viernes, 20 de abril de 2012

LA CRÍTICA: Shame

Del hambre a la vergüenza

Nueva York, esa gran urbe de enormes edificios y no menos enormes espejos. Una ciudad repleta de máscaras, de cuerpos que desfilan sujetos al enfoque moral del mundo, obligados a ensayar ante el espejo la mejor de sus sonrisas. Y en realidad, Nueva York es como cualquier otra ciudad del mundo.

Si a finales de los 80 fue la morada de un tiburón de Wall Street sin alma obligado a rellenarla de cadáveres, en pleno siglo XXI es la cuna de un distinguido hombre de negocios, pulcro y elegante, de mirada y sonrisa magnéticas, milimétricamente estudiadas, que llena su alma de una manera menos sangrienta. Bajo esa máscara, nadie sospecharía que Brandon Sullivan es un tiburón hambriento de sexo, inquilino de un apartamento sin personalidad, sin adornos, repleto de revistas y vídeos pornográficos, que juega al cruce de miradas de una manera fría, viendo primero el cuerpo y no la persona en los demás. Brandon es un adicto, y no será hasta la llegada de su no menos promiscua e inestable hermana, que su rutina se rompa –magistral la escena inicial, que plasma la cotidianeidad con que Brandon vive su adicción- y que el hambre que le corroe por dentro se transforme en vergüenza.


En su segunda película, Steve McQueen muestra una coherencia pocas veces tan palpable en un nuevo cineasta. En primer lugar, desde el punto de vista narrativo. McQueen es un esteta, pero un esteta nada petulante, amante de los planos secuencia y los planos fijos de varios minutos, un cineasta elegante, metódico, y un excelente director de actores. Es capaz de filmar un extenso travelling persiguiendo a un personaje por las calles neoyorquinas y llenarlo de tantas lecturas como la más potente mirada a cámara.

Pero en segundo lugar, y tan importante como su gran pulso como cineasta, es su coherencia temática. Porque si en “Hunger”, Michael Fassbender llevaba su físico hasta el límite para conseguir trascender las paredes de la celda en la que se encontraba, en “Shame”, la prisión del mismo Fassbender es su propio cuerpo. Y más difícil todavía es el hecho de lograr no juzgarle moralmente por ello.


No sólo la dirección de McQueen es el punto fuerte de un film tan elegante y sobrio como este. Fassbender es el alma de la película, un actor tan rotundo que es capaz de desnudar al espectador con su mirada a la vez que se desnuda sin pudor ante la cámara, protagonizando algunas de las escenas de sexo más incómodas de la historia del cine, tan impersonales como su mismo personaje, y nada acompasadas con sus parejas. En este sentido tenemos otra escena magistral, la que tiene lugar con la compañera de trabajo, que demuestra su incapacidad para relacionarse emocionalmente a través de una secuencia de sexo entre dos personas que se mueven a distinto ritmo, y que marca su infructuoso intento de escapar de su descenso a los infiernos.

Pero todo son grandes momentos en esta película, a pesar de un tramo final que peca de ser extremadamente dramático y pasional comparado con el resto del metraje, caracterizado por un ritmo pausado y paciente. Es precisamente dicho ritmo, su contundencia y dureza y la imposibilidad de simpatizar con sus personajes –en realidad, está hecho adrede-, por culpa de un guión quizá demasiado hermético y cerrado en algunas de sus premisas –no conocemos realmente la relación con su hermana, interpretada por una brillante Carey Mulligan, ni su pasado, aunque podamos intuir cierta tensión sexual y represión socioambiental derivada de su procedencia irlandesa-, lo que puede impedir a más de uno entrar de lleno en ella, disfrutarla por completo.


Pero, a pesar de esta falta de complicidad con el espectador, que no busca en ningún momento, y más allá de la mera adicción al sexo, “Shame” habla, como su mismo título indica, de la vergüenza. Esa vergüenza que la sociedad hace sentir al que se masturba a solas en la ducha y consume pornografía, etiquetándoles como enfermos, mientras el padre de familia que comete una infidelidad no debe sentir arrepentimiento alguno. Ante esto, al solitario solo le queda sentir vergüenza ajena y salir a correr por la ciudad. Una ciudad como Nueva York, que en realidad, podría ser cualquier otra.

A favor: Michael Fassbender, y la elegancia de McQueen en la dirección
En contra: su probable incapacidad para conectar con más de uno

Valoración: ***1/2

2 comentarios:

sergio santana dijo...

por favor expicame la valorcion
en el enlace de facebook le das un 6 y medio sobre 10
pero en el blog 3 estrellas y media
si 5 estrellas es el diez 2 y media seria el 5 y entonces 3y media seria mas de un siete no?

El Cinéfago dijo...

Sé que lleva a confusión, pero las estrellas no representan una valoración numérica. El significado lo encontrarás en el panel derecho: tres estrellas significa Buena, Aprobado, mientras que cuatro significan Notable, No se la pierda. En este caso, está a medio camino de ambas. Espero haber despejado tus dudas.

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