martes, 6 de marzo de 2012

LA CRÍTICA: Los idus de marzo

Idealismo, lealtad, política

Tarde o temprano, George Clooney acabaría vertiendo las tintas de su orgullosamente público activismo político contra los dirigentes del mundo, contra las manos que mueven los hilos y rigen nuestro futuro. Y ha sido en su cuarto trabajo como director tras la espléndida “Confesiones de una mente peligrosa”, la magistral “Buenas noches, y buena suerte”, y la menor y ligera “Ella es el partido”, cuando ha decidido lanzarse al ataque, en una época en la que la política se encuentra desvirtuada como servidora del pueblo, por culpa sin duda alguna de los que la manejan.

Clooney se reserva un pequeño pero decisivo papel en este circo, creando un candidato al que destrozar, inexistente en la obra teatral en que se basa, un hombre de aparentes firmes convicciones en el que todos creen y cuya imagen se va desmoronando a ojos del idealista  protagonista, Ryan Gosling, que deberá debatirse entre la lealtad a su partido y sus ideales. ¿Verdad o política? He ahí la cuestión.


Clooney acierta en su dirección de actores, un elenco de estrellas que se luce totalmente, desde el magnético Gosling hasta los siempre solventes Philip Seymour Hoffman y Paul Giamatti, dos actores a los que siempre merece la pena ver en pantalla, pasando por la cada vez más imprescindible Marisa Tomei y el carisma del propio director/actor.


Pero al guión se le ve el plumero, y de qué manera. “Los idus de marzo” hace honor a la hipocresía de su propio título –los idus eran fechas en el calendario romano que traían buenos augurios, pero en los idus de marzo fue asesinado por sus senadores Julio César, que jamás creyó que algo pudiera ir mal en esas fechas- y su discurso hace gala de cierto maniqueísmo y de un descarado oportunismo.


Clooney apuesta por una puesta en escena simple para contar algo que él cree importante, con una solemnidad que raya lo insoportable por panfletaria, y el film acaba resultando irregular. Porque es durante la segunda mitad del metraje cuando transcurre lo más interesante, tras un primer acto interesante pero aburrido. La película cambia de rumbo hacia el thriller conspiranoico e inteligente al más puro estilo Lumet o Pollack, muy logrado en su factura cinematográfica, pero que llega demasiado tarde para levantar el conjunto. Y no le ayuda nada que a la memoria te venga esa obra maestra del cine contemporáneo que es “El escritor”, de Roman Polanski.

A favor: su reparto, y su giro hacia el thriller en su segundo acto
En contra: su giro de guión llega tarde y su discurso es demasiado oportunista y panfletario

Valoración: **1/2

2 comentarios:

Charly Hell dijo...

Aun no he visto ninguna peli dirigida por Clooney. Sobre las pelis de política norteamericana, tengo mis reservas.

Saludos.

El Cinéfago dijo...

Ya somos dos. El cine sobre política norteamericana suele aburrirme, salvo honrosas excepciones. Del Clooney director prefiero "Buenas noches, y buena suerte". Magnífica.

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