lunes, 31 de agosto de 2009

La película del mes

Cada final de mes les traigo el análisis de algún film que viera en mi infancia (o no), que me impactara o me decepcionara sobremanera, con el objetivo de ver cómo el tiempo pone a cada cosa en su lugar

Evil Dead: La trilogía ****

Tres no son multitud

Este verano, Sam Raimi volvía a sus orígenes, al terror salpicado por casquería y humor, con “Arrástrame al infierno”. Por ello, creí conveniente dedicar la película de este mes a su opera prima, “Posesión infernal”. O mejor dicho, a la trilogía completa “Evil Dead”. Así que este mes toca ración triple de película. Porque en este caso, tres no son multitud.

Hablar de “Evil Dead” es hablar de mucho más que de su director. De nuevo, tres no son multitud, y la trilogía no sería hoy posible sin la colaboración de dos personas indispensables en su historia. La primera fue el productor Robert Tapert y la segunda el actor Bruce Campbell. El trío de amigos decidió realizar un cortometraje, titulado “Within the woods”, en la cual un grupo de adolescentes bastante descerebrados quedan a merced de algo maligno que habita en el bosque y que irá poseyendo a cada uno de ellos. Con esa pieza de 30 minutos, Raimi se pasó por los despachos de productores de poca monta, con el fin de que le financiaran la versión extendida. Pero nadie apostó por la propuesta.

Los tres demostraron una infinita pasión por hacer cine cuando, sin desalentarse ante la negativa de las productoras, reunieron el dinero suficiente –apenas 350000 dólares, parte de los cuales se consiguieron exhibiendo el corto en cines locales- y montaron una productora propia, Renaissance Pictures, Ltd., con la cual realizarían la película de terror gore más salvaje, entretenida y transgresora del género por entonces, la que consiguiera que éste diera un paso adelante. Así que realizaron un casting muy rápido para encontrar a los tres actores restantes –en total serían cinco, pues se recurrió a Campbell y Ellen Sandweiss, protagonistas de “Within the woods”- y ahorrando en equipo técnico lo máximo posible. Si bien los tres amigos figuran como director, productor y actor, sus tareas durante la filmación iban desde labores de montaje y sonido –sostener el micrófono- hasta trabajos de asistencia –llevar cafés, por ejemplo-, pasando por la interpretación, aunque fuera sin frases –los pescadores que se ven al comienzo, por ejemplo, son Raimi y Talpert, y la voz demoníaca que posee a los cuerpos es del primero-. Entre los miembros del equipo se encontraba Joel Coen, ayudante de montaje por entonces de Raimi, el cual hizo un cameo en “Muerte entre las flores” y “El gran salto”, dirigida por Coen y en la que fue guionista. A su vez, los hermanos Coen escribieron el guión de la segunda película de Raimi, “Ola de crímenes, ola de risas”, y no se puede negar que “Arizona Baby” tiene ramalazos raiminianos, mientras que “Un plan sencillo” recuerda mucho a “Fargo”.

En 1979 comenzaba la filmación, durante la cual se hizo todo lo posible por ahorrar presupuesto. Por ejemplo, si alguno de los actores se ausentaba, lo cual era muy común, se recurría a amigos o parte del equipo para que aparecieran dando la espalda a la cámara en secuencias en las que no era necesario que se les viera la cara. Esta práctica se usó en el resto de la trilogía, por ejemplo cuando aparece el mismo actor multiplicado varias veces, y recibió el nombre de Fake Shemps. Se rodó en los bosques de Tennessee y en una cabaña abandonada, pero si algo evidencia la falta de dinero es el avance del mal por el bosque. Conscientes de que mostrar al ser maligno físicamente podía no resultar económicamente viable, Raimi y los suyos hicieron de la escasez una virtud y apostaron por una idea acertada y que queda como uno de los momentos álgidos y más reconocibles de “Posesión infernal”: se usó la cámara subjetiva para mostrar el avance del demonio a través del bosque.

Ya desde los primeros minutos de “Posesión infernal” la sensación es de desasosiego, de que algo maligno se avecina. Raimi acierta de lleno con el uso de la cámara, los encuadres, los primerísimos primeros planos y las tomas sobreanguladas. Todo para crear una atmósfera que va enrareciéndose a medida que avanza el metraje. Dos claros ejemplos de atmósfera perfectamente conseguida es la de la cámara siguiendo al coche en su avance por el bosque, coche del propio Raimi y que aparece en todas sus películas, o ese golpear del columpio contra la cabaña que pone los nervios de punta.

En una época en la que el slasher de “La matanza de Texas”, “Halloween” o “Las colinas tienen ojos” era el que imperaba, aparece el 1 de Enero de 1983, tres años y medio después de comenzar el rodaje de 3 meses, una película modesta, esencialmente amateur, deudora directa de todas ellas –de hecho, en el sótano puede verse un cartel del film de Craven -y de algunas otras del género –es imposible no recordar, por el asedio en el interior de una cabaña abandonada en medio del bosque, a “La noche de los muertos vivientes”-, que consiguió precisamente lo que sus creadores buscaban: transgredir el género, llevarlo más allá. Puede que hace 27 años la cinta impactara más que hoy, pero el efecto que provoca incluso hoy en día es más rotundo que las mismas películas de Romero, Craven y Carpenter juntas, a las cuales el tiempo no ha tratado de la misma manera que al filme de Raimi. Incluso me atrevería a asegurar que su mezcla de terror exagerado y salvaje y su humor socarrón –esos demonios que se ríen y juguetean como niños con los vivos en lugar de matarles directamente-, su clara inclinación hacia el splatter más que hacia el simple gore, superan con creces a las de la opera prima de Hooper. Es precisamente su marcado aroma a cine primerizo, pero con mucha imaginación y un dominio de la técnica cinematográfica por parte de Raimi, y esa mezcla de humor y terror –la película asusta realmente, y mucho- que golpea al espectador lo que hace de ella algo único, diferente. De hecho, este cambio entre horror y comedia somete al espectador a tal ataque sensorial que es imposible acomodarse al verla, ante lo cual todos responden con risas como método evasivo.

El presupuesto se fue en el cuidado maquillaje, sobresaliente para los escasos medios con los que contaba. Una clara prueba es el tramo final, en el cual los cuerpos poseídos comienzan a descomponerse en la que es una de las secuencias más desagradables que un servidor ha visto en el cine, rodada fotograma a fotograma con plastilina. El broche de oro a esta orgía, premiada por la crítica en Sitges, lo pone la secuencia final, en la cual, cuando creemos que todo ha acabado, la cámara vuelve a avanzar rápidamente por el bosque, atraviesa la cabaña y se abalanza sobre el desprevenido Ash. Una orgía sangrienta –en realidad de sangre blanquecina, hecho a posta para burlar la censura estadounidense a la que podía verse sometida por su exceso de violencia; no obstante, fue censurada en varios países, y lo que vemos hoy en día en DVD es la versión completa- y visceral tremendamente divertida que aguanta indeleble el paso de los años, y que no consiguió una amplia distribución hasta que tuvo como padrino de oro a Stephen King, que la calificó como “¡¡¡La película más ferozmente original de 1982; sin lugar a dudas!!!”. Esto provocó que se recaudaran más de dos millones de dólares, convirtiéndola en un éxito comercial. Lo que llegó después fue una legión de fans que no hizo más que crecer con el paso de los años, y el reconocimiento de su director por buena parte de la crítica.
Si bien “Posesión infernal” se declaraba abiertamente rabiosa y original, además de ser más terrorífica que cómica, su secuela, que llegó 5 años después, cambiaría de tercio en cuanto al planteamiento de partida. De este modo, se sustituyó el splatter por el slapstick y se dio más protagonismo a Bruce Campbell, ya convertido en actor fetiche del realizador. Éste, a su vez, demostró su afición por el cartoon, algo que se puede comprobar tanto en el uso de la cámara, que consigue efectos realmente guiñolescos, como en la vertiente cómica de su protagonista, que sufre golpes mortales pero los sobrelleva como un auténtico muñeco, poniendo siempre a prueba las capacidades físicas, y faciales, de un Campbell tan sobreactuado como genial.

Así, con un presupuesto mayor -3 millones y medio de dólares-, lo cual hizo posible unos mejores efectos especiales, Raimi dirigió “Evil Dead II”, aquí titulada simplemente como “Terroríficamente muertos”. En realidad se trata de un pseudo-remake, por llamarlo de alguna manera, de la anterior. Sus responsables cambiaron la historia. En el resumen que el protagonista Ash hace al comienzo cuenta cómo solamente él y su novia llegaron a la cabaña y descubrieron un libro y una grabación, la cual contenía los ritos para despertar a algo maligno que yacía aletargado en el bosque y darle la posibilidad de poseer a los vivos, lo cual choca con la historia de los cinco amigos que se van de vacaciones a una casa perdida en medio del bosque. Donde sí empata esta secuela/remake es a partir del punto en que Ash es atacado por el ente maligno, repitiéndose la misma secuencia final de su predecesora. A partir de aquí encaja “Terroríficamente muertos” si nos olvidamos del resumen inicial.

El eje que motiva toda la demencia en la cual se ve envuelta la película es la lectura del libro. Si bien en “Posesión infernal” no se le daba nombre, ahora sabemos que es el Necronomicón Ex Mortis, o “Libro de los muertos” –así se iba a llamar inicialmente la primera entrega, pero se descartó por falta de tirón comercial-, un manuscrito forrado con piel humana y escrito con sangre por las fuerzas de las tinieblas. Llegados a este punto cabe realizar una puntualización. Siempre se ha identificado este libro ficticio de la película con el que ideara H.P. Lovecraft, algo lógico pues el nombre del mismo es similar y ambos aseguran describir ritos para devolver a los muertos y los demonios a nuestro mundo. No obstante, ni “Posesión infernal” es lovecraftiana, ni el Necronomicón que aquí se usa es el de Lovecraft. Ello lo evidencia el que nunca se mencione al autor en la película, ni lo hayan hecho sus responsables, así como la diferencia de intenciones de ambas obras: si bien la de Lovecraft es más psicológica y atmosférica, la de Raimi es más visceral y sangrienta. Puede establecerse cierto paralelismo, pero es conveniente separar ambas fuentes.

La idea aquí es clara: buscar el humor a través de la exageración, lo que la distancia de la anterior. Sin duda una de las secuencias más surrealistas se produce cuando la mano de Ash es poseída, convirtiéndose en juguetona y apaleando a su dueño en la más pura tradición del cine mudo –esta amputación hará que la reemplace por una sierra eléctrica, un arma humana más original si cabe que la reciente pierna-metralleta de “Planet Terror”-. De nuevo el grupo de actores es reducido –a Campbell se unirán tres actores más, más algunos figurantes- y el objetivo será más divertir y hacer reír que aterrar. Fue este cambio de tono en la trilogía lo que hizo que a algunos les costara captar la idea desde el principio. No obstante, la película funcionó relativamente bien en taquilla, aunque no tanto como la primera parte. Fue con el paso de los años que “Terroríficamente muertos” ha alcanzado el status de obra maestra, llegando incluso para algunos a superar a la anterior. Desde mi punto de vista no deja de ser divertida, pero es claramente inferior a la primera “Evil Dead”.
Aún así, “Terroríficamente muertos” es la perfecta transición entre la primera y la hasta ahora última entrega, titulada “El ejército de las tinieblas” –o más bien debería decir “Bruce Campbell contra El ejército de las tinieblas”, como rezan los créditos-, estrenada en 1992. Del terror con reminiscencias humorísticas pasamos al humor con pinceladas gore. Ahora la demencia es total, y el comienzo, salvo pequeños detalles, encaja con el final de la anterior. Ash, ya convertido en héroe bastante torpe, ha abierto el vórtice que llevará al demonio, el cual ya hemos visto físicamente en “Evil Dead II”, a su época. Así, nuestro protagonista se verá transportado junto a su coche –o debería decir el del director- a la época medieval, donde se convertirá en el elegido para librar a la humanidad de las fuerzas del mal. Para ello deberá conseguir el Necronomicón, pero cuidando recitar las palabras KlaatuVerata Nikto –la misma frase que servía para desactivar al robot en “Ultimátum a la Tierra-, o despertará al ejército de las tinieblas. Como es de esperar, Ash no recuerda la última palabra, y al recitar mal el conjuro el ejército, integrado por una horda de esqueletos deudora del maestro Ray Harryhausen, despierta de sus tumbas y comienza una batalla épica que ríanse del Abismo de Helm –sí, me divertí más con esta batalla que con la de Peter Jackson-.

Raimi consigue con esta tercera entrega una aventura muy divertida, en mi opinión superior a la anterior pero nunca por encima de la primera, que apuesta más por el humor y la épica que por el terror. De nuevo exagera hasta el límite las capacidades de Bruce Campbell, ya convertido aquí en ídolo de fans y en un referente claro del género, y logra una fastuosa ambientación gracias a su holgado presupuesto de poco más de 11 millones de dólares, apadrinados por todo un clásico, Dino de Laurentiis. Recurre de nuevo en la música a Joseph LoDuca, a quien acompaña el tema central “March of the Dead” compuesto por Danny Elfman y que acompaña al ejército de muertos, mientras que firma el guión esta vez junto a su hermano Ivan Raimi. Otro hermano de Raimi, Ted, aparece en la película interpretando hasta cuatro papeles distintos. Ted Raimi, al que habrán podido ver como secundario en numerosas películas, también aparecía en las dos anteriores películas de la trilogía, y normalmente es quien realizaba los Fake Shemps. En “Evil dead II”, por ejemplo, se encontraba bajo el enorme traje de látex de la Henrietta poseída. El paso por cines de la cinta fue más bien modesto, especialmente en España, pero su fama ha aumentado con el paso de los años, hasta el punto de generar un cómic.

Durante mucho tiempo se ha hablado de una posible cuarta entrega de la saga, con Ash siendo transportado a un futuro apocalíptico –de hecho era así como iba a acabar “El ejército de las tinieblas”-. Por ahora tendremos que conformarnos con estas tres películas que demuestran que tres no son multitud. Desgraciadamente, con el paso de los años el estilo de Raimi fue domesticándose según los requerimientos de la industria. Su mano se dejó ver tímidamente en la secuencia de la operación al Dr. Octopus en “Spiderman 2”, y de vez en cuando podemos ver algo de su inconfundible manera de mover la cámara y jugar con los encuadres. Casi lo consigue con su último trabajo, “Arrástrame el infierno”, pero en ésta se nota que está a merced de un gran estudio y no puede hacer gala de toda su mala baba. Lo próximo que tiene en mente es, aparte de la siguiente entrega del hombre araña, una adaptación del juego “World of Warcraft”. Otro intento de amansar a la bestia que lleva dentro. Esperemos que, como mínimo, nos recuerde al Raimi de “El ejército de las tinieblas”.

Enlaces de descarga
Posesión infernal

Terroríficamente muertos
http://www.megaupload.com/?d=7JRHTXPQ

El ejército de las tinieblas
(La contraseña para los archivos .rar es: rub3n
Enlaces extraídos de
www.taringa.net. Gracias al usuario rub3n)

Cortometraje Within the Woods (V.O.+subtítulos)
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Posesión infernal ****
(The Evil Dead)
1981, EE UU
Director: Sam Raimi
Productor: Robert G. Tapert
Productores ejecutivos: Bruce Campbell, Sam Raimi, R.G. Tapert
Música: Joseph LoDuca
Fotografía: Tim Philo
Guión: Sam Raimi
Intérpretes: Bruce Campbell, Ellen Sandweiss, Betsy Baker, Hal
Delrich, Sarah York
Fecha de estreno en EE UU: 1/1/1983
Fecha de reestreno en España: 18/5/2003

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Terroríficamente muertos ***1/2
(Evil Dead II)
1987, EE UU
Director: Sam Raimi
Productor: Robert G. Tapert
Co-productor: Gary Holt
Productores ejecutivos: Alex DeBenedetti, Irvin Shapiro
Música: Joseph LoDuca
Fotografía: Peter Deming
Guión: Sam Raimi, Scott Spiegel
Intérpretes: Bruce Campbell, Sarah Berry, Danny Hicks,
Kassie DePaiva, Ted Raimi, Denise Bixler, Richard Domeier
Fecha de estreno en EE UU: 13/3/1987
Fecha de estreno en España: 1988
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El ejército de las tinieblas ****
(Army of Darkness)
1992, EE UU
Director: Sam Raimi
Productor: Robert G. Tapert
Co-productor: Bruce Campbell
Productor ejecutivo:Dino de Laurentiis
Música: Joseph LoDuca, Danny Elfman
Fotografía: Bill Pope
Guión: Sam Raimi, Ivan Raimi
Intérpretes: Bruce Campbell, Embeth Davidtz, Marcus Gilbert,
Ian Abercrombie, Richard Grove, Timothy Patrick Quill, Bridget
Fonda, Ted Raimi
Fecha de estreno en EE UU: 19/2/1993

jueves, 27 de agosto de 2009

3D, la tecnología que podría acabar con la crisis en el cine

El 2 de Octubre llega a nuestras pantallas “Scar”, la autoproclamada primera película de ficción rodada en 3D de alta definición, lo mismo que veremos en Diciembre en “Avatar” y el año que viene en Alicia en el País de las Maravillas según Tim Burton. Lo sugerente de esta película es que se trata de un filme de terror, lo que unido a la nueva experiencia 3D hará que solo falte que el público sea salpicado con sangre para conseguir una mayor sensación de realismo. Y de sustos, claro está.
Me recomendaron por activa y por pasiva que fuera a ver una película en 3D, que era algo que no olvidaría fácilmente. Y así fue, a pesar de que la elegida fuera “Up”. Que lo de “a pesar” no preste a malentendidos: “Up” es otra joya de Pixar, de esas a las que ya nos tiene acostumbrados. Ahora bien, no comparto la opinión popular de que es una obra maestra, algo que sí opiné al ver “Los Increíbles” o “Wall-E”, por citar solo algunos ejemplos. Suele ocurrir que la última película de Pixar es considerada siempre como la mejor de todas, como una gran obra maestra, como si antes no hubieran conseguidos hazañas iguales o en algunos casos mejores. Pero no nos desviemos del tema. La coletilla de “a pesar” viene porque quizás “Up” no sea la película idónea para experimentar las tres dimensiones, pues no contiene tanta acción como, por ejemplo, “Ice Age 3”. Es absolutamente disfrutable en ese formato, pero no al nivel de otras con más acción.
A pesar de todo, ya durante los trailers previos experimentas lo nunca visto: los personajes parece que están fuera de la pantalla, que puedes tocarlos. En más de una ocasión, durante esos minutos iniciales la sensación de asombro llevó hasta el punto de intentar apartar una mosca en pantalla con la mano o apretar la cabeza contra la butaca por miedo a que una sierra, que venía directa hacia la cámara, te cortara el cuello. Algo parecido a lo que debieron sentir aquellos primeros espectadores hace un siglo al ver cómo un tren llegaba a una estación, pero sin todo el público corriendo despavorido de la sala.
Recientemente, Álex de la Iglesia declaraba que el 3D es pasajero, una novedad momentánea que no durará muchos años, lo justo para que el público lo experimente y lo deje de lado. No puedo decir que le falte razón, en vista del precio de una entrada -9€ en Las Palmas-. Pero bien invertido está ese dinero si lo que te vas a encontrar es algo nuevo. En una época en la que Internet ha comido terreno a las salas comerciales, la tecnología 3D es la única candidata posible que se me ocurre para paliar la crisis del cine. El espectador ya puede adquirir fácil e ilegalmente cualquier película por la red, así que lo que debe prometerse ahora en un cine es una experiencia totalmente nueva, que por ahora no es posible disfrutar con la misma intensidad que en una sala –al menos no por ahora, hasta que James Cameron ultime los televisores digitales que posibiliten este formato-. Algo parecido a lo que ocurriera hace medio siglo con la aparición de la televisión, medio que se comía literalmente a las viejas salas de proyección, a las cuales salvó precisamente la tecnología 3D y el Cinemascope, y especialmente un título, “La casa de cera”. Los estudios optaron por el terror como género insignia del nuevo fenómeno, conscientes de que es el género que más fácilmente perdure en la conciencia del espectador, impacto amplificado gracias al 3D.
Muchas películas se han ido proyectando en 3D a lo largo de las décadas, pero es ahora cuando se ha conseguido una mayor sensación de realismo. La metodología es simple y se basa en algo que inconscientemente usamos en la vida cotidiana: la visión estereoscópica o binocular. Poseemos esta visión gracias a la presencia de dos ojos, que captan la misma imagen pero con unos pocos centímetros de diferencia, algo que podemos comprobar si cerramos y abrimos cada ojo alternativamente. Dos imágenes iguales desde ángulos ligeramente diferentes entre sí que llegan al cerebro a la vez, el cual traducirá la mezcla en una sensación de profundidad y distancia.
El objetivo es conseguir lo mismo en el cine, por lo que se filma la escena con dos cámaras, que al igual que los ojos, se encuentran unos pocos centímetros desplazadas entre sí. A la hora de proyectar se proyectan, por supuesto, ambas películas por separado con dos proyectores. En pantalla incidirán, alternativamente –se proyecta un fotograma de una y otro de la otra, pero la sensación de continuidad ya la pone el cerebro- la imagen izquierda y la derecha. El problema es que ambas imágenes llegarán a cada ojo simultáneamente, cuando lo ideal sería que el ojo izquierdo recibiera solamente la imagen izquierda y el derecho hiciera lo propio con la suya. Y es ahí donde entran en juego las gafas, lentes polarizadas que filtran hacia cada ojo la imagen correspondiente. Es un resumen un tanto escueto, pero la realidad ya es bastante más complicada.
Este nuevo sistema supera con creces al que ya estamos acostumbrados a ver, el de las dos imágenes intercaladas de distinto color, usando gafas con cristales también de diferente color, de manera que a cada ojo iba la imagen correspondiente. Un avance que unido al nuevo sistema de sonido hiperrealista de los cines actuales, e incluso a las butacas vibratorias de algunos, aportan una experiencia difícil de olvidar. Algunos directores, como Spielberg, hablan de una gigantesca sala de cine en la que los espectadores irán tumbados y la pantalla les rodee como una gigantesca bóveda, usando por supuesto la tecología 3D.
En los próximos meses llegará lo nuevo de James Cameron, como ya anuncié anteriormente, en lo que promete ser toda una revolución en la tecnología 3D. Los afortunados que ya han visto un avance hablan incluso de sensación de vértigo en algunas secuencias. Dado el precio tan poco económico de la nueva oferta, no es aconsejable ir asiduamente, pero sí cuando la ocasión lo merezca. Y la de Cameron, Burton e incluso “Scar” bien merecerán el esfuerzo. No me aventuraré a vaticinar si es la gran salvadora del cine, pero si lo consiguió en parte hace medio siglo…

sábado, 22 de agosto de 2009

"Avatar", una nueva revolución en el cine digital

No podía aguantarme a colocar una entrada sobre "Avatar", la nueva película de James Cameron que por fin ve la luz tras casi una década de gestación. Cameron, visionario donde los haya, revolucionó la ciencia-ficción con títulos como "Terminator" o "Abyss", y sentó a su vez un antes y un después en los efectos especiales con esta última y con "Terminator 2: El juicio final" años antes de que llegaran los dinosaurios de Spielberg.

Ahora se rumorea que volverá a revolucionar no solo la ciencia-ficción, sino la nueva tecnología que hace furor y de la que ya hablaré largo y tendido más adelante: el 3-D. Ayer se organizó un pase de 15 minutos y los asistentes aseguran que jamás habían visto nada tan real, más que el 3-D convencional, que ya de por sí es algo fuera de serie. Algunos hablaron de que realmente parece que las ramas te golpean en la cara y llegas a sentir sensación de vértigo en más de una ocasión. Si esto es lo que han dado de sí 15 minutos, qué no hará esta gran superproducción de más de 200 millones de euros cuyo argumento completo se guarda celosamente bajo llave, y que va predestinada desde ya a sentar una nueva base en el género y en la forma de ver cine en general. Les dejo con el trailer en HD, a ver si acaban tan sorprendidos como yo. Y véanlo a pantalla completa, que Cameron lo merece.

domingo, 16 de agosto de 2009

LA CRÍTICA

Enemigos públicos ****
(Public Enemies)

22 de Julio de 1934. Momentos antes de morir acribillado a balazos ante el Biograph Theater, John Dillinger se encontraba asistiendo a la proyección de un estreno, “El enemigo público número uno”, W.S. Van Dyke. Dillinger vio en la pantalla un reflejo de su propia vida en el personaje encarnado por Clark Gable, un álter-ego que demostraba hasta qué punto Hollywood se benefició del Robin Hood de la época, un ladrón reconvertido a héroe y que, paradójicamente, convertía en un gran show, en una gran película americana, cada uno de sus robos y sus intentos de fuga, a la vez que la industria cinematográfica aprendía de sus métodos.

Cinéfilo irredento pero a la vez deudor de su propia estética videoclipera heredera de la era digital, Michael Mann recurre a este sutil juego de espejos que representa uno más de los muchos momentos cumbre que encadena “Enemigos públicos” y que demuestra las inquietudes artísticas de un cineasta llamado desde hace años a ser un autor de culto, capaz de gestar muy buenas películas o en algunos casos obras maestras.

Lo que primeramente puede chocar de la cinta es su arriesgado planteamiento formal. Mann vuelve a rodar en digital, cámara en mano, filmando a sus personajes en primerísimo primer plano, desde los ojos a la nuca, psicoanalizándolos con la nitidez que solo una cámara de alta definición puede proporcionar, y siempre imprimiendo a sus películas un ritmo de película de acción, se trate del género del que se trate.

A lo que asistimos con este novedoso enfoque de la historia es a otro juego de espejos, al choque de dos caras equivalentes de la misma moneda: el Mann actualizado, ese director de sabia y portentosa mano digital, frente al Mann cinéfilo, el que consigue mirar hacia atrás al cine en el tiempo sin perder su particular estilo. Un ejercicio de anacronismo que puede resultar poco conveniente para la historia que se trata, pero que en el resultado final resulta de lo más acertado. El realizador logra ensamblar perfectamente ambos puntos de vista, convirtiendo al filme en un digno heredero del cine negro y el western de los años 30, del thriller de Raoul Walsh o George Cukor, a la vez que le permite no abandonar su enorme poderío narrativo, algo que vemos también en la formidable banda sonora de Elliot Goldenthal, mezcla de estilos de la época con los actuales.

Largamente acariciado por su director, este proyecto parece también haber nacido para ser interpretado por Johnny Depp. El actor deja de lado sus sobreactuaciones habituales y se muestra cómodo en su encarnación de Dillinger, una interpretación de Oscar que va desde la crudeza del atracador metódico y despiadado con los que se interponen en su camino hasta el mujeriego, el héroe de media sonrisa socarrona. En el otro extremo está su némesis, un sosías con las inconfundibles maneras de un muy acertado Christian Bale, encarnando a un Melvin Purvis que quizás no esté tan bien dibujado como Dillinger, pero al cual la cámara de Mann trata como un igual. Dos personajes inmersos en una persecución sin cuartel que puede rememorar a la misma “Heat” del director, pero sin la correspondiente disección equitativa de ambos bandos, pues se podría haber sacado más partido al personaje de Purvis.
Se dejan en el tintero muchos detalles que podrían haber dado mucho juego, como la relación Dillinger/Purvis, la importancia del primero para la moral de una sociedad que aún siente los devastadores efectos del crack del 29 o su talante de showman. Lo que a Mann le importa son los hechos, la personalidad del enemigo público número 1 del país, su relación con Billie –brillante Marion Cotillard- y hasta la ridiculez de ese cuerpo de policía al que tantas veces toreó, llegando incluso a pasearse por los despachos del aún virgen gabinete de J. Edgar Hoover y preguntar a sus hombres por el resultado de un partido sin levantar ni una sospecha en una de las secuencias más surrealistas de toda la película. Todo ello con un ritmo vertiginoso propio del cine de acción, digitalizado hasta la médula pero con un reconocible aroma a cine negro y western, en una de las mejores películas de la carrera del cineasta. Y ya van muchas.

A favor: lo bien que encaja el estilo de Mann con la historia que trata
En contra: el poco dibujado personaje de Bale y algunos pasajes de la historia real

domingo, 9 de agosto de 2009

John Hughes (1950-2009)


Para los que crecimos con comedias de los 80, que se nos haya ido John Hughes es una noticia triste. Padre de la comedia juvenil de esa década, con títulos como productor, guionista y director tales como "Todo en un día", "El club de los cinco", "Solos con nuestro tío" o "La mujer explosiva", entre otros. Gracias a él se encumbraron estrellas como Molly Ringwald, Anthony Michael Hall o Macaulay Culkin (fue guionista y productor de las dos primeras entregas de "Solo en casa").


Su carrera no fue tan prolífica en la dirección durante los 90, y mucho menos en la década actual, por lo que es considerado un cineasta de culto de los 80. Aún así, escribió éxitos de taquilla para Disney como "Flubber" y "101 dálmatas". Hughes falleció el jueves a los 59 años de edad víctima de un paro cardíaco. Descanse en paz.

viernes, 7 de agosto de 2009

"District 9", cuando la publicidad hace cundir el pánico

¿Qué ocurriría si juntáramos la ingeniosa pero a la vez peligrosa transmisión radiofónica de “La guerra de los mundos” de Orson Welles y la campaña de publicidad viral de “Cloverfield (Monstruoso)”? Pues como sucedió en su momento en esa locura, o más bien genialidad, de Welles, que cundiría el pánico. La sociedad estadounidense –faltaría realizarlo a escala mundial para comprobar si son solo ellos los que sufren de paranoia crónica ante un fantasma ataque externo- no ha cambiado un ápice, y la reacción fue aún más exagerada que entonces.

El director Neil Blomkamp, auspiciado en la producción por el mismísimo Peter Jackson, ha cogido las técnicas de marketing de J.J. Abrams y Matt Reeves en “Monstruoso” y las han llevado más allá. El equipo inundó el año pasado la Comic Con, convención freakie por excelencia, con carteles como el que abre este post, anunciando que sólo va dirigida a humanos, y que los no-humanos quedan fuera. Con semejante anuncio, que contiene las siglas MNU, una página web y en algunos casos un número de teléfono, Blomkamp, Jackson y los suyos consiguieron que se realizaran más de 33000 llamadas telefónicas y mensajes de voz con testimonios de avistamientos alienígenas. El público había mordido el anzuelo tras ver los anuncios y visitar la página web, que contiene un mapa con posibles avistamientos, información para unirse a la resistencia humana contra los invasores, medidas a tomar contra ellos, etc.

¿De qué trata realmente el asunto? Como pueden imaginarse, de una película. “District 9” es el nombre de una especie de campo de concentración situado en Sudáfrica para extraterrestres, últimos de un mundo al borde de la extinción que han llegado a nuestro planeta buscando ayuda y consuelo. Un argumento que cambia totalmente las tornas: los aliens son los buenos, y los incomprensibles, racistas y miedosos humanos son los malos. Así, la película de Blomkamp habla de intolerancia y xenofobia. Rodada en parte como si fuera un documental, “District 9” recoge en su web oficial incluso testimonios de ciudadanos americanos que opinan acerca de qué se debe hacer con los nuevos visitantes, opiniones cuanto menos radicales. Después de todo, tengamos en cuenta que es un portal anti-alien.

La película se estrena en EEUU el próximo 14 de Agosto, aunque aquí habrá que esperar bastante más. He tardado en escribir sobre ella debido a que en nuestro país, como siempre ocurre, no sentiremos la fiebre que rodea desde hace un año a este filme, y me enteré de su existencia hace apenas un mes. Por ahora les dejo con uno de los muchos trailers que pueden verse en la red. Les dejo también un corto realizado por Blomkamp titulado “Alive in Joberg”, que sintetiza lo que veremos en su debut como realizador. A esto debemos unir la extensa propaganda que se ha hecho a base de vídeos anunciando la necesidad de unirse contra los visitantes.

Teaser Trailer en HD



Cortometraje "Alive in Joberg", de Neil Blomkamp


martes, 4 de agosto de 2009

LA CRÍTICA

Arrástrame al infierno ***1/2
(Drag Me To Hell)

Desde las entrañas

Quien diga que no queda nada del viejo Sam Raimi en la trilogía que sobre el hombre araña ha hecho hasta la fecha es que no ha sabido ver no solo la mano del director en la misma, sino que ha sido incapaz de situarla con el resto de su filmografía. En especial se ha visto su estilo en la última entrega de la saga. El gran problema de alguien como Raimi es que solo se le atribuye como gran mérito la trilogía “Evil Dead”, pero no olvidemos que también ha dirigido “Darkman”, “Un plan sencillo” o “Premonición”, entre otras. Es decir, no podemos verle únicamente como un director goremaniaco, como sí lo fue en sus comienzos Peter Jackson -este, además, ha seguido una progresión por ahora lógica-, sino como un director de múltiples registros.

Con una carrera llena de altibajos –en mi opinión prefiero definirla como felizmente irregular-, entendiéndolo como que ha tocado innumerables géneros con más o menos suerte, no deberíamos considerar que la vuelta a los orígenes que plantea Raimi en “Arrástrame al infierno” –de hecho, es así como nos la han vendido a los ya conocedores de su obra; a los demás sorprenderá que tras “Spider-Man” se haya embarcado en el género de terror- sea un regreso al gore y la mala baba que destilara “Evil Dead” por los cuatro costados.

“Arrástrame…” es mucho más que eso. Es una sentida y entrañable vuelta al Raimi de siempre, en todas sus facetas, como si el realizador quisiera tomarse un respiro del hombre araña y haya decidido visitar toda su filmografía. Así, esta película realiza un ejercicio de nostálgico anacronismo en el que se mezcla lo mejor y lo peor de su carrera. En definitiva, que le hemos recuperado, pero al mismo tiempo nunca le perdimos del todo.

Es importante volver a resaltar que no solo de “Evil Dead” ni de “Ola de crímenes, ola de risas” se nutre la filmografía de Raimi. Es importante porque muchos han esperado ver en su último filme más de aquellas y menos efecto especial de spidy –la sesión de espiritismo quizás abuse de la infografía-, sin tener en cuenta lo demás que ha hecho. “Arrástrame…” es el claro ejemplo del quiero y no puedo. Quiere ser muy salvaje, y lo consigue en muchas ocasiones, como en la escena del aparcamiento o la del funeral, pero nunca llega a esa rabia que contiene de manera forzada y no deja aflorar, posiblemente por el hecho de tratarse de una película para una gran compañía y esto no le permite la libertad de sus obras más salvajes e independientes.

Aún así, se agradece la valentía de Raimi y por supuesto su vuelta al terror. Y aunque puede que no sea tan transgresora ni bestia como lo que se espera de ella, al menos nos hace pasar uno de los mejores 90 minutos de lo que llevamos de verano, aunque sea a costa del sufrimiento exagerado de Alison Lohman, con la cual Raimi se despacha a gusto. Cine mainstream desde las entrañas y muy divertido, como debe ser.
A favor: recuperar al Sam Raimi goremaniaco
En contra: que no es todo lo salvaje que se espera de ella

jueves, 30 de julio de 2009

La película del mes

Cada final de mes les traigo el análisis de algún film que viera en mi infancia (o no), que me impactara o me decepcionara sobremanera, con el objetivo de ver cómo el tiempo pone a cada cosa en su lugar

The Rocky Horror Picture Show *****



Si unes todas esas cintas de serie B de terror y ciencia-ficción de las productoras Hammer, RKO y la Universal que se emitían en una económica y febril sesión doble, las mezclas con música rock, la sazonas con la locura de drogas y sexo liberal propios de la década de los 70 y le añades unos puntos de friquismo absoluto nace un producto peculiar, que por el tema que trata y por pertenecer a un género tan difícil como el musical era complicado que congeniara con el público. Una criatura final que guarda no pocas similitudes con el mismo Ed Wood, quien también está incluido, aunque indirectamente, en el homenaje.

“The Rocky Horror Picture Show” –en adelante RHPS para abreviar- nació de la imaginación de Richard O’Brien, actor de origen inglés pero criado en Nueva Zelanda, donde se convirtió desde muy pequeño en fanático de esas películas de terror y ciencia-ficción que inundaban las salas durante los años 50 y las décadas anteriores. Así, O’Brien se fascinó con los años por el cine de Wood y por clásicos como “Frankenstein”, “Drácula”, “Planeta prohibido” o “Ultimátum a la Tierra”, entre otros. Junto al joven director australiano Jim Sharman, a quien conoció en los ambientes teatrales ingleses, adonde volvió para hacerse camino como actor, organizó una puesta en escena de “Jesucristo Superstar”, hasta que le propuso la extraña idea que había detrás de RHPS. O mejor dicho, la extraña idea tras “The came from Denton High”, que era el título original. Finalmente, y por consejo de Sharman, a quien entusiasmó el proyecto, pasó a llamarse como hoy en día la conocemos, aunque antes adquirió el nombre de “The Rock Hor-Roar Show”. También entusiasmó a los productores Michael White y Lou Adler, quien también se hizo cargo de la música.

¿Pero por qué hablo de RHPS como de una extraña idea, como si de una locura se tratara? La respuesta está en el mismo argumento. La castiza pareja formada por Brad y Janet queda tirada en medio del bosque tras averiarse su coche. Para refugiarse de la incipiente tormenta, los tortolitos, que planean casarse, se refugian en uno de esos castillos tan característicos de las películas de miedo. Allí conocerán al Dr. Frank’N’Furter, un carismático científico travesti que esa misma noche organiza la Convención Anual Transilvana con motivo de la presentación de su nueva criatura, Rocky, un adonis físicamente perfecto pero muy tonto que ha sido creado primordialmente para satisfacer sexualmente a su amo. Durante la alocada velada bailarán, cantarán, sabrán la verdad de la procedencia del poco cerebro que tiene Rocky y por supuesto verán cómo su férrea moral cristiana se hace añicos ante todas las tentaciones que el propio Furter y sus criados les ponen enfrente. Todo ello con inolvidables números musicales e incontables referencias a la serie B de los 50 –visible en personajes, situaciones, trama y en algunas secuencias, como esa gran torre en uno de los números musicales finales que rememora la insignia de la RKO-, a la cual satiriza pero con el máximo de los respetos.

Tal fue el éxito del montaje teatral primero en Inglaterra y posteriormente en EEUU que la Twentieth Century Fox se interesó por la adaptación a la pantalla grande. Con 1.5 millones de presupuesto y buena parte del elenco original, que incluía al cantante Meat Loaf como Eddie, el motorista alocado del cual Furter extrae el cerebro para Rocky, y por supuesto con O’Brien y Sharman tras el proyecto –ambos escribieron y el segundo lo dirigió-, RHPS estaba ya preparada para dar el gran salto a la gran pantalla. Del cast original hubo escasas variaciones. Tim Curry volvió a travestirse como el loco Dr. Frank’N’Furter en el que sería su primer papel en el cine tras su paso por el teatro y la televisión, y que a día de hoy sigue siendo su mayor logro como actor, sin contar el del Señor de las Tinieblas en “Legend”, mientras que el mismo O’Brien volvió a encarnar al mayordomo Riff Raff. La entonces desconocida Susan Sarandon encarnó a la virginal Janet, mientras que el veterano Charles Gray, el villano Blomfeld de la saga Bond, hizo lo propio con el improvisado narrador de la historia, quien a su vez enseña los pasos de baile del número musical “Time Warp”, uno de los mejores de la película y que incita a los espectadores a bailar siguiendo las indicaciones de Gray.

El rodaje en sí sufrió contratiempos, como un accidente de Meat Loaf en la famosa escena de la moto que acabó con una fractura en la cabeza, una pulmonía de Sarandon tras la escena de la piscina o la peligrosa adicción de Curry a las drogas, que obligaba a retrasar el rodaje. Incluso hubo una disputa entre Patt Quinn, la actriz que canta el imponente tema musical central del comienzo de la obra, “Double Feature Science-Fiction”, y O’Brien, pues si bien los labios rojos que hicieron famoso el cartel de la película y que se mueven durante los créditos iniciales son los de Quinn, la voz es la del mismo O’Brien. Un cambio que trajo más de una discusión entre ambos. Dichos labios, por su parte, recuerdan a los que los Rolling Stone usan como sello desde 1971 basándose en un diseño de Andy Warhol. De hecho, Mick Jagger se mostró interesado en interpretar al Frank’N’Furter cinematográfico, pero los creadores consideraron más oportuno recurrir a un reparto desconocido y sobre todo al protagonista original de la obra. Y si se fijan bien, aunque no tiene relación alguna, los acordes de “Science Fiction/Double Feature” rememoran al “Sympathy for the Devil” de los Rolling, aunque esto es tan solo una impresión personal y no un hecho contrastado. Es recomendable escuchar esta canción y apreciar los múltiples referentes cinematográficos que utiliza en su letra.

Llegados hasta este punto, ¿por qué es considerada RHPS un filme de culto? Para entenderlo debemos remontarnos a su estreno. Pese a su éxito teatral, el público y la crítica ignoraron la cinta. Se convirtió en un fracaso en taquilla, y los críticos no aplaudieron el aspecto puramente teatral que Sharman dio al conjunto, esperando quizás algo más ampuloso –personalmente, prefiero el ambiente intimista y claramente influenciado por el Glam Rock inglés que los creadores decidieron conferirle-, y sobre todo no congeniaron con su espíritu juerguista. Rápidamente retirada de las salas, la película encontró su salvación gracias al empeño de la Fox de no perder su dinero –y tanto que no lo perdieron, pues la película a día de hoy lleva 112 millones de dólares recaudados solo en terreno estadounidense-. La proyectaron a medianoche como parte de un programa doble, esos mismos programas que homenajea la canción inicial. Y lo que ocurrió aún no se explica del todo. El público más freak empezó a sintonizar con su humor y la película tuvo una segunda vida en esas sesiones, hasta el punto de que según la leyenda alguien gritó a Janet “Buy an umbrella, you cheap bitch” (cómprate un paraguas, perra barata) durante la escena de la lluvia, y aquello se convirtió en un modelo a seguir.

Y fue precisamente esta pauta la que lo convirtió en un fenómeno. Durante aquellas sesiones golfas, la gente vestía como los personajes años antes de que sucediera lo mismo con “Star Wars”, gritaba cosas a la pantalla hasta el punto de interactuar con la película, siguen los pasos dictados por Gray para el “Time Warp” y hasta portaban utensilios a usar en determinados momentos (arroz para la escena de la boda, guantes de látex para el momento del nacimiento de la criatura, pistolas de agua simulando la tormenta, mecheros, etc.), utensilios conocidos como props.

Pero el fenómeno fue aún más allá. Se creó toda una disciplina en torno a las proyecciones. Había que repetir ciertas pautas de comportamiento durante las mismas, organizadas durante cada cierto tiempo, usando los props y cantando y bailando las canciones, replicando a los personajes –una de las técnicas consiste en abuchear al malo, por ejemplo- a la vez que los actores bailaban bajo la pantalla y hacían al público partícipe. Los nuevos asistentes, denominados vírgenes –no cuenta el haberla visto en vídeo o DVD, eso se considera simple masturbación-, son bienvenidos a esta juerga sin control en la que posiblemente tengan que pasar un sacrificio de vírgenes, consistente en tener que realizar alguna prueba no discriminatoria ni vejatoria. Este fenómeno se extendió a Alemania y España, donde se realizan pases cada poco tiempo y cuyo fansite pueden visitar en http://www.rhps.es/, donde encontrarán todos los requisitos a cumplir, los próximos eventos e información detallada del espectáculo, entre otras cosas. En nuestro país, el interés se renovó gracias al Festival de Sitges de 1995, donde se proyectó durante un año en sesiones donde los horroritas, como se hacen llamar los auténticos fans, se dejan llevar fervientemente por esa orgía de rock, terror y locura continua.

Por supuesto, el merchandising propio de la película no se hizo esperar, incluyendo desde libros y cómics hasta videojuegos, pasando por supuesto por discos con versiones de su música. Se realizó incluso una película similar en contenido e intenciones años más tarde, “Shock Treatment”, obra del propio O’Brien pero que no gozó del mismo fenómeno, aunque sí es muy apreciada por sus fans. Y se habla de un remake, que sin haberlo visto puedo decir desde ya que es innecesario e inútil.

En definitiva, ¿qué es exactamente RHPS? Pues es más que una simple película. Es todo un espectáculo interactivo, rotundamente freak. Pero no sólo es el fenómeno que lo envuelve. No olvidemos que es una gran película, posiblemente el mejor musical que un servidor ha visto en la vida, y eso que musicales sublimes hay para aburrir. Pero ante todo, RHPS es un sentido homenaje en forma de falsa sátira a todo ese cine tan venerado por muchos pero detestado por otros por su cutrez que conforma el rango de la serie B. Si bien la película comienza de una manera casi lisérgica, alocada, la mecha se va apagando conforme avanza el metraje, y la canción inicial se torna triste en el desenlace. Los labios rojos vuelven a hacer acto de presencia y en la letra, así como en el mismo tono de la música, notamos que no solo ha acabado el espectáculo, sino que ha acabado toda una generación cinematográfica de cine hecho por y para el entretenimiento, generando un profundo sentimiento de nostalgia. Personalmente, el resultado es que tras acabar RHPS fui corriendo a hacerme con “Planeta prohibido”, “Ultimátum a la Tierra”, “El hombre invisible” y todas esas joyas que esta película admira. Y fue cuando entendí aún más por qué O’Brien sintió tal fascinación, y cómo a un verdadero fanático se le pudo ocurrir esta obra de arte que es “The Rocky Horror Picture Show”.

martes, 28 de julio de 2009

LA CRÍTICA

Asalto al tren Pelham 123 ***
(The taking of Pelham 123)


“Pelham uno, dos, tres” (Joseph Sargent, 1974) poseía el inconfundible aroma de thriller que abundaba en los 70, el mismo que desprendían otros filmes como “La conversación” o “Todos los hombres del presidente”. No puede decirse que la nueva versión sea deudora de nuestro tiempo exactamente, pero sí podemos afirmar con absoluta convicción que es hija de su director.

Así, del elegante thriller que nos brindaba la película original pasamos a una frenética action movie con el típico secuestro de fondo. Y todo ello con el personal sello de Tony Scott, tan videoclipero y esteta como siempre, y ofreciendo lo que se espera de él: una fastuosa producción de acción a raudales y mucha tensión en la que la cámara jamás permanece quieta, y en la que la fotografía y la banda sonora, y en definitiva el montaje audiovisual, van al unísono siguiendo el camino de un desenfrenado vagón de tren que aumenta su velocidad, y con ello los efecticismos propios del realizador, de una manera vertiginosa.

No obstante, y tal y como ocurriera con la acertada “El fuego de la venganza”, Scott impone su toque con mano de hierro, pero nos da igual que intente como de costumbre ser el centro de atención del circo que ha montado. Todo gracias a un inteligente guión, obra del gran Brian Helgeland, en el que priman los personajes y los diálogos sosegados entre tan tumultuoso envoltorio. A ello ayudan, y he aquí el gran acierto de esta cinta, unos Denzel Washington y John Travolta en absoluto estado de gracia, ofreciendo un antológico tource de force interpretativo vía radio, sin que lleguen apenas a compartir plano como ocurriera en aquella obra maestra de Michael Mann titulada “Heat”.

En medio del aluvión de remakes de pelis de terror que nos llegan estos días, Scott y Helgeland cogen un portentoso thriller de suspense setentero y lo reconvierten en una entretenidísima película de acción que mantiene el interés de principio a fin y pasa tan rápido como un vagón sin control. No se limitan sus responsables a copiar a destajo el producto original. Cambian los personajes, el cuidado de los mismos, las situaciones que se presentan, e incluso el final, en el cual un servidor prefiere aquel estornudo que ponía entre la espada y la pared a Martin Balsam en lugar de ese desenlace tan cómodo y justo con lo que el público espera que nos presenta el ya previsible porvenir del malo de la función.

Este nuevo viaje a bordo del Pelham 123 no se encuentra a la altura del original –contiene cambios que la hacen diferente, a ratos mejor, pero a la par se echan de menos algunos detalles que hacían de aquella una película mítica-, pero constituye un ejemplo de blockbuster veraniego bastante inteligente y entretenido, que es lo que importa al final en un producto de estas características. Por la travesía sobran algunas situaciones, como la comunicación vía chat entre uno de los rehenes y su novia o la explicación del pasado de Travolta, que sirve para informar al público pero que carece del mayor interés para el avance de la trama. Sin embargo, Scott no hace descarrilar el tren en ningún momento a pesar de sus reiterados intentos por sobresalir con su enérgica puesta en escena y el conjunto, y al final es lo que importa, entretiene. Y ya eso es más de lo que se esperaba.
A favor: Travolta y Washington, magníficos
En contra: falta el estornudo de Martin Balsam que ponía el broche de oro a la original

sábado, 25 de julio de 2009

LA CRÍTICA

Resacón en Las Vegas ***1/2
(The Hangover)
¡Jo, qué noche!

Desde “Viaje de pirados” hasta “Aquellas juergas universitarias”, y olvidando algunos productos más alimenticios y claramente de encargo como “Starsky & Hutch”, Todd Phillips nos ha venido contando la misma historia, el mismo perro con distinto collar. Ya fuera desde el descerebrado punto de vista adolescente de la primera o desde el del trío de treintañeros patéticamente desesperados por demostrar que sus tiempos de diversión irresponsable universitaria están lejos de haber acabado, el objetivo era encadenar una serie de despropósitos, situaciones imposibles pero que en la alocada trama gozaban de un sentido absoluto. Para entendernos, lo suyo era filmar una juerga bestial constante.

La historia de “Resacón en Las Vegas” es, como dirían los personajes, clásica. Doug va a casarse, y para celebrar su despedida de soltero se va a Las Vegas con sus amigos Phil, un rutinario profesor de escuela y padre de familia desencantado con el matrimonio, y Stu, dentista y sumiso con su esposa, con la que incluso un barman tiene más contacto que él mismo. A ellos se une Alan, el cuñado de Doug, un tipo un poco guarrete, antisocial y completamente fuera de onda. Tras un brindis fugaz en la azotea del Caesar’s Palace, a la mañana siguiente despiertan en la habitación del hotel, con todo patas arriba y con un cuadro incomprensible: sin recordar nada de lo ocurrido, con gallinas pululando por la habitación, un bebé en el armario, un tigre en el baño, un diente roto, una terrible resaca y… ni rastro del novio. Los tres amigos se unen para buscarle, a la vez que van descubriendo cosas de esa noche de las que no se creían capaces.

Si algo diferencia a esta nueva juerga de todas las narradas por Phillips es el guión, y de eso se beneficia el director para realizar su mejor comedia hasta la fecha, algo que no era difícil. Obra de Scott Moore y Jon Lucas, el libreto lo componen un sinfín de situaciones increíbles totalmente justificadas. Además, Phillips imprime el decisivo toque frenético a la cinta para que no pierda en ningún momento el ritmo de montaña rusa que comienza en esa mañana de resaca tras la cual todo es posible, y en la que es mejor no perder detalle para ir despejando algunas incógnitas de lo que ocurrió en esa alocada noche donde se van a mezclar drogas, tratos con mafiosos, prostitutas y hasta un incidente en la casa de Mike Tyson.

Acertado es también el trío protagonista. Bradley Cooper va pisando con fuerza en la comedia americana, mientras que Ed Helms nos caerá cada vez mejor a todos los que le hayamos visto en la serie de televisión “The Office”, sufriendo una brutal transformación de reprimido a libertino. Y olvidando a ese proyecto de actriz que no acaba de despegar llamado Heather Graham, el que realmente se lleva el gato al agua es Zach Galifianakis, el orondo cuñado, en un papel memorable a la par que inteligente.
“Resacón en Las vegas” sigue la estela emprendida por Judd Apatow, pero sin dar respiro para el sentimentalismo barato. Lo que ofrece es entretenimiento no exento de inteligencia, humor muy cuidado sin caer en la grosería típica de la comedia actual, todo muy bien engarzado y servido a pesar del lío que nos presenta. Dos consejos: véanla en versión original y no se levanten de sus asientos durante los créditos. La película nos guarda la agradable sorpresa de mostrar pistas de lo ocurrido durante esa frenética fiesta a través de fotos. Una selección final de instantáneas que rematan una comedia que, desgraciada y seguramente, tendrá una secuela en vista de sus resultados en taquilla (más de 250 millones de dólares recaudados solo en terreno estadounidense, y partiendo de un presupuesto de tan solo 35 millones). Aún así, con todas esas pistas ante nuestras narices seguiremos siendo incapaces de hacernos una idea de lo que supuso esa interminable noche de locura.

A favor: la sesión de fotos final
En contra: que ya estén planeando la secuela

viernes, 17 de julio de 2009

LA CRÍTICA


Los mundos de Coraline ****1/2
(Coraline)

A Henry Selick le sigue hoy en día la alargada sombra esquelética del Jack Skellington de “Pesadilla antes de Navidad”, la cual para colmo es considerada más como fruto de la imaginación de Tim Burton que de la suya. Mucho le costó ganarse una reputación al margen de éste, incluso después de ser aclamado por “James y el melocotón gigante”. A día de hoy, “Pesadilla…” fue dirigida por muchos por Burton, quedando Selick en el olvido. Y a esto no ha ayudado que un film como “Monkeybone” siguiera buena parte de la estética burtoniana.

Si algo diferencia a su ópera prima de su nuevo trabajo es la libertad que Selick parece haber tenido en esta ocasión. Si bien ambas tienen el mismo espíritu macabro, “Pesadilla…” desprendía cierto tufillo disneyiano en el resultado final. Pero ahora, con “Los mundos de Coraline”, Selick demuestra que lo suyo son los relatos animados infantiles para adultos, y espero que nadie se líe con esta calificación.

Para entendernos, Selick es para el cine de animación infantil actual lo que Roald Dahl significó para la literatura infantil universal: un autor infantil, sí, pero siniestro donde los haya. Ambos comparten el realizar trabajos supuestamente infantiles, pero con clara vocación didáctica para adultos y niños, sin escatimar en pasajes y sublecturas macabras, en ocasiones no aptas para todos los públicos.

El director muestra por fin su verdadera cara, aquella que no pudo en “Pesadilla…” pero que se intuía vagamente en “James…”, y que provocó que ésta no fuera precisamente una película infantil al uso. Con esto, Selick se erige como uno de los pocos realizadores de animación –americanos, para estrechar más si cabe el círculo- que, al igual que Brad Bird, poseen no solo un discurso propio tras la fachada de sus obras infantiles, sino que dan toda una lección cinematográfica: usan el género de animación para hablar de otros géneros, para contarnos cualquier otra cosa más profunda.

Selick acierta en “Los mundos…” de principio a fin. Desde la puesta en escena hasta la ambientación, pasando por una historia escrita por él mismo y una banda sonora casi hipnótica, mágica y críptica, a veces necesariamente caótica. Por fin, respaldado por una productora independiente, podemos disfrutar de un estilo personal que ya debería sernos inconfundible y que ya estaba presente en su primera película, incluso bajo los toques supuestamente burtonianos de los que presumía –de hecho, dicha estética ya latía con fuerza en “Oz, un mundo fantástico”, cuyo diseño de story boards fue obra suya-. Desgraciadamente, aquella pesadilla tendrá mucho más peso en la historia que esta deliciosa a la vez que macabra obra maestra de la animación, la cual merece un puesto de honor en el género y debería ir acompañada de un aviso para todos aquellos padres que vayan con sus hijos esperando ver una película para niños. Porque “Los mundos de Coraline” distorsiona hasta el límite todo lo que en animación hemos visto, Selick se transforma definitivamente en Dahl y de ello deberían ser informados todos los que acudan a verla sin saberlo. Así se evitarían los comentarios que algunos han proferido en su contra al salir de la sala.
A favor: que por fin podemos disfrutar del verdadero Selick
En contra: que los padres acudan al cine a verla con sus hijos sin previo aviso acerca de su austeridad

viernes, 10 de julio de 2009

LA CRÍTICA

La última casa a la izquierda ***1/2
(The Last House on the Left)

Víctima de la misma era hippie en la que se encontraba, “La última casa a la izquierda” supuso el dudoso debut en la gran pantalla de Wes Craven, hoy en día considerado un maestro del terror. Y digo dudoso porque la película no ha soportado bien el paso del tiempo, y no creo que fuera vista alguna vez como un prometedor debut del maestro que hoy en día Craven es considerado, salvo por esos fans incondicionales que la consideran una de sus mayores proezas.

Mal dirigida, horriblemente planificada y peor interpretada, la versión de 1972 no acertaba en el tratamiento de la suculenta historia que se traía entre manos, la de una venganza aparentemente justificada, un mensaje que estaba palpable durante todo el metraje pero que el realizador no supo explotar. Al igual que la también fallida “Las colinas tienen ojos”, también objeto de culto en nuestros días, se preocupaba más en mostrar que en abordar de lleno la historia con seriedad, proponiendo una estructura narrativa más bien digna de una mala comedia que del género de terror de serie B en el que supuestamente se enmarcaba. Otros por aquel mismo año, como Tobe Hooper, consiguieron que una sierra mecánica sonara con el mismo estruendo con el paso de los años. Como él, otros supieron aprovechar el material de partida para hacer historia en el género. Wes Craven, en cambio, falló a todos los niveles posibles.

Si Alexandre Ajá logró hacer sonrojarse a las colinas con ojos de Craven –quien produce, al igual que en aquella ocasión, la cinta, esta vez ayudado por el gran Sean Cunningham, padre de “Viernes 13”- con un festín gore sin escrúpulos que poseía cierto trasfondo social y político, el desconocido Dennis Iliadis –si sigue por este camino más nos vale recordar su nombre en el futuro- propone una nueva visita a esa última casa a la izquierda de trasfondo moral tan discutible. El debate ético acerca de la justificación del “ojo por ojo”sigue vigente, como en la original, pero Iliadis ya de entrada acierta en la planificación, el tempo cinematográfico –muestra lo que tiene que mostrar cuando tiene que mostrarlo, sin precipitarse- y en una cuidada ambientación y realización casi independiente en la que priman los detalles, la atmósfera opresiva y unos encuadres tan desasosegantes como exquisitos.

Su versión está totalmente justificada a cada segundo. Aquellas situaciones que Craven daba por supuestas pero que carecían del menor sentido se muestran ahora de manera bien resuelta y coherente, y al igual que él, Iliadis parece deleitarse con la sangre, pero todo envuelto en un cúmulo de aciertos que la hacen elevarse por encima de su modelo de referencia, y todo sin perder de vista el interesante debate que plantea. Hasta los actores, en especial esos entregados padres interpretados por Tony Goldwyn y Monica Potter, están bien dirigidos dramáticamente.

Puede que a Iliadis se le vaya la mano con la casquería en la casi innecesaria secuencia final, e incluso haya quien eche de menos que Tony Goldwyn suba las escaleras con una sierra mecánica en la mano –lo único que un servidor recuerda que funcionara en la fallida primera película-, pero su última casa a la izquierda entra en el grupo de remakes solventes, esos que al igual que los de Ajá o Zack Snyder con “Amanecer de los muertos” son recibidos con los brazos abiertos. Y por si alguien extraña la citada secuencia, el director nos regala otra aún más sangrienta con una trituradora como protagonista. Porque esto no es “Funny Games”, con su juego de manipulación encubierto. Aquí se acabaron las sutilezas.
A favor: la brutal escena de la cocina, y que es definitivamente mejor que la original
En contra: la casi innecesaria escena final, y que no haya secuencia con la sierra mecánica
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