miércoles, 14 de octubre de 2009

LA CRÍTICA

La huérfana ***1/2
(Orphan)

Los niños malvados ya son un tema recurrente en el cine de terror, casi constituyen un estereotipo por sí solos. Ya sea como una secta de menores malignos (“El pueblo de los malditos”, “Los chicos del maíz”), como niños sacados del mismísimo infierno (“La profecía”, “El hijo del mal”) o sencillamente como una horda de demonios que reivindican su independencia de los adultos (“¿Quién puede matar a un niño?”), lo que tenemos es pura crueldad infantil, el choque entre la dulzura que se les supone y la maldad de la que son capaces. Por eso, es posible que esta fórmula ya tan trillada sea lo que repela a los espectadores a priori pensando en términos de “otra de niños cabrones”.
Pero no, “La huérfana” huye ya en su comienzo de todos los estereotipos posibles. Una secuencia onírica abre el tercer largometraje del español Jaume Collet-Serra, como ya hiciera su debut en el terror hace unos años, la cruel, aunque demasiado tópica, “La casa de cera”, que tenía entre sus mayores virtudes dicho comienzo y el clímax final, quedando el resto relegado a un mero slasher adolescente. Lo que viene a continuación es otra vuelta de tuerca al subgénero que nos ocupa. Y es que el director parece no sólo haber aprendido de su experiencia en el terreno del videoclip y de los errores cometidos en su ópera prima, sino que esta vez parece que los productores, entre ellos Joel Silver y Leonardo DiCaprio, le han dejado bastante libertad para contar la historia a su manera.

Collet-Serra parece madurar en cada fotograma de su última película. Cada plano, cada situación y cada sonido –la película hace un inteligente uso del mismo como herramienta para crear desconcierto; no por casualidad uno de los personajes es sordo- parece calculado al más mínimo detalle, como bien harían Shyamalan o incluso Hitchcock. “La huérfana” no sorprende solamente por su giro final, que ya es suficiente, sino por su elegante puesta en escena, huyendo de los tópicos que una película con su mismo argumento ha creado con el paso de los años.

Muchas son las virtudes que encadena Collet-Serra en esta terrorífica a la vez que sarcástica mezcla de los complejos de Peter Pan y Electra, y entre ellas se encuentra un inteligente guión repleto de secretos, porque Esther no es la única que los esconde. Y se sirve sobre todo de unas interpretaciones de altura, en particular ese careo madre-hija entre la nuevamente estupenda Vera Farmiga y la pequeña Isabelle Fuhrman, todo un descubrimiento. La niña supone el mayor reclamo del filme y sobre ella recae casi todo el peso y la credibilidad de la cinta. Su personaje de niña rechazada y mala, muy mala, es de esos que como Damien merece un lugar especial en el podio de los infantes más malévolos del celuloide.

Juegan solamente en su contra un desenlace que se torna descaradamente slasher, psycho killer incluido, un trailer que mejor no vean si no quieren que les destripen parte del argumento, y los reparos que tengan algunos a verla pensando que van a ver lo mismo de siempre. Esto último se desvanece gracias al estiloso toque de su director, y cómo no, a su valentía, porque pocos directores se atreven a rodar una secuencia de seducción entre padre e hija, entre otros muchos momentos comprometedores y que levantarán más de una ampolla entre los defensores del menor, tan turbadora como la que nos muestra un director libre de ataduras y que esperemos repita la misma proeza en trabajos posteriores. Si es así, más nos vale ir aprendiendo su nombre.

A favor: Isabelle Fuhrman, espléndida; la dirección, excelente
En contra: a muchos puede repelerle un tema tan trillado; a Collet-Serra se le va la mano al final hacia el slasher

lunes, 12 de octubre de 2009

"Zombieland", en tierra de zombis


Ha sido uno de los grandes atractivos del recién terminado Festival de Sitges, donde ha conseguido el gran premio del público. Se trata de "Zombieland", que como su propio título indica, trata de una tierra tomada por los zombis.
Cuando el mundo entero ha sido infestado por una horda de zombis, lo mejor es tomarse la supervivencia en clave de humor. Ésta es la premisa de esta comedia terrorífica que en palabras de su realizador es una oda al cine de John Landis: «Crecí viendo esas películas, de hecho, mi director favorito es John Landis. Su película Un hombre lobo americano en Londres es la mejor comedia de terror del mundo. Supongo que la conexión con el cine de los 80 está ahí y en la aparición en el filme de un actor que fue una estrella de la comedia de aquella década y de quien prefiero que no se diga el nombre para no desvelar nada de la película»

Dicha estrella podría ser Bill Murray, acreditado pero cuyo papel en la cinta se desconoce. Aunque no es el único cameo que se mantiene en secreto en la película.
Woody Harrelson, Jesse Eisenberg, Emma Stone y la niña nominada al Oscar Abigail Breslin conforman el cuarteto protagonista de este enorme divertimento que arrancó carcajadas en el festival de cine fantástico y de terror por excelencia. Un servidor ya ha tenido ocasión de ver los primeros minutos y debo decir que son cuanto menos originales, incluidos unos créditos iniciales tan atractivos como los de "Watchmen". Habrá que esperar hasta Diciembre para verla, pero les voy dejando el trailer en alta definición para que se vayan haciendo una idea.


La otra película relacionada con el tema es la francesa "La horde", la llamada a ser el film francés radical del año, fruto de los debutantes Yannick Dahan y Benjamin Rocher, una de zombis desmesurada que comienza siendo convencional y acaba tornándose en algo salvaje y excesivo. La trama promete una lucha entre muertos vivientes, gángsters y policías.

viernes, 9 de octubre de 2009

LA CRÍTICA

Ágora ***

La pasión de Amenábar

A nadie debería sorprender que en su último y más ambicioso proyecto Alejandro Amenábar se haya zambullido de lleno en el péplum, género hasta ahora no pisado con fuerza por el cine español, olvidando la infame “El reino de los cielos”. Lo que subyace bajo su cuidadísima ambientación de época es la misma preocupación que por la religión y sus efectos colaterales lleva teniendo el realizador desde “Los otros”.

Al contrario de lo que hiciera en “Mar adentro”, donde llegaba a hacer uso y abuso del melodrama para cargar tintas contra la iglesia y el estado, sorprende que el ateísmo de Amenábar no salpique hasta el más mínimo escondrijo de los suntuosos decorados de “Ágora”. El director hace acoplo de inteligencia no tomando partido por ningún bando en concreto. Porque lo que le interesa no es levantar ampollas contra el cristianismo, lo cual parece ser el único mensaje que algunos han visto oculto en su último trabajo. Su interés está más bien en el fanatismo como peligrosa arma de coacción. Y no importa si nos encontramos ante el judaísmo, el cristianismo o las religiones paganas, pues el terrorismo religioso impregna por igual a cualquier doctrina. Y mucho menos importa la época que se retrata, pues su discurso es perfectamente válido en nuestros días.

Existe en “Ágora” otra cara que se desarrolla paralela a la de la exposición histórica y religiosa. Junto a ellas convive el relato de una pasión, la de una mujer por la filosofía, la astronomía y las matemáticas. Una mujer, Hipatia, símbolo tardío del pensamiento humano –su importancia histórica no fue reconocida hasta varios siglos después, y de no haberse destruidos sus estudios posiblemente el ser humano habría progresado en diversos campos más rápidamente-, libre pensadora convertida en mártir dentro de un periodo convulso, donde judíos, cristianos y paganos convivían en un ambiente carente de paz.

Su pasión es el leit motiv de esta película, y Amenábar mezcla sus teorías sobre el movimiento de los planetas, perdidas para siempre por culpa de la irrupción de los cristianos, con todo el contexto histórico y religioso de la Alejandría del siglo IV. Tres vertientes que por separado resultan apasionantes, pero que el director no ha sabido combinar creando un producto de visionado uniforme. Porque su “Ágora” tiene preocupantes bajadas y subidas de ritmo, precisamente causadas por esas tres vías que no son capaces de compartir la misma trama. Si bien funcionan a la perfección independientemente, la pasión de Hipatia por ejemplo puede resultar anticlimática en medio de todo el conflicto social e histórico que se nos presenta. Y para dar cohesión, Amenábar ofrece planos externos de nuestro planeta y planos generales de las urbes con la atronadora banda sonora de fondo, para procurar que el cambio de un tema a otro no resulte demasiado evidente.
Pero si algo prohíbe a “Ágora” ser una gran película es la falta total de pasión de su director para contar la historia. Le preocupa más exponer la propia pasión de su protagonista y los hechos que la rodearon que conseguir que el espectador se implique con ella. Eso la convierte en una película distante con el público, y solo se intuye cierto despegue pasional en su tramo final, aunque ello implique tomarse cierta licencia histórica que edulcore la película en un desenlace, todo hay que decirlo, de una belleza inolvidable. No ayuda una actriz protagonista, Rachel Weisz, demasiado fría en su encarnación de Hipatia. Gran actriz, nadie lo duda, pero que no logra transmitir fuera de la pantalla sus inquietudes. Porque no todo es saber llorar ante la cámara, y eso debería saberlo una intérprete de su categoría.
Amenábar peca de ambicioso en los temas a tratar y no es capaz de poner el suficiente arrojo en la manera de contarlos, pero sin duda su ambición se salda con una magnífica dirección técnica y artística. La fotografía, el vestuario, la banda sonora, los decorados… todo justifica el enorme presupuesto de esta superproducción, la más cara del cine español, que se erige como una buena película, pero que no alcanza el nivel de obra magna por culpa de un ritmo irregular y una absoluta falta de pasión en su puesta en escena.
A favor: el despliegue técnico y artístico
En contra: tiene demasiados altibajos y le falta pasión a la hora de contar la historia

sábado, 3 de octubre de 2009

LA CRÍTICA


[REC]2 ****1/2

Fantaterror al cuadrado

Muchos reprocharon a aquella fabulosa aportación al fantaterror español que era “[REC]” que se detenía innecesariamente en explicaciones en su tramo final. Lo que Jaume Balagueró y Paco Plaza consiguieron con una primera entrega que apostaba por la subjetividad y los sustos de pasillo, y algunos recursos como el rebobinado y la visión nocturna para crear desconcierto en el espectador, como inteligentes herramientas adrenalíticas algunos sintieron que se desvanecía por el empeño de ambos por dar coherencia a la historia al final.
Lo único en lo que la esperadísima secuela, o debería decir RECuela como la denominan en Fotogramas, imita a la anterior es en limitar la visión del espectador a los encuadres de una cámara. Y es precisamente lo que se le reprochó a la primera lo que da motivo y argumento a esta segunda parte. Pero no se equivoquen: “[REC]2” no es una mera explicación de todo aquel abanico de posibilidades que sus creadores abrieran en el desenlace de su predecesora, sino que dicho desenlace ayuda a crear todo un universo alternativo en torno a lo que vimos entonces.

“[REC]2” es más gamberra -el mismo trailer, con el “En tierra extraña” de Concha Piquer de fondo, es toda una declaración de intenciones-, más salvaje, más sangrienta, más cómica e incluso más paranormal que la primera parte. Lo que Balagueró y Plaza consiguen es fantaterror clásico elevado al cuadrado, con más de todo, un cruce entre las pelis de zombis de toda la vida y “El exorcista”. Así, aquel desenlace que tanta controversia creara es usado sutil y creíblemente para construir algo totalmente distinto, un juego de posesiones infernales que convierte a los presuntos zombis en algo que es mejor no desvelar para que lo descubran los mismos espectadores, pero que explota los temas ya recurrentes en la filmografía de ambos directores.

Lo han hecho. Balagueró y Plaza nos la han jugado. Nos colaron una peli de zombis innovadora en su presentación y de la que ahora solamente nos sirven los últimos minutos, cuando Manuela Velasco era arrastrada hacia la oscuridad, una oscuridad que encierra el mal y que solo podemos ver con la visión nocturna. Y cuando parece que este recurso y la reaparición de la protagonista de la primera pesadilla son puramente alimenticios y acaban con el suspense se revelan como lo más importante de una secuela que puede que en su acercamiento a lo paranormal pierda a parte de su público, pero que a quien esto escribe ha seducido desde el principio.

Por el camino se resienten algunos detalles, como la participación del trío de adolescentes, algo magistralmente resuelto mediante el uso de dos historias paralelas mostradas en momentos del metraje distintos, hasta que todos los personajes finalmente se unen. Pero nada empaña a esta magistral reentrada en el horror en la que ya no existe el factor sorpresa. Aunque poco importa, pues sus creadores han sido conscientes de ello y han dado la vuelta de tuerca necesaria para evitar la sensación de déjà vu. Una vuelta al edificio barcelonés que gira hacia lo sobrenatural de una manera tan coherente que solo podía ser obra de dos genios, dos genios que parecen haberse desbocado para regocijo de todos. Y para colmo podemos volver a disfrutar de Ferrán Terraza. Esta vez como zombi y mazo en mano, eso sí, pero ya con eso basta.

Lo mejor: el feliz y creíble giro hacia lo paranormal
Lo peor: dicho giro puede hacerle perder público

miércoles, 30 de septiembre de 2009

La película del mes

Cada final de mes les traigo el análisis de algún film que viera en mi infancia (o no), que me impactara o me decepcionara sobremanera, con el objetivo de ver cómo el tiempo pone a cada cosa en su lugar
Alien, el octavo pasajero *****
El terror del más allá
Ridley Scott es uno de esos realizadores que siempre ha creado división de opiniones: los hay que le consideran un oportunista, un tipo que estaba en el lugar más indicado en el momento más oportuno, y los hay que lo tienen por un maestro. Sea como fuere, en su haber tiene dos de los mayores hitos de la ciencia-ficción del siglo XX y de la historia del cine en general, y nadie puede reprocharle el haberlas dirigido con maestría. Me refiero, por supuesto, a “Alien” y “Blade Runner”.

“Alien, el octavo pasajero” –más bien debería ser el noveno, que nadie tiene en cuenta nunca al gato- puede enmarcarse para sus detractores en la primera categoría, la del oportunista, pero también puede considerarse como una gran proeza, como perteneciente por méritos propios a la categoría del maestro, o como mínimo de un director que apuntaba maneras. La historia llegó a manos de Scott casi por casualidad, después de que directores como Robert Aldrich o Walter Hill rechazaran dirigirla. Este último no se desvinculó del todo del proyecto y se hizo cargo, junto a David Giler, de modificar el primer guión de Dan O’Bannon, además de ejercer labores de producción conjuntamente. O’Bannon se encontraba recién salido de una frustrante experiencia junto a John Carpenter en “Dark Star” y para resarcirse de su desencanto ideó una historia con espíritu de serie B ambientada en el espacio exterior. Escribió una historia titulada “Star Beast” junto al también productor Ronald Shusett, pero al parecer no convenció a los productores Hill y Giler, que reescribieron buena parte del guión. Aún así, la historia original iba a ser bélica, con unos pequeños monstruos irrumpiendo en una fortaleza norteamericana. Entre los cambios efectuados estaban los personajes, que pasaron de ser enteramente masculinos a cincos hombres y dos mujeres, además de llamar a la nave Nostromo en lugar de nombres barajados como Snark o Leviathan, en homenaje a Joseph Conrad. Una de las muchas causas de los cambios fue que la 20th Century Fox se interesó por el proyecto ante la posibilidad de repetir el éxito de “La guerra de las galaxias”. Por ello, el libreto original de serie B pasó a poseer más categoría y como consecuencia parte del gore que se prometía debía ser omitido, las referencias sexuales debían suprimirse y había que homogeneizar el reparto. Sin duda, una heroína daría mayor éxito a la película.

Si O’Bannon fue el verdadero padre de la historia, luego perfilada por los productores, H.R.Giger sería el padre de la criatura, el encargado absoluto del diseño del alien y de toda la dirección artística. O’Bannon y Hill sabían que por muy buena que fuera la idea, si el monstruo no quedaba creíble caerían en el ridículo más espantoso. Así, tras ver el trabajo del pintor suizo en el libro “Giger’s Necronomicon” decidieron contar con su participación. Así nació una de las criaturas más célebres del séptimo arte, una forma de vida perfecta capaz de adaptarse a cualquier ambiente solo por sobrevivir, un parásito voraz y de aspecto terrorífico gracias a la labor de Giger. Por su increíble labor recibió un merecidísimo Oscar, aunque no debemos olvidar el trabajo del artista Moebius, que diseñó los trajes especiales y uniformes. No obstante, el modus operandi del alien fue surgiendo durante la producción y en algunos casos durante el rodaje, como la forma de incubar los embriones usando cuerpos como huéspedes o la sangre ácida de la criatura.

Lo cierto es que hablar de “Alien” es hablar de varios genios compartiendo experiencias en distintos terrenos. En el guión se tuvo hasta a cuatro personas en momentos diferentes. En la dirección artística, el diseño de producción, el vestuario y el maquillaje a dos artistas de renombre. En la banda sonora se contó con el gran Jerry Goldsmith, cuyos acordes no hacían más que acrecentar la dosis de suspense y desasosiego que ya se encarga de crear el filme. Y por supuesto la labor de Ridley Scott. Es la única ocasión en toda su filmografía en la que el cineasta británico realiza un alarde de maestría con la atmósfera y en concreto con el silencio del espacio para crear una sensación de angustia que va in crescendo a medida que avanza el metraje. Como bien rezaba la frase promocional, “En el espacio nadie puede oír tus gritos”. Scott juega muy bien con la atmósfera opresiva para crear suspense, maneja muy bien el terror a lo desconocido, a lo que no vemos –la criatura, al igual que el tiburón de Spielberg, rara vez se nos muestra en todo su esplendor-. Incluso en el montaje apreciamos esos latidos del corazón que acompañan a las secuencias de mayor tensión, y que junto a la partitura de Goldsmith ponen los nervios de punta. La idea que tenía en mente Scott era realizar un cruce entre “La matanza de Texas” y películas de ciencia-ficción como “Star Wars” o “2001: Una odisea del espacio” –de hecho, el diseño de las naves puede recordar al de la película de Kubrick-, aunque también podemos ver referencias a esa serie B de los años 50 que contagió a toda una generación con títulos como “It! El terror del más allá”, serie B que el producto final no abandona del todo. El realizador venía de haber disfrutado del reconocimiento de la crítica internacional con la magnífica “Los Duelistas”, basada en una novela de Conrad, autor que influiría en la obra del director en sus dos primeras películas. Junto con su posterior trabajo, “Blade Runner”, Scott realizó una carta de presentación que podría haberle catapultado al status de maestro, pero con el tiempo se fue diluyendo en proyectos demasiado alimenticios para alguien que prometía mucho en un principio.



Muchas secuencias quedaron en la sala de montaje por irrelevantes o innecesarias para la trama, todas dedicadas principalmente a indagar en las relaciones entre sus personajes. Solo una de ellas posee la importancia suficiente para no caer en el olvido. En ella, Ripley entra en una sala en la que el alien mantiene con vida a algunos tripulantes del Nostromo y el Capitán Dallas, interpretado por Tom Skerritt, le pide que le sacrifique antes de que salga al exterior el alien que lleva dentro reventándole el pecho. Esta secuencia, que revela otra de las características del alien, fue descartada para no acabar con el suspense que había creado de por sí el destino del capitán tras la tensa escena dentro de los conductos de ventilación, pero el concepto sí fue utilizado posteriormente en su secuela. El mismo director, en una manía que le ha llevado a estropear algunas de sus películas más célebres, presentó en 2003 un montaje que añadía esta y otras secuencias que demostraron que no era necesario retocar una ya de por sí obra maestra.

Por supuesto, otra parte importante que aseguró la solvencia de la película fue su acertado reparto. John Hurt, Harry Dean Stanton, Tom Skerritt, Ian Holm, Yaphet Kotto y Veronica Cartwright (la niña de “Los pájaros”) acompañan a la por entonces desconocida Sigourney Weaver en esta pesadilla que no estaba formulada inicialmente como una película de grandes actuaciones. No obstante, todos los actores están perfectos y consiguen convertir a unos personajes planos en caracteres con los que el espectador puede implicarse directamente. El orden en que los he ido nombrando es primordial pues es el mismo en que mueren en el filme, y dicho orden no es por casualidad. Lo que se buscaba era crear desconcierto e inseguridad en el público, y para ellos los actores iban muriendo inversamente proporcional a la fama que poseían en aquel momento. Así, John Hurt acababa de ser nominado al Oscar y ganador del Globo de Oro y el BAFTA por “El expreso de medianoche” y se convertía en el imprevisto padre de la criatura en una de las secuencias más famosas de la historia del cine, y que el mismo Hurt parodiara en “La loca historia de las galaxias”, de Mel Brooks. Todos y cada uno van cayendo a manos del nuevo pasajero del Nostromo, hasta que finalmente solo sobrevive el miembro del cast menos conocido, Sigourney Weaver, que vio cómo su fama crecía como la espuma tras el éxito del filme, fama que supo aprovechar y explotar con sabiduría.

El hecho de tratarse de una película de terror y ciencia-ficción con algunas reminiscencias al gore dificultó su paso por las salas en algunos países. Se estrenó con escenas censuradas en multitud de ellos, incluido España, y sin duda esa dosis de hemoglobina y violencia le prohibió alcanzar el éxito de otros productos más para todos los públicos como “Star Wars”. Aún así, y en parte gracias a una campaña publicitaria de trailers que ocultaban la verdadera esencia de la película –un antecedente al tan de moda marketing viral- “Alien” supuso un taquillazo –recaudó en Estados Unidos 80 millones de dólares frente a los 11 que costó- y todo un objeto de culto para toda una generación, hasta el punto que generó una fiebre por el terror venido del más allá que culminó en tres secuelas –una memorable, la secuela dirigida por James Cameron, y una tercera entrega lamentable de David Fincher, sin contar el entretenimiento surgido bajo la particular mirada de Jean Pierre Jeunet-, comics, videojuegos y demás productos, así como otras películas como “La cosa” o “Depredador” que explotaban en parte el mismo concepto. Incluso osaron enfrentar a este último y a la criatura de Giger en un videojuego y posteriormente en la pantalla grande. El mismo Scott intentó empañar el recuerdo en uno de sus ya extenuantes montajes del director, pero nada pudo ensombrecer al clásico.

“Alien, el 8º pasajero” cumple treinta años y con motivo del aniversario es la gran homenajeada en el Festival de Sitges de este año. No es para menos. El film de Ridley Scott no ha hecho más que ganar con los años. Ha ganado, como ocurre con las grandes películas, en grandeza, hasta el punto de haberse convertido en uno de los grandes hitos del celuloide. Nunca el silencio del espacio, un tempo cinematográfico que avanza como un reloj suizo cuyas manecillas suenan como los latidos del corazón y la creación de uno de los mejores monstruos del cine han ido de la mano de una manera tan majestuosa.



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viernes, 25 de septiembre de 2009

LA CRÍTICA

Maridos de sangre ***

Los primeros compases del último –esta vez sí- cortometraje de Manuel Lasaga nos remiten con ese denso blanco y negro y sus créditos iniciales al cine ambientado en la España recóndita e interior de Luis García Berlanga.

El posterior paso al color no es una simple casualidad. Relato de claros tan blancos como la nieve y oscuros tan negros como el asesinato, Lasaga ya nos advierte que el ambiente de su corto no solamente irá de los tonos monocromáticos al multicolor, sino también de la comedia castiza, esa misma comedia de pueblo donde todos comentan sobre todo y sobre todos que Berlanga dominara a la perfección, a la tragedia de dos hermanos que asumen sus roles de marido y mujer, o quizás debería decir marida, hasta sus últimas consecuencias.
Lasaga consigue con este matrimonio de conveniencia fraternal su obra más digerible argumentalmente hablando, pero con los mismos matices ocultos que sus anteriores trabajos. Lo que volvemos a tener es a los infraurbanitas de siempre, pero en esta ocasión trasladados a un entorno rural donde no se atisban más mujeres que las que cobran dos mil pesetas por servicio, donde los jóvenes han emigrado a la gran ciudad y en el cual ya solamente quedan ancianos.

Puede que no esté a la altura del resto de su filmografía, pero volvemos a estar ante diálogos casuales, ahora mejor integrados que nunca en el guión dado que nos encontramos ante gente de pueblo, ante actores amateurs que cumplen solventemente con su trabajo y ante todo con personajes perdidos del mundo real, ahora con más razón si cabe, pero que buscan un ideal ficticio. Si en “Muerde el ladrillo” el protagonista encontraba la solución a su crisis personal hincándole el diente a un elemento de construcción y en “Familia colateral” la evasión consistía en pasar de una familia plastificada emocionalmente a otra plastificada físicamente, pero más humana que la original, en “Maridos de sangre” lo que tenemos es la realización de un sueño, el de formar una familia en tierra de hombres, camuflado todo bajo la mera excusa de la conveniencia económica. Lástima para sus protagonistas que esta vez no consigan lo que quieren.

Lo mejor: el sutil cambio de tono que propone el director, primero del blanco y negro al color y luego de la comedia a la tragedia.
Lo peor: no está a la altura de trabajos anteriores.

Cortometraje disponible en Vimeo
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Maridos de sangre
España, 2009, 18 minutos
Dirección, guión y producción: Manuel Ortega Lasaga
Intérpretes: Orlando Fernández Mijares, Paco Orellana, Fausto Grossi
Sinopsis: Una boda de conveniencia entre dos hombres es celebrada en una pequeña aldea castellana.

sábado, 19 de septiembre de 2009

LA CRÍTICA

Malditos Bastardos ****1/2
Bastardo Tarantino

“Ésta podría ser mi obra maestra”. Con esa oportuna frase acaba “Malditos bastardos”, y por ende su mimado guión. Uno se imagina al narcicista Tarantino escribiendo semejante epílogo que a la vez sirve como decálogo sobre sí mismo, proyección de esa idea preconcebida que tiene de sí mismo como maestro del cine, como autor de culto. Y lo peor no es que se tenga creído que es bueno. Lo peor es que realmente lo es.

Haciendo gala de más efectismos que el mismísimo Brian de Palma, Tarantino rueda la que quizás no sea su mejor película –ese puesto de honor aún lo conserva “Pulp Fiction”-, pero sí la más metalingüística y consciente de sí misma de su filmografía. El director parece reírse de sí mismo, aunque sin olvidar esos delirios de grandeza que constituyen su mayor, y diría que único, punto débil como cineasta.

“Malditos bastardos” no es solamente la cruzada de un grupo de hombres como lo fuera “Doce del patíbulo”. De hecho, los bastardos del título, y todo lo que parece prometer la película a raíz del trailer y lo que se haya dicho de ella, ocupan un lugar bastante recóndito en toda esta trama de venganza que expone los motivos y las consecuencias -históricas especialmente- de este ajuste de cuentas paralelo entre dos bandos que se desconocen los unos a los otros, pero cuyo objetivo común es el mismo: acabar con el Tercer Reich. Este acto de “traición” por parte de su campaña publicitaria podrá indignar a los que esperen ver al caricaturesco y genial Brad Pitt y a sus bastardos cortar cabelleras nazis a diestro y siniestro.

Pero lo que nos ofrece es algo más estimulante. “Malditos bastardos” es un ejercicio metalingüístico y multilingüístico sobre el cine y la comunicación como arma arrojadiza. Con una estructura de capítulos muy similar a “Kill Bill”, Tarantino nos cuenta su historia bastante linealmente, algo a lo que no nos tiene acostumbrados, alternando cuatro lenguas –es indispensable verla en versión original, pues sus momentos más brillantes residen en sus juegos de palabras– y hablando del cine dentro del cine según Tarantino. Para él el cine es una bomba de relojería tan salvadora como propagandística, metros y metros de celuloide inflamable capaces de cambiar el curso de la historia. Porque estamos ante un orgulloso cinéfilo, no ante un historiador, que hace lo que quiere pero sin perder en el horizonte su amado spaghetti western, que prefiere torcer el desenlace hacia el sangriento cine de gángsters y espionaje antes que hacia el drama, capaz de mezclar a Ennio Morricone con David Bowie sin que el anacronismo que ello conlleve frente al período histórico que retrata chirríe en absoluto.

Una particular idea acerca del séptimo arte que Tarantino ha rodado en forma de pequeñas historias de extensos diálogos que preceden a un estallido de violencia. Extensos diálogos que, ahora sí, encajan a la perfección en la trama y ayudan a que sus dos horas y media de duración pasen en un suspiro, algo que no ocurría desde su segunda película. Quizás tan solo la tercera historia sea la menos llevadera, e incluso es posible que maltrate demasiado a los bastardos del título, pero eso no hace tambalear el conjunto. Y menos cuando está el imponente Christoph Waltz, el nazi cazajudíos que lo mismo te hace sentir en buena compañía como miedo en su presencia.

Lo mejor: el concepto que tiene Tarantino del cine
Lo peor: no verla en versión original

jueves, 17 de septiembre de 2009

Henry Gibson (1935-2009)

A Henry Gibson le descubrí por primera vez en la negrísima comedia de Joe Dante "No matarás... al vecino". Me costó mucho quitarme de la cabeza su caracterización del enigmático psicópata vecino de Tom Hanks, y a partir de entonces no paré de verle en papeles secundarios en tantas películas que he perdido la cuenta.

De nuevo con Dante en "Gremlins 2", a las órdenes de Paul Thomas Anderson en "Magnolia" y de John Landis en "Granujas a todo ritmo", junto a Jerry Lewis en "El profesor chiflado" o en la televisión en "Boston Legal", en la cual permaneció prácticamente durante sus cinco temporadas como el retrógrado juez Clark Brown. Hasta tres veces trabajó con Robert Altman, y fue nominado en una ocasión al Globo de Oro. Su último trabajo fue al lado de Rob Schneider en "Big Stan".

Profesional del cine, el teatro y la televisión, comenzó a la edad de siete años en teatro, pero fue junto a Lewis con quien despegó su carrera casi alcanzada la treintena. Gibson falleció el lunes de un cáncer una semana antes de cumplir los 74 años, pero me he enterado demasiado tarde de la triste noticia. Porque no todos gozan del mismo reconocimiento póstumo, lamentablemente.

martes, 15 de septiembre de 2009

Patrick Swayze (1952-2009)

Entre el ascenso al estrellato y la caída en el olvido pasó muy poco tiempo para Patrick Swayze. Demasiado poco, diría yo, para un actor que demostró su valía en películas como "La ciudad de la alegría" o "Ghost". Incluso se atrevió a travestirse en "A Wong Foo, gracias por todo, Julie Newmar". Tras una larga batalla contra un cáncer de páncreas que marcaba una casi inevitable cuenta atrás, Swayze ha fallecido a los 57 años de edad.


"Dirty Dancing" fue la que definitivamente le llevaría a alcanzar la fama mundial, convirtiéndole en sex symbol, imagen que supo explotar en filmes como "Le llaman Bodhi", a la vez que la compaginaba con la de tipo duro en "De profesión duro" y "Con su propia ley". "Ghost" fue la obra cúspide de su carrera como protagonista y la que le reportó las críticas más favorables, además de su mayor éxito comercial.


Sin embargo, sus problemas con el alcohol y las drogas, que finalmente consiguió superar, y la misma desgracia que minó las carreras de otros actores prometedores como por ejemplo Kevin Costner, avanzados los 90 su estrella comenzó a apagarse, hasta el punto de acabar relegado a la televisión. Aún así, participó en 2001 en la para muchos obra maestra, para otros payasada sin sentido, "Donnie Darko", en la que destacaba su papel de predicador con una oculta adicción. Tiene pendiente de estreno la serie "The Beast", en la que interpreta a un policía con métodos poco tradicionales.

Un adiós a uno de los más meteóricos intérpretes del cine. Va siendo hora de recordar el final de "Ghost" con Swayze avanzando hacia la luz. Pero no habrá que recordarla demasiado. Seguro que algún canal la programa en los próximos días.

domingo, 6 de septiembre de 2009

LA CRÍTICA

District 9 ***1/2

No-humanos no permitidos
Para el séptimo arte o se es un extraterrestre de Spielberg, o su sucedáneo Mac, o todos vendrán con siniestras intenciones. Una raza maltratada que ahora encuentra una nueva dimensión bajo la mirada del debutante Neil Blomkamp, vigilado desde la producción por Peter Jackson.
Un año ha pasado desde que el equipo de marketing colgara una enorme pancarta en la Comic Con de San Diego con la silueta de un alien tachada como si de un cartel de “no fumar” se tratase, un número de teléfono, una dirección web que invita a luchar por la supremacía del hombre y un rotundo mensaje: “Sólo para humanos. No-humanos no permitidos”. Tras esto y varios anuncios más en vallas publicitarias, un aluvión de llamadas asegurando haber avistado ovnis y alienígenas. El objetivo estaba cumplido: hacer cundir el pánico y de paso el interés por la película.

Distrito 9 es el nombre del lugar de Johannesburgo donde vive confinada una raza extraterrestre que un día apareció en su nave nodriza, la cual permaneció en pleno cielo sudafricano sin realizar un solo movimiento. La curiosidad humana llevó a un grupo de hombres a adentrarse en el ovni. Lo que allí descubrieron fue a una raza alienígena más cercana a los sin techo que a una forma de vida inteligente. Durante más de dos décadas, el campo de concentración retuvo a los visitantes en unas condiciones de vida deplorables, tratados como seres inferiores y llegando al punto de experimentar con ellos para conseguir dominar su ansiado armamento, que parece responder solo ante manos extraterrestres.


Es imprescindible relatarlo como si de un hecho real se tratase porque es eso precisamente lo que su director nos vende durante la primera media hora. Siguiendo los pasos de su celebrado cortometraje “Alive in Joberg”, Blomkamp relata la historia como un falso documental en el que se dan cita la intolerancia, el racismo, la manipulación de los medios y los salvajes actos que nos convierten irremediablemente en monstruos más que en humanos. Lo que llega a continuación es una mezcolanza de referentes que la convierten en un filme más convencional de lo que uno pudiera esperar a raíz de su excelente campaña de marketing viral: una metamorfosis al más puro estilo “La mosca” de Cronenberg; secuencias bélicas que recuerdan a “Black Hawk Derribado”; un anti-héroe que cual Oskar Schindler llevará a la libertad a los que no son como nosotros; algo de la vertiginosa “Transformers” y abundantes dosis de gore, como si Jackson hubiese extendido su alargada mano sobre el producto.

Es este giro al convencionalismo tras el magnífico arranque es lo que me obliga a decir que quizás “District 9” no es la joya que se esperaba, en especial si uno ha seguido con interés durante un año su trabajada promoción, que prometía una propuesta innovadora que finalmente se disemina hacia la ciencia-ficción de siempre. Esto no hace que sea una película olvidable, pues aunque abandona el acertado terreno del documental por uno mucho más alimenticio, lo que viene después no deja de resultar entretenido y notable frente a lo que desde tierras yanquis nos tienen acostumbrados, a expensas de un guión con demasiados cabos sueltos que no esperemos no fuercen a una secuela -es mejor dejar las cosas estar-.

“District 9” tiene durante todo su metraje un aire a cine políticamente incorrecto, un hídrido en el que conviven la crítica social y la mala leche –la prostitución entre humanos y alienígenas es un buen ejemplo de hasta dónde llega a rizar el rizo-. Pero no abandona, y esto es muy importante, a pesar de dejar de lado el docudrama que algunos esperábamos, ese grandilocuente mensaje no exento de cierto toque misógino: el ser humano es, desde la barbarie de unos actos que le llevan a discriminar y apartar -incluso a sacrificar- a aquellos que no reconoce a sus semejantes, cada vez menos humano. En ese sentido, esta opera prima da en el clavo del discurso cinematográfico y lo hace, sorprendentemente, dentro de una película pequeña pero destinada, como así ha sido, a convertirse en todo un blockbuster veraniego. Pequeña en apariencia, porque posee los efectos especiales mejor integrados con la imagen real que un servidor haya visto jamás en un producto de tan bajo presupuesto.

A favor: lo novedoso de la propuesta
En contra: acaba siendo una de ciencia-ficción convencional

lunes, 31 de agosto de 2009

La película del mes

Cada final de mes les traigo el análisis de algún film que viera en mi infancia (o no), que me impactara o me decepcionara sobremanera, con el objetivo de ver cómo el tiempo pone a cada cosa en su lugar

Evil Dead: La trilogía ****

Tres no son multitud

Este verano, Sam Raimi volvía a sus orígenes, al terror salpicado por casquería y humor, con “Arrástrame al infierno”. Por ello, creí conveniente dedicar la película de este mes a su opera prima, “Posesión infernal”. O mejor dicho, a la trilogía completa “Evil Dead”. Así que este mes toca ración triple de película. Porque en este caso, tres no son multitud.

Hablar de “Evil Dead” es hablar de mucho más que de su director. De nuevo, tres no son multitud, y la trilogía no sería hoy posible sin la colaboración de dos personas indispensables en su historia. La primera fue el productor Robert Tapert y la segunda el actor Bruce Campbell. El trío de amigos decidió realizar un cortometraje, titulado “Within the woods”, en la cual un grupo de adolescentes bastante descerebrados quedan a merced de algo maligno que habita en el bosque y que irá poseyendo a cada uno de ellos. Con esa pieza de 30 minutos, Raimi se pasó por los despachos de productores de poca monta, con el fin de que le financiaran la versión extendida. Pero nadie apostó por la propuesta.

Los tres demostraron una infinita pasión por hacer cine cuando, sin desalentarse ante la negativa de las productoras, reunieron el dinero suficiente –apenas 350000 dólares, parte de los cuales se consiguieron exhibiendo el corto en cines locales- y montaron una productora propia, Renaissance Pictures, Ltd., con la cual realizarían la película de terror gore más salvaje, entretenida y transgresora del género por entonces, la que consiguiera que éste diera un paso adelante. Así que realizaron un casting muy rápido para encontrar a los tres actores restantes –en total serían cinco, pues se recurrió a Campbell y Ellen Sandweiss, protagonistas de “Within the woods”- y ahorrando en equipo técnico lo máximo posible. Si bien los tres amigos figuran como director, productor y actor, sus tareas durante la filmación iban desde labores de montaje y sonido –sostener el micrófono- hasta trabajos de asistencia –llevar cafés, por ejemplo-, pasando por la interpretación, aunque fuera sin frases –los pescadores que se ven al comienzo, por ejemplo, son Raimi y Talpert, y la voz demoníaca que posee a los cuerpos es del primero-. Entre los miembros del equipo se encontraba Joel Coen, ayudante de montaje por entonces de Raimi, el cual hizo un cameo en “Muerte entre las flores” y “El gran salto”, dirigida por Coen y en la que fue guionista. A su vez, los hermanos Coen escribieron el guión de la segunda película de Raimi, “Ola de crímenes, ola de risas”, y no se puede negar que “Arizona Baby” tiene ramalazos raiminianos, mientras que “Un plan sencillo” recuerda mucho a “Fargo”.

En 1979 comenzaba la filmación, durante la cual se hizo todo lo posible por ahorrar presupuesto. Por ejemplo, si alguno de los actores se ausentaba, lo cual era muy común, se recurría a amigos o parte del equipo para que aparecieran dando la espalda a la cámara en secuencias en las que no era necesario que se les viera la cara. Esta práctica se usó en el resto de la trilogía, por ejemplo cuando aparece el mismo actor multiplicado varias veces, y recibió el nombre de Fake Shemps. Se rodó en los bosques de Tennessee y en una cabaña abandonada, pero si algo evidencia la falta de dinero es el avance del mal por el bosque. Conscientes de que mostrar al ser maligno físicamente podía no resultar económicamente viable, Raimi y los suyos hicieron de la escasez una virtud y apostaron por una idea acertada y que queda como uno de los momentos álgidos y más reconocibles de “Posesión infernal”: se usó la cámara subjetiva para mostrar el avance del demonio a través del bosque.

Ya desde los primeros minutos de “Posesión infernal” la sensación es de desasosiego, de que algo maligno se avecina. Raimi acierta de lleno con el uso de la cámara, los encuadres, los primerísimos primeros planos y las tomas sobreanguladas. Todo para crear una atmósfera que va enrareciéndose a medida que avanza el metraje. Dos claros ejemplos de atmósfera perfectamente conseguida es la de la cámara siguiendo al coche en su avance por el bosque, coche del propio Raimi y que aparece en todas sus películas, o ese golpear del columpio contra la cabaña que pone los nervios de punta.

En una época en la que el slasher de “La matanza de Texas”, “Halloween” o “Las colinas tienen ojos” era el que imperaba, aparece el 1 de Enero de 1983, tres años y medio después de comenzar el rodaje de 3 meses, una película modesta, esencialmente amateur, deudora directa de todas ellas –de hecho, en el sótano puede verse un cartel del film de Craven -y de algunas otras del género –es imposible no recordar, por el asedio en el interior de una cabaña abandonada en medio del bosque, a “La noche de los muertos vivientes”-, que consiguió precisamente lo que sus creadores buscaban: transgredir el género, llevarlo más allá. Puede que hace 27 años la cinta impactara más que hoy, pero el efecto que provoca incluso hoy en día es más rotundo que las mismas películas de Romero, Craven y Carpenter juntas, a las cuales el tiempo no ha tratado de la misma manera que al filme de Raimi. Incluso me atrevería a asegurar que su mezcla de terror exagerado y salvaje y su humor socarrón –esos demonios que se ríen y juguetean como niños con los vivos en lugar de matarles directamente-, su clara inclinación hacia el splatter más que hacia el simple gore, superan con creces a las de la opera prima de Hooper. Es precisamente su marcado aroma a cine primerizo, pero con mucha imaginación y un dominio de la técnica cinematográfica por parte de Raimi, y esa mezcla de humor y terror –la película asusta realmente, y mucho- que golpea al espectador lo que hace de ella algo único, diferente. De hecho, este cambio entre horror y comedia somete al espectador a tal ataque sensorial que es imposible acomodarse al verla, ante lo cual todos responden con risas como método evasivo.

El presupuesto se fue en el cuidado maquillaje, sobresaliente para los escasos medios con los que contaba. Una clara prueba es el tramo final, en el cual los cuerpos poseídos comienzan a descomponerse en la que es una de las secuencias más desagradables que un servidor ha visto en el cine, rodada fotograma a fotograma con plastilina. El broche de oro a esta orgía, premiada por la crítica en Sitges, lo pone la secuencia final, en la cual, cuando creemos que todo ha acabado, la cámara vuelve a avanzar rápidamente por el bosque, atraviesa la cabaña y se abalanza sobre el desprevenido Ash. Una orgía sangrienta –en realidad de sangre blanquecina, hecho a posta para burlar la censura estadounidense a la que podía verse sometida por su exceso de violencia; no obstante, fue censurada en varios países, y lo que vemos hoy en día en DVD es la versión completa- y visceral tremendamente divertida que aguanta indeleble el paso de los años, y que no consiguió una amplia distribución hasta que tuvo como padrino de oro a Stephen King, que la calificó como “¡¡¡La película más ferozmente original de 1982; sin lugar a dudas!!!”. Esto provocó que se recaudaran más de dos millones de dólares, convirtiéndola en un éxito comercial. Lo que llegó después fue una legión de fans que no hizo más que crecer con el paso de los años, y el reconocimiento de su director por buena parte de la crítica.
Si bien “Posesión infernal” se declaraba abiertamente rabiosa y original, además de ser más terrorífica que cómica, su secuela, que llegó 5 años después, cambiaría de tercio en cuanto al planteamiento de partida. De este modo, se sustituyó el splatter por el slapstick y se dio más protagonismo a Bruce Campbell, ya convertido en actor fetiche del realizador. Éste, a su vez, demostró su afición por el cartoon, algo que se puede comprobar tanto en el uso de la cámara, que consigue efectos realmente guiñolescos, como en la vertiente cómica de su protagonista, que sufre golpes mortales pero los sobrelleva como un auténtico muñeco, poniendo siempre a prueba las capacidades físicas, y faciales, de un Campbell tan sobreactuado como genial.

Así, con un presupuesto mayor -3 millones y medio de dólares-, lo cual hizo posible unos mejores efectos especiales, Raimi dirigió “Evil Dead II”, aquí titulada simplemente como “Terroríficamente muertos”. En realidad se trata de un pseudo-remake, por llamarlo de alguna manera, de la anterior. Sus responsables cambiaron la historia. En el resumen que el protagonista Ash hace al comienzo cuenta cómo solamente él y su novia llegaron a la cabaña y descubrieron un libro y una grabación, la cual contenía los ritos para despertar a algo maligno que yacía aletargado en el bosque y darle la posibilidad de poseer a los vivos, lo cual choca con la historia de los cinco amigos que se van de vacaciones a una casa perdida en medio del bosque. Donde sí empata esta secuela/remake es a partir del punto en que Ash es atacado por el ente maligno, repitiéndose la misma secuencia final de su predecesora. A partir de aquí encaja “Terroríficamente muertos” si nos olvidamos del resumen inicial.

El eje que motiva toda la demencia en la cual se ve envuelta la película es la lectura del libro. Si bien en “Posesión infernal” no se le daba nombre, ahora sabemos que es el Necronomicón Ex Mortis, o “Libro de los muertos” –así se iba a llamar inicialmente la primera entrega, pero se descartó por falta de tirón comercial-, un manuscrito forrado con piel humana y escrito con sangre por las fuerzas de las tinieblas. Llegados a este punto cabe realizar una puntualización. Siempre se ha identificado este libro ficticio de la película con el que ideara H.P. Lovecraft, algo lógico pues el nombre del mismo es similar y ambos aseguran describir ritos para devolver a los muertos y los demonios a nuestro mundo. No obstante, ni “Posesión infernal” es lovecraftiana, ni el Necronomicón que aquí se usa es el de Lovecraft. Ello lo evidencia el que nunca se mencione al autor en la película, ni lo hayan hecho sus responsables, así como la diferencia de intenciones de ambas obras: si bien la de Lovecraft es más psicológica y atmosférica, la de Raimi es más visceral y sangrienta. Puede establecerse cierto paralelismo, pero es conveniente separar ambas fuentes.

La idea aquí es clara: buscar el humor a través de la exageración, lo que la distancia de la anterior. Sin duda una de las secuencias más surrealistas se produce cuando la mano de Ash es poseída, convirtiéndose en juguetona y apaleando a su dueño en la más pura tradición del cine mudo –esta amputación hará que la reemplace por una sierra eléctrica, un arma humana más original si cabe que la reciente pierna-metralleta de “Planet Terror”-. De nuevo el grupo de actores es reducido –a Campbell se unirán tres actores más, más algunos figurantes- y el objetivo será más divertir y hacer reír que aterrar. Fue este cambio de tono en la trilogía lo que hizo que a algunos les costara captar la idea desde el principio. No obstante, la película funcionó relativamente bien en taquilla, aunque no tanto como la primera parte. Fue con el paso de los años que “Terroríficamente muertos” ha alcanzado el status de obra maestra, llegando incluso para algunos a superar a la anterior. Desde mi punto de vista no deja de ser divertida, pero es claramente inferior a la primera “Evil Dead”.
Aún así, “Terroríficamente muertos” es la perfecta transición entre la primera y la hasta ahora última entrega, titulada “El ejército de las tinieblas” –o más bien debería decir “Bruce Campbell contra El ejército de las tinieblas”, como rezan los créditos-, estrenada en 1992. Del terror con reminiscencias humorísticas pasamos al humor con pinceladas gore. Ahora la demencia es total, y el comienzo, salvo pequeños detalles, encaja con el final de la anterior. Ash, ya convertido en héroe bastante torpe, ha abierto el vórtice que llevará al demonio, el cual ya hemos visto físicamente en “Evil Dead II”, a su época. Así, nuestro protagonista se verá transportado junto a su coche –o debería decir el del director- a la época medieval, donde se convertirá en el elegido para librar a la humanidad de las fuerzas del mal. Para ello deberá conseguir el Necronomicón, pero cuidando recitar las palabras KlaatuVerata Nikto –la misma frase que servía para desactivar al robot en “Ultimátum a la Tierra-, o despertará al ejército de las tinieblas. Como es de esperar, Ash no recuerda la última palabra, y al recitar mal el conjuro el ejército, integrado por una horda de esqueletos deudora del maestro Ray Harryhausen, despierta de sus tumbas y comienza una batalla épica que ríanse del Abismo de Helm –sí, me divertí más con esta batalla que con la de Peter Jackson-.

Raimi consigue con esta tercera entrega una aventura muy divertida, en mi opinión superior a la anterior pero nunca por encima de la primera, que apuesta más por el humor y la épica que por el terror. De nuevo exagera hasta el límite las capacidades de Bruce Campbell, ya convertido aquí en ídolo de fans y en un referente claro del género, y logra una fastuosa ambientación gracias a su holgado presupuesto de poco más de 11 millones de dólares, apadrinados por todo un clásico, Dino de Laurentiis. Recurre de nuevo en la música a Joseph LoDuca, a quien acompaña el tema central “March of the Dead” compuesto por Danny Elfman y que acompaña al ejército de muertos, mientras que firma el guión esta vez junto a su hermano Ivan Raimi. Otro hermano de Raimi, Ted, aparece en la película interpretando hasta cuatro papeles distintos. Ted Raimi, al que habrán podido ver como secundario en numerosas películas, también aparecía en las dos anteriores películas de la trilogía, y normalmente es quien realizaba los Fake Shemps. En “Evil dead II”, por ejemplo, se encontraba bajo el enorme traje de látex de la Henrietta poseída. El paso por cines de la cinta fue más bien modesto, especialmente en España, pero su fama ha aumentado con el paso de los años, hasta el punto de generar un cómic.

Durante mucho tiempo se ha hablado de una posible cuarta entrega de la saga, con Ash siendo transportado a un futuro apocalíptico –de hecho era así como iba a acabar “El ejército de las tinieblas”-. Por ahora tendremos que conformarnos con estas tres películas que demuestran que tres no son multitud. Desgraciadamente, con el paso de los años el estilo de Raimi fue domesticándose según los requerimientos de la industria. Su mano se dejó ver tímidamente en la secuencia de la operación al Dr. Octopus en “Spiderman 2”, y de vez en cuando podemos ver algo de su inconfundible manera de mover la cámara y jugar con los encuadres. Casi lo consigue con su último trabajo, “Arrástrame el infierno”, pero en ésta se nota que está a merced de un gran estudio y no puede hacer gala de toda su mala baba. Lo próximo que tiene en mente es, aparte de la siguiente entrega del hombre araña, una adaptación del juego “World of Warcraft”. Otro intento de amansar a la bestia que lleva dentro. Esperemos que, como mínimo, nos recuerde al Raimi de “El ejército de las tinieblas”.

Enlaces de descarga
Posesión infernal

Terroríficamente muertos
http://www.megaupload.com/?d=7JRHTXPQ

El ejército de las tinieblas
(La contraseña para los archivos .rar es: rub3n
Enlaces extraídos de
www.taringa.net. Gracias al usuario rub3n)

Cortometraje Within the Woods (V.O.+subtítulos)
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Posesión infernal ****
(The Evil Dead)
1981, EE UU
Director: Sam Raimi
Productor: Robert G. Tapert
Productores ejecutivos: Bruce Campbell, Sam Raimi, R.G. Tapert
Música: Joseph LoDuca
Fotografía: Tim Philo
Guión: Sam Raimi
Intérpretes: Bruce Campbell, Ellen Sandweiss, Betsy Baker, Hal
Delrich, Sarah York
Fecha de estreno en EE UU: 1/1/1983
Fecha de reestreno en España: 18/5/2003

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Terroríficamente muertos ***1/2
(Evil Dead II)
1987, EE UU
Director: Sam Raimi
Productor: Robert G. Tapert
Co-productor: Gary Holt
Productores ejecutivos: Alex DeBenedetti, Irvin Shapiro
Música: Joseph LoDuca
Fotografía: Peter Deming
Guión: Sam Raimi, Scott Spiegel
Intérpretes: Bruce Campbell, Sarah Berry, Danny Hicks,
Kassie DePaiva, Ted Raimi, Denise Bixler, Richard Domeier
Fecha de estreno en EE UU: 13/3/1987
Fecha de estreno en España: 1988
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El ejército de las tinieblas ****
(Army of Darkness)
1992, EE UU
Director: Sam Raimi
Productor: Robert G. Tapert
Co-productor: Bruce Campbell
Productor ejecutivo:Dino de Laurentiis
Música: Joseph LoDuca, Danny Elfman
Fotografía: Bill Pope
Guión: Sam Raimi, Ivan Raimi
Intérpretes: Bruce Campbell, Embeth Davidtz, Marcus Gilbert,
Ian Abercrombie, Richard Grove, Timothy Patrick Quill, Bridget
Fonda, Ted Raimi
Fecha de estreno en EE UU: 19/2/1993
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