microcosmos que compone la familia norteamericana de los años cincuenta protagonista, marcada por la figura de un padre autoritario –soberbio Brad Pitt- y una figura maternal compasiva –formidable Jessica Chastain- que encarnan la cara y la cruz del amor, y unos hijos, especialmente el mayor –encarnado en el futuro por un desubicado Sean Penn embutido en un mundo de muros de cristal sin alma-, que más que odiar o amar a su padre deberá desafiarle y aprender a derribarle. Unos personajes que lanzan al cielo la pregunta “¿Por qué?” sin saber que la respuesta está en su propio entorno y que ha sido así desde el comienzo de los tiempos, en la forma de una madre naturaleza que permanece constante al paso de los años, testigo de los designios de cada especie que ha habitado su superficie. En este sentido, filma el nacimiento de un ser humano y su muerte con la misma sensibilidad e importancia con que retrata el surgimiento y ocaso de una gran estrella.

El cineasta se guarda el acto menos original para el desenlace, ese en que nos sirve su propio paraíso como un lugar en que vivos y muertos se perdonan y avanzan juntos, tal y como hacían los personajes perdidos de esa gran serie llamada “Lost”, en un desenlace que no fue del gusto de todos. Una visión del cielo tan evidente que choca con el juego de sutilezas y dobles lecturas de todo el conjunto, una exquisitez para paladares selectos en la que Malick levanta su propia iglesia ayudado por la excelsa fotografía de Emmanuel Lubezki, la evocadora banda sonora de Alexandre Desplat y una magnífica selección de música clásica, y donde ciencia, fe, naturaleza, buenos y malos, se dan la mano. Porque todos están conectados, y todos forman parte de lo mismo. Ha sido así siempre, y así seguirá siendo.



A favor: la parte terrenal de la cinta, y unas imágenes de lo más estimulantes
En contra: un Sean Penn un tanto desubicado y el acto final

Valoración: ****

5 comentarios:

Jerry F dijo...

A mí, personalmente, lo único que me pareció bueno de este peculiar filme es precisamente su visión del Big Bang, la evolución, etc. Además, el único otro momento que para mí se salva del resto de eventos soporíferos (desde mi punto de vista) es el crecimiento de un niño: el ver cómo el niño va aprendiendo a hablar, curiosea, se enfada, tiene celos del hermano menor, etc. Esos minutos me parecieron absolutamente magistrales. Sin embargo, tras ese pico emocional, me parece que la película va perdiendo sentimiento, y que los personajes, o más bien la forma en la que Mallick nos presenta su historia, no son capaces de que el público permanezca atento.

Además, considero que la fotografía no es para nada acertada. Hay otros realizadores que sólo mediante imáginagenes son capaces de transmitirnos muchísimo. Sin embargo, para mí, en este filme la fotografía no transmite tanto. Transmite, indudablemente, pero se trata de una transmisión escasa que nos deja un sabor agridulce en la boca.

Finalmente, el desenlace, como bien has dicho, es probablemente lo más flojo (y añado "innecesariamente alargado") de la película. Como ya has mencionado LOST, aprovecho para decir que en esa serie sí que supieron tratar bien el final: supieron cómo emocionarnos. Sin embargo, en esta película eso no es así. ¿Por qué creo eso? Pues porque considero que los personajes no nos han transmitido lo suficiente como para hacernos sentir alegría, emoción, o nostalgia. Considero que el guión está mal tratado: es una historia formidable pero hay un error en la forma de tratarla. Considero que Mallick ha querido ser más ambicioso de lo que cualquiera puede serlo, y eso provoca que más de la mitad de una sala de cine se quede vacía antes de que el filme haya alcanzado la hora y media de duración.

Con esto simplemente quiero dar mi opinión: no creo que yo tenga la razón, o que tú la tengas. Considero que ambos la tenemos porque, para mí, el cine es muy personal y subjetivo.

A pesar de discrepar en cuanto a esta película, quiero decirte que me encanta tu blog, y que lo visito con frecuencia. Si te apetece ojear el mío, se llama "Malditas Criticas de Cine" (www.malditascdecine.blogspot.com).

Enhorabuena por tu blog.

El Cinéfago dijo...

Hola Jerry F. Antes que nada, muchas gracias por tu comentario, y me ha gustado tu mini-análisis, muy respetuoso y congruente.

Coincido con todo lo que mencionas, salvo con la fotografía, que a mí me ha parecido soberbia. Quizá el que no transmita no se deba a la fotografía en sí, sino al mismo film. Las imágenes son de una belleza sublime, pero como bien dices, hay tan poco tratamiento de personajes que te sientes desconectado. Posiblemente, con quien más consigues identificarte es con el mayor de los tres hijos y su relación con su padre. Con respecto a esto, me emocioné con el momento en que Brad Pitt se sincera con él y da sus razones acerca de por qué fue tan duro. Y es curioso que precisamente la parte que obliga a muchos a abandonar la sala -normal, es como si Kubrick hubiera insertado el desenlace de 2001 al comienzo-, la de la creación, sea la que más te guste. Yo me quedo con el retrato de esa familia, pero reconozco que sin esos veinte minutos la obra estaría incompleta.

En cuanto a Lost, coincido también contigo. Hace poco, publiqué una entrada con la banda sonora y manifesté mi impresión sobre el final, argumentando que muchos no fueron capaces de encajarlo. Alguien publicó un comentario diciendo que si me las daba de listo por ello, pero demostraba haber malentendido mis palabras. Tanto esta película, como la esencia de Lost, no es para personas inteligentes, sino que es más una cuestión de sensibilidad, de fe, de conectar con una obra y compartir lo que esta transmite. Por ello, El árbol de la vida es tan complicada, y solamente unos pocos "iluminados" sabrán apreciarla. Pero, insisto, no tiene que ver con la inteligencia. El final de Lost fue épico y emocionante, emotivo y lacrimógeno, pero sólo para los que hayan captado la esencia de la obra. Los que no, buscarán solamente respuestas.

Para acabar, muchas gracias por avisarme acerca de tu blog. No tengo mucho tiempo para visitar a todos mis seguidores, pero me pasaré por tu blog en cuanto pueda. Y me alegro de que te haya gustado el mío, significa que las cosas, al menos para algunos, están bien hechas. Ya hablamos.

Gabo dijo...

Excelente critica Cinéfago! Y mira que analizar está pelicula es más difícil que entenderla!

Ramarco la frase que me encantó de tu reseña:

'El cine de Terrence Malick exige creer para ver, y no ver para creer, y sólo aquellos que logren este objetivo podrán gozar de toda su magnificencia' Knock Out 1

Y la comparación del final con el final de la majestuosa LOST Knock Out 2


Saludos!

El Cinéfago dijo...

Muchísimas gracias Gabo por tu comentario. Esa frase precisamente ha sido la que creó polémica con Jerry F, pero espero que ya haya aclarado a qué me refería. No es cuestión de inteligencia,sino de fe. Esta película crecerá con el tiempo y la memoria.

El Cinéfago dijo...

Muchísimas gracias Gabo por tu comentario. Esa frase precisamente ha sido la que creó polémica con Jerry F, pero espero que ya haya aclarado a qué me refería. No es cuestión de inteligencia,sino de fe. Esta película crecerá con el tiempo y la memoria.

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