Al otro lado de las vías
“Lady Bird” comienza
con una secuencia que transcurre con normalidad. Una conversación banal entre
una madre castrante y su inconformista hija. Hasta que sucede algo inesperado,
algo que el espectador jamás esperaría.
Greta Gerwig parece decir
con esta rotunda, desconcertante e hilarante carta de presentación que su
historia irá por derroteros de lo más insólitos, que el humor que va a
desprender su segundo trabajo tras la cámara va a traspasar las fronteras de lo racional
e imaginable. Como su propia protagonista, una rebelde enclaustrada en un mundo
en el que el hedonismo es una utopía, en el que lo mejor es que el año en el
que se sitúa la acción es un palíndromo.
Pero no, para lo que
servía esa escena de apertura era simplemente para presentar la personalidad de
su protagonista femenina, y la opresiva presencia de su progenitora, en el
Sacramento de comienzos de siglo. Y no hay más. La mejor carta que podía jugar la
historia de este pájaro enjaulado que sueña con escapar de un ambiente en el
que religión y puritanismo son el pan nuestro de cada día se queda ahí, en unos
minutos que prometen mucho, pero que no acaban por dar lo que prometían.
Es una buena película,
sí, pero no hay en ella nada tan arriesgado como para justificar sus primeros
minutos. El resto discurre convencional, sin demasiado arrojo en la dirección –sí,
Gerwig sabe poner la cámara, pero su ojo no se diferencia del de cualquier otro
realizador independiente contemporáneo-, y apoyándose en un convincente guión y
en la fuerza de dos actrices en estado de gracia como Saoirse Ronan y,
especialmente, Laurie Metcalf. Pero sin que ninguna encandile ni destaque especialmente.
Y esta última no es la primera vez que afronta un personaje similar y con los
mismos tics interpretativos –véase la serie “The Big Bang Theory”.
Así, “Lady Bird” es
otra película más, otra de tantas independientes que llegan a nuestras
pantallas. Sin nada que destaque en ella. Y si lo hace, es fruto de los tiempos
que vivimos. Su poderío reside en un trío de mujeres que, ya sea frente a la
cámara o tras el libreto, gobiernan con convicción una propuesta que bien
podría haber volado libremente hacia otros derroteros más originales y
llamativos, saltando de un coche en marcha durante todo su metraje. Así sí
merecería vivir al otro lado de las vías, donde todo es mejor. Gerwig,
desgraciadamente, prefiere quedarse en el extremo seguro.
A
favor: el guión, la secuencia de apertura y sus dos
actrices protagonistas
En
contra: tras esa escena inicial, va derivando en algo de lo
más convencional y poco arriesgado
Calificación **
Se deja ver
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