jueves, 17 de marzo de 2011

LA CRÍTICA


Nunca me abandones ****1/2 
(Never let me go) 

Contra el tiempo

Sorprende la extraordinaria complicidad que se establece entre el universo de Kazuo Ishiguro con el juego de sutilezas y sugerencias del cine de Mark Romanek, un realizador que si bien no se prodiga mucho en la gran pantalla –ocho años separan a la que nos ocupa de su anterior y estimulante largometraje, “Retratos de una obsesión”- sí lo hace en el mundo del videoclip y demuestra con su tercer trabajo que es un nombre muy a tener en cuenta. Romanek retrata en “Nunca me abandones” un mundo distópico, con tímidos toques de una ciencia-ficción más sugerida que mostrada –unas pulseras y un escáner son los únicos elementos del género fácilmente reconocibles en una realización exenta de efectismos-. En los detalles está la sutileza del planteamiento del cineasta, algo que comparte con el autor de la novela en la que se basa. 

Poco conviene desvelar de la sinopsis de la película, salvo que estamos ante la historia de tres amigos en tres momentos de sus vidas. Tres amigos que conocerán desde pequeños una verdad cruel, lo que les depara un futuro que tiene los días contados. Tres personajes que asimilan con incomprensible sumisión –he aquí el punto más débil del film, un hermetismo que hace que queden algunos flecos en la falta de rebelión de su trío protagonista ante un mundo deshumanizado- sus roles de simple carnaza y sus fugaces vidas, que sin embargo viven tan intensamente como el resto de los mortales.


No importa que la película se deje por el camino algunas explicaciones clave para entender las actitudes de sus personajes, pues Romanek rueda con una exquisitez y una elegancia clásica en la puesta en escena más propia de un cineasta europeo como Godard o Resnais que de un director americano. Tan bueno es su manejo de la cámara y de los recursos melodramáticos, sin que se note que abusa de ellos, que hasta es posible que a más de uno, y me incluyo, se le escape una lágrima hacia el final del relato. Ayudan a ello la fabulosa banda sonora de Rachel Portman, la elocuente fotografía de Adam Kimmel y un guión soberbio de Alex Garland.


Y por supuesto, el resultado final no sería el mismo sin sus tres actores principales, sobre los que Romanek deja buena parte del peso de la cinta. Carey Mulligan se reafirma como una de las jóvenes actrices más prometedoras del séptimo arte, capaz de encajar cualquier papel con la misma convicción, Andrew Garfield está maravilloso en su interpretación, mucho más que en “La red social”, y Keira Knightley está más correcta que de costumbre.


No pierdan la oportunidad de ver esta joya –sobre todo antes de que alguien les cuente la raíz de la trama- que habla de lo que nos hace humanos, de la fugacidad de la vida y de la importancia de vivir el tiempo que nos ha tocado, antes de que el reloj se pare. Porque el tiempo que tenemos nunca es suficiente.

A favor: la extraordinaria complicidad entre el juego de sutilezas del autor y el director; el trío protagonista y una dirección más sugestiva que explícita
En contra: cierta irracionalidad en las actitudes de sus personajes ante un sistema deshumanizado

1 comentario:

daniel dijo...

Hola!
Muy de acuerdo en tus apreciaciones, un film tan puro y tan poético que me resulta maravilloso. Tiene una consabida forma de mostrar la naturaleza del hombre y guarda una interesante reflexion sobre el futuro de la humanidad. La fotografia y la musica son sublimes.

Un saludo. Me hago seguidor.

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