La sanguinaria red social
“Scream” funcionaba como un cuchillo afilado directo al corazón que recopilaba las constantes, fallos y tópicos del terror en general, y del slasher en particular, y no hacía precisamente una actualización de los mismos, sino que los parodiaba y reverenciaba al mismo nivel. Ahí radicaba su falsa originalidad, en servir un cóctel de humor y terror para las nuevas generaciones analizando el paso del tiempo en el género, actualizándolo para los adolescentes de los 90 a base de recoger los méritos que otros lograran antaño.
Teniendo esto en cuenta, su originalidad difícilmente podía ser superada por las inminentes secuelas. Y de hecho así fue. Consciente de esto, Kevin Williamson no trató de superarla, sino de servir en “Scream 2” una revisión del concepto de secuela y añadir además algunas lecturas metalingüísticas con aquella “Puñalada (Stab)” que parodiaba hasta el imposible la historia real, siendo esta misma una exageración de nuestra realidad.
En “Scream 4”, la vuelta de Williamson a la franquicia tras abandonarla en la tercera –esto se nota para bien en el guión-, sigue intacto el espíritu de la saga, y volvemos de nuevo a Woodsboro, de donde nunca debimos haber salido. Todo lo que caracteriza a las anteriores está presente aquí. Sustos, humor a expensas de los paradigmas del género, adolescentes desmembrados y una cinefilia latente. Y, eso sí, bastante más hemoglobina y vísceras en cada nuevo acto de Ghostface.
No hay desarrollo de personajes, ni falta que hace. No aporta nada nuevo, ni falta que hace. No trata de superar a la primera, ni falta que hace. Su objetivo es entretener, y eso lo cumple con creces. Pero por encima de todo esto, lo importante es su mensaje. Porque Williamson analiza el paso del tiempo para el terror: la tendencia de la industria hacia los remakes, el exceso de gore injustificado tipo “Saw”,.. y los usa como antaño en su beneficio para parodiarlos. Marca las claves de los reboot, de las renovaciones de la franquicia, en una continuación en la que las reglas han cambiado en estos diez años, hasta el punto de que las nuevas entregas podrían prescindir de los protagonistas sin despeinarse.
“Scream 4” vuelve a incorporar la esencia del cine dentro del cine en su glorioso comienzo, y en su desarrollo peca de ser un pelín convencional y falta de intensidad en sus muertes, pero no deja de divertir en su conjunto. Y en su morboso acto final no sólo se referencia a sí misma, sino que Williamson actualiza a su Ghostface haciéndole partícipe de las nuevas tecnologías y lanza un estremecedor mensaje, quizá demasiado explicado en las motivaciones de su asesino, sobre el mal uso de Internet como macabra herramienta masiva y promocional de toda una generación cada vez más desconectada de sí misma, capaz de todo por ganar un nuevo fan.
En medio de todo, en esta intencionada renovación de la franquicia se cede el protagonismo más a los secundarios que a su trío estelar, dejando claro que cualquiera puede caer, y brilla con luz propia un director como Wes Craven, reticente a ser considerado una vieja gloria y capaz de adaptarse a sí mismo, y a su peculiar slasher, a los nuevos tiempos.
A favor: sus primeros minutos, y su mensaje sobre el cambio de la red social actual
En contra: es demasiado convencional en su desarrollo
Valoración: ***1/2