lunes, 18 de mayo de 2009

"Marisa", la mujer camaleón de Nacho Vigalondo

Los que se hayan dado una vuelta en más de una ocasión por este blog se habrá percatado de que realizo un especial seguimiento a la obra del singular Nacho Vigalondo. El corto que hoy se les presenta forma parte de un proyecto estrenado en Internet dentro del marco Jameson Notofilmfest. "Marisa" trata acerca de una mujer que cambia en función del lugar y el momento en que se encuentre. Y con cambiar no me refiero solamente de personalidad. Protagonizan, entre otros, Macarena Gómez y la ex actriz porno Celia Blanco. A mí me ha dejado sin palabras.

sábado, 16 de mayo de 2009

LA CRÍTICA

Ángeles y demonios ***
(Angels & demons)

Este mismo año llegó a nuestras carteleras una suerte de cine político e histórico con aires de thriller, un montaje y una puesta en escena ágiles y un actor, Frank Langella, recuperado del olvido y puesto ante la platea como un Nixon muy alejado de las dicciones y manías de Anthony Hopkins. Cuando “El desafío: Frost contra Nixon” se estrenó, a mucha gente le extrañó que semejante criatura hubiera sido parida por uno de los realizadores más odiados, y a la vez respetados por sus colegas de profesión, de la meca del cine. Quien esto escribe tampoco podía hacerse a la idea de que el ex niño prodigio Ron Howard, autor de sonoras herejías como “Una mente maravillosa” –para colmo de males se llevó el Oscar por ella-, estuviera detrás de las cámaras de un proyecto de tan alta calidad. No voy a cambiar mi manera de pensar acerca del “niño mimado de Hollywood”, pero debo reconocer que en sus dos últimas películas corre, como mínimo, sangre de artesano con mayúsculas.

Mucho parecen haber aprendido Howard y su equipo de los errores cometidos en la infame “El código Da Vinci”. Para empezar, debe tenerse en cuenta que parten de un material bastante más jugoso que el de la novela más famosa de Dan Brown. “Ángeles y Demonios” supone mejor novela que “El código Da Vinci”, básicamente porque ser mejor que ésta es extremadamente fácil. Sin embargo, una de las bazas a favor de su adaptación cinematográfica es el guión. Akiva Goldsman, sobrevalorado donde los haya, se ve ayudado en el libreto por un gran guionista, David Koepp, y eso se deja notar en el conjunto. “Ángeles y demonios” va directa al grano, no se molesta en presentar a sus personajes, encarnado su protagonista en esta ocasión por un Tom Hanks con un peinado más convincente y que sí parece tomarse en serio su trabajo, y la acción se desarrolla prácticamente desde el primer minuto de metraje. No faltan, aunque en menor medida, los rollos didácticos que lastraran seriamente a la primera película y la hicieran lenta, pesada y, en definitiva, un bodrio. Goldsman e insisto, Koepp, condensan la información más relevante de la novela en poco más de dos horas de duración, e incluso se atreven, cosa que se agradece, a no ser del todo fieles y no tomarse al pie de la letra el libro que tienen entre manos. Así, con un guión que no busca saturar el filme de todo el contenido disuelto en la novela, la película resulta muy fácil de seguir y no se ve sobrecargada por su propia información.

Quitando a Hans Zimmer, cuya banda sonora resultaba lo mejor de la primera entrega, y que aquí vuelve a convencer, quien realmente se lleva el gato al agua en esta frenética superproducción es el mismísimo Ron Howard. El realizador consigue un thriller bastante sólido y ante todo entretenidísimo, cuyo desenlace puede resultar previsible pero no por ello emocionante, regalándonos incluso una devastadora secuencia con el cielo iluminado digna del mejor de los artesanos. En “El código Da Vinci”, para situarnos, la tensión no existía por la manía de Howard de explicar en imágenes lo que ya sabíamos y antes de tiempo, como si fuéramos tontos. El cineasta, tras más de 20 años de trabajo a sus espaldas, parece haber comprendido por fin el arte de hacer cine. No es que “Ángeles y demonios” vaya a pasar a la posteridad de la historia del celuloide, pero sí que pasará al panteón particular de un director al que el reconocimiento le llegó demasiado temprano, cuando aún no había dado dos filmes tan estimulantes como sus dos últimos trabajos. Ahora sí mereces el apelativo de artesano, Ron. Esperemos que lo confirmes en el futuro.

A favor: es claramente superior a "El código Da Vinci"
En contra: algún exceso didáctico

martes, 12 de mayo de 2009

LA CRÍTICA

Star Trek ****

La resistencia es fútil

En el episodio número 14 de la quinta temporada de “Perdidos”, durante la ya famosa cabecera de la serie, la nave Enterprise atravesó las letras y surcó la pantalla. J.J. Abrams, ante todo, es un habilidoso estratega, un maestro del marketing. Consiguió con su campaña de marketing viral por la red convertir a una película estilo “Godzilla” –eso sí, con mucha más sustancia- titulada “Monstruoso (Cloverfield)” en un fenómeno que reventó taquillas. Con “Star Trek” la campaña publicitaria emprendida por Abrams ha sido de nuevo eficiente, pero ya la historia es otra: el producto creado por Gene Roddenberry tiene ya tanto peso en el imaginario colectivo que se promociona a sí misma. El director solo le ha dado el impulso que necesitaba para volver a despertar el interés del público por ella.

Consciente del delicado producto que tiene entre manos, Abrams ha vuelto a los orígenes de la serie. Pero lejos de realizar un trabajo profundo y trágico en forma y contenido, moda que siguen colegas como Christopher Nolan, ha preferido dar al público un espectáculo de dos horas no exento de un cariño especial hacia la mitología trekkie, adaptada a los tiempos que corren, y desarrollando de forma soberbia la relación de amistad de amor/odio entre Spock y Kirk. Así, “Star Trek” resulta rabiosa, impactante, juvenil –que no infantil- y fresca, algo que ya reclamaba una saga que en sus últimas entregas había dado serios síntomas de autoparodia y agotamiento –descontando la para mí entretenida y bien resuelta “Star Trek: Primer contacto”-.

Si su primer trabajo tras las cámaras, M:i:III, gozaba de ciertas reminiscencias a “Alias”, los fans de “Perdidos” encontraremos en las triquiñuelas temporales usadas por Abrams, Alex Kurtzman y Roberto Orci –creadores a su vez de otra joya televisiva reciente, “Fringe”- una referencia clara a una de las mejores series de lo que llevamos de siglo. Aunque, a diferencia de la ya de culto serie, en esta ocasión los trucos temporales ya no obedecen al “lo que pasó, pasó”, sino a la existencia de realidades alternativas. Una jugada maestra con el espacio-tiempo que permite recuperar a Leonard Nimoy como Spock, al que le da la réplica juvenil Zachary Quinto, tan cómodo en su papel como el del imprescindible Sylar de “Héroes”.

Lo peor de “Star Trek” es que es tan salvajemente buena, tan endiabladamente entretenida e inteligente que crea adicción, como la misma “Perdidos”. Sin ser precisamente un trekkie, aunque sí lo es Orci, el realizador respeta al máximo el universo de Roddenberry y lo hace propio, da sus toques personales ya visibles en sus trabajos televisivos y demuestra que ha hecho los deberes, como ya hiciera en su primera película. Todo para dar dos horas trepidantes de un agujero negro inmenso que arrastra al espectador al borde de ese mismo entretenimiento y seriedad simultáneos que ya consiguiera Irvin Kershner en “El imperio contraataca”, la mejor entrega dentro del universo “Star Wars”.

No soy un trekkie, lo confieso. Al igual que la serie “Héroes”, vi “Star Trek” pero no puedo decir que me convirtiera en adicto a sus tópicos. Nunca acabó de fascinarme como sí lo hicieran “Expediente X” o “Twin Peaks”, por ejemplo. Pero no importa. Abrams ha sabido contentar a los fanáticos a la vez que ha sido capaz de captar a nuevos adeptos. El poder de su “Star Trek” es tal que se hace adictivo. Como dirían los Borg, “La resistencia es fútil”.

A favor: la nostálgica aparición de Leonard Nimoy
En contra: que se hace corta, a pesar de durar dos horas

miércoles, 6 de mayo de 2009

Maestros del Horror: John Carpenter (II)

Pro-Life *1/2

John Carpenter es, posiblemente, el que mayor alegría y mayor decepción ha aportado a la serie “Masters of Horror”. La buena acogida que tuvo en diversos festivales el fabuloso episodio de la primera temporada, “Cigarette Burns”, se vio ensombrecida por culpa de su fallido trabajo para la segunda, titulado “Pro-Life”.

“Pro-Life” falla en tantos niveles que en el momento de su visionado me fue imposible realizar un compendio de todos ellos. En realidad, no me fue posible entender por qué no me gustó, a pesar del peso que tiene Carpenter en mi memoria cinéfaga. Y tardé en comprender que más allá de las limitaciones del formato televisivo –esto no fue un problema en “Cigarette Burns”, así que no se explica por qué Carpenter se dejó ir tanto con el capítulo que nos ocupa-, “Pro-Life” es ante todo un mediometraje aburrido, soso y que no aporta nada una vez lo has visto. Es más, ni siquiera entretiene.

Carpenter es un maestro a la hora de abordar el Apocalipsis desde varios puntos de vista. “En la boca del miedo” y Cigarette Burns” abordaban el fin de la humanidad a través del arte, en especial en el primer caso, donde Carpenter se mojaba al plasmar en imágenes el Apocalipsis en su desenlace. En otros trabajos, como “1997: Rescate en Nueva York” y su secuela o “¡Están vivos!”, el fin del ser humano como tal era inminente, o como mucho era reciente. No obstante, parece ser que el tema del derecho a la vida, el aborto y sus implicaciones morales le viene grande al director. ¿Tenemos derecho a negar una futura vida? En definitiva, ¿obramos como dioses decidiendo sobre la vida de los demás, o es un acto demoníaco que debemos paliar? Temas tan trascendentales como este –ojo, el declive de la moralidad humana que describe Carpenter en cada película está tan vigente como el aborto- parecen que pillan fuera de juego al director.

Lo que emana “Pro-Life” por todos sus poros es una dejadez impropia de su realizador. Carpenter no ha sabido mantener el interés durante los escasos 60 minutos que dura su propuesta. El espectador no acaba de interesarse por la trama; parece dirigida a las carreras, con candentes errores de continuidad –el cristal de la puerta que se rompe para poder entrar a la clínica abortista aparece íntegro al siguiente plano-; la banda sonora ya no transmite nada; Ron Perlman parece que no está al 100% en su papel… Incluso el maquillaje del bebé es una mala copia de la cabeza-araña de “La cosa”. Solo se salva, quizás, el trabajo de Nicotero&Berger para crear al demonio, y aún así no se le ve a la luz.

Para cuando llega la explicación final, que se hace previsible, “Pro-Life” no consigue transmitir su mensaje, sea cual sea este. Lo que queda es un insulso capítulo nada propio de Carpenter, quien incluso se permite la libertad para alargar la entrada de la familia a la clínica –esto ralentiza todavía más la película- haciendo un homenaje a “Asalto a la comisaría del distrito 13”, un director que creíamos recuperado tras su genial aportación a la serie en la primera temporada, pero que en esta ocasión parece desgastado por el tiempo. Sólo esperemos que no sea así. Siempre nos quedarán los créditos iniciales, precedidos por el habitual JOHN CARPENTER’S.

Descarga

Como en el caso de “Cigarette Burns”, les facilito enlaces para la descarga de “Pro-Life”

http://www.megaupload.com/?d=KNYTX1JH
Los archivos, como en el caso de "Cigarette Burns" están comprimidos con WinRar. Si alguien tiene dudas acerca de cómo descargar o extraer los episodios una vez descargado que lo consulte.

lunes, 4 de mayo de 2009

Maestros del Horror: John Carpenter (I)

Retomo mi análisis de la serie “Masters of Horror (MOH)” y esos maestros que la integran. El que nos ocupa ahora es el considerado por muchos, entre los cuales me incluyo, como uno de los mejores cineastas de cine fantástico y de terror –me cuesta clasificar su obra como terrorífica, a pesar de contar con títulos tan relevantes como “La noche de Halloween” en su filmografía- vivos. John Carpenter se ha labrado una fama de artesano y artista con mayúsculas, en especial en Europa, donde es considerado un autor. Puede que su mejor época ya haya pasado, pero en su carrera ha deambulado por todos los géneros dentro del cine de terror, siempre con un estilo rabiosamente personal. Suyo es el que es para mí el mejor episodio de toda la primera temporada de la serie, muy por encima de las sobrevaloradas propuestas de John McNaughton o Joe Dante, en especial del primero. Dado que su aportación a la serie se podría calificar de pequeña obra maestra, he decidido escindir la crítica en dos partes: una dedicada a la primera temporada y otra a la segunda.

La fin absolue du monde

Antes de diseccionar la compleja obra de Carpenter sentemos cátedra. No podremos entender plenamente su intención si no les hablo primero de “La fin absolue du monde”, la película que activa los mecanismos del miedo en la cinta de Carpenter.

Se trata posiblemente de la película más misteriosa de la historia del cine. Un extraño aura de secretismo y superchería rodea a este film desde hace décadas, hasta tal punto de poner en duda su propia existencia. No existen imágenes del mismo, ni carteles –la imagen que pueden ver acompañando a este texto está sacada del episodio Carpenter-. Su equipoestá extinto, falleció hace tiempo, y no existen copias conocidas. Y su director, Hans Backovic, se dice que se voló la tapa de los sesos obsesionado por el material que había creado. Otros, en cambio, hablan de él como desaparecido. Sea como fuere, no existen reseñas suyas por ningún lado, ni una triste biografía básica.

La leyenda comenzó en el aún primerizo Festival de Sitges -dónde si no, con lo aficionados que son sus organizadores a generar leyendas urbanas- en el año 1971, durante el cual se proyectó la única copia conocida del film de Backovic. Durante la misma los espectadores comenzaron a manifestar una conducta extremadamente violencia. Algunos hablaron incluso de canibalismo en la sala, y de un fuerte olor a sangre proveniente de la sala de proyección. Varios heridos y muertos durante el visionado del film, que culminó con el incendio de la sala, en lo que parece ser el único hecho confirmado de la velada. La historia oficial indica que el incendio provocó la histeria colectiva y la consecuente cadena de acontecimientos. No se puede afirmar si la película fue la causante del incendio –se acusó a Backovic de utilizar material inflamable a propósito- o del brote desenfrenado de violencia.

Tal era el caos organizado en la sala que los que sobrevivieron hablan de actos horrendos tales como el canibalismo. El humo y la confusión hicieron presa del pánico al público. No obstante, todos los que pudieron vislumbrar entre tanta supuesta carnicería retazos de la obra de Backovic coincidían en que se trataba de una película absolutamente bizarra, en la cual entre otras calamidades, se podía ver una sucesión de actos violentos e injustificados de niños contra ángeles, a los cuales mutilaban hasta arrancarles las alas. Una snuff movie con todas las de la ley, de la cual se llegó a especular que usaron ángeles de verdad. En definitiva, una oda a la maldad como medio de lograr el arte cinematográfico y que deja patente el poder subversivo del séptimo arte, de su potencial uso como arma de doble filo.

De la película ya no se sabe nada, y de su director, para el cual fue su último trabajo, menos. Su esposa, Katia Backovic, sólo afirmó que esa película había causado dolor y destrucción. Algunos hablaron incluso de un pacto de Backovic con el diablo. La leyenda se ha visto alimentada con el paso de los años, pero los intentos de encontrar “La fin absolue du monde” han resultado, que sepamos, frustrados. Se rumorea que Backovic intentó sacar la única copia existente, la que se exhibió en Sitges, pero el gobierno la destruyó. No obstante, dicen que circulan copias por el mundo, pero no se ha confirmado su existencia. Algunas sectas satánicas reconocen haber buscado una copia sin éxito y varios coleccionistas de cine pagarían lo que fuera a quien les consiguiera un trozo visionable del film.

¿Existe realmente esta película? Y de ser así, ¿estarían ustedes dispuestos a verla? Dicen que verla es desear el suicidio. Yo, presa del morbo, tras haber visto el film de Carpenter y leer sobre la peli, me muero de ganas por verla…


Cigarette Burns *****

“Una película es magia, y en las manos oportunas, un arma”. Con estas palabras introduce la historia Kirby Sweetman (Norman Reedus), un cinéfago que regenta un cine de serie B en el que, entre otros, podemos ver que proyectan “Profondo Rosso” del maestro Dario Argento, la cual momentos después cortará a conveniencia el ayudante de Sweetman. Éste, a su vez, alterna su trabajo en el cine como investigador privado, buscando esas rarezas del celuloide que los cinéfagos coleccionistas le encargan encontrar. Con un truculento pasado y una importante deuda pendiente, Sweetman acepta desesperado el encargo más difícil de su vida: encontrar la película maldita de Backovic, “La fin absolue du monde”. El ricachón Bellinger (el enigmático Udo Kier) le encarga una difícil tarea, no sin antes dar pruebas concretas de la existencia de la película. Bellinger tiene encadenado a uno de los ángeles que formaban parte del reparto original, mutilado hasta las alas y encadenado como una pieza más de coleccionista. Convencido, Sweetman comenzará a buscar la cinta, y por su camino se topará con un fanático aficionado a las snuff movies y con esas inconfundibles marcas de cigarrillo que dan título original al episodio –sí, no entiendo en qué pensaban los traductores españoles para darle el título de “El fin del mundo en 35mm.- y que señalan el cambio de bobina. Poco a poco, y a medida que ve las marcas, el protagonista irá sintiendo el terrible magnetismo del film de Backovic y sufrirá sus fatales consecuencias.


Esta trama de obsesión y de los efectos fatales del cine como arma de destrucción moral acerca el episodio de Carpenter a uno de sus mejores trabajos, “En la boca del miedo”. Al igual que Sam Neill, el personaje de Norman Reedus buscará al autor de la obra original y se irá adentrando en las fauces del horror, para al final comprender la importancia del arte en el ser humano –en aquel caso era una novela, ahora se trata de una película-, su poder de trascendencia, si bien en la cinta de 1995 los efectos eran mucho más apocalípticos. Carpenter habla así del cine dentro del cine, de su influencia positiva o negativa en nosotros, de su capacidad para hacer el mal en un discurso metalingüístico que trasciende incluso las imágenes. Porque “Cigarette Burns” no es solo la crónica de una obsesión y sus consecuencias, sino que el mismo trabajo de Carpenter se vuelve adictivo según avanza la trama. Es curioso que a pesar de tratarse de un producto limitado al ser televisivo, el director es capaz de aprovechar al máximo el tiempo del que dispone y realiza una obra intensa, adictiva, de esas que impiden despegar los ojos de la pantalla. Un ejemplo de esto es el uso de la elipsis. Con la excusa de las marcas de cigarrillo, el realizador omite un pasaje que sabemos que ha sido sangriento, aquel en el que Sweetman acaba con sus captores. Tras la mencionada marca, Norman Reedus ya está suelto y solo vemos la carnicería que se ha formado a su alrededor en el almacén. Una prueba de la inteligencia de Carpenter para economizar metraje, algo de lo que posiblemente adolezcan otros trabajos anteriores, de un exceso de metraje que convierte en lento su avance.

A este poder de adicción contribuye su desenlace, 10 minutos finales en los que Carpenter tontea con Cronenberg y “la nueva carne”, como cuando Bellinger realiza su particular y visceral película. Un torrente de imágenes y sensaciones inunda la pantalla y al espectador en uno de los mejores tramos finales que un servidor recuerda desde hace tiempo. El cineasta no comete el error de mostrarnos una proyección de “La fin absolue du monde”, sino que hace algo mejor: ofrece fragmentos proyectados en pantalla grande de la misma, tal y como lo habrían visto los espectadores originales en Sitges por culpa del pánico, una decisión que sin duda deja con más ganas si cabe de ver la obra de Backovic.

Solo una cosa puede reprochársele a este episodio, y son los flashbacks con la mujer del protagonista, un tanto cursis. Por lo demás, asistimos al renacimiento de un maestro del horror –no estrenaba desde “Fantasmas de Marte”-, con unos créditos iniciales precedidos por su característico JOHN CARPENTER’S, una banda sonora solvente compuesta por su propio hijo y un trabajo encomiable de Gregory Picotero y Howard Berger en el apartado de maquillaje. En especial cabe destacar el ángel, un prodigio del maquillaje imposible borrar de las retinas tras ver el capítulo. Toda una joya de la pequeña pantalla imprescindible para cualquier amante del género, del cine en general y de su director en particular, muy superior incluso a muchas películas de terror que se estrenan estos días.

Descarga

No voy a proporcionar enlaces para “La fin absolue du monde”. Como han podido ver, está descatalogada, parece incluso una invención. Les animo a buscarla, y si descubren algo, les ruego me avisen. Pero lo que sí les proporciono es el enlace desde megaupload para descargar el episodio de Carpenter. Espero que lo disfruten y les obsesione tanto como a mí.

Varios enlaces:
http://www.megaupload.com/es/?d=LN95ADY1

miércoles, 29 de abril de 2009

LA CRÍTICA


Sicko ***

Están locos estos americanos

Que el sistema sanitario en Estados Unidos constituye uno de los problemas más candentes del país es algo conocido por todos, a excepción de los mismos americanos. En una nación que presume de ser la más rica y poderosa del mundo en la cual sus habitantes no poseen cobertura médica, en un país cuyos servicios sanitarios alcanzan cifras astronómicas pero no ofrecen asistencia sanitaria a todos los habitantes, y en definitiva en un lugar que se autoproclama de ensueño pero que falla en lo más básico, sin que ningún presidente desde Nixon haya intentado poner fin a la crisis, algo va mal.

Michael Moore, azote de las grandes compañías y algún que otro político que ha dejado en entredicho al país, lo sabe, y así lo explota en su nueva película. “Sicko” recoge, al igual que las aclamadas “Bowling for Columbine” y “Fahrenheit 9/11” todos los tópicos que en el extranjero conocemos de sobra acerca de los americanos, pero que ellos mismos parecen no ver, convencidos de su propia supremacía sobre el resto de la humanidad, y los ridiculiza hasta el límite. Ya sea para criticar los intereses económicos de un presidente reelegido en dos ocasiones por asegurar que protegería a los habitantes de la inexistente amenaza externa o para hablar de la afición a las armas y el espíritu violento de una sociedad constituida en sus mismas raíces con sangre, lo que queda nuevamente demostrado tras ver “Sicko” es algo que ya sabemos los de fuera: los americanos están locos. Y Moore, a pesar de parecer muy cuerdo en sus documentales frente a la gente que insiste en atacar, está tan loco como el resto de sus vecinos.

El nuevo documental de Moore tiene lo mejor y lo peor de obras anteriores. Es capaz de relatar un tema tan serio con mucho humor, erigiéndose su cine como posible precursor de ese nuevo género documental cómico estilo “Super Size Me”, al que también ayuda un poderoso montaje, que no llega no obstante a la magnificencia de la genial “Inside Deep Throat (Dentro de Garganta Profunda)”. Por “Sicko” circulan la glorificación de una dama, la señora Clinton –pero no olvidemos que es americana como los demás, por muy cuerda que parezca-; una visita polémica a Guantánamo, donde los presos reciben mejor asistencia que ningún americano; incluso una comparación entre los sistemas sanitarios americano y cubano, pionero donde los haya, a pesar de sus escasos recursos. Moore visita Europa, analiza la raíz del problema y arremete contra las grandes compañías farmacéuticas, todo con ese particular sentido del humor que le ha convertido en referente para el documental de éxito. Hasta se atreve con un guiño impagable a “Star Wars”, lo más cómico sin duda de la película.
Pero insisto, Moore no deja de ser americano, y tiene defectos como todos. No me meteré con su vena patriótica ni sus serios indicios de locura transitoria, los cuales padecen el resto de yanquis, sino con sus ansias manipuladoras. Si de algo adolecían sus trabajos anteriores es de su manía por resultar trascendente, por esa figura del bocazas que realmente es y al que le gusta polemizar con el pueblo de su lado, como esas visitas que realiza con las víctimas a una gran cadena de almacenes para que retiraran la munición de sus estanterías en “Bowling for Columbine”. Moore monta un reality show cuando encuentra un hueco. Lo hizo en su anterior film y lo ha vuelto a hacer.
Un servidor, que ya no traga esos intentos maniqueístas de meterse al público en el bolsillo, ha visto cómo su último trabajo, que debía ser genial, acaba siendo uno de esos programas estilo “El diario de Patricia” en el que la música sube convenientemente para dramatizar los testimonios de las víctimas. No olvidaré la caracterización de Trey Parker y Matt Stone sobre el director en “Team America”: un zampabollos que se queja por todo, al que le gusta levantar polvo por donde pasa, un bocazas hipócrita sin remedio. Pero un bocazas con talento, eso no se le puede negar.


A favor: el guiño a "Star Wars"
En contra: la hipocresía del propio Moore, un bocazas manipulador sin remedio

viernes, 17 de abril de 2009

Tráiler de "The Girlfriend Experience"

Hace unos meses informábamos de que una de las pornstars más inteligentes, bellas y con cualidades dramáticas del panorama actual, Sasha Grey, sería la protagonista de la nueva película del oscarizado Steven Soderbergh. Pues ya tenemos disponible el primer tráiler de una película que promete, o así lo atestiguan los afortunados que ya la han visto, que no se cortan en asegurar que es una obra maestra dentro de la filmografía del director. Habrá que esperar al 22 de Mayo para conocer el resultado.

lunes, 13 de abril de 2009

LA CRÍTICA

Déjame entrar ****1/2
(Låt den rätte komma in)
En plena fiebre “Crepúsculo”, la película de Tomas Alfredson tiene dos importantes obstáculos en el camino: el film con exceso de acné y patetismo adolescente de Catherine Hardwicke y su procedencia nórdica. Para los adolescentes de hoy en día, la película americana es la definitiva dentro del género vampírico, rechazando cualquier propuesta extranjera que se le asemeje.

Una lástima. El filme de Alfredson posee más fuerza en un solo plano que “Crepúsculo” en todo su metraje. El realizador sueco comienza planteando una aparente historia de bullying, y va engarzando secuencias -el degollamiento en el bosque, por ejemplo- que nos preparan para el verdadero tema de la película: una mezcla de amor y vampirismo. “Déjame entrar” supone una de las historias de amor/terror más impactantes y con mayor dosis de elegancia de los últimos años. Y para ello no requiere grandes efectos especiales ni de maquillaje, sino la potencia de unas imágenes que bien podrían, como pretendía su director en un comienzo, ir ausentes de sonido. La fotografía, la banda sonora, el montaje, la puesta en escena, y cómo no, dos precoces pero sorprendentes protagonistas que hacen de este original acercamiento al vampirismo una de las mejores cintas de la temporada.

Alfredson filma su particular visión de los chupasangre con ritmo pausado pero adictivo, cuyo giro definitivo a la película que pretende ser llega con el primer asesinato de la niña, una de las muchas potentes secuencias que se clavan en la retina del espectador. La siguen la escena de los gatos, la muerte a la luz del sol de la infectada o el emotivo sacrificio del anciano protector por la niña, seguido inmediatamente del plano cenital de la caída de su cuerpo filmada desde lo alto de la ventana, todas ellas pequeñas proezas encadenadas que el director logra con soltura, como si llevara sangre de maestro corriendo por sus venas. Pero en particular una secuencia, la del desenlace en la piscina, pide a gritos un lugar en el séptimo arte. Un ejemplo de lo que el fuera de campo llevado al extremo de su concepto es capaz de conseguir, sin mover la cámara de debajo del agua.

En determinadas ocasiones, Tomas Alfredson apuesta por el silencio en una decisión acertada en ciertas secuencias –el significado de los anillos, la relación de la niña y su protector- pero que en otras convierten la película en hermética –el hombre sentado a la mesa del padre, la necesidad de la niña de pedir permiso antes de entrar en una estancia-, lo cual puede verse negativa o positivamente si entendemos el intento del cineasta porque el público piense además de ver. “Déjame entrar” está llamada a ser una de esas joyas ocultas del cine, esas que por su procedencia y por su desafortunado parecido con una que lleva meses abduciendo las mentes de millones de jóvenes de todo el mundo, convencidos de que lo que ven es cine con mayúsculas, tienen un camino tortuoso más allá de sus fronteras. Algo así como lo que le ocurrió en su momento a la germana “Requiem” frente a “El exorcismo de Emily Rose”. Una pena, porque estamos ante una pequeña obra maestra.
A favor: la escena final en la piscina
En contra: las injustas comparaciones con "Crepúsculo"

lunes, 6 de abril de 2009

"Urgencias" y "Boston Legal" cierran sus puertas

Hoy “House” y “Anatomía de Grey” no serían lo mismo sin ella. La serie que hizo de la steady cam y del reparto coral grandes bazas para la pequeña pantalla y se convirtió en la serie de médicos por excelencia de la historia de la televisión –no exagero, es así- ha cerrado sus puertas tras 15 años en antena, más de 300 episodios y 122 nominaciones a los premios Emmy, de los cuales 22 se convirtieron en galardones. En sus últimos episodios, “Urgencias” recopiló en un ejercicio de nostalgia a los actores iniciales de la serie. George Clooney, Anthony Edwards, Eriq LaSalle, Noah Wyle y Julianna Margulies retomaron sus roles en el gran cierre de esta magnífica serie el pasado 2 de Abril ante 16 millones de espectadores, convirtiéndose en lo más visto de la noche en EEUU.

“Urgencias” fue creada en 1994 por el fallecido escritor, cineasta y médico Michael Crichton, y se convirtió ya en su primera temporada en un éxito rotundo y en referencia para las series de médicos. Por las salas del Chicago County General desfilaron nombres tan ilustres como Ewan McGregor, William H. Macy, Alan Alda, James Cromwell, Don Cheadle, Sally Field, Forest Whitaker, James Woods o Robin Williams, entre otros, y entre los directores que se formaron entre sus decorados encontramos a Ernest R. Dickerson (“Caballero del diablo”, “Masters of Horror: The V Word” y episodios de “Dexter”), Mimi Leder (“Cadena de favores”, “Deep Impact”) e incluso un fan de la serie, Quentin Tarantino, que en aquella época se encontraba en plena resaca post Pulp Fiction. El productor ejecutivo y co-creador -aunque muchos le ven más artífice de la idea que Crichton- de la serie, John Wells, ha anunciado que no habrá ningún spin-off de la serie.
La que sí fue un spin-off de otra serie de éxito, “El abogado”, y que en mi opinión logró superar a su predecesora fue “Boston Legal”, que desgraciadamente cerró el bufete Crane, Poole & Smith en Diciembre del año pasado tras una quinta temporada discreta de tan sólo 13 episodios. Una de mis series favoritas de lo que llevamos de década, con dos recuperados e inmensos William Shatner (el capitán Kirk de “Star Trek”) y James Spader (“Stargate”, “Crash” –la buena, la de David Cronenberg-). Durante 5 años hemos visto cómo han desfilado por este delirante bufete de abogados los más variopintos casos, esos tan ridículos que nadie quiere aceptar.

Spader, cuyo personaje aparecía en “El abogado” interpretó a Alan Shore. Lascivo, mujeriego, prepotente y demócrata. Shatner, por su parte, fue Denny Crane, el viejo salido, seguro de su propia leyenda –nunca perdió un caso, y se pasea por los pasillos repitiendo su propio nombre como un grito de guerra-, afectado, como él mismo dice, por el mal de las “vacas locas”, y republicano cerrado. Juntos formaron una de las mejores parejas de la televisión, compartiendo puro y copa en un balcón, e incluso cama, pero siempre como amigos. 15 nominaciones a los Emmy –Spader ganó en dos ocasiones y Shatner en una-, tres a los Globos de Oro –Shatner fue el único que lo ganó- y otros premios de igual renombre avalan una serie que Antena 3 comenzó a emitir pero de la que se desprendió tras su primera temporada.

Para un seguidor de las buenas series como un servidor, que se hayan ido las dos que nos ocupan es una gran pérdida, como perder a seres queridos. “Urgencias” tuvo mejor suerte que “Boston Legal” en lo que a reconocimiento se refiere, pero ambas merecen un sitio especial en el olimpo de la ficción televisiva. Actualmente se emiten en AXN y FOX, respectivamente. Y pronto nos deja otra serie que, sin estar a la altura de estas, nos ha hecho vibrar y mordernos las uñas durante cuatro años, con sus altos y sus bajos: “Prison Break”. Por ahora seguimos teniendo “Perdidos” y “CSI”, y los relevos, “Fringe” y “La hora 11”.

martes, 24 de marzo de 2009

100 películas que debes ver antes de morir

Siempre he pensado que las listas cinéfilas son para los valientes, especialmente si van numeradas en un ranking. Yahoo se ha tirado a la piscina y ha publicado una selecta lista con las 100 películas que marcaron un antes y un después en la historia del séptimo arte. O como ellos mismos la han llamado, "100 películas que debes ver antes de morir". Con semejante título y dada la importancia del tema que trata, me quito el sombrero ante el blog de cine. Eso sí, como el cine es cuestión de gustos, por supuesto que faltan y sobran algunos filmes. Pero mejor hablo de eso otro día.

Doce hombres sin piedad (1957) - Sidney Lumet
2001, odisea del espacio (1968) - Stanley Kubrick
Los cuatrocientos golpes (1959) - Francois Truffaut
Ocho y medio (1963) - Federico Fellini
La reina de Africa (1951) - John Huston
Alien, el octavo pasajero (1979) - Ridley Scott
Eva al desnudo (1950) - Joseph L. Mankiewicz
Annie Hall (1977) - Woody Allen
Apocalypse Now (1979) - Francis Coppola
La batalla de Algiers (1967) - Gillo Pontecorvo
Ladrón de bicicletas (1948) - Vittorio De Sica
Blade Runner (1982) - Ridley Scott
Sillas de montar calientes (1974) - Mel Brooks
Blow Up, deseo de una mañana de verano (1966) - Michelangelo Antonioni
Terciopelo azul (1986) - David Lynch
Bonnie And Clyde (1967) - Arthur Penn
Breathless (1960) - Jean-Luc Godard
El puente sobre el río Kwai (1957) - David Lean
La fiera de mi niña (1938) - Howard Hawks
Dos hombres y un destino (1969) - George Roy Hill
Casablanca (1942) - Michael Curtiz
Chinatown (1974) - Roman Polanski
Ciudadano Kane (1941) - Orson Welles
Tigre y dragón (2000) - Ang Lee
La jungla de cristal (1988) - John McTiernan
Haz lo que debas (1989) - Spike Lee
Perdición (1944) - Billy Wilder
¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (1964) - Stanley Kubrick
Sopa de ganso (1933) - Leo McCarey
E.T. El Extraterrestre (1982) - Steven Spielberg
Operación Dragón (1973) - Robert Clouse
El exorcista (1973) - William Friedkin
Aquel excitante curso (1982) - Amy Heckerling
French connection: contra el imperio de la droga (1971) - William Friedkin
El Padrino (1972) - Francis Ford Coppola
El padrino, segunda parte (1974) - Francis Ford Coppola
James Bond contra Goldfinger (1964) - Guy Hamilton
El Bueno, el Feo y el Malo (1966) - Sergio Leone
Uno de los nuestros (1990) - Martin Scorsese
El graduado (1967) - Mike Nichols
La bestia humana (1938) - Jean Renoir
Atrapado en el tiempo (1993) - Harold Ramis
¡Qué noche la de aquel día! (1964) - Richard Lester
Deseando amar (2000) - Wong Kar-wai
Sucedió una noche (1934) - Frank Capra
¡Qué bello es vivir! (1946) - Frank Capra
Tiburón (1975) - Steven Spielberg
King Kong (1933) - Ernest B. Schoedsack, E. Schoedsack, Merian C. Cooper
Las tres noches de Eva (1941) - Preston Sturges
Lawrence de Arabia (1962) - David Lean
El señor de los anillos: La comunidad del anillo (2001) - Peter Jackson
M, el Vampiro de Dusseldorf (1931) - Fritz Lang
M.A.S.H (1970) - Robert Altman
El halcón maltés (1941) - John Huston
Matrix (1999) - Andy Wachowski, Larry Wachowski
Tiempos modernos (1936) - Charles Chaplin
Los caballeros de la mesa cuadrada (1975) - Terry Jones, Terry Gilliam
Desmadre a la americana (1978) - John Landis
Network, un mundo implacable (1976) - Sidney Lumet
Nosferatu (1922) - Friedrich Wilhelm Murnau
Un tranvía llamado deseo (1951) - Elia Kazan
Alguien voló sobre el nido del cuco (1975) - Milos Forman
Senderos de gloria (1957) - Stanley Kubrick
La princesa Mononoke (1997) - Hayao Miyazaki
Psicosis (1960) - Alfred Hitchcock
Pulp fiction (1994) - Quentin Tarantino
Toro salvaje (1980) - Martin Scorsese
En busca del arca perdida (1981) - Steven Spielberg
La linterna roja (1992) - Zhang Yimou
Rashomon - Akira Kurosawa
La ventana indiscreta (1954) - Alfred Hitchcock
Rebelde sin causa (1955) - Nicholas Ray
Rocky (1976) - John G. Avildsen
Vacaciones en Roma (1953) - William Wyler
Salvar al soldado Ryan (1998) - Steven Spielberg
La lista de Schindler (1993) - Steven Spielberg
Centauros del desierto (1956) - John Ford
Los siete samuráis (1954) - Akira Kurosawa
Cadena perpetua (1994) - Frank Darabont
El silencio de los corderos (1991) - Jonathan Demme
Cantando bajo la lluvia (1952) - Gene Kelly, Stanley Donen
Blancanieves y los Siete Enanitos (1937) - David Hand
Con faldas y a lo loco (1959) - Billy Wilder
Sonrisas y lágrimas (1965) - Robert Wise
La guerra de las galaxias (1977) - George Lucas
El crepúsculo de los dioses (1950) - Billy Wilder
Terminator 2: el juicio final (1991) - James Cameron
El tercer hombre (1949) - Carol Reed
This Is Spinal Tap (1984) - Rob Reiner
Titanic (1997) - James Cameron
Matar un ruiseñor (1962) - Robert Mulligan
Toy Story (1996) - John Lasseter
Sospechosos habituales (1995) - Bryan Singer
Vértigo (De entre los muertos) (1958) - Alfred Hitchcock
Cuando Harry encontró a Sally (1989) - Rob Reiner
Fresas salvajes (1957) - Ingmar Bergman
El cielo sobre Berlín (1987) - Wim Wenders
El Mago de Oz (1939) - Victor Fleming
Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) - Pedro Almodóvar
El mundo de Apu (1959) - Satyajit Ray

jueves, 19 de marzo de 2009

LA CRÍTICA

Los abrazos rotos ****

“Chicas y maletas” iba a ser una obra cumbre en la carrera del director Mateo Blanco. Salvajemente mutilada para hundir la carrera del realizador, el montaje que se presentó al gran público contenía solamente las peores tomas. Era la gran mentira que el resentido productor, Ernesto Martel, estrenaba con un gran revuelo en los cines de todo el país. El montaje bueno nos lo brinda Almodóvar en sus abrazos rotos. En él, la comedia desenfadada que lucía el manchego en la década de los 80 inunda la pantalla durante los últimos minutos de película. Se trata del único buen sabor de boca de una historia salpicada de celos, remordimientos, recuerdos malsanos y la autoimposición del olvido.

Lo que viene antes es un auténtico dramón salpicado de las constantes melodramáticas del cineasta. Asistimos a la mentira personal que se auto inflinge el mismo Mateo cuando se exilia del mundo y del cine absorbido por su propio pseudónimo, Harry Caine, para tratar de no tener que recomponer las fotos de una vida que lo ligaban a un amor imposible y obsesivo, el que sintió por Lena, una bellísima actriz no muy buena como intérprete, pero que a sus ojos se volvía la mismísima Audrey Hepburn. Una ceguera personal que afectaba a todo su trabajo y que culminó en una ceguera física que le obligó a vivir como escritor y guionista. A través de flashbacks, Almodóvar nos cuenta los orígenes de esa relación, la imposibilidad del amor con Lena por culpa de la pareja de ésta, el productor Martel, y varias tramas secundarias que es mejor no desvelar. Todo intercalado con el rodaje de esas “Chicas y maletas” que supone un soplo de aire fresco de una película necesariamente amarga, una vuelta a los orígenes del director.

Almodóvar juega inteligentemente con el montaje en su última película, y en definitiva juega con el mismo cine. “Los abrazos rotos” mezcla el cine negro, la intriga hitchcockiana, el melodrama de Douglas Sirk –eso sí, pasado por su filtro particular- y finalmente inserta el liberador toque de humor y la estética almodovarianos. Incluso se pueden entrever ciertas reminiscencias a David Lynch en esa forma de presentar parte del pasado de Penélope Cruz haciendo uso de un teléfono solitario sobre una mesa y una enigmática conversación con la recuperada Kiti Manver.

Una de las constantes del cine de Almodóvar, sus actores y actrices, vuelve a sobresalir con fuerza en la película. Lluís Homar y Penélope Cruz soportan con muy buena mano el peso de la narración, secundados por los siempre soberbios José Luis Gómez y Blanca Portillo. A ellos se unen las habituales Rossy de Palma y Chus Lampreave, y una aparición de lujo, la de una Carmen Machi cuyo desternillante papel prosigue en el recomendable cortometraje “La concejala antropófaga”. Solo chirría en el conjunto Rubén Ochandiano, cuya caracterización –y peinado- es bastante irrisoria. De las apariciones estelares de Kira Miró y Daniel Martín mejor no hablar. Solo agradecer su corta presencia en pantalla.

“Los abrazos rotos” no deja de ser una película de Almodóvar más, con todo lo bueno y malo que ello implica. Entre lo bueno están los actores, el guión, la puesta en escena y el universo personal de su director. Entre lo malo, principalmente, esa tendencia a la grandilocuencia final, que pone en boca de un personaje la aclaración de todos los misterios y que se hace un tanto repetitivo y sobrante para quien esto escribe. Y la sensación de que al ser una película más dentro de su filmografía no esté a la altura de sus obras más redondas. No obstante, este dramón de amantes que nunca se fundieron en un abrazo eterno pero sí en un beso final es puro cine del manchego, y eso es ya de por sí garantía de cine con mayúsculas.
A favor: sencillamente, que es una película Almodóvar
En contra: la manía del director de los finales melodramáticos sobre-explicados

domingo, 15 de marzo de 2009

LA CRÍTICA

A ciegas ***1/2
(Blindness)

En el reino de los ciegos

El “Ensayo sobre la ceguera” de José Saramago es un trabajo sumamente complicado de adaptar. Cualquier cineasta quedaría cegado por sus múltiples metáforas y esa prosa de frases largas y estructura distópica que le han valido ser una de las grandes, que no mejores, novelas de su autor.

La versión cinematográfica, titulada convenientemente “A ciegas (Blindness)”, parte de de un comienzo absolutamente prodigioso, aquel en el que un conductor queda ciego de repente paralizando el tráfico. Posteriormente, los sucesos se repiten y los casos de ceguera repentina se multiplican, conformando un futuro a sabiendas apocalíptico, un reino de ciegos en el que solo una mujer –la como de costumbre convincente Julianne Moore- puede ver el caos que la rodea fingiendo ser ciega para estar con su marido -genial y comedido Mark Ruffalo-, siendo el de ella el personaje que precisamente más sufre por su condición vidente.

Consciente de la delicadeza del material que tiene entre manos, el director brasileño Fernando Meirelles construye en “A ciegas”, una vez planteado el sobresaliente comienzo, todo un díptico poco complaciente con el espectador que hurga en las miserias humanas, desde el afán de liderazgo que lleva al abuso de poder a la toma de las medidas extremas necesarias para sobrevivir. Es capaz de mostrar, sin ahorrar detalles escabrosos –sobrecogedora la secuencia del intercambio de mujeres por comida-, a lo que es capaz de llegar el ser humano cuando se le priva de algo más que de la vista, de la libertad, en un microcosmos multicultural vigilado por las armas de un gobierno que prefiere contener lo que considera una epidemia a costa de vidas humanas.

No le faltan las lecturas políticas al género de la ciencia-ficción post apocalíptica, en el que posiblemente mejor encaje, pero en esencia se trata de una película tan inclasificable como el material que le sirve de referencia. Lecturas, eso sí, que se ven frenadas por un cierto exceso de grandilocuencia por parte de la voz en off de un Danny Glover tan estupendo en actuación como redundante en sus líneas de diálogo excesivamente explícitas para una historia cuyos matices deben ser fáciles de leer por el público inteligente por debajo de esa cegadora luz blanca que acompaña toda la cinta.

Meirelles no se conforma con plasmar con bastante fortuna el desasosiego narrativo de la obra de Saramago, el de una sociedad que no lo ve todo negro, sino blanco como la leche. Porque de un realizador como él se espera una obra de arte visual. Y eso es lo que más sobresale en su particular forma de entender la novela. El cineasta baña toda la cinta de un blanco lácteo sólo ennegrecido por las secuencias nocturnas y los desvanes oscuros, en un intento por trasladar con éxito al espectador a la condición invidente de sus personajes. Es más, hace un uso inteligente de los sonidos y de la banda sonora para potenciar ese mismo empeño, muy acertado, de lograr una película perceptible más por el oído que por la vista.

Como era de esperar, eso sí, el resultado es irregular si se compara con la novela, pero absolutamente prodigioso como película poseedora de una imaginería audiovisual apabullante, ayudada por un relato suculento y que en su ambiente apocalíptico recuerda mucho a “Hijos de los hombres”, de Alfonso Cuarón. Todo un prodigio luminoso únicamente ensombrecido por la obra de Saramago acerca de la condición del ser humano, de su ceguera tanto actual como histórica ante sus propios errores, condenado a sucumbir al reino de los ciegos. Un reino en el que ni siquiera el que ve es el rey, sino una persona más.

A favor: su poderío audiovisual
En contra: como era de esperar, es inferior a la novela

viernes, 13 de marzo de 2009

"La concejala antropófaga", el prólogo almodovariano de "Los abrazos rotos"

Cinco días quedan para la última película de Almodóvar, que él mismo define como "Un drama, en el que participan otros géneros, pero un drama. Puro thriller con incursiones en el cine americano de los 50". Habrá que esperar al 18 de este mes para ver este cruce del cine almodovariano de dos épocas, el melodrama de "La flor de mi deseo" o "Hable con ella" y los felices 80 de "Mujeres al borde de un ataque de nervios". La primera parte la pone la historia de amor inconclusa del director invidente Mateo Blanco y y Lena, y la segunda la conforma el inacabado trabajo del ficticio cineasta, "Chicas y maletas", por el que dembulan intérpretes clásicos del universo del realizador manchego como Chus Lampreave y Rossy de Palma. Es precisamente en esta película dentro de la película en la que se enmarca el cortometraje "La concejala antropófaga", escrito, en la ficción, por Harry 'Huracán' Caine, el pseudónimo de Mateo, y dirigido por éste. Dicho corto, que se les presenta a continuación, supone la preparación para lo que veremos en cinco días, y destaca en él el monólogo de la soberbia Carmen Machi, a la que solo le falla no el estampado, sino ese horrible peinado.

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