Kick-Ass ****1/2
Héroes del trash
Dentro del mundo del cómic, el trash es un subgénero bastardo, aunque no por ello desprovisto de mérito, que se mueve a la sombra de los grandes tebeos de superhéroes, a los cuales incluso se parecen algunos pero como una versión más underground. También dentro de este mundo, el trash es una pandilla de jóvenes superhumanos con muchas ganas de hacer el bien aparecidos en las viñetas de la prestigiosa Marvel y comandados, para más inri, por Garbage Man (El Hombre Basura). Y es que si nos ponemos rigurosos con el idioma, la traducción literal de trash sería precisamente eso, basura.
Después de este recorrido etimológico no quiero que se lleven la mala impresión de que opino que estos cómics son una basura, sino que transitan por los callejones más sucios que son incapaces de explorar los hombres araña, los hombres de acero y la patrulla de mutantes de la Marvel. Y es por esto, por su humor friqui y descerebrado y su aire puramente trash, por lo que una obra como “Kick-Ass” y, por ende, todas las de su categoría, merecen un puesto de honor junto a los grandes nombres de la casa, que siempre acaban llevándose la gloria.
Todos hemos aceptado los cambios que las sagas cinematográficas “X-Men” o “Spider-Man” han realizado sobre su versión en papel como necesarios, pero no ocurre igual con “Watchmen”. Aquí radica la diferencia entre los comic books y las historietas que han sufrido mil y una modificaciones a lo largo de su vida: mientras cualquier variación sobre las últimas se vuelve permisible, pues al fin y al cabo han ido mutándose a sí mismas en el papel, en las primeras cualquier variación se torna llamativa, ya que nos encontramos ante una historia cerrada. Es por ello que, al igual que ocurre con las adaptaciones literarias, llevar productos como “Watchmen” al celuloide sea tan delicado.
A favor: todo
En contra: cierto endulzamiento en la relación entre el protagonista y la chica, por decir algo
No me malinterpreten. Un año después de su estreno soy defensor acérrimo del filme de Zack Snyder, pero reconozco que sacrifica al público por satisfacer al sempiterno fanboy, al que no obstante nunca se llegará a saciar del todo. Es aquí donde la visión que ha aportado Matthew Vaughn a la historia de Mark Millar y Joe Romita, Jr. resulta mucho más rica que la de Snyder, y sin recurrir al calco literario. El “Kick-Ass” de Vaughn posee todo el espíritu de la obra original y no lo traiciona, pero a la vez lo hace evolucionar y lo convierte en un producto digerible por todo tipo de espectador, sea ávido lector de cómics o no.
Donde “Kick-Ass” era un homenaje pulp al mismo mundo del tebeo, su equivalente fílmico es esto y además una oda al friquismo absoluto, con referencias al cine, la música y a esos fenómenos culturales contemporáneos como son Youtube, Myspace o “Perdidos” y con una sabia crítica hacia la sociedad de la sobreinformación y las nuevas tecnologías -modélica la secuencia de la tortura transmitida en directo por la red-. Se permite ciertas licencias con respecto al original –el protagonista sufre bastante menos su condición de pardillo-, pero todas necesarias para hacer el producto más cinematográfico. Porque es lo que importa, que se mantenga el mismo humor gamberro, la misma violencia explícita del original pero adaptándolo para las grandes audiencias.
Y para colmo, la película es divertida y entretenida, con abundantes secuencias de humor y acción perfectamente intercaladas y rodadas con muy buena mano a pesar del carácter indie de la propuesta, y con un reparto perfectamente equilibrado en el que destaca un Mark Strong riéndose de sí mismo como villano y un Nicolas Cage que, lejos de estar brillante, por fin no realiza una película que provoque vergüenza ajena. Una película independiente en espíritu que traslada de manera formidable un cómic también bastante independiente en esencia, y de cuya adaptación ya podrían aprender muchos.
A favor: todo
En contra: cierto endulzamiento en la relación entre el protagonista y la chica, por decir algo