jueves, 16 de agosto de 2012

LA CRÍTICA: Los tres chiflados

A mamporro y porrazo
Que dos abanderados del humor soez y vulgar pre “Family Guy” como los hermanos Farrelly se encarguen de la puesta de largo de un icono incontestable de la cultura norteamericana como es “The Three Stooges” es cuanto menos curioso. Estos personajes rellenaron más de 200 cortometrajes cinematográficos que se exhibieron antes de que la pequeña pantalla les tomara el relevo con éxito, haciendo gala de una comicidad física, una comedia que a mamporro y porrazo limpio constituiría, junto a Charlot o Buster Keaton, la firme precursora del slapstick cinematográfico.

En una época en la que Judd Apatow se ha erigido como padre absoluto de la comedia made in USA, con su humor a medio camino entre lo grotesco y lo almibarado, y en la que un oso malhablado triunfa en su territorio, llegan estos tres chiflados para dirigirse expresamente al público infantil de la mano de dos de los cineastas más relevantes de la comedia políticamente incorrecta de los 90.


Salvo algunos pasajes que tienen puro sello Farrelly, como la urinaria escena de la sala de neonatología, lo que sorprende es que los dos hermanos han sido tremendamente fieles y respetuosos con el material original. Moe, Curly y Larry vuelven con más fuerza que nunca, como si por ellos no hubieran pasado los años, llevando por bandera el mismo humor descerebrado y básico con el que triunfaran hace ya noventa años. Sus tres actores protagonistas se mimetizan de manera inmejorable con sus personajes, arropados por algún secundario agradecido –ese Larry David como cascarrabias monja-, y dejando para la imaginación cómo debió quedar la propuesta con Jim Carrey, Benicio del Toro y Sean Penn encabezando el reparto. Sin duda, no habrían estado a la altura de lo que Sean Hayes, Chris Diamantopoulos y Will Sasso nos ofrecen.


Pero “Los tres chiflados”, aunque le pese reconocerlo a sus responsables, no han envejecido demasiado bien. Y no es culpa de sus directores, que les realizan un nostálgico homenaje en el que el respeto y la admiración salen a flote en cada fotograma, aunque se tomen ciertas licencias inevitables para actualizarlos –atención al momento “Jersey Shore”-. Es culpa de la propuesta en sí, tan respetuosa con la original que se ha quedado anticuada. Porque, en plena era del humor macarra, los mamporros y porrazos de estos tres chalados no servirán más que para llenar de niños las salas comerciales. Si es que lo consiguen.

A favor: sus tres actores protagonista, y el trabajo de amor de los Farrelly hacia el material de partida
En contra: en plena época del humor vulgar, estos tres chiflados se han quedado anticuados

Calificación: **1/2
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