Desconectemos nuestros cerebros
Tommy Wirkola tuvo lo que hay que tener para atreverse hace unos años a parodiar al mismísimo Tarantino, otro experto en hacer versiones propias de clásicos del séptimo arte, con “Kill Buljo”, trasladando parte de la acción a las heladas tierras noruegas. Y si algo desprendía aquel trabajo era el de película hecha entre amiguetes para pasar el rato, sin otro ánimo más que el de echarse unas risas entre ellos y con el espectador.

Lo que nos presenta Wirkola en “Dead Snow” –el título español de “Zombies Nazis” deja muy poco a la imaginación- es a un grupo de chavales bastante cinéfilos –uno de ellos, ahorrándole trabajo cerebral al resto, deduce que están enfrentándose a un grupo de podridos y que eviten a toda costa ser mordidos- que van a pasar juntos unos días a una cabaña perdida en las montañas, cuando una horda de muertos vivientes del régimen del Führer, que aún conservan la mala leche, les asedian y les dan caza. En definitiva, una comedia de terror que rinde homenaje a “Evil dead”, “Braindead”, a “Viernes 13”, a Romero y a un buen puñado de referentes del género fácilmente identificables.
A este slapstick tan bien trabajado en cuanto a guión, maquillaje, interpretaciones y dirección se le perdonan algunos escollos de guión y que le cueste tanto arrancar durante la primera media hora si lo que ofrece luego es una sanguinolenta y divertidísima cacería entre humanos y zombis nazis que nos regala secuencias tan orgásmicas como la del enfrentamiento, sierra eléctrica y demás herramientas en mano, entre ambos bandos y una de las más brillantes secuencias de mutilación de los últimos tiempos. Wirkola ha vuelto a conseguir un producto para echarse unas risas entre amigos y una sana parodia, aunque con más medios, pero sin perder en absoluto su espíritu gamberro. Y aún nos quedan por ver de él una especie de revisión de “El proyecto de la Bruja de Blair” y la relectura de “Hansel y Gretel” que prepara para 2011.
A favor: el enfrentamiento entre humanos y zombis, y que al menos llegará a nuestras salas
En contra: le cuesta arrancar al principio