El terror está en el entorno
Que una película sobre exorcismos no abuse de los recursos del género ya demasiado trillados que expusiera una obra cumbre como “El exorcista”, tales como contorsionismo imposible y dominio de la lengua –palabrotas, para entendernos-, y enfoque más su visión en el entorno sociocultural en el que se produce y el debate ético moral que plantea, es un verdadero milagro. Y aunque en los últimos años han llegado varias propuestas que exploten este tema, pocas han acertado tanto como “El último exorcismo”. Todo con permiso de “El exorcismo de Emily Rose”, claro está.
La película huye en todo momento de los trucos de artificio propios del género y nos presenta un falso documental acerca de un predicador que no sólo tiene una crisis de fe, sino que ya sólo ve los aspectos comerciales de su profesión. Escéptico con el tema de los exorcismos, el reverendo Cotton tratará de demostrar su cara oculta, la farsa que hay detrás de todo un negocio que aprovecha la incultura y la pobreza de esos pueblos apartados del mundo, todo un caldo de cultivo para ritos, supersticiones y demonios .
Y el gran acierto del film de Daniel Stamm, con el apoyo del ya clásico Eli Roth, es aprovechar las bases del mockumentary –mucho más allá que lo visto en “[REC]”, “Paranormal Activity” o “El proyecto de la bruja de Blair”; esto es un documental con todas las de la ley- para no abandonar ni un solo segundo su premisa, que no es más que la de desmitificar, con sobresaliente distancia objetiva, una práctica ancestralmente utilizada por la religión y mostrar las circunstancias socioculturales que la rodean.
En ese sentido, “El último exorcismo” no solamente pone en tela de juicio la veracidad de este mundillo, sino que nos hace dudar de si lo que le ocurre a la joven Nell es producto de un ambiente opresivo, ultrarreligioso y congelado en el tiempo, o si se trata realmente de una posesión demoníaca. Stamm sucumbe a los efectismos de los que huye durante todo el metraje en contadas y bien insertadas ocasiones, hasta llegar a un desenlace sorpresa que rompe con los méritos que la cinta consigue durante setenta minutos y que la hace resbalar un poco. Pero es incluso ese tramo final necesario para mantener la atención del espectador y convertir a esta obra en algo perdurable, en un trabajo al que posiblemente el tiempo trate mejor de lo que lo está haciendo ahora.
Pese a esto, la película logra con su cámara en mano, su magnífica creación de atmósferas y su inteligente uso de la banda sonora, generar una tensión y un mal cuerpo al público que incluso va más allá de sus secuencias más terroríficas. Porque el verdadero terror no reside en cómo la chica se rompe el cuello o aparece de repente, sino en el entorno en el que se ha educado.
A favor: su objetivo análisis sobre las circunstancias socioculturales que rodean los exorcismos
En contra: un efectista, aunque comercialmente necesario, desenlace
Valoración: ***1/2