sábado, 2 de febrero de 2013

LA CRÍTICA: Hitchcock

La gigantesca sombra del maestro
“Hitchcock” comienza con un brutal guiño a “Alfred Hitchcock presenta”. El director nos introduce en la historia de Ed Gein, el asesino en serie que sirviera como base para el Norman Bates de la novela “Psicosis”, de Robert Bloch. Y lo hace como en la serie de televisión, de una manera desenfadada, armado con un humor negro que le hace dar gracias a la ingenuidad de la policía por creerse las mentiras de Gein. Porque, como sarcásticamente apunta, si no hubiera sido así no habríamos podido disfrutar de una de sus grandes obras maestras. Ni existiría esta pequeña película.

Lo sorprendente de este film es que el tono de su serial sigue presente durante todo el metraje. No estamos ante un biopic al uso, sino ante la historia de un hombre que bien podría haber sido un asesino –interesante usar a Gein como su consejero particular-, pero que decidió descargar sus impulsos en metros y metros de celuloide. Unos impulsos obsesivos, casi enfermizos, que bien podrían haberse equiparado con los de Bates o con el James Stewart de “Vértigo”. Aquí asistimos al proceso de concepción de su obra más desafiante, la más polémica, pero desde un punto de vista casi caricaturesco.


Un proceso en el que jugaba un papel decisivo su esposa Alma, una relación que es el verdadero motor de esta cinta. Por el rodaje de “Psicosis” se pasa muy de puntillas. De la vida de su protagonista, que no del genio, ni se preocupa más allá de una serie de rasgos muy reconocibles que le definían y de una serie de guiños que serán bienvenidos por todos aquellos que le admiramos. “Hitchcock” es, realmente, un tributo a la rubia que estaba tras el maestro del suspense, la mujer que hay tras todo gran hombre.


Pero este hombre es tan grande que esta tv movie estrenada por la puerta grande no le hace justicia. Su sentido del humor, sus simpáticas referencias al maestro y su ajustadísimo metraje lo hacen una película amena, para pasar el rato, algo que no está a la altura de Alfred Hitchcock. Sacha Gervasi se queda en lo superficial, no profundiza en todos los flecos de una historia con tanto potencial como esta, y todo queda en una propuesta amable, sin más. En sus actores, salvo en la gloriosa Helen Mirren, también se intuye esta superficialidad. Todos imitan a sus referentes sin aportar ningún matiz, especialmente un Anthony Hopkins con un maquillaje algo chanante que ejemplifica a la perfección el espíritu caricaturesco del conjunto.


Al final, el propio Hitchcock despide la película a la espera de que algo le de la inspiración para su próximo proyecto. Y el sentido del humor del maestro hace, de manera previsible si conocemos su filmografía, acto de presencia. Es la mejor manera de acabar una cinta recorrida por la mordacidad, pero perseguida por la gigantesca e inconfundible sombra de uno de los mejores realizadores de la historia del cine.

A favor: Helen Mirren, y el sentido del humor del maestro recorriendo el metraje
En contra: que no le hace justicia a Hitchcock
Calificación: **1/2

2 comentarios:

sergio santana dijo...

Tengo que verla...pero discreparemos, seguro. puedo olerlo (y me he duchado).

manipulador de alimentos dijo...

Una buena historia, bien contada, con un Hitchcock amable que muestra ante la pantalla todas sus neuras y debilidades de la mano de Alma, su comprensiva esposa. Buenas interpretaciones para una película que hace pasar un buen rato. Un saludo!

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