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sábado, 17 de agosto de 2013

LA CRÍTICA: Elysium

Ciencia-ficción de pura raza, sudor y sangre
Orbitando en torno a la Tierra se encuentra Elysium, un paraíso utópico donde los ricos pueden llevar una vida “normal” lejos de las enfermedades, la sobrepoblación y la contaminación que castigan a la superficie terrestre. ¿Dónde estamos todos los demás? Pues viviendo una distopía en la que nuestro único anhelo es emigrar a esa tierra de las segundas oportunidades en la que también viven sus propios problemas, relacionados, mira tú qué casualidad, con la corrupción política.

“Elysium” viene a ser una hermana gemela mucho más acomodada económicamente que “District 9”, la película con la que Neil Blomkamp sorprendió hace ya cuatro años. No solamente en estética, que constituye lo que parece ya una marca de la casa y que remite a esos desérticos parajes sudafricanos de su ópera prima y a unos efectos especiales baratos pero tremendamente realistas. Tampoco en la concepción de un futuro poco esperanzador para una raza humana que tiene su mejor reflejo en un protagonista egoísta,  que va a lo suyo y prefiere no mirar para otro lado que no sea para su propio ombligo. Lo es sobre todo en una temática que aborda la división de clases y la exclusión social, un particular apartheid en el que la clase poco adinerada es en este caso la foránea.


Y aún así, siendo la hermana pija, su poder de contundencia es bastante menor, y su voz no llega tan alto. Su denuncia de fondo no queda desdibujada del todo, pero tampoco es algo que quede clavado en la memoria una vez abandones la sala. Aquí es más bien una excusa para elaborar un espectáculo de primerísimo nivel que justifique el holgado presupuesto, y en ese sentido, “Elysium” cumple como blockbuster con cierto fondo para la reflexión.


Su problema, por supuesto, es haber nacido tras aquella fantástica primera incursión de género, y ya sabemos que las comparaciones son muy odiosas. Eso sí, si en aquella el personaje de Sharlto Copley suponía una catalización de todo lo despreciable de la deshumanización ante lo extranjero, aquí su mismo personaje –el mejor de toda la cinta, acompañado de los correctos, aunque no del todo aprovechados, Matt Damon y Jodie Foster-, esquizofrénico y desquiciado, es el resumen del tipo de film que Blomkamp ha parido, un entretenimiento que deja K.O. y que tiene sus mejores momentos en forma de acción y ciencia-ficción ochentera calificada R, la misma que ayudasen a rubricar hace un cuarto de siglo cineastas como Miller, Verhoeven o Cameron en sus nada escrupulosos comienzos. Ciencia-ficción de pura raza, sudor y sangre que tiene su desagradecido contrapeso en algunos pasajes blandengues –la niñez del protagonista, su amiga doctora y su hija- que vienen a contentar a las grandes productoras y a un público más amplio, y que confirman su status de hermana rica, pero menos hermosa.

A favor: la poca falta de escrúpulos de sus pasajes más salvajes, y Sharlto Copley
En contra: compararla con “District 9”, y que sus pasajes blandengues le resten efectividad

Calificación: ***1/2

viernes, 14 de junio de 2013

Nuevo póster y tráiler de "Elysium". Puro Blomkamp

La estética futurista, los paisajes áridos y desolados, la cámara al hombro, los realistas efectos, un protagonista simbionte, Sharlto Copley… Tiene cierto aire a déjà vu, pero puede que estemos ante el sello personal de Neil Blomkamp (“District 9”). Lo cierto es que empieza a convertirse en una de las imprescindibles del verano. Y van…


sábado, 27 de agosto de 2011

LA CRÍTICA: El castor

Ante una crisis, muñeco de trapo

La filmografía de Jodie Foster como directora, aunque corta, es tan interesante como su trayectoria como actriz. Con “El castor”, vuelve a hablar de la familia, aunque con la depresión como telón de fondo. Su protagonista, Walter Black, está deprimido, apático. El hombre feliz capaz de enamorarse que hubo una vez ya es pasado. Está en algún rincón de su interior, pero no consigue salir a la superficie. Su estado le ha hecho ser rechazado por su familia y expulsado de su casa, su empresa está al borde de la quiebra y tiene tendencias suicidas. Hasta que aparece el castor, una marioneta adherida a su mano a través de la que hablará y que pondrá en orden su vida. Temporalmente.

A nivel estético y visual, Foster afronta su película más lograda –la fotografía y la dirección de actores es excelente-, aunque igual de pequeña e independiente que anteriores obras. Pero a la vez, es su film más arriesgado. Y no por el tema que trata, sino por su protagonista. Habrá quienes prejuzguen la cinta porque Mel Gibson es cabeza de cartel, y de hecho así ha sido en vista de sus resultados en taquilla. Sus escándalos recientes le pasan factura entre el público, pero desde aquí animo a todos a darle una oportunidad a la película, pues es precisamente Gibson lo mejor de la propuesta. El actor da sobradas muestras de solvencia modulando su voz para transformarse en el castor, expresando depresión y felicidad con la misma facilidad con que se recita Hamlet, y dominando la función por encima de su compañero de trapo. Un gran actor que, desafortunadamente, ya no consigue bombones como este papel, que le permiten lucirse.


Desgraciadamente, el castor no domina la pantalla tanto como debiera. El guión da demasiada cancha a la desdibujada figura del hijo mayor, y el conjunto es tan irregular que, cuando no aparece su protagonista, puede resultar hasta aburrido. El retrato del hombre que se convierte en castor para aprender a ser padre y descubrir que no está solo acaba siendo un mosaico demasiado coral de personajes que piensan que la mejor manera de superar una crisis es pasar página, obviar el pasado y transmutarse en otras personas, ya sea utilizando un muñeco de trapo, renegando de la herencia paterna y escudriñando las vidas ajenas, refugiándose en el trabajo o convirtiéndose en el reflejo de lo que los demás quieren. Aún así, se deja ver.



A favor: Mel Gibson, soberbio
En contra: el guión se distrae demasiado en la figura del hijo

Valoración: ***
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