viernes, 22 de marzo de 2013

LA CRÍTICA: The Bay

El terror ecológico
Nunca he entendido el recelo que muchos guardan hacia Barry Levinson. Más allá de galardones discutibles –que este señor no sólo tiene un Oscar, sino que ha triunfado en los Emmy y dos veces en Berlín, entre otras muchas menciones- es un artesano, que no un mercenario, de los de toda la vida, de esos a los que puedes encargar un trabajo con la casi total seguridad, salvo excepciones, de que hará un buen trabajo. Aunque a veces dé la sensación de que acepta cualquier tipo de trabajo y se vende al mejor postor. Sea como fuere, ha tocado casi todos los palos imaginables, desde el drama y la comedia hasta la ciencia-ficción, pasándose ahora al terror con “The Bay” para demostrar si su versatilidad, pese al paso de los años, sigue aún vigente.

Sin embargo,  conviene aclarar un punto importante. “The Bay” no es, realmente, un film de terror. Es más bien un falso documental con tintes terroríficos, donde el terror está en lo que se cuenta, en los estremecedores hechos ocurridos en esa localidad costera en la que se desata una extraña infección que diezma su población en apenas 24 horas. Sí, tiene un par de sobresaltos realmente conseguidos aunque previsibles, pero su intensión es generar interés y tensión en lo que se cuenta.


Y en este sentido, consigue de sobra su cometido. El enérgico montaje, compuesto por historias paralelas ocurridas a las víctimas en el fatídico Día de la Independencia norteamericana, y el contexto y la vocación de mockumentary de la propuesta justifican de sobra el uso del dichoso found footage, un recurso narrativo que en otros filmes puede resultar forzado y reiterativo. Levinson logra que la técnica acompañe a la historia y la narración se haga fluida, sin abandonar casi en ningún momento su propia premisa artística.


Sin ser sobresaliente, le sobra, eso sí, más de una explicación reiterativa en forma de molesta voz en off y resúmenes visuales, y la cinta pierde algo de fuelle en su tramo final una vez ya tiene todo el pescado vendido. Pero Levinson ha vuelto a demostrar lo bien que se adapta a cualquier género y época, y postula aquí un documental de terror ecológico muy por encima de esos filmes de found footage que normalmente llegan a nuestras pantallas, en los cuales la técnica no ayuda a la historia. Y, encima, deja un mal rollo en el cuerpo indescriptible, prueba irrefutable de que ha conseguido lo que buscaba, que pensemos que lo que en ella se cuenta podría ocurrir cualquier día.

A favor: que el found footage está totalmente justificado, y la posibilidad de que esto llegue a ocurrir algún día
En contra: es demasiado reiterativa en sus explicaciones
Calificación: ***1/2

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