viernes, 29 de junio de 2012

LA CRÍTICA: Extraterrestre

Cosas de marcianos
“Extraterrestre” termina casi de la misma manera que “Los Cronocrímenes”, el clásico moderno de culto de Nacho Vigalondo. Dos personajes sentados en sus hamacas contemplando el panorama con la cotidianeidad de quien lleva toda su vida inmerso en el conflicto al que se enfrentan. Con su opera prima, este segundo trabajo guarda además otra poderosa característica, su condición de relato más acorde a los parámetros del cortometraje, si bien el desarrollo de su nueva propuesta no se ve lastrado, como ocurría entonces, por la constante sensación de que todo habría resultado más verosímil en el universo del corto.

Y más allá de su más que demostrada cualidad para crear historias y situaciones aparentemente cotidianas, se acabaron las similitudes. “Extraterrestre” es todo lo que “Los cronocrímenes”, por ser un debut, jamás pudo ser. Vigalondo cuida a sus personajes –en su anterior película, lo importante era la historia, hilar la trama de principio a fin-, les da dimensión y empaque, y demuestra una madurez en el guión y en la dirección técnica y artística abismal con respecto a su predecesora.


Porque pocos realizadores pueden tratar una invasión alienígena sin abandonar las paredes de un piso ni las idas y venidas de sus cuatro protagonistas. La invasión es una excusa para encerrarles, para que tres elementos se desvivan por la maravillosa Michelle Jenner y se pongan la zancadilla los unos a los otros. Su título no hace alusión a los visitantes. Los verdaderos extraterrestres de Vigalondo ni siquiera se hacen pasar por humanos. Son todos esos que, cuales pagafantas, no se dan cuenta de cuándo están de más en un grupo y en la vida de otras personas.



“Extraterrestre” es una comedia viva, fresca, más de sonrisa que de carcajada, con cuatro actores excelsos –especialmente Carlos Areces y Raúl Cimas-, y que no llegará a la categoría de culto, sino que quedará como una comedia simpática. Pero eso le pasa a ese marciano llamado Nacho Vigalondo, capaz de parir filmes tremendamente marcianos y que aún no tienen su público asegurado. Y, sin embargo, son comedias marcianas como esta las que necesita el cine español. No hace falta salir del planeta para sentirnos extraterrestres. Ya lo hace esa generación de cineastas curtidos en la década de los 80 por nosotros, con Vigalondo, Bayona y Cobeaga a la cabeza, y en cuyas manos está el futuro de nuestro cine.

A favor: Carlos Areces y Raúl Cimas, dos robaescenas natos
En contra: hay que ser bastante marciano para que el cine de Vigalondo termina de encajar entre el gran público

Calificación: ****
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