viernes, 17 de julio de 2009

LA CRÍTICA


Los mundos de Coraline ****1/2
(Coraline)

A Henry Selick le sigue hoy en día la alargada sombra esquelética del Jack Skellington de “Pesadilla antes de Navidad”, la cual para colmo es considerada más como fruto de la imaginación de Tim Burton que de la suya. Mucho le costó ganarse una reputación al margen de éste, incluso después de ser aclamado por “James y el melocotón gigante”. A día de hoy, “Pesadilla…” fue dirigida por muchos por Burton, quedando Selick en el olvido. Y a esto no ha ayudado que un film como “Monkeybone” siguiera buena parte de la estética burtoniana.

Si algo diferencia a su ópera prima de su nuevo trabajo es la libertad que Selick parece haber tenido en esta ocasión. Si bien ambas tienen el mismo espíritu macabro, “Pesadilla…” desprendía cierto tufillo disneyiano en el resultado final. Pero ahora, con “Los mundos de Coraline”, Selick demuestra que lo suyo son los relatos animados infantiles para adultos, y espero que nadie se líe con esta calificación.

Para entendernos, Selick es para el cine de animación infantil actual lo que Roald Dahl significó para la literatura infantil universal: un autor infantil, sí, pero siniestro donde los haya. Ambos comparten el realizar trabajos supuestamente infantiles, pero con clara vocación didáctica para adultos y niños, sin escatimar en pasajes y sublecturas macabras, en ocasiones no aptas para todos los públicos.

El director muestra por fin su verdadera cara, aquella que no pudo en “Pesadilla…” pero que se intuía vagamente en “James…”, y que provocó que ésta no fuera precisamente una película infantil al uso. Con esto, Selick se erige como uno de los pocos realizadores de animación –americanos, para estrechar más si cabe el círculo- que, al igual que Brad Bird, poseen no solo un discurso propio tras la fachada de sus obras infantiles, sino que dan toda una lección cinematográfica: usan el género de animación para hablar de otros géneros, para contarnos cualquier otra cosa más profunda.

Selick acierta en “Los mundos…” de principio a fin. Desde la puesta en escena hasta la ambientación, pasando por una historia escrita por él mismo y una banda sonora casi hipnótica, mágica y críptica, a veces necesariamente caótica. Por fin, respaldado por una productora independiente, podemos disfrutar de un estilo personal que ya debería sernos inconfundible y que ya estaba presente en su primera película, incluso bajo los toques supuestamente burtonianos de los que presumía –de hecho, dicha estética ya latía con fuerza en “Oz, un mundo fantástico”, cuyo diseño de story boards fue obra suya-. Desgraciadamente, aquella pesadilla tendrá mucho más peso en la historia que esta deliciosa a la vez que macabra obra maestra de la animación, la cual merece un puesto de honor en el género y debería ir acompañada de un aviso para todos aquellos padres que vayan con sus hijos esperando ver una película para niños. Porque “Los mundos de Coraline” distorsiona hasta el límite todo lo que en animación hemos visto, Selick se transforma definitivamente en Dahl y de ello deberían ser informados todos los que acudan a verla sin saberlo. Así se evitarían los comentarios que algunos han proferido en su contra al salir de la sala.
A favor: que por fin podemos disfrutar del verdadero Selick
En contra: que los padres acudan al cine a verla con sus hijos sin previo aviso acerca de su austeridad

2 comentarios:

Lagape dijo...

Me gusta mucho que lo hayas relacionado con Dahl, porque es una autor que adoro, como he adorado esta joya que he visto por fin ayer y que no ha decepcionado mis expectativas.

El Cinéfago dijo...

Es una obra maestra. El tiempo la pondra en su lugar. Muchas gracias por pasarte.

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