¡Tim Burton está vivo!
Hubo un tiempo en que
el nombre de Tim Burton era sinónimo de identidad, de autoría. Una identidad
que dio paso, a comienzos de la pasada década, allá por el estreno de “El
planeta de los simios”, a una marca comercial que sacaba productos como si de
una enorme cadena de montaje se tratara. Productos que, más allá del sello
estético característico de su creador, carecían del alma del cineasta que nos
había brindado en el pasado joyas como “Ed Wood”, “Eduardo Manostijeras” o “Sleepy
Hollow”. Sí, en estos diez años, Burton ha dado buenas películas, pero todas
fruto de esa maquinara hollywoodiense impersonal e innecesariamente digital
para la carrera del director, que incluso cedió ante una fotografía
excesivamente luminosa –cuánto daño ha hecho en este sentido la Trilogía del
Anillo de Peter Jackson-.
Curiosamente, la que
quizá sea su cinta más personal en este periodo haya sido “La novia cadáver”, y
es en el terreno del stop motion
donde hemos recuperado al mejor Burton. Porque sí, con “Frankenweenie”
recuperamos un retazo enorme del autor que está tras la marioneta de los
estudios, ese que tiene que sacarse algunos proyectos comerciales y a veces
insustanciales para dejar contentas a las productoras y regalarnos joyas como
la que nos ocupa. Si entonces era la fantástica, pero impersonal, “Charlie y la
fábrica de chocolate” la que permitía a Burton ganarse la confianza de la
Warner para un proyecto mucho más personal, ha sido esta vez “Alicia en el País
de las Maravillas” la que ha hecho posible que Disney le costee este capricho.
Y, en este sentido, bienvenidas sean todas esas cintas que sirvan para hacer
caja.
Aquí no solamente
recuperamos la estética tenebrosa marca de la casa, sino que asistimos a un
monumental homenaje al terror clásico de la Universal y la Hammer, cameo de
Vincent Price incluido. “Frankenweenie” es la adaptación al largo del corto
homónimo que Burton realizara hace tres décadas, y su autoría está en el mismo
tono de la propuesta. Una autoría que supone un riesgo al que debemos dar la
bienvenida con los brazos bien abiertos. Es decir, un film de animación en blanco
y negro, con un impecable cuadro artístico –desde la banda sonora de Danny
Elfman, tremendamente acertado en esta ocasión, hasta la monocromática fotografía
de Peter Sorg-, y que no es precisamente para toda la familia –de hecho,
avisados están, hay pasajes de puro terror-.
Como hándicap podría
destacarse que tiene numerosos altibajos, especialmente cuando sigue a
rajatabla la historia del corto en que se basa, pero esto queda olvidado
fácilmente con un continuo in crescendo que culmina en una monster movie colosal que se convierte en toda una delicia para los
amantes del género. Es entonces cuando “Frankenweenie” se eleva por encima de
otras cintas de animación del año y se hace un huequito en la historia del
cine. Por eso y porque recuperamos al mejor Tim Burton en años. Podemos
afirmarlo: ¡Está vivo! Aunque me temo que será por poco tiempo.
A
favor: que hayamos recuperado al mejor Tim Burton en años,
y el colosal momento monster movie
En
contra: los momentos en los que más se parece al corto
original, especialmente entre quienes ya lo conocemos de sobra
Calificación: ****